9/17/2017

AMISTAD Y COMPETENCIA ENTRE MANOLETE Y ARRUZA


Manolete y el mexicano Carlos Arruza protagonizan una sana rivalidad con toreos muy diferentes

Su vínculo se mantiene tras la muerte del IV Califa y Córdoba debería recordarlo

Caen despaciosas las hojas del almanaque de 2017. Lo hacen de forma constante, tal y como en el próximo otoño lo harán las de los árboles. Un año especial para Córdoba, donde la alargada y carismática sombra de Manolete planea recordando el centenario de su nacimiento, así como el setenta aniversario de su trágica muerte en Linares. El torero cordobés continua vivo, no sólo en la ciudad que lo vio nacer, sino en todo el orbe taurino. Los actos de homenaje y recuerdo a su figura se han venido sucediendo por todos los puntos del planeta toro, y es que Manolete fue vital en el desarrollo de la tauromaquia y además trascendió mucho más allá de los ruedos.

El impacto de Manolete en panorama taurino español fue brutal. El torero trajo un nuevo modelo de tauromaquia. Unas formas revolucionarias y que sentaron las bases para el llamado toreo moderno. En una época en que los medios audiovisuales eran escasos y pobres, todos querían ver al nuevo ídolo de la fiesta de los toros. Tanto es así que México, segunda patria del toreo, reanuda su relación taurómaca con España. El convenio taurino entre ambos países, roto en 1936, se reanuda en 1944 al solo efecto de que Manolete actúe en el país azteca. Antonio Algara, empresario de la plaza del Toreo, contrata al califa cordobés para actuar en México. Es cuando desde el otro lado del océano se pide a España un gesto. Quieren ver que la reanudación laboral es total y piden que los mexicanos toreen en la temporada española. Es cuando un torero segundón y aburrido en México viaja a Portugal buscando nuevos horizontes y revulsivo a su carrera. Es el único espada mexicano en la península. Tal vez por ello es el primero que torea en cosos españoles. Aquella oportunidad es aprovechada por el torero americano, quien forma una autentica revolución en Madrid, el 18 de julio de 1944. Era Carlos Ruiz Camino, Carlos Arruza en los carteles.

EL TORERO MEXICANO DEBUTA EN CÓRDOBA EN OCTUBRE DEL 44 JUNTO A EL ESTUDIANTE Y DOMINGUÍNLA DISPUTA ENTRE AMBOS FUE EN LOS RUEDOS; FUERA TRABARON UNA INTENSA AMISTAD


El mexicano pone en liza un toreo muy distante al que ofrece Manolete. Carlos Arruza, hijo de padres cántabros, es poseedor de un concepto poderoso y heterodoxo a la vez del toreo. Con unas facultades físicas portentosas, el espada mexicano llena de dinamismo el ruedo durante sus actuaciones. Tanto es así que en su presentación en Madrid, y tras banderillear a su oponente, el público exaltado blanquea los tendidos de pañuelos. Su toreo poderoso y valiente bebe de las fuentes de la edad de oro del toreo mexicano. Armillita y Balderas, poder y valor, pueden ser los espejos en los que se mira Arruza. Los públicos rápidamente quiere enfrentar aquella tauromaquia alegre y dinámica al estoicismo y quietud del torero de Córdoba. El primer choque se produce en Cieza. Ante toros del cura de Valverde, Manolete y Arruza torean juntos por primera vez, el 26 de agosto de 1944, en presencia de Pepe Bienvenida. La competencia surge en sucesivos festejos. Manolete finalmente se impone al mexicano, aunque este ofrece una resistencia espartana aguantando muchas tardes el poder y personalidad del torero cordobés.
Carlos Arruza se presenta en Córdoba en la feria del mes de septiembre de 1944. Debuta en Los Tejares el día 25 de septiembre. Le acompañan El Estudiante y Luis Miguel Dominguín, quienes lidian una corrida de María Montalvo. Los cordobeses, conocedores de la competencia con el torero local, se muestran hostiles hace el espada mexicano, que vestido de tábaco e hilo blanco no logra lucimiento alguno. División de opiniones en su primero y una sonora bronca en el quinto es el balance final de su actuación. Arruza no entra con buen pie en la tierra de su rival. Repite actuación, por partida doble, los días 25 y 26 de mayo, en el año siguiente. Córdoba no ve por ningún lado el toreo característico del mexicano. De nuevo Arruza pasa desapercibido por Córdoba. Es en la campaña de 1946 cuando por fin Córdoba disfruta de Carlos Arruza y la plenitud de su toreo. Es la feria de septiembre. Junto al mexicano se acartelan Parrita y El Vito. Los toros pertenecen al hierro santacolomeño de Felipe Bartolomé. En el segundo Carlos Arruza muestra su toreo pleno y total en una faena que le sirvió para conquistar al público cordobés. La prensa de la época escribió de aquella faena: "Surgió el Arruza buen torero, el de los pases básicos -y clásicos-, y el hombre que, aprovechando la bondad de un toro -el ir y venir sumiso, la arrancada suave, noble y pastueña- quiere demostrar a un público que ha aprendido también a ejecutar el toreo serio, consciente, verdad que gusta en Córdoba. Por eso su conquista fue plena y rotunda".
La competencia entre los maestros Manolete y Arruza fue siempre en los ruedos. Más allá de ellos, los dos toreros trabaron una verdadera amistad. Tanto es así que tras la muerte de Manolete, y a instancia del crítico taurino José Luis de Córdoba, es Carlos Arruza quien promueve la corrida magna promonumento en 1951. Desde entonces los nombres de Córdoba, Manolete y Carlos Arruza permanecen unidos en el torero barrio de Santa Marina. Sería de justicia reivindicar en este centenario del nacimiento de Manolete la figura del torero mexicano y reinstalar en el monumento a Manolete en la plaza de Conde de Priego la placa en la que Córdoba le agradecía su dedicación y desvelos para su ejecución. La barbarie la arrancó hace años, sin que a día de hoy haya sido repuesta.


9/14/2017


El empresario taurino Jorge Buendia remite este comunicado con el ruego de su publicación ante la de algunos reportajes y comentarios  suscitados por la despedida del toreo de bombero torero en Almodóvar del Campo el próximo viernes día 15 tras siete décadas de torería. (Con el ruego de su publicación)

Como hombre del toro  tanto en mi época de luces como ahora en mi faceta de empresario taurino, me han enseñado a admirar y respetar a todos aquellos que han practicado con grandeza una o otra tauromaquia.

Como aficionado taurino "El Bombero Torero" y resto de espectáculos cómicos forman parte de mi primera cultura taurina 

Siempre he considerado digno de encomio el conocimiento de las suertes,la  naturalidad, el saber estar, la ternura, la guasa sana que el espectáculo cómico-taurino ha sido capaz de manejar para conseguir lo más difícil y lo más bonito del mundo: La sonrisa de un niño, muchos estos niños además se hacían aficionados al conocer el torero cómico

Entiendo que los tiempos han cambiado, la sociedad rural y de supervivencia se ha transformado en una sociedad con tabús distintos, alejada de los problemas reales, más hipócrita y urbana. Quizás los enanitos toreros es una anacronismo que muere simplemente porque tenían que morir. Lo acepto y solo quiero mostrarles mi agradecimiento a esta gente grande por tantos años de dedicación al espectáculo taurino, espectáculo por donde han pasado muchos aspirantes a figura del toreo y alguno que lo ha sido como Espartaco o Manolete.

Algo no comprendo cuando se presenta  como indigno o humillante dar a ganar un sueldo a aquella persona que se ofrece para hacer aquello que le gusta. Ellos siempre se han considerado profesionales  y en esa bis cómica han conseguido sentirse toreros durante toda su vida, formando piña, rematando muchas ferias y generando recursos económicos alrededor de la tauromaquia.

