12/02/2012

LOS RELATOS DE RAFAEL EL VAQUERO. Los "urcolas" de don Alonso.




El invierno se ha dejado caer en Córdoba de repente. La bajada de temperaturas ha sido bestial. Las gentes caminan presurosas un año más camino de sus casas, o de sus trabajos, para tratar de entrar en calor. Los servicios de jardinería municipales han hecho una autentica escabechina con los plataneros de sombra de Ronda de los Tejares. La avenida, donde se situó el añorado Coso de los Tejares cordobés, aparece más despejada tras la importante poda. Los troncos de los plataneros se alzan con formas fantasmales, erguidos, sin hojas y sin apenas ramas. Solo se han salvado de la tala, los arboles de menor tamaño y distinta especie y las dos palmeras que flanquearon la puerta grande la recordada plaza de toros.
A pesar del frío, el cielo azul y los rayos del sol invitan a pasear por el boulevard del Gran Capitán. Debido a la cercanía de las fiestas navideñas este cambia su fisonomía cosmopolita y se transforma en un mini parque de atracciones donde las luces de colores darán tonalidades diferentes un año más. Los operarios se afanan para que cuando llegue la hora todo esté preparado para unas fiestas en las que el rigor económico hará que sean mucho más austeras que las de estos últimos años de bonanza.
Camino dirección a la calle San Felipe, pero al pasar por el Gran Teatro veo a Rafael, el viejo vaquero, mirando con curiosidad las carteleras que anuncian la próxima programación. No advierte mi presencia por lo que le llamo la atención.
-         Rafael, buenas tardes ¿Qué tiene usted previsto ir al teatro?
-         Jesús bendito, que susto me ha dao oste. Aquí estoy viendo esto, a ver si hay alguna comedia bonita estos días de fiesta.
-         No sabía yo que era usted aficionado a las artes escénicas.
-         Hombre, a uno lo que le gusta además de los toros y el buen flamenco es la zarzuela, pero cada vez ponen menos. Pero ya puestos y viendo el pograma hay argo de villancicos flamencos, asín que a lo mejor me animo e invito a mi sobrina Lola y a su mario que se portan mu bien conmigo.
Aclaró que Rafael al ser soltero y sin hijos, suele pasar la mayor parte del tiempo en casa de su sobrina Lola, que lo cuida como si fuera un padre, de ahí la devoción que siente por ella y por toda su familia.
-         Pues ya sabe Rafael, a sacar las entradas que luego se acaban y no va a poder usted quedar bien con Lola y su esposo.
-         Cate, que hasta que no cobre la pensión no tengo poder monetario en la cartera, así que eche oste p’alla y vamos a tomarnos una copita de vino que ya es hora, además que para eso si queda algo en los bolsillos.
Atravesamos por la calle Góngora hasta llegar a San Miguel. Una vez allí Rafael avista la nueva taberna La Montillana, denominada así por estar en el mismo sitio que otra de igual nombre y que fue célebre en la Córdoba de mediados del siglo pasado. Nos acercamos y decidimos pasar a su interior.
-         Bonita taberna Salvador, me gusta como está ambientá, como tenga buen vino y buenas tapas voy a venir más de un día y más de dos.
Yo ya conozco el establecimiento que regentan los hermanos Gavilán y sé de sobra que va a ser muy del gusto de mi veterano amigo.
-         Rafael, el vino que sirven es de calidad superior y la cocina aún mejor, así que vamos a pedirnos un par de medios y algo para picar si le parece.
-         Pos me parece superió, además este ambiente tan torero hace que esto sea un sitio muy agradable.
