12/10/2017

LOS QUE EMPIEZAN: MARTA REILLO. LA PERSECUCIÓN DE UN SUEÑO.


Su larga cabellera rubia,- natural me hace mucho hincapié-, le hace parecer una valkiria de las ideadas por Wagner en su trilogía del Anillo. A pesar de su juventud, tiene las ideas y la mente muy claras, aunque mantiene esa rebeldía que da la edad y sobre todo una vitalidad que contagia a todo el que la rodea. Licenciada en educación, tiene una idea en su cabeza que la hace soñar despierta, pues convertirse en torero es un objetivo que lleva trazado desde que era una niña. Marta Reillo es de esas chicas modernas, que sin conocer saber el motivo, tiene unas inquietudes impropias en esta época, como es la de jugar con el drama y la muerte, para una joven de veintipocos años,  que no dudo en dejar su entorno y su ciudad natal, para viajar hasta Córdoba y formar parte, como alumna, de la Escuela Taurina del Circulo Taurino de Córdoba.


Fue ahí donde se dio cuenta que el toreo era un destino que la vida le tenía guardado. Pasó esa etapa, y de regreso a su Cuenca natal, no ha dudado de pasar un verano a la antigua usanza. La fiesta no atraviesa un momento dulce para los que empiezan y alejada de los ruedos y del chispeante terno, no ha tenido más remedio que torear en ese residuo de tauromaquia, que son las capeas y que se conservan en la España profunda, arraigadas profundamente en unas fiestas, donde el toro continua siendo fundamental. Ahí es donde esta joven luchadora, tal y como eran las rubias valkirias, se ha ido forjando durante la presente temporada, toreando donde ha podido y donde la han dejado , enfrentándose, la mayoría de las ocasiones, con animales impropios para alguien que aún está asimilando un oficio. Aún así continua soñando despierta y torear le supone un estimulo que define como algo incomparable.

C.T.: En primer lugar: ¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?

M.R.:Nací en un mundo rodeada de animales, mi padre es ganadero de reses mansas y fue maletilla, por lo tanto en casa siempre ha habido capotes y muletas, y yo he podido jugar con ellos. Para mí era algo normal, una niña podía jugar con una muñeca y yo prefería jugar con los play mobils y las capas de mi padre.

C.T.: ¿De dónde brota tu afición a los toros?

M.R.: Como ya he comentado interiormente, mi padre fue maletilla junto a mi tío. A la muerte de mi abuelo paterno, mi padre tuvo que dejar los toros y ponerse a trabajar para sacar adelante a su madre y a sus hermanos. La ilusión de mi padre siempre ha sido tener un chico el siguiera sus pasos, pero no fue así, sólo vinieron chicas siendo yo una de ellas. Mi padre lo ha intentado cuando éramos pequeñas, tanto con mi hermana como conmigo. Mi hermana no quiso saber nada del tema y yo, bueno, para mí todo empezó como un juego cuando con 6 años me puse delante de una becerra.

C.T.: El lugar donde naciste y donde resides, aunque existe su feria taurina y una afición consolidada, es difícil para la práctica del toreo ¿cómo influye eso en tu inquietud por ser torero?

M.R.: Soy consciente de la dificultad que eso conlleva, ya que por aquí no tengo ninguna oportunidad ni ayuda. Me considero una persona con mentalidad de antes, la cual ha ido aprendiendo a base de capeas y buscarme la vida. Yo no sé lo que es estar un invierno haciendo campo y en verano hacer una temporada. Y aun así cuando llega el verano, voy de capea en capea donde puedo orientarme, eso sí, unas veces sale del toril un añojito para disfrutar, y otras veces el eral tirando para utrero que ya te va pidiendo el carnet, y esa es la única realidad si quiero torear y sentir lo que llevo por dentro,  y para poder expresarlo es lo único que puedo hacer.

C.T.: Y tu familia ¿qué dice de todo esto?