Cuando hablé con Rafa Celis y me explicó que se quitaba de esto sentí que como aficionado, como profesional y como empresario debía dar la oportunidad de que se despidieran donde tantas tardes han disfrutado y hecho disfrutar poniendo el "No Hay Billetes": una plaza de toros y les ofrecí mis plazas para que tuvieran la digna despedida que se merecen.

Nada más lejos de mi intención que polemizar con aquellos que han atacado a la tauromaquia o a mí personalmente haciendo una lectura malintencionada y  extemporánea de la figura de los toreros cómicos, afectados por acondroplastia o no, yo nunca los he distinguido. El único  motivo de este comunicado es mostrar toda mi admiración para que estos toreros que hicieron de la necesidad virtud, se sientan arropados por un mundo al que han aportado todo lo que tenían, que siempre ha sido mucho.. Para todos nosotros ha sido un orgullo que hayáis estado tanto tiempo anunciados en todas las plazas de toros del mundo. Y siempre, siempre, nos hemos reído "con" vosotros y nunca, nunca, nos hemos reído "de" vosotros.

9/10/2017

EL TORO, EL TOREO Y EL VIENTO (Crónica Belmez)


Tal vez el público que suele asistir a los toros, acuse falta de aire fresco en un espectáculo que  sigue siendo el segundo de masas de este país. La monotonía se ha enquistado en la corrida, y muy pocas son las veces que ésta se rompe. Se ha buscado un toro excesivamente amable, tanto que la emoción y la sensación de peligro han desaparecido de los ruedos, quedando la tauromaquia tan previsible, que el público pocas veces encuentra el aliciente bastante para pasar por taquilla y ocupar los tendidos de las plazas de toros. Por eso hay que buscar ese estímulo, que vuelva a hacer que el gran público apueste por el toreo como un espectáculo pleno y capaz de divertir a los que se congregan en las plazas de toros. Sin lugar a dudas todo pasa por devolver al toro ese punto de emoción, que haga que estar delante de él, esté lleno de sensaciones. Ayer en la plaza de Bélmez ocurrió precisamente eso. Se lidió una corrida, obviamente con una presentación para una plaza de tercera categoría, con interés suficiente para que el público, ya fuera aficionado u ocasional, pasara una tarde entretenida y sobre todo interesante por todo lo que ocurrió sobre el albero del centenario coso del Guadiato. Los que fueron, seguro que no se arrepentirán, y posiblemente vuelvan en un futuro. Los que se quedaron en la feria, o en casa, pensando que sería un festejo al uso y modos de hoy, se lo perdieron. En el pecado llevaran la penitencia.

Tal vez el resultado de la corrida no fuese histórico. Posiblemente así fuera. Pero lo que hay que destacar es que cuando al ruedo salta un toro con raza y casta, las cosas siempre resultan más favorables. La corrida enviada por Victorino Martín tuvo muchos matices para ser recordada. Toros bravos y colaboradores con los toreros, eso sí, sin regalarles practicamente nada. Todos tuvieron mucho que torear. Incluso los dos últimos, a la postre los más deslucidos, que de seguro, si no hubiese molestado tanto el viento, hubieran tenido más posibilidades que las que ofrecieron. Corrida sin la apariencia exterior que muchos podrían pensar, pero de un comportamiento que tuvo a todo el público centrado en lo que ocurría sobre la arena. Toros con raza y casta, todos murieron con la boca cerrada y alejados de los tableros. Jugar la carta de Victorino, es de ganador, y sin lugar a dudas los criados por el ávido ganadero de Galapagar fueron responsables del resultado final del festejo. Bien por Victorino una vez más.

La empresa apostó por un mano a mano entre dos toreros que saben hacer el toreo. Dos toreros alejados de papel couché, por lo tanto practicamente desconocidos para el gran público. Dos toreros que hicieron las delicias del respetable con el toreo puro, ortodoxo, clásico, barroco y temperamental. El toreo de toda la vida, con el añadido de hacérselo a toros que no les regalaron practicamente nada.
Abría cartel el murciano Paco Ureña. Recibió a su primero con unos valerosos lances a la verónica que remató con media. Tras un puyazo quitó por delantales ajustados que fueron aplaudidos. Brindo el trasteo al respetable y cuajó una faena que tuvo buen concepto y forma. Cuajó muletazos largos y templados por ambos pitones, destacando el toreo al natural con la izquierda. Tal vez pecara de falta de unidad, pero no hay que poner pero alguno a la labor del murciano en este toro, al que mató contundentemente de una eficaz estocada, lo que le valió cortar la primera oreja de la tarde. Su segundo fue un toro al que costo definirse. El 'albaserrada' no se dejó torear lucidamente con el capote. Tomo un puyazo en el que empujó con clase. Ureña tomó la muleta, flotaba en el aire la incógnita de saber que pasaría. Fue cuando apareció el toreo de dominio. A base de oficio, Ureña fue obligando a su oponente para terminar toreando a placer. De nuevo fueron de alta nota los naturales, tanto cargando la suerte, tanto a pies juntos, los muletazos resultaron largos y templados. Lástima la colocación del estoque que privó a Ureña desorejar por partida doble al animal, obteniendo solo una oreja. El quinto resulto deslucido. El de Victorino no tuvo la franqueza de sus hermanos, pero también el aire, que molestó en exceso, impidió a Ureña, que lo intento de todas formas, realizar una faena compacta. Algún muletazo de buen corte y estética. Poco más. El viento y el mal uso de los aceros se llevó los deseos de Ureña de redondear su tarde.


Pepe Moral venía de triunfar en Navaluega ante los "otros" Albaserradas de Adolfo. El torero de Los Palacios lleva una temporada corta, pero de mucha intensidad. Sus méritos en los ruedos no están teniendo justicia alguna en los despachos, traduciéndose esto en una falta de contratos incomprensible. Pepe Moral vino a Bélmez a triunfar y a volver a reivindicarse una vez más. Y vaya si lo hizo. Tres orejas al esportón y la sensación de ser un torero llamado a ocupar un lugar más privilegiado en el escalafón. Recibió a su primero con vibrantes lances a la verónica que fueron jaleados por la concurrencia. Brindó al público e instrumento a su oponente una faena enfibrada y con ganas. Tal vez esas ganas fueran las responsables de que el trasteo resultara irregular, destacando con unos mecidos naturales que fueron lo mejor de la faena. Pudo cortar una oreja, pero un pinchazo previo a la estocada hizo que solo pudiera saludar desde el tercio. En el cuarto vino lo mejor de la tarde. Lanceó con gusto a la verónica siendo muy aplaudido. Tras un puyazo y un vibrante tercio de banderillas a cargo de Vicente Varela, Moral tomo muleta y estoque. Brindó a su compañero de cartel y cuajó unos estéticos muletazos por bajo con los que fue haciéndose con la encastada y brava embestida de su oponente. La faena resultó maciza, rotunda, vibrante. Una faena que tuvo como denominador común la pureza, la verdad y el buen gusto.  Cuajó muletazos profundos con ambas manos dominando a un bravo animal que hacía surcos en la arena con el hocico detrás de la muleta que le ofrecía el torero palaciego. Una estocada haciendo perfectamente la suerte y una muerte de bravo del toro, hicieron que el tendido se blanquease de pañuelos y el doble trofeo fuese a parar a sus manos. En el último de la tarde el viendo dió al traste con todo. Era imposible dejar la muleta en el sitio para hacer que el animal repitiese tras ella. Una simple ráfaga podría dejar al descubierto al torero y con ello hacer peligrar su integridad. Aún así Moral lo intentó, por activa y por pasiva, a pesar de ello consiguió algunos muletazos sueltos rotundos, lo que le permitió, tras el buen uso del acero, cortar una oreja.


Resumen final: tarde entretenida con toros de verdad, buenos toreros y el viento que se coló sin que nadie lo hubiera invitado. Los que no fueron, se lo perdieron.