Pedimos un par de medios y un plato de pescado frito que seguro que hará las delicias del paladar de nuestro amigo. Una vez que lo sirven, atacó a Rafael.
-         ¿Se ha enterado usted de lo de las vacas de Alonso Moreno?
-         No, que ha pasao.
-         Pues nada, que como está la cosa como esta, y harto de luchar contra lo que marca el mercado el actual ganadero ha optado por mandar las vacas al matadero y centrarse solo en el encaste de Saltillo.
-         No me diga oste. Se está perdiendo lo mejor del campo bravo, hoy no interesa criar na más que lo mismo, too proveniente del mismo tronco y de la misma sangre. La variedá que había antes ya no se ve en los carteles.
-         Irremediablemente Rafael todo tiende a una solo encaste con una misma raíz de Vistahermosa.
-         Ehhhhh, no diga oste eso amigo, que lo que criaba don Alonso Moreno era lo más directo y enrazao que tuvieron en los tiempos de Maricastaña los condes de Vistahermosa, que al igual que los Veragua, no fueron uno, sino unos pocos.
Le rio la gracia. Prueba el vino. Como de costumbre lo saborea y canta sus excelencias.
-         Don Alonso Moreno de la Cova, era hijo como oste sabrá de don Félix Moreno Ardanuy. Tenía inquietudes ganaderas distintas a las familiares, y aún a sabiendas de que tarde o temprano le tocaría manejar alguno de los hierros de la casa con sangre de Saltillo, su afición le hacía pensar en manejar otra sangre diferente, para quizás saber si era capaz de manejar algo distinto y hacer un toro a su forma y modo.
-         Ese caso se ha dado en ocasiones en las historias de las ganaderías. Otro caso similar es el de Alvaro Domecq que se desprendió de lo heredado de su padre para formar a la larga un encaste nuevo como es el de “torrestrella”.
-         Pos sí, pero don Alonso, salvando comparaciones, lo hizo con algo muy distinto a lo que tenía su familia. Además don Álvaro a la larga volvió a padrear con toros de lo que tenía su padre, mientras que don Alonso jamás mezclo saltillos con lo que compro en Salamanca.
-         Bueno siga que siempre hace usted lo mismo, que para contar algo da más vueltas que un trompo.
Se ríe Rafael ante mi desesperación y prosigue la historia, sin dejar de tomar un sorbo del vino amarillento y probar un boqueroncillo frito.
-         Bueno, pos sigo. Al final de los años cincuenta don Alonso se fijo en la ganadería de don Jesús Cobaleda que se anunciaba “Campogrande” y estaba formada por una compra que hizo ese señor a los herederos de don José María Galache, y que mantenía en su piara dos sangres como las de Urcola y Vega Villar que había heredao de su padre.
-         Y desde Salamanca vinieron esos toros para “La Vega” ¿no, Rafael?
-         Pos si, además oste como es originario de Posadas me ha contado que desde nene los veía.
-         Sí señor, grandes y cornalones, generalmente de pelo “colorao”.
-         Pos eso que vino desde el campo charro es una rama puro de Vistahermosa, sin cruza alguna y fíjese oste, ahora me dice, que va al matadero para perderse para siempre. Vivir para ver.
-         Así es. Otra más, y van unas pocas.
-         Eso es puro, muy puro. Si mal no recuerdo de Vistahermosa pasó al Barbero de Utrera, después a su yerno Arias de Saavedra, luego a Núñez de Prado, después a su sobrina, para terminar en José Antonio Adalid, quien la vendió al vasco don Felix Urcola, que le dio su nombre a la casta.
-         Qué bien se sabe usted la historia.