M.R.: Mi familia desde un principio siempre me han apoyado todos. Tengo mucha suerte de la familia que tengo y me siento muy orgullosa de ello, pero sé que lo pasan muy mal, sobre todo mi madre y mi hermana. Soy consciente de que soy la pequeña de la casa, y que es un mundo muy difícil. Ellos sufren mucho, porque me ven sufrir a mí. Cuando ven cómo me derrumbó muchos días, porque no salen las cosas como deberían salir, me han pedido en más de una ocasión que abandone ya  y lo deje. Mi padre está muy orgulloso de mí, mi madre y hermana también, ellos me dicen que he llegado ya más lejos de lo que ellos podían imaginar, y que pase lo que pase siempre estarán orgullosos de mi. Mi madre últimamente no viene a verme torear, mi padre siempre me acompaña y mi hermana a pesar de pasar mucho miedo en el callejón es mi moza de espadas.


C.T.: ¿Cómo fue la primera vez que te pusiste delante de un animal bravo? ¿Cuáles fueron tus sensaciones?

M.R.: La primera vez que me puse delante de un animal fue con 6 años junto con mi padre porque no podía sujetar la muleta yo sola. No tengo muchos recuerdos de ese día porque era muy pequeña. Tengo dos fotos que guardo con especial cariño y lo único que recuerdo es que pase mucho miedo. Cuando sentí el bufido de la becerra al entrar a la muleta me asuste bastante. Lo hice por mi padre, porque me animo él a que saliera y no quería defraudarlo.

C.T.: A raíz de tu primera experiencia ¿qué pasos seguiste?

M.R.: Al no existir una escuela taurina en mi ciudad no pude apuntarme a ninguna, fui creciendo en este mundo rodeada de animales sin ser consciente de lo que me podía esperar. Cuanto más iba creciendo, me iba dando cuenta que esto era más serio de lo que yo podía esperar. Ahí me pudo la presión que ejercía mi padre hacia a mí con este tema, así que decidí no volver a mencionar nada del tema en casa y no querer coger un trasto. Pero con 14 años en las fiestas del pueblo llevaron unas vacas para los niños y algo por dentro me incitaba a salir, así que sin decir nada a nadie, fui a casa, cogí la muleta de mi padre y salí hacer lo que buenamente podía, porque no sabía cómo hacerlo, no tenía ninguna técnica, ni base alguna. Desde ese momento en mi cabeza algo cambio. Al verano siguiente empecé a ir por los pueblos donde sabía que soltaban vaquillas y me ponía delante. La mayoría de las veces me pillaban, porque aparte de que yo no sabía, casi todas iban toreadas, pero aún así mis ganas seguían ahí.
También es verdad que para entonces mi físico no era el que es ahora, y podía estar un poquito “gordita “. Cada tarde en el ruedo escuchaba muchos comentarios que me dirigían a voces hacia mi persona. Uno de ellos era que iba para picadora y no para torera. Toda mi vida desde que entre en el colegio, he tenido que soportar toda clase de insultos, pero yo era feliz y no hacía caso, pero en este caso era diferente, era tratar de mi futuro, de lo que yo quería ser y llegó un momento que se me fue de las manos y caí enferma en anorexia.
Desde ese momento todos mis sueños se vieron truncados, y tuve que dejar todo de lado, ya que me era imposible casi mantenerme de pie. A día de hoy no me arrepiento de todo lo que tuve que pasar hasta salir adelante, porque pienso que eso me sirvió para crecer como persona, lo único que me arrepiento y me pesa, es todo lo que sufrió mi familia conmigo, cuando yo estaba encerrada en un pozo sin fondo y pensaba que no podía ver la luz.
Cuando ya estaba recuperada, tuve un invierno que estuve entrenando muy duro, pero el destino no quiso que esto diera sus frutos. Las desgracias vinieron una tras otra. Me presenté a un programa de televisión “soy noviller@” en Castilla la Mancha. Una vaca me cogió y tuve un esguince de rodilla. Cuando me recupere, a la semana me caí con mi caballo, rompiéndome el último hueso de la columna vertebral, decir que si la fractura hubiera sido 4 cm más arriba, me había quedado en una silla de ruedas, ahí lo pasé realmente mal porque tuve que estar en una cama sin moverme un mes, y luego poco a poco andando en una rehabilitación pesada y dura. Ya el remate de la mala suerte, fue cuando ya empezó la temporada en julio y una furgoneta se saltó un stop con tal mala suerte de ir yo con mi moto y tener un accidente. El golpe fue muy gordo en la cabeza el cual me tuvo retirada por un tiempo.