FICHA DEL FESTEJO: 

GANADERIA: Seis toros de Victorino Martín Andrés, correctos de presentación pero desiguales entre sí. Resultaron de buen juego el líneas generales destacando el bravo 4º de nombre Matero, los más deslucidos, que no malos, fueron los jugados en 5º y 6º lugar.
TOREROS: PACO UREÑA (malva y oro). Estocada (oreja), estocada caída (oreja) y estocada atravesada y estocada (ovación con saludos). PEPE MORAL (tabaco y oro). Pinchazo y estocada (ovación con saludos), estocada (dos orejas) y estocada (oreja).
INCIDENCIAS: Plaza de toros de Belmez. Corrida de toros con motivo de la feria en honor de Nuestra Señora de los Remedios. Media entrada en tarde de agradable temperatura en la que el viento molesto de forma constante, especialmente durante la lidia de los dos últimos toros. Destacó entre las cuadrillas Vicente Varela que saludó tras parear brillantemente al 4º. Al finalizar el festejo los dos toreros abandonaron la plaza a hombros atravesando la puerta grande del centenario coso belmezano.

9/04/2017

EL 'MANOLETISMO' QUE VINO TRAS MANOLETE

Manolete y el novillero hispano-mexicano Joselillo

Tras la muerte del IV Califa, algunos toreros trataron de continuar por el camino que él había abierto, pero ninguno de estos diestros -Parrita, Joselilllo o Frasquito- tuvo fortuna.

A los cien años de su nacimiento y setenta de su trágica desaparición, la figura del matador de toros cordobés Manuel Rodríguez Manolete sigue teniendo un halo de frescura, que despierta admiración y reconocimiento en mucha gente, ya sean aficionados al mundo de toro o no. Manolete continua presente. Se sigue muy de cerca lo que fue, tanto en la sociedad de la España que le tocó vivir como en el llamado planeta toro, donde trajo unos conceptos que a partir de entonces sentaron las bases de una nueva tauromaquia continuando vigentes aún a día de hoy.
El concepto moderno del toreo parte de Manolete. Fue el torero cordobés quien culminó lo apuntado por sus antecesores. Poder de dominio sobre el toro -al que estructuraba una faena de muleta de corte similar-, ligazón entre los muletazos, invasión de terrenos que hasta su llegada al toreo eran imposibles de pisar, quietud, estoicismo y una gran profesionalidad. Todo ello aderezado por algo que solo le pertenecía a él: una personalidad única, magnética y arrolladora.
PARRITA, CONOCIDO COMO EL 'MANOLETE DE LOS POBRES', SUFRIÓ UN PERCANCE Y YA NADA FUE IGUAL, JOSELILLO, EN LOS 40 , ERA LA GRAN ESPERANZA DE MÉXICO, PERO UN TORO LO COGIÓ Y PERDIÓ LA VIDA, FRASQUITO ENTRÓ CON FUERZA EN SEVILLA PERO POCO A POCO FUE PERDIENDIO ENTEREZA

Todo aquello que llegó con Manolete impactó fuertemente a sus coetáneos. Ninguno fue capaz de igualar al torero de Córdoba. Toreros grandiosos como pudieron ser Pepe Luis Vázquez, dotado de un arte exquisito y un conocimiento de los toros importante, o Carlos Arruza, primer exponente de un toreo atlético y dinámico, poco duraron, haciendo un símil ciclista, tras la rueda de Manolete. Eso sí, muchos trataron, no de imitarlo, pero si beber de sus fuentes. Manolete descubrió a sus contemporáneos que aquel toreo que hacía era una evolución que, de no ser seguida, significaba quedarse atrás en el tiempo con un toreo pasado de moda y desfasado.
Uno de los primeros toreros que captó el mensaje de Manolete fue el madrileño Agustín Parra Dueñas, Parrita, a quien Manolete había alternativado en la plaza de Valencia en la campaña de 1945 en presencia de Carlos Arruza. Parrita capta y asume el toreo manoletista. Tanto es así que le llaman el Manolete de los pobres. Comienza a torear con frecuencia y tras la muerte del torero cordobés, los aficionados ven en el torero de Madrid una sucesión directa del torero trágicamente desaparecido. Pero hacer el "nuevo" toreo tenía sus riesgos. Parrita es herido de gravedad en la plaza segoviana de El Espinar en 1950 y aquel percance hace mella en su ánimo, por lo que su carrera comienza a languidecer.
En México, donde Manolete era un ídolo fuera de lo racional, surge la figura de un novillero que impacta por sus formas y valor fuera de lo común. Un torero en ciernes que levanta pasiones en el país azteca. Sus actuaciones se cuentan por éxitos y su toreo amanoletado y dramático cautiva a los públicos. El hispano-mexicano Laurentino José López Rodríguez, Joselillo en los carteles, está llamado a ser una figura en el toreo mexicano. Tanto es así que se declara novillero triunfador de la temporada de 1946. Es fotografíado con su ídolo Manolete, quien había sido triunfador de la misma campaña como matador de toros, en la entrega de los galardones. Se cierra su doctorado en Lima. Manolete sería su padrino. El hecho luctuoso de Linares impide la concreción del cartel, ajustándose para el doctorado la figura de Carlos Arruza. Pero la ceremonia no tuvo jamás lugar. Joselillo es herido de gravedad, tanto que le costó la vida, el 28 de septiembre de 1947, por el novillo Ovaciones de la ganadería de Santin. Los médicos lograron en un principio atajar el daño, pero, en días posteriores al percance, una embolia pulmonar producida por un coágulo formado a consecuencia de la herida, ocasionó la muerte a la firme promesa del postmanoletismo en México.
Tras la muerte de Manolete su sombra permanecía flotando sobre los ruedos de España. Es por ello por lo que un joven toledano de nombre Francisco Sánchez Fernández, y de apodo Frasquito, impacta en la afición sevillana que lo ve triunfar con rotundidad en el festival de la Aviación el día 9 de septiembre de 1947. Su toreo aquella tarde hizo vislumbrar muchas esperanzas. Muchos vieron en él a Manolete resucitado. Vuelve a ratificar su triunfo de nuevo en Sevilla. El 5 de abril de 1948 se presenta como novillero y forma un lío en el único que pudo estoquear, pues fue herido al entrar a matar. Dos orejas, nuevo triunfo y Frasquito se convierte en el torero de moda. Pero la estrella de Frasquito se apaga rápidamente. Dos graves percances, Bilbao, 18 de abril, y Córdoba, 30 de mayo, son acusados por el incipiente torero de Toledo en el que muchos vieron un heredero del coloso de Córdoba. De aquel "Un principiante, maestro" con el que Don Fabricio tituló la crónica de éxito en Sevilla, hasta aquel "Frasquito salvó su precioso terno a costa del menguado prestigio que tenía" de su última actuación en Madrid, había transcurrido muy poco tiempo. Sólo fue, a causa de los destrozos que le hicieron los novillos, una sombra efímera de algo que quiso ser.
Sólo quedan unas preguntas. ¿Qué hubiera ocurrido si Parrita, Joselillo y Frasquito hubiesen sido respetados por los toros? ¿Se hubiera vivido un post-manoletismo sin Manolete? ¿Hubiera el toreo evolucionado de otra manera? Es difícil de contestar. Aún así la figura de Manolete continua vigente. Este año más que nunca.




8/28/2017

MANOLETE: EL TRISTE AGOSTO DE 1947


Mañana se cumple el 70 aniversario de aquella corrida en Linares en la que el cuarto Califa recibió una mortal cornada de un miura -Islero- y encontró el final y el principio de su gloria.

