12/19/2010

LA GENERACION 'NI NI' LLEGA A LOS TOROS

El otro día informó la prensa que nos habían dado un suspenso en educación. Nuestros jóvenes no se forman como debieran. Por ello deberíamos pensar, que eso a la larga es un pesado lastre. Nuestros jóvenes están acomodados y se están habituando en exceso a una comodidad, que los lleva a convertirse en lo que llamamos la generación ‘ni ni’. Ni estudian, ni trabajan. Ni la falta que les hace, pensaran ellos.
Si los niveles educativos están cuestionados, el otro día una conversación con el hijo de un amigo, me hizo ver que a los nuevos aficionados a los toros, los estamos educando de igual y pésima forma.
El hijo de mi amigo es un jovencito, que desde pequeño le llamo la atención el llamado planeta toro. Hoy, a sus trece o catorce años, no se pierde retransmisión alguna por televisión, las que van quedando, así como el programa de “Toros para todos”. Se compró con sus ahorros, obtenidos a través de sus paguitas semanales, un capote y una muleta. Con ellos y otros locos como él, torean de salón cuando el tiempo y los libros se lo permiten. Cuando llega mayo le hace al pobre de mi amigo gastarse una pasta en un abono de grada. Luego, no sé cómo se las apaña, siempre lo veo en el tendido de arriba para abajo y aplaudiendo todo lo que le parece. Hasta aquí todo plausible para un chaval de su edad. Lo que me preocupó el otro día fue los términos de la charla que tuve con él.
En una reunión que teníamos algunos amigos, apareció a darle un recado a su padre. Al verme me saludó y comenzó a hablar apasionadamente de toros conmigo. Lo tenía por alguien que se preocupaba de nuestra fiesta, precisamente ahora que más caña le estan dando, y que quiere ser un entendido en la materia. La sorpresa mayúscula fue cuando me dijo que su torero era “El Fandi” y sus ganaderías estandarte eran la de Núñez del Cuvillo y la de Daniel Ruiz. Cuando le pregunte por otros toreros más del gusto de la afición más ortodoxa, me dijo que eran unos ‘cuentacuentos’, y que las ganaderías y encastes que tanto demandamos, eran anacrónicas para ‘pegarle sesenta muletazos y poner la plaza boca abajo’. De distancias y terrenos mejor no le pregunte. Ni de la historia del toreo. Me di cuenta que la nueva ola de aficionados, lo poca que hay, está muy mal educada.
Mal pinta la cosa. Todo viene porque el ‘taurineo’ se ha hecho el amo de todo y el verdadero sentido de la fiesta, está cada vez más escondido y oculto. Las figuritas de ‘pastel’ con su sentido del toreo, no están nada más que enmascarando la grandeza de la fiesta de los toros. Sus reticencias a la variedad de encastes, su comodidad hacía una lidia cada vez más uniforme y privada de integridad, está llevando a todos aquellos que se acercan a la tauromaquia, a un espectáculo pobre y cada vez con menos alma. De los ganaderos mejor no hablar. Han preferido criar el toro que les han pedido y mandar al matadero el toro que antaño ponía a todos de acuerdo.
¿Pero a quien corresponde educar a los que se acercan a nuestros cosos taurinos? Creo que a todos. Sobre todo a los ‘taurinos’ que son la parte interesada de ‘poner en valor’ una fiesta única e irrepetible. Pero si lo dejamos en sus manos, mal nos ira. Por eso deben de ser los aficionados los que se dediquen a la instrucción de las nuevas generaciones. Ciclos de conferencias, charlas educativas, visitas al campo, toreo de salón, clases prácticas y hacer ver a la clase política que la tauromaquia debe de tener su sitio en la educación. Aunque viendo como está la educación, caminamos hacía la generación ‘ni ni’ en el toreo. Ni entenderán, ni lo disfrutaran. Y lo que es peor, nunca demandarán una fiesta integra y pura, porque se les ha enseñado otra cosa.

2 comentarios:

Eloy Fernández Bretones dijo...

Hombre en parte es comprensible. Yo cuando tenía 14 años era un loco de Ponce y Finito, del blanco y oro, de los toros en Nuñez con sus pitones abrochaitos...
Ahora veo videos de Julio Robles, me gusta más Moreno que el Fino, si fuera torero mis vestíos serían los catafalcos, tabacos, azabaches...y me vuelven loco los encastes Saltillo y Santa Coloma.

Tiempo al tiempo.

Salvador Giménez dijo...

Lo malo es que estos cuando crezca ya no tendrán, probablemente, la opción de conocer que están hoy equivocados.
A mi con catorce años me gustaba Esplá, los jaboneros de Prieto, por cierto en horas bajas, y los 'grises' de Victorino.