C.T.: Pero tarde o temprano todo llega ¿en cuantas ocasiones has actuado en público y que recuerdos guardas de ellas?

M.R. : La primera vez que actué en público fue en el 2010 en Zarzuela (Cuenca), tuve muy mala suerte esa tarde, parece mi sino, ¿no? porque toreando me corte en la mano con el arpón de una banderilla, entonces el el maestro me obligo a ir a la ambulancia para coserme y cuando volví ya habían matado al novillo. Luego he podido torear en plazas muy importantes para mí como han sido la de Córdoba, Chinchón (Madrid), Cuenca… y muchos pueblos que su afición me han hecho sentirme muy querida y tengo muy buenos recuerdos de todos ellos.

C.T.: Has compaginado perfectamente tus estudios de magisterio, ya terminados, con tu deseo de ser torero haciendo compatible ambas cosas ¿te ha costado trabajo, o el deseo por torear te ha supuesto un aliciente para concluir una carrera universitaria?

M.R.: Si dijera que no me ha costado trabajo mentiría. El torero necesita las 24 horas del día para estar y sentirse torero, y yo me tenía que repartir. Muchos días de trabajos y estudios que no podía dedicar a entrenar, o a ver vídeos, que es una de las formas de como he aprendido. Pero quien algo quiere, lucha por ello. Mis padres me dijeron que si quería continuar toreando tenía que sacar mis estudios. Al principio me enfade un poco. Tuve momentos que me agobiaba porque me faltaban horas al día, pero a día de hoy les estoy eternamente agradecida, porque ahora comprendo lo necesario que es tener tus estudios.

C.T.: A propósito anterior ¿cómo lo llevaban tus compañeros en la facultad?

M.R.: Bueno me he encontrado de todo, amigos que me han apoyado, otros me han respetado y luego otros con los que tuve mis más y mis menos. También con un profesor tuve un problema cuando se enteró. No me puso las cosas nada fácil, pero al final pude aprobar su asignatura.

C.T.: En el curso 2015/206 decides inscribirte como alumna de la Escuela Taurina del Circulo Taurino de Córdoba ¿qué fue lo que te empujo a ello, y por qué Córdoba?

M.R.: Conocí a una chica, Marta Borao, que por casualidad era aficionada práctica, y en su ciudad no había escuela taurina tampoco.  Conforme fuimos cogiendo confianza le conté que llevaba muchos años ahorrando, y mi ilusión era poder irme a vivir a otra ciudad, en busca de una oportunidad, estuvimos hablando y al final decidimos emprender este viaje un poco a la locura.
No teníamos muy claro dónde ir, lo único que teníamos claro es que queríamos que fuera Andalucía ya que siento un cariño muy especial por esta tierra y en parte me siento muy identificada con ella. Primeramente llamamos a otra ciudad de Andalucía, pero al decir que éramos dos chicas nos colgaron directamente. Seguidamente llamamos al Círculo Taurino de Córdoba donde nos atendieron cariñosamente y no nos pusieron ninguna clase de problema, y dicho y hecho decidimos que nuestro destino sería Córdoba.

C.T.: ¿Te marcó tu estancia en la Escuela Taurina del Circulo Taurino de Córdoba?

M.R.: Tanto de los profesores de Córdoba como toda la gente que compone la escuela me lleve muy buenos recuerdos y los quiero mucho. Desde que llegamos Marta y yo nos acogieron como uno más, no íbamos buscando trato de favor por ser chicas, y a día de hoy los echo mucho de menos. Estoy muy agradecida a todos y cada uno de ellos, porque a pesar de estar lejos de casa, me hicieron sentir como en casa, y los profesores me ayudaron a tener más confianza en mí y la mayoría a día de hoy que se es gracias a ellos.