Manolete estaba cansado. El peso de la púrpura era cada vez mayor. Cada día la presión del público le era mucho más hostil. El hombre, también es espíritu, y comenzaba a dar muestras de un soberano agotamiento. El torero cordobés había traído, tal vez sin saberlo, unas nuevas formas y concepto al toreo. Manolete culminó lo que fueron apuntando sus precursores. Desde el concepto artístico de Lagartijo El Grande; el dominio y conocimiento de sus oponentes, heredado de Guerrita y Gallito; y también la ligazón entre pases y la serenidad de Juan Belmonte. Todo eso aderezado por su impactante y única personalidad que adobaba aquella nueva tauromaquia de majestad, estoicismo y quietud.
Se afirma, por coetáneos y biógrafos, que aquella temporada de 1947 iba a ser la última de Manolete en activo. El espada cordobés tenía pensado y madurado retirarse del toreo. Tras una triunfal campaña americana, comenzó tarde la temporada española. Su primer festejo de la temporada tuvo lugar ya muy iniciada ésta, concretamente el día 22 de junio en Barcelona, hoy proscrita para esta liturgia milenaria que es la tauromaquia. Triunfó rotundamente en Pamplona, el día 10 de julio, donde cortó cuatro orejas y dos rabos a una seria corrida de Carlos Urquijo. Manolete, o mejor dicho Camará, había planteado una temporada corta pero sin eludir compromisos en plazas importantes. De hecho, se anunció en Madrid el 16 de julio para estoquear la tradicional corrida de Beneficencia. El público le exigía y se mostraba contrario a la actuación de torero en su primero. La envidia, pecado capital, hacía que los públicos no perdonen que aquel espigado muchacho al que idolatraban, alcanzara un éxito, y con ello un poder al que sólo podían llegar muy pocos. Manolete se entregó en su segundo de la tarde y le cuajó una memorable faena. Resultó gravemente herido. Perdió ocho festejos y no fue hasta agosto cuando volvió el terno de luces, ese que según cuentan, comenzó a aborrecer.
El Califa tenía su cita marcada con el destino. Comenzó agosto. Reapareció en la feria de la Virgen Blanda de Vitoria. Dos tardes seguidas los días 4 y 5. La primera de ellas alternó con Gitanillo de Triana y Parrita. Los toros pertenecían a Bohórquez, la misma vacada al que pertenecía el que le hirió gravemente días antes en Madrid. Le cortó una oreja a su primero tras cuajarlo al natural. En su segundo no estuvo fino con los aceros, cosa inusual en él, y el público, que cada vez estaba más en su contra, le abroncó con saña. Ese mismo público no le perdonó nada en la fecha siguiente. Los toros salmantinos de Sánchez Cobaleda no se prestaban al lucimiento. Manolete estaba muy por encima de ellos, pero el público no lo reconocía. Manolete seguía siendo el mismo. A su segundo le hizo la faena que acostumbraba, pero ya no bastaba. El público estaba imposible. Tanto es así que rechazó la oreja que la presidencia le concedió. Juanito Belmonte pasó desapercibido y Luis Miguel Dominguín fue paseado en hombros. Era el elegido para desbancar a un torero que pronto se convertiría en mito. Al día siguiente Manolete se volvió a enfundar el chispeante. El escenario era Santander. Le acompañaban Gitanillo de Triana y Pepín Martín Vázquez. Los toros tenían el añejo hierro de Trespalacios, propiedad de Ignacio Sánchez. Tras hacerse ovacionar en su primero, el Califa de Córdoba instrumentó una monumental faena a su segundo. Faena con firma y sello que puso al público en píe. Cumbre. Todo tenía la rúbrica de una magnífica estocada. Los máximos trofeos fueron a parar a sus manos.
Valdepeñas, el día 8, fue la siguiente estación hacía la gloria. Los toros pertenecían a la ganadería de Concha y Sierra. Manolete estaba pleno en su primero. Faena completa, en su línea. Pases de todas las marcas. Perfecto volapié y le concedieron los máximos trofeos de su oponente. Manolete los rechazó, según la crónica de agencia de la época. ¿Tal vez por protestas de ese público que se cansó de su plenitud? Poca historia en el segundo de su lote. Esa tarde Pepín Martín Vázquez fue herido de gravedad por el sexto. Cornada muy parecida a la de Linares días más tarde. El torero fue trasladado en el Buick azul de Manolete a Madrid. Allí lo operó Jiménez Guinea, que le salvó la vida. El destino así lo tenía escrito.
Manolete toreó dos días después en San Sebastián. Le acompañaron Gitanillo de Triana y Manolo Navarro. El ganado pertenecía a la ganadería de Alipio Pérez Sanchón. El torero no alcanzó las cotas a las que acostumbraba. Solo fue ovacionado a la muerte de sus respectivos toros. Tal vez pesaran en su ánimo los sucesos del compañero herido dos días antes en Valdepeñas. Manolete pasó por el viejo Chofre de puntillas. Al día siguiente hizo el paseillo en Huesca flanqueado por Juanito Belmonte y Paquito Muñoz. Los toros pertenecían a Luis de la Calle, pero tenían el hierro de Domecq. El diestro cordobés no se encontraba bien en su primero. El público, tan en contra, le pitó mientras otros, los más, le aplaudían. En su segundo, como Ave Fénix, resurgió su personal tauromaquia, llegando a ejecutar una faena importante que fue premiada con una oreja de peso.
Tres días de asueto. No fue hasta el día 15 cuando Manuel Rodríguez volvió a vestirse de torero. El escenario, Gijón. Le acompañaron Juanito Belmonte y Paquito Muñoz. Los toros eran de Urquijo. Fue ovacionado en el primero y tras otra actuación digna de lo que es Manolete, desorejó a su segundo. Al día siguiente volvió a San Sebastián y con Juanito Belmonte y Dominguín como testigos, se resarció de su anterior actuación. Los toros pertenecían a una de sus ganaderías predilectas, Villamarta. Cumbre en su primero al que tras memorable faena le cortó las dos orejas. Su segundo fue un nulo colaborador. Manolete lo intentó pero fue imposible. La ciudad imperial de Toledo le esperó una jornada después. Los toros llevaban el hierro de Albaserrada, propiedad de Juliana Calvo, hoy Victorino Martín. Manolete se lució con el primero, cortando dos orejas, y se estrelló en su segundo. De nuevo fue pitado por el público. Paquito Muñoz fue el gran triunfador -tres orejas y rabo- mientras Gitanillo fue aplaudido cariñosamente.
Manolete continuó su camino hacia el Olimpo. Linares está cerca. El día 24 se anunció, el hizo el paseo en Gijón. Los toros pertenecían a Ramos Paul, puro Villamarta. Sus compañeros, Gitanillo, una vez más, y Parrita. Los Villamartas no se prestaron al lucimiento. Los pitos fueron la tónica general de la tarde. El amor propio de Manolete le hizo justificar su fama y nombre en su segundo. Lo consiguió. Sólo el mal uso del acero, algo inhabitual, le privó de cortar trofeos.
Santander. 26 de agosto. Corrida de Beneficencia. Festejo que pasó a la historia por ser el último donde Manolete salió andando de una plaza de toros. Las añejas fotos muestran a un Manolete triste. ¿Presagios y presentimientos?. Los saltillo de Rogelio Miguel del Corral no sirvieron ni fueron propicios para el éxito. Los toreros salvaron la tarde. Juanito Belmonte, Manolete y Raúl Acha Rovira, padre el actual cantante mexicano Enmanuel, son ovacionados por el público congregado en el coso de Cuatro Caminos.
Manolete, ya de madrugada, montó en su Buick azul. El destino, Linares. Allí iba a encontrar el final y también el principio de su gloria. 70 años ya y Manolete sigue vivo.

8/20/2017

LA ESCUELA TAURINA DE CÓRDOBA, DECANA DE LAS ACTUALES.


* La institución vio la luz allá por 1975, cuando comenzó su actividad organizando diversos festejos de promoción en estrecha colaboración con la Federación de Peñas de la ciudad.