-         Antiguamente salían en las revistas unos arbolitos mu bien hechos y prácticamente los de las ganaderías de Córdoba, me los aprendía de memoria.
-         Pues buena memoria tiene usted Rafael.
-         Urcola la vendió a Curro Molina y tras pasar por Pagés llego a José María Galache. Una línea recta desde Vistahermosa hasta don Alonso.
-         ¿Y no se cruzo nunca con nada Rafael?
-         Sí, pero de forma testimonial y con otra cosa mu pura de Vistahermosa. En época de Curro Molina se puso un toro del Conde de la Corte, la mejor ganadería de España.
Rafael sigue erre que erre con su idea que la ganadería del Conde de la Corte es la mejor del planeta. En su época activa como vaquero en el campo bravo, fueron numerosas las ganaderías que refrescaron con éxito con sementales del Conde, de ahí que Rafael defienda que es una vacada que liga bien con cualquier otra procedencia.
-         Recuerdo algunos toros buenos de esa casa Rafael, usted se acordará de muchos más.
-         Pos claro que me acuerdo, pero a mis años le voy a hacer una reflexión. Los toros de don Alonso se hicieron pronto clásicos en Madrid, tanto es así que en el sesenta y siete hasta tres corridas se embarcaron en la finca de Palma del Río. Y muchos toreros se consagraron gracias a los toros de esta ganadería. Fíjese oste bien: Andrés Vázquez con Estudiantino; el mexicano Antonio Lomelin con Napolitano; el hoy metido a dicharachero locutor Ruiz Miguel con Fanguito y ya más reciente mente el desgraciado Yiyo. Pero a lo que voy, entonces las figuras del toreo se anunsiaban con estas ganaderías y con estas sangres, ahora se les llena la boca disiendo que no embisten, que no sirven y yo digo: Que coño saben si no se han puesto nunca delante de ellos. Ni de una vaca siquiera.
-         Es verdad Rafael, hoy no los ven ni de lejos y encima están acabando con ellos sin saber nada de si embisten de verdad o no. Es la doble moral del toreo de hoy.
Toma un nuevo trago de vino. Sus ojos brillan. No sé si de ira y de pena. Esta unos minutos en silencio. Hasta que rompe a hablar muy serio y con lágrimas en los ojos, señal que ama al toro más que muchos que hoy se dicen profesionales del toreo.
-         Mire oste una cosa. ¿Sabemos que la afisión de los Madriles espera de uñas a quien triunfa en Sevilla, no? Pos Espartaco tras cuajar al toro Facultades de Manolo González, se consagró como figurón del toreo en Madrid con el toro Precioso de don Alonso Moreno el día 15 de mayo de 1985. Aquel día alternó, si mal no recuerdo y la cabeza no me falla, con Ruiz Miguel y Emilio Muñoz.
-         Es verdad. Y luego en 1987, un 25 de mayo cuajó otro toro de Alonso Moreno en Córdoba, al que cortó las dos orejas, alternando con Ortega Cano y con Emilio Oliva.
-         P’a que vea oste. Las figuras nunca hasian asco a los toros de don Alonso. Quién sabe si Espartaco hubiese vivido en esta época se hubiese encontrado con un toro como aquel y que le permitió consagrarse como lo que fue, una figura del toreo.
Terminamos el rato de conversación y aperitivo. Salimos los dos juntos del coqueto establecimiento. Serios y con aire nostálgico de una época no tan lejana, donde de cuando en cuando, los toreros mataban ganaderías del gusto de los aficionados con éxito, mientras hoy, son ellos, los toreros y sus mentores, los que están llevando la biodiversidad genética del campo bravo a toda una limpieza étnica, todo en beneficio del monoencaste imperante.


Dedicado a la memoria de don Alonso Moreno de la Cova, y al actual ganadero don José Joaquín Moreno de Silva.





3 comentarios:

Juanito dijo...

¡¡Como siempre un bonito relato dignificando el TORO.

Salvador Giménez dijo...

Sin dignificar al toro, el torero no tiene dignidad ni valores. El toro es eje, y como tal hay que protegerlo y buscar su recuperación.

Gracias Juan.

franmmartin dijo...

Me encantan los relatos de D.Rafael el Vaquero.Primero por lo que significan de amor y pasión por el Toro bravo y segundo porque me introduce en las calles,tabernas y ambiente de esa Córdoba que tanto he disfrutado y disfruto y a la que quiero como a mi misma tierra.