C.T.: Solo una actuación con la Escuela, pero satisfactoria ya que cortaste un rabo en la Becerrada Homenaje a la Mujer Cordobesa ¿por qué crees que aquel éxito no tuvo repercusión y se reflejo en más festejos?

M.R.: Estuvimos todo el año preparándonos para ese día. Todo lo que viví ese día fue maravilloso, pero me pesaba la responsabilidad. Soy consciente de que me pudieron los nervios y que no estuve como me hubiera gustado, pero aún así me sentí muy arropada por todos los profesores y diferentes componentes de la escuela taurina, y también por todo el público que ese día fue para verlo.
Es verdad que tanto mi compañera como yo, pensábamos que íbamos a tener más oportunidades esa temporada, pero no fue así, no sé realmente porque fue.

C.T.: ¿Qué recuerdos guardas de tu etapa cordobesa?

M.R.: Mi etapa cordobesa ha marcado un antes y un después en mi vida. Guardo un cariño especial por esa tierra y por su gente. Ese año aprendí muchísimas cosas, el hecho de vivir fuera de casa me hizo valorar todo y crecer como persona. Me encantaría poder vivir allí para siempre y espero que en un futuro se pueda cumplir mi sueño.

C.T.: Tras tu paso por Córdoba regresas a Cuenca y salvo Chinchón donde te pusiste el traje de luces, has toreado en muchas capeas, con animales grandes y casi siempre avisados y de condiciones poco favorables ¿es eso positivo para los que tratáis de empezar a torear?

M.R.: Todo el mundo me dice que no es bueno para mí. Yo soy consciente de todos los riesgos que ello conlleva. El toro no se fija en ti solamente, se puede cruzar alguien, una distracción puede hacer que el peligro sea mayor, pero es la única manera que tengo si quiero estar delante de la cara del animal.

C.T.: Una mujer con formación universitaria como tú y muy en el mundo actual ¿qué piensas del momento que vive la fiesta de los toros?

M.R.: Pienso que este mundo nos lo estamos cargando los propios taurinos, cuanto más te adentras en este mundo te das cuenta de muchas más cosas. Yo he tenido ya muy malas experiencias con muchos empresarios, los cuales te llaman para torear, pero a cambio o te piden dinero, o pretenden que les pagues en “carne” como si fueras una muñeca, y decidir y hacer contigo lo que quieran. El problema es que mientras haya gente que toree en esas condiciones esto nunca va a terminar.

C.T.: ¿Qué proyectos tienes para el futuro?

M.R.: Siendo realista, sé que a día de hoy es muy difícil torear y meter cabeza en las plazas, me vengo abajo y pienso que  no voy a llegar a nada en este mundo. Si esto fuera así, me gustaría poder trabajar como maestra ya que son mis estudios, pero tampoco descartó quedarme con la ganadería y agricultura de mi padre y continuar con ello. También hay que tener en cuenta que soy una chica a la cual le gusta como a la mayoría de jóvenes de mi edad salir, estar con las amigas, la moda y la fotografía. Esto último me apasiona y no me importaría trabajar o hacer mis pinitos en este mundo.

C.T.: El toreo es una disciplina que tradicionalmente ha sido desarrollada por hombres, aunque el arte y la expresión artística no tienen sexo, en tu corta carrera ¿has notado desprecio o trabas por ser mujer?

M.R.: Si, a pesar de que el mundo va evolucionando, yo he tenido muchos problemas por ser mujer como el que he comentado antes. También compañeros que no quieren compartir cartel conmigo, o estar toreando y escuchar cómo te vocean  que me vaya a fregar que ese es mi sitio…

C.T.: En el plano estrictamente taurino ¿cómo concibes el toreo? ¿qué es lo que tratas de expresar con capote y muleta?

M.R.: Me gusta ser yo en cada tarde, para mí es muy importante estar en todo momento en contacto con el público. Si veo que ellos disfrutan, disfruto yo, ya que pienso que ellos son los principales en cada tarde, sin público no podría seguir esto adelante. A día de hoy tampoco tengo un concepto definido, no sabría bien como definirme toreando, pero disfruto cuando puedo ligar una tanda seguida y encajar mis riñones.