El pasado sábado 29 de julio, el novillero sin picadores de Alhaurin de la Torre, perteneciente a la Escuela Taurina de Lucena, José Antonio Serrano El Lauri, se alzó como triunfador en el, ya tradicional certamen de novilladas sin picadores que anualmente celebra la Fundación de Tauromaquia Pedro Romero, y que son retransmitidas por Canal Sur TV.

Era la primera vez que un novillero vinculado a una escuela cordobesa se alza con el máximo premio del certamen, a pesar de que Córdoba está representada en este certamen por la citada escuela de Lucena y la del Circulo Taurino de Córdoba, que a la postre, se ha convertido en la más antigua de cuantas existen en España, toda vez que la de Madrid, por motivos ajenos al toreo, pasa por un delicado momento que hace dudar de su continuidad.

La escuela de la entidad cordobesa vio la luz allá por 1975, cuando comenzó su actividad organizando diversos festejos de promoción en estrecha colaboración con la Federación de Peñas de Córdoba, al objeto de poner promocionar nuevos valores. Continuaron estos festejos durante la campaña siguiente y ante los resultados el Circulo Taurino decide dar forma al proyecto creado y solicita a Manuel Benítez El Cordobés su participación en un festival para recaudar fondos para la escuela de nueva creación. El festival se lleva a cabo el día 2 de abril de 1977, y si bien Benítez no actúa finalmente, Gabriel de la Haba Zurito, Manuel Cano El Pireo, Agustín Parra Parrita y los novilleros El Mesías, Juan de Dios de la Rosa y Gallito parten plaza en Los Califas consiguiendo llevar numeroso público consiguiendo fondos suficientes para dar mayor solidez al proyecto. Ante el éxito alcanzado la temporada siguiente se repite el festival. Esta vez sí cuenta con la participación de Manuel Benítez El Cordobés, quien junto con el rejoneador Álvaro Domecq, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo hacen el paseo el día 18 de marzo, llenando Los Califas con el consiguiente éxito tanto económico como artístico. La escuela taurina de Córdoba toma forma de manera definitiva y en agradecimiento al hoy quinto califa, se denomina durante estos años Escuela Taurina Manuel Benítez El Cordobés.

La escuela era ya una realidad y pronto comienza a dar sus frutos en esta nueva época. Tres aventajados alumnos se presentan ante el público el día 8 de octubre, en becerrada organizada por el Circulo Taurino a beneficio del Córdoba, C.F. que según la prensa de la época no atravesaba por un buen momento económico. Los tres alumnos que parten plaza fueron Fermín Vioque, a la postre primer matador de toros salido de la escuela, Antonio Tejero, años más tarde figurón en el escalafón de plata, y Antonio Romero, valiente y cabal que no alcanzó más altas cotas. Se lidiaron reses de Torrestrella que permitieron a los alumnos unas lúcidas actuaciones destacando Vioque, que cortó tres orejas, un Tejero que la lió cortándole a sus segundo los máximos trofeos y Romero, que con un valor rayano en la temeridad obtuvo una oreja de cada uno de su lote.

El público salió contento de la plaza. El Circulo Taurino también lo estaba. Se había comprobado que el trabajo y los años de lucha habían tenido un resultado favorable. La escuela taurina se había convertido en un semillero de nuevas promesas y también de nuevos aficionados, pues en ella se enseñaban además de los conocimientos básicos para ponerse delante de un animal de casta, valores que servirían a los alumnos de cara a un futuro, fuera o no, relacionado con la tauromaquia.

Aquella becerrada había supuesto un punto de inflexión. Tanto es así que una semana después, el día 14 de octubre, el Circulo Taurino vuelve a organizar otro festejo repitiendo cartel de toros y toreros. Esta vez el beneficio seria para las hermandades de Jesús Caído, cofradía con vinculación a los toreros de Córdoba, y también para la de la Sentencia. Vioque, Tejero y Romero repitieron lo apuntado una semana antes. La escuela era una realidad plena.

Hoy, muchos años después, la escuela taurina del Circulo Taurino de Córdoba, bajo la dirección de Rafael González Chiquilín y Rafael Gago, profesionales que dieron sus primeros pasos en la misma, continúa con la labor de los que le precedieron luchando con la falta de vocaciones y también con la escasa financiación, lo que no es obstáculo para seguir trabajando en perpetuar esta singular escuela que cuenta con más de cuarenta años de existencia.

El Día de Córdoba (20/08/2017)




8/17/2017

ROMERO DE TORRES Y EL CARTEL TAURINO DE BELMEZ


El cartel anunciador de la Feria taurina de Belmez recupera una imagen del pintor y combina lo clásico con lo nuevo.

Romero de Torres pintó a los tres califas de su tiempo.

Vivimos en la era digital. En todo, prácticamente en todo, las nuevas técnicas y tecnologías suelen estar presentes. El diseño gráfico no iba a ser menos. Las ventajas son muchas a la hora de hacer una composición de carácter artístico. En el mundo de la publicidad también es normal. El reclamo publicitario de un festejo taurino, a través del cartel, fue, es y será de vital importancia de cara al aficionado, o espectador, pues la cartelería taurina es el principal medio de atraerlos hacía la plaza.
Los carteles taurinos fueron primero unas litografías. En grandes letras con algún grabado y cenefas se daba cuenta del festejo. Después fueron evolucionando hacía unos murales de gran tamaño, que eran fijados en las paredes con aquel característico engrudo. El cartel vivió una época dorada donde grandes artistas plásticos destacaron en su realización. Nombres como Roberto Domingo, Ruano Llopis, Reus, Ballestar o Saavedra destacaron por su pericia a la hora de ejecutar pinturas, cuyo destino era ser plasmadas en los carteles, que luego empapelarían las paredes, anunciando el festejo a celebrar. Tanto es así que muchas de estas pinturas se convirtieron en clásicos, siendo reproducidas en multitud de ocasiones. Ahora los nuevos diseños, nacidos de las nuevas tecnologías, acaparan la cartelería. Composiciones de muchas horas de trabajo y que dan un toque actual a un espectáculo al que se trata de adaptar a los nuevos tiempos.
Combinar ese toque clásico con las nuevas formas ha sido la sorpresa a la hora de anunciar la corrida de Belmez, que se celebrará el próximo mes de septiembre. La empresa Taurina de Buendía ha tenido el buen gusto, y el detalle, de que una pintura clásica de Romero de Torres, haya servido de base, y como fondo protagonista, para el diseño de cartel que ya se puede ver en muchos lugares como reclamo de la corrida. Julio Romero de Torres vuelve a ser protagonista en algo que le sedujo durante toda su vida, pues el pintor fue un gran aficionado a la tauromaquia.
En su obra el toreo está presente en numerosos cuadros, aunque nunca plasmó escena alguna de la lidia en la plaza. Únicamente durante su juventud, en la que colaboró en la revista El Toreo cordobés, fueron publicados algunos apuntes a plumilla de lo que acontecía en los ruedos, pero poco más. Sin embargo durante su trayectoria la tauromaquía está viva y latente en parte de su obra.
Una de sus primeras pinturas relacionadas con el toreo, vino por encargo de Dolores Molina, sobrina de Rafael Molina Lagartijo, que le encargo un retrato del primer califa a la muerte de éste, allá por 1900, y que le pagó con una baza califal -el pintor era muy aficionado a la arqueología- proveniente del cortijo Córdoba la Vieja, propiedad del matador. Este cuadro aún es conservado por la familia y se puede considerar la primera obra de marcado carácter taurino del afamado pintor. Años más tarde Romero de Torres retrató a Rafael Guerra Guerrita, segundo califa del toreo cordobés, por encargo de Rafael González López. Este señor, durante su etapa como presidente del Club Guerrita y al objeto de que presidiera el salón de citado club, solicitó al pintor un retrato de Guerrita que este realizó.
Cuando el local cerró sus puertas a la muerte de Rafael Guerra, la pintura pasó a manos de la familia, quien recientemente la cedió al Ayuntamiento de Córdoba para que se expusiese en el museo del pintor. También retrató a Rafael González Machaquito. Una como figura protagonista en un cuadro que se conserva en el museo de Bellas Artes cordobés, en la plaza del Potro, y otra como figura de vital importancia en el grupo en la pintura Consagración de la Copla, donde el tercer califa aparece a la izquierda del espectador.
También Romero de Torres plasmó a Juan Belmonte, la primera en su etapa como novillero, vestido de paisano y como muestra de agradecimiento por un brindis que hizo el trianero al artista cordobés. Posteriormente Romero de Torres volvió a pintar a un Belmonte, ya en la cúspide de su carrera, con la cabeza rapada por estar prestando el servicio militar, y liado en un capote de paseo.
Su última obra relacionada con el toreo, pertenece a su última etapa, pintada un año antes de su muerte. Se trata de Ofrenda al arte del toreo, donde retrata a una mujer desnuda que cubre sus piernas con un capote, portando una rama de laurel en su mano simbolizando la gloria. Ante ella una losa de mármol donde se pueden leer los nombres de Lagartijo, Guerrita y Belmonte.
La pintura que ilustra el cartel de Belmez forma parte de la obra titulada Poema de Córdoba, una obra formada por siete paneles que muestran de forma alegórica diversas facetas de la ciudad. Obviamente el toreo está presente y el panel titulado Córdoba torera está dedicado a la figura de Lagartijo.
La pintura la protagoniza una mujer que ciñe un manto rojo, a la guisa de un capote de brega al rematar una larga cordobesa, con el fondo de la plaza de la Corredera, lugar donde se celebraron corridas en la antigüedad, y donde un espada con el toro a los pies brinda su trasteo a una estatua del primer califa.
Romero de Torres vuelve muchos años después a anunciar una corrida de toros. Su Córdoba torera sirve como reclamo para que el público acuda a Belmez a presenciar la anunciada corrida de Victorino Martín, que será estoqueada mano a mano por los diestros Paco Ureña y Pepe Moral, y que ha levantado gran expectación incluso fuera de los límites de nuestra provincia.

