12/07/2010

PENSAMIENTOS CON EL AGUA DE LAS CANALES DE FONDO


He de confesar que estos días en los que no he escrito nada me ha embargado la desidia y la pereza. El mundo del toro, a pesar de la que está cayendo, sigue igual. Muchas reuniones de los mal llamados “7 magníficos” para integrar la tauromaquia en el ministerio de Cultura, mientras por otro lado se dejan extinguir encastes históricos. Estas ‘figuritas’ de pastel van a lo suyo, que no es otra cosa de no perder el privilegio de estar en las ferias más importantes, así como en los ‘gaches’ reservados para los menos afortunados, llevándoselo calentito exponiendo lo más mínimo.
Por otro lado está la clase política. No me gusta hablar de ella. La tauromaquia es y debe de estar ajena a los tejemanejes de los que nos gobiernan. El toreo es más que una fiesta, un espectáculo o una diversión. La tauromaquia es un ritual ancestral de nuestra cultura que está por encima de siglas de partido, tesis de globalización mundial y de la defensa de los animales.
Pero la fiesta sin saberse el porqué de la razón sigue perseguida y vilipendiada por la clase política de este país que la tiene como una seña de su identidad mediterránea, continuadora del culto mitraico y cretense.
La última ha sido el rechazo por parte del partido en el gobierno y de los ‘chauvinistas’ nacionalistas catalanes de la propuesta del retransmitir por la televisión que todos pagamos un mínimo de diez espectáculos. Luego unos y algunos de los otros acuden clavel en la solapa para ‘figurar’ en los burladeros de la administración en las tardes de postín. ¿Qué intereses habrá para esta persecución de la fiesta y de todos los que la amamos?
En otro orden de cosas el envío al matadero de la ganadería de Sánchez Cobaleda me embargó de tristeza y también de nostalgia. No hace mucho escribía sobre los otros encastes minoritarios. Parece que las sangres minoritarias que en su día fueron tenidas por ‘toreristas’ no importan. Solo los Veraguas, Miuras o Santalocomas tienen el beneplácito de los aficionados ‘toristas’. Los demás tienen otro sello. Triste final el de los ‘vegavillares’ que tanto lustre y fama dieron a la familia Cobaleda. Los saneamientos y la tuberculina son una espada de Damocles que pende sobre las cabezas de los ganaderos que cumplen las normativas que nos dicta Europa, que trata a una especie con una diversidad genética impresionante, como si de vacas frisonas estabuladas en un establo se tratase. Ante esto los presuntos defensores de la naturaleza callan. Se ve claro que de amor a los animales y a la diversidad de razas, nada de nada. Y el taurinismo ¿Qué hace? Mirar para otro lado. Les interesa la ‘globalización’ de la cabaña de bravo hacía el encaste ‘borrego’ que les deja estar donde están sin sudar las taleguillas.
A mí me importan poco los cabezas visibles de la torería actual. Sin embargo me preocupa el estado del campo bravo. No se debe de dejar extinguir su variedad genética. Pero amigos, solo nos cabe la demanda y la protesta. Por mucho que exijamos la vuelta de estas sangres a las plazas de postín, si toreros y empresas dicen que no, como lo están diciendo, estamos predicando en el desierto. Son ellos la clave para evitar más pérdidas de ganaderías en otro tiempo señeras. Es el toreo quien debe de dar el paso adelante. Nosotros lo agradeceremos, la fiesta ganará de nuevo en variedad y vida. Los ganaderos que crían estas sangres verán recompensa a su esfuerzo de hacer pervivir algo único. ¿Pero hará algo el toreo? Pienso que no. El toreo de hoy esta acomodado y anclado en perpetuar sus intereses. Menos mal que nos queda Francia.

2 comentarios:

Eloy Fernández Bretones dijo...

Pues no te falta razón en muchos aspectos.
Pero igual nos deberíamos hacer ver muchas cosas. Por ejemplo el porque seguimos empeñados y mantener una suerte tan vital como la de varas, tal y como lo hacemos. Con un caballón de media tonelada, un peto que es un muro de hormigón armado, una puya que no hace que el toro sangre sino que se desangre, un picador que pone la vara antes de que el toro humille, etc, etc, etc.

Salvador Giménez dijo...

Para la recuperación del primer tercio, tan importante para la fiesta, debemos de tener un caballo, peto y puya acorde con el toro que hoy se lidia. Ahora si volvemos a un toro racional y en tipo morfológico de su encaste, si no, nada de nada.