C.T.: ¿Crees que la sociedad actual, urbanita y alejada del entorno rural, ve en la fiesta de los toros algo arcaico y anacrónico porque la desconoce?

M.R.: Creo que está de moda ser antitaurino. Muchos de ellos se hacen llamar así sin saber el significado de la palabra, o sin conocer el verdadero mundo que hay tras la fiesta, no es sólo el toro en la plaza sino todo el proceso que ello conlleva. Hay que tener en cuenta que muchas familias viven del toro, ya no solo el torero sino ganaderos, empresarios, mulilleros, monosabios… Se piensan que quitando las corridas van ayudar al toro y no es así, porque lo único que harán es hacerlo desaparecer, porque ningún ganadero lo criara por amor al arte.


C.T.: Volviendo a tus inquietudes ¿qué toreros, de hoy o del pasado, son tus espejos?

M.R.: De toreros del pasado me viene a la memoria Manolete y Juan Belmonte. De este segundo me he leído su biografía escrita por Chaves Nogales y me encantó.

C.T.: ¿Qué le pides a la vida?

M.R.: Ser feliz ante todo. Si pudiera llegar a ser alguien en este mundo sería cumplir mi mayor sueño, pero lo más importante es que nunca me falte mi familia y mis animales, soy feliz rodeada de ellos y pasando mis horas junto a ellos. No cambio por nada una tarde montando a caballo en la finca, junto a mis perras corriendo y apartando terneros o simplemente dando un paseo mientras veo todas las reses. Tengo muchos perros ya que mi padre es cazador, me gusta ir con él, pero luego en mi casa tengo tres perras: una pitbull, una bullterrier y una terrier alemán, están picadas a la caza y no hay día que no salga de paseo con ellas y cojan algo.     
      
C.T.: Si no lograses lo que sueñas ¿qué te gustaría ser?

M.R.: Ya lo he comentado anteriormente. Me gustaría poder trabajar como maestra y cuando el día de mañana no pueda mi padre continuar con la ganadería y la agricultura, continuar yo. Creo que mi sitio está en el campo, ahí es cuando realmente soy yo.

Sonríe alegre. Su sonrisa anda entre la inocencia y la timidez. Sus ojos tienen un brillo especial cuando habla de toros. También, y a pesar de su juventud, es una mujer moderna y con las ideas muy claras, lo que en el argot taurino sería "tener la cabeza bien amueblada".  Aún así continua con su "locura". El destino determinará si el día de mañana, además de ser ejercer la docencia como maestra, también se doctorará en tauromaquia.



12/06/2017

JULIO BENITEZ CON NUEVOS MENTORES EN 2018


Recibo en el correo electrónico la siguiente nota que reproduzco a continuación.

Julio Benítez ‘El Cordobés’ y Grupo Vientobravo llegan a un acuerdo de apoderamiento.

Con el final del proceso de recuperación del accidente de tráfico que sufrió el pasado mes de junio ya cercano, Julio Benítez ‘El Cordobés’ ha comenzado a diseñar su temporada 2018.

En este sentido, la primera decisión que ha tomado el diestro ha sido la de confiar las funciones de su representación taurina al Grupo Vientobravo, dirigido por José Antonio Cejudo y José María Díaz.

Un acuerdo al que ambas partes han llegado basándose en la relación de confianza mutua existente y en el éxito artístico y empresarial que han supuesto los festejos en los que empresa y torero han confluido.

Particularmente, los carteles en los que se han anunciado conjuntamente Julio Benítez ‘El Cordobés’ y Manuel Díaz ‘El Cordobés’ han logrado colgar el ‘No hay billetes’ en las cuatro ocasiones en las que la empresa andaluza los ha programado en la campaña 2017.

Tanto el diestro como los representantes de Vientobravo se han mostrado satisfechos e ilusionados con este acuerdo que supone el comienzo de una nueva etapa para Benítez y la consolidación del grupo como uno de los de mayor solvencia en el sector, añadiendo esta nueva responsabilidad a la que ya ostenta en la gestión de más de una decena de plazas de relevancia como Antequera, Fuengirola, Baza, Motril o San Fernando (