8/01/2017

PROXIMOS CARTELES EN LA PROVINCIA



Mientras Los Califas continua con una programación ajena para lo que fue concebida, que no es otra que celebrar espectáculos taurinos, las plazas de la provincia comienzan a despertar del letargo en que se ven sumidas durante muchos meses. Es triste que este año, en que se conmemora el centenario del nacimiento de Manolete, el coso califal haya abierto sus puertas para celebrar festejos de toros solo en cuatro ocasiones. Esta efeméride debió, o debe de ser pues aún no es tarde, referente en el llamado planeta toro y no quedar hueca sin ningún festejo taurino. Lo que se está conmemorando no es otra cosa que el nacimiento de un mito, que lo es por muchas cosas, pero sobre todo por haber sido un referente en una disciplina artística milenaria, como es la tauromaquia, a la que trajo unas formas y maneras que fueron claves para la evolución de la misma. A esto hay que unir una personalidad única y magnética que hicieron que su figura fuera mucho más allá de las plazas de toros, llenando así toda una época en la historia.

Todavía no es tarde, aunque parece que no va a ser así, la celebración de un festejo homenaje al arquitecto del toreo moderno, como lo denomina el escritor Delgado de la Cámara, sobre la arena califal. Es triste que la sombra de Manolete permanezca viva en la ciudad cien años después, pero que en el coso taurino de la ciudad esté ausente más allá del busto que modelara Ruiz Olmos y que cohabita con los demás califas haciendo escolta a la puerta grande. 

La afición cordobesa se ve obligada a salir de la ciudad para presenciar festejos taurinos. Algunos abandonan los límites de la provincia y se aventuran a ver corridas en ferias de localidades cercanas, o incluso han seguido las evoluciones de las promesas que apuntan, casos de Lagartijo, en Sevilla o Madrid,  o de la reciente triunfadora en el ciclo de novilladas nocturnas de Sevilla, Rocío Romero.
Con la feria de las novilladas de lujo de Montilla en el recuerdo, y en el más absoluto olvido, han sido tres localidades del norte de la provincia las que han presentado sus carteles taurinos para celebrar aparejados a sus tradicionales fiestas. Es posiblemente la única válvula de escape que tengan muchos cordobeses para sentarse en los tendidos de una plaza de toros.


El primero de ellos tendrá lugar el próximo día 4 de agosto en la localidad de Villanueva de Córdoba. Allí el empresario Enrique Luján junto al matador de toros, hoy en las filas de plata, Ángel Luis Carmona, han preparado un festejo mixto que reúne varios alicientes. El primero es la presentación, han leído bien, de un Enrique Ponce que tras veintisiete años de alternativa, partirá plaza montera en mano. Será acompañado por el saltereño Manuel Jesús "El Cid", que viene de cuajar una faena, que posiblemente será una de las de la temporada, en la feria de Santander, eso sí, mal rubricada con los aceros. Junto a ellos hará el paseíllo el novillero local Carlos Jordán quien debutará con los del castoreño. Para la ocasión se ha preparado un encierro de sangre "ibarra" con el hierro de Sancho Dávila.

Vuelven los toros a la centenaria de Belmez tras un año en blanco. La afición belmezana se reivindica como la abanderada torista de la provincia y verá este año lidiar en su plaza una corrida, nada más y nada menos, con el hierro de Albaserrada, propiedad del mediático Victorino Martin. Los encargados de estoquearlos el próximo día 9 de septiembre, serán mano a mano Paco Ureña, quien atraviesa un momento cumbre en su carrera, junto al sevillano Pepe Moral, que estuvo a punto de abrir la Puerta del Príncipe en Sevilla durante la última feria de abril, ante toros de otra ganadería señera y legendaria como es la de Miura. Un cartel atractivo, al menos para los más defensores del toro bravo, el que ha montado el empresario Jorge Buendía, y que de seguro no solo atraerá aficionados de la comarca, sino de toda la provincia e incluso de fuera de ella, y es que Victorino Martín es un reclamo muy atractivo para la garantía de un espectáculo taurino con dinamismo y variedad.


Pozoblanco cerrará el mes de septiembre con la celebración de su feria en honor de Nuestra Señora de las Mercedes. Dos festejos ha preparado Antonio Tejero. En la corrida de toros, que tendrá lugar el día 23, alternaran Antonio Ferrera, que está sorprendiendo allá por donde actúa, obteniendo triunfos importantes en plazas como las de Sevilla y Madrid, mostrando unas lidias plenas y dinámicas, llenas de ortodoxia y no carentes de pellizco y buen gusto. David Mora, un torero que ha demostrado con creces de lo que es capaz, con salidas a hombros por la Puerta Grande de las Ventas, y que el sistema maltrata de forma injusta, será el segundo espada del cartel, que completa un joven José Garrido que trata de abrirse paso en el escalafón con unas formas que gustan al aficionado. Los toros pertenecerán al hierro de Alcurrucen que es uno de los que salvaguardan una sangre importante en el campo bravo, caso de la de Núñez. Para el 24, Pozoblanco albergará un festejo de rejones con la participación de Sergio Galán, Leonardo Hernández y la francesa Lea Vicens, quienes tendrán como oponentes toros de la ganadería portuguesa de Passanha.


A falta de que sean presentados los carteles de las localidades de la subbetica cordobesa, estos son, por ahora, los festejos donde la afición podrá asistir para disfrutar de la tauromaquia. Alicientes hay para ello, y para todos los gustos, pues la fiesta debe de tener variabilidad y diversidad.

El Día de Córdoba (31/07/2017)

7/24/2017

MANOLETE ALCANZA EL CENIT DEL TOREO ANTE RATÓN EN MADRID

El 6 de julio de 1944, en la tradicional corrida de la Asociación de la Prensa en la madrileña plaza de Las Ventas, Manolete firmó una de sus más memorables actuaciones

Se muestra julio como siempre lo hizo. Un mes donde el verano se manifiesta de manera cruda y donde los días, al refugio del calor, son propicios para despertar en la memoria sucesos y hechos que ya forman parte de nuestra historia. En este año en el que Córdoba celebra el centenario del nacimiento de Manolete, uno de sus hijos más célebres del pasado siglo, los que no tuvieron la ocasión de conocerlo buscan su evocación en la amplia bibliografía editada sobre el Monstruo de Córdoba, tratando de estar al tanto de lo que aquel espigado y magnético torero supuso en una España rota, y que poco a poco intentaba salir de una tragedia que había hecho tocar fondo a un país y a un pueblo.

Julio siempre fue el mes manoletista por excelencia. Linares es otra cosa, tragedia y llanto, que ha nublado la obra de Manuel Rodríguez como torero. En julio nació como hombre en la calle Torres Cabrera y como torero sobre el dorado albero maestrante sevillano. También en julio Manolete alcanza la cumbre, la cima, la cúspide del toreo, y muestra que su tauromaquia trasciende más allá de lo aportado por quienes le precedieron en el arte de lidiar y dar muerte a estoque a los toros.

Corría la temporada de 1944. Manolete ya ha mostrado sus credenciales. Su faena a un toro de Villamarta en Sevilla durante la campaña de 1941, dos orejas y rabo aunque los despojos fueron lo de menos, le ha puesto a la vanguardia del escalafón. Los compañeros que buscan competencia con el coloso cordobés son pronto dejados en evidencia pues no pueden seguir la estela que marca Manolete. Tal vez por ello, y ante la suprema tauromaquia de Manuel Rodríguez, el publico comienza a mostrar cierta hostilidad hacia el nuevo ídolo.

El día 6 de julio la Asociación de la Prensa celebra en Las Ventas su tradicional corrida. Se anuncian seis toros de la ganadería charra de Alipio Pérez-Tabernero para El Estudiante, Juanito Belmonte y Manolete. La expectación es máxima. Se cuelga el cartel de no hay billetes y a plaza llena las cuadrillas rompen plaza. Juanito Belmonte no tiene suerte en su lote. Ello hace que no se sienta cómodo durante la tarde y esta discurra para él en tonos grises y poco claros. El Estudiante se muestra valeroso con sus dos oponentes. A su primero le corta una oreja. Nos dice Manuel López del Arco, quien firmaba sus crónicas como Giraldillo, en ABC: “Toda la extensión valerosa de su toreo, que tantas apasionadas simpatías promueve, quedó contraída a la faena del primero. Cortó una oreja. Con esto no lo hemos dicho todo, porque él fue uno de los pilares de la corrida de toros, sosteniendo con el cordobés el fuego de la emulación, no ya de torero a torero, sino de espectador a espectador”. Lo que pudo ser una tarde triunfal para el torero alcalaíno quedo en la nada porque se encontró con un Manolete amplio y rotundo en una tarde que marcó un antes y un después en la historia del toreo.

Manolete puso en liza su personal tauromaquia en su primero, al que cortó una oreja tras una faena y estocada que rozaron la perfección. Aun así, parte del público se mostró discrepante con el torero de Córdoba, si bien fueron pronto acallados y obligaron a saludar a Manolete tras la vuelta al ruedo. Pero la historia se escribió en el sexto de la tarde. Saltó a la arena un toro del que dice Giraldillo: “Flaco y feo. Acusa mansedumbre. Las protestas pidiendo otro toro son unánimes. El presidente hace ondear el pañuelo verde, y sale un toro de Pinto Barreiro, bien presentado”. Era el célebre Ratón, llamado así por su astucia a la hora del pienso en los corrales de la plaza de Madrid, adonde había llegado con el nombre de Centelha desde el campo portugués, y donde se había hecho inquilino permanente hasta esa tarde. Con él Manolete mostró porqué era un predestinado a mover los cimientos del arte de torear. Eltoro, corraleado y avisado, no dio facilidades de salida, lo que no es obstáculo para que el torero lo lancee con prestancia y emoción con unas verónicas ceñidas y ajustadas que le hacen saludar montera en mano en un ruedo plagado de sombreros arrojados desde el tendido. Tras dos varas Manolete brinda al público la faena. Lo que ocurrió después se antoja incalificable. Colosal faena, basada en el toreo al natural, donde Manolete muestra su personal y rotunda forma de concebir la tauromaquia. Dominio, ligazón entre las tandas, quietud y personalidad. Tras el toreo fundamental vienen mayestáticas manoletinas y adornos diversos que preceden a una estocada que hace que el toro doble y Manolete obtenga dos orejas, así como pasar a la posteridad en un Madrid que lo descubre plenamente aquella tarde de julio. Manolete ha tocado la cima. Antonio Valencia, quien firma como ElCachetero, lo expuso de manera clara en El Ruedo. Con su opinión, válida en este julio del centenario, ponemos epílogo a este escrito sobre el penúltimo califa del toreo cordobés: “El otro día se dijo que Manolete ya figura por derecho propio entre los seis medallones máximos que podrían resumir en cualquier pared la historia del toreo. Esta es otra de las grandes verdades de Manolete, es decir, que se ha situado en una cumbre en que, a la vez que al toro, domina al toreo considerado como arte total. El uno y el otro irán a donde los guíe su genio, su maestría y su muñeca. Manolete va a dejar el toreo constituido hacia la posteridad, quizá para siempre, como un canon exacto e inalcanzable por generaciones."

El Día de Córdoba (23/07/2017)

7/16/2017

LAGARTIJO(CHICO) Y MANOLETE (PADRE), JUNTOS EN PAMPLONA.

Rafael Molina Martínez y Manuel Rodríguez alternaron mano a mano en la corrida que cerró el ciclo de San Fermín del año 1908.

Julio debe ser un mes netamente manoletista. La alargada sombra del monstruo de Córdoba se alarga cada verano. Tristemente es el mes de agosto, cuando encontró su fatal destino en lugar del julio en que vio la luz, cuando su imagen se vuelve a hacer presente. En este año en que se está conmemorando el centenario de su nacimiento, los actos en su recuerdo no cesan. Y es que Manolete continúa muy presente en la memoria no solo de los aficionados a los toros, sino también de mucha gente que se siente atraída por la enigmática figura de uno de los mitos españoles del siglo XX.

El icono manoletista trasciende más allá del panorama netamente taurino. Tanto es así que al recordar a Manolete, la figura de su madre, doña Angustias, siempre aparece de forma nítida y presente. Mujer a la que tocó afrontar un difícil destino y que siempre estuvo unido al toreo. Se casó con una de las promesas del toreo cordobés, Rafael Molina Martínez, Lagartijo Chico en los carteles, al que una enfermedad incurable en la época truncó su carrera taurina y también la vida, pues el joven Lagartijo falleció en 1910 cuando le faltaban pocos meses para cumplir los 30 años. Doña Angustias, viuda y con dos hijas, Dolores y Angustias, contrae segundas nupcias con otro torero, Manuel Rodríguez, Manolete en los carteles, de cuyo matrimonio nació el recordado Manuel Rodríguez Sánchez, quien también se anunció como Manolete, Califa del toreo cordobés.

Lo que muchos pueden ignorar es que Lagartijo Chico y el primer Manolete alternaron juntos en los carteles. Sin ir más lejos, esta semana se han cumplido años de una de sus actuaciones: los dos maridos de doña Angustias alternaron mano a mano en la corrida que cerró el ciclo de San Fermín de 1908, por cierto el último año en que Lagartijo Chico se enfundó el traje de luces, ya aquejado de la tuberculosis que acabó con su vida.

Rafael Molina Martínez "Lagartijo-chico"
Los sanfermines de la época eran muy distintos a los de hoy. Era una fiesta antes de que Hemingway, don Ernesto como lo conocían en ambientes taurinos, la hiciera internacional y poco a poco fuese perdiendo su tradicional esencia. Hoy es conocida a nivel mundial, son muchos los foráneos que vienen atraídos por su secular tradición, pero también la masificación nubla el verdadero sentir de los navarros, que ven cómo poco a poco su fiesta se les escurre entre los dedos.

Aquel año de 1908 las corridas sanfermineras tenían un neto sabor cordobés. A los nombrados Lagartijo Chico y Manolete se unía el nombre de Machaquito, en los años dorados de su carrera, quienes, acompañados de Vicente Pastor y Bombita III, serían los encargados de actuar en las tardes festivas, ante toros de Murube, Palha, Guadalest, Espoz y Mina, Lizaso y Zalduendo.

Manuel Rodríguez "Manolete" (padre)
El día 12 se anunciaban dos de los espadas cordobeses. Lagartijo Chico y Manolete actuarían mano a mano ante toros de la tierra, tres con el hierro de Zalduendo y otros tres con el pial de Lizaso. Aquel festejo sirvió para que Pamplona rindiese homenaje a uno de sus hijos más celebres, el violinista Pablo Sarasate, quien presidió el festejo acompañado del gobernador civil y del alcalde de la ciudad. El público llenó el coso pamplonés y los dos toreros paisanos partieron plaza. Lagartijo Chico cuajó una meritoria faena ante el primero de la tarde, de Zalduendo y que tomo cinco varas de la época, siendo muy ovacionado cuando lo finiquitó de estocada y descabello. No lució mucho Manolete (padre) en el segundo de la tarde, un animal, según El Eco de Navarra, manso y acobardado que no le permitió lucimiento alguno, y que unido al mal uso de los aceros hizo que el público pitase al matador. Volvió a lucir Lagartijo Chico con el tercero. Faena de mérito y certera estocada que le sirvieron para obtener una cerrada ovación de todos los asistentes. No lució, según la prensa de la época, Manolete en el segundo de su lote; desconfiado con muleta y desacertado con la espada vio cómo el público se enfadó con su labor. Lagartijo Chico en el último de su lote, muy molestado por el viento y tal vez con los primeros síntomas de la enfermedad, solo pudo lucir en banderillas y poco más, pues tampoco estuvo acertado en la suerte suprema. El tercero de Manolete fue devuelto por saltar a la arena con un pitón partido y con el sobrero tampoco destacó el novel espada, que se sacó la espina en el toro de gracia, regalado por el presidente Sarasate a petición popular, cuando cuajó una de las mejores faenas de su carrera, aunque Fulanez, quien firma la crónica, afirma que más debido a la condición del toro y a su valor espartano.

Lagartijo Chico dejó de actuar ese mismo año aquejado de la enfermedad que le llevó a la muerte. El resto de la historia ya es conocida. Su viuda casó con su compañero de aquella tarde pamplonesa y nueve años después el mito se hizo carne en una casa de la calle Torres Cabrera de Córdoba.

El Día de Córdoba (16/07/2017)

7/09/2017

MANOLETE VIVO SOBRE LA ARENA

El cordobés fue dominador y conocedor del toro, y su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas: llegó a la perfección.

Manolete continúa vivo. Su figura se acrecienta con el paso de los años. No pierde un ápice de su frescura. Cien años después de su nacimiento, su imagen permanece presente entre nosotros. Los actos conmemorativos de la efeméride se suceden y el Califa de Córdoba, el Monstruo como lo bautizara K-Hito, forma parte ya no solo de la memoria, sino también del paisaje urbano de toda la ciudad mediante fotografías, exposiciones, representaciones y toda clase de actos, que recuerdan el centenario de un mito. Manolete forma parte del acervo cultural de todo un país, incluso de otros fuera de nuestras fronteras. Y es que Manolete fue, y es a día de hoy, un personaje que da para mucho, pues su figura se extralimitó más allá de los ruedos.
Mostrar al Manolete hombre, para así tratar de acercarlo a simple mortal, es complicado. Es fácil caer en una imagen kitsch del personaje, mostrando un icono vintage basado en algo superficial con olor a naftalina. Manolete es algo más que un héroe de amplias chaquetas cruzadas, guayaberas blancas, zapatos bicolor, pelo engominado y gafas de aviador americano. El ídolo supone mucho más que alguien rebelado contra el matriarcado familiar, por culpa de apasionados amores mal vistos por una sociedad malherida y convaleciente de una guerra. Mostrar así a Manolete supone volver a caer una vez más (y van...) en los típicos tópicos que enmascaran la verdadera dimensión de aquel ídolo de masas que se llamó Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, y al que un toro en Linares convirtió en un mito.
Cada vez que se trata de mostrar a un Manolete humano, se cae de forma involuntaria en los mismos errores de siempre. Tanto que finalmente nos queda una figura más superficial que profunda, enmascarada con una pátina artificial que oculta de forma alarmante el verdadero espíritu del torero, que es quien realmente dota a Manuel Rodríguez de su carisma y relevancia.
Y es que es complicado hacer comprender a las gentes de hoy que un torero podía llenar una época en la memoria de los habitantes de este país. El torero era un ídolo. El serlo de fama era salir del anonimato para alcanzar la notoriedad y la riqueza que todo ser humano busca. El matador de toros en la cúspide era como el futbolista de élite de nuestros días. El deporte rey aún estaba en mantillas en España y el único recurso para salir de los estratos desfavorecidos de la sociedad no era otro que vender su vida ante las astas de los toros.
Manolete fue un predestinado. Manuel Rodríguez se crió en un ambiente en que el toro tenía que ser mirado con recelo. Es de sobra conocido que su madre enviudó de las primeras nupcias contraídas con Lagartijo Chico, sobrino del genial primer Califa, para casarse posteriormente con un espada digno, pero mediocre, como fue Manolete padre. Es ahí donde pueden surgir los primeros enigmas que muestran esa predestinación del Monstruo a vestir el chispeante.
El segundo de los enigmas es el desarrollo de un toreo que en los primeros años, etapa novilleril, no destaca para después culminar en la perfección de todas las aportaciones que hicieron los que le precedieron. Y es que en una época en que se carecía de los medios audiovisuales y tecnológicos de hoy, Manolete perfecciona el toreo de la llamada edad de oro en las innovaciones que trajeron dos colosos como fueron Gallito y Belmonte. Son fuentes en las que bebe el torero de Córdoba sin saber cómo. La influencia de Camará, como gran gallista, tampoco parece ser clave, pues Manolete toma aportaciones netamente belmontistas. Manolete no es un torero de entre épocas. El Califa cordobés es un torero que culmina, y de qué forma, lo apuntado por otros. Sin verlo, Gallito muere cuando Manolete tiene apenas dos años, absorbe el dominio, conocimiento, profundidad de Joselito y vergüenza profesional, mientras que de su rival, Belmonte, toma la quietud y la ligazón. A todo esto, que toma y hereda sin saber cómo, une una personalidad única y arrolladora, así como una espada llena de pureza y ortodoxia que le lleva a ser uno de los mejores estoqueadores del toreo, cosa que poco se le reconoce, tal vez porque su aportación a la tauromaquia nubla su contundencia y clasicismo en la suerte suprema.
Manolete fue dominador y conocedor del toro, el hacer faenas de semejante estructura a cada uno de los que se enfrentó nos lo corrobora. Su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas. Su valor y disciplina espartana están también latentes en su tauromaquia. Valor seco, sin alharacas, para ligar muletazos largos a pesar de esperar con la muleta retrasada en faenas compactas y ligadas.
Luego vino la perfección absoluta. Los cimientos del toreo de hoy. El toreo donde el último tercio adquiere una relevancia sobre los otros dos. Es la culminación de un todo y el principio de unas nuevas formas que apuntaron hacía la perfección de todo. Ahí es donde Manolete vive. Sobre los alberos y arenas del planeta toro cada vez que el hombre, en pleno siglo XXI, continúa tocando la gloria ante los pitones de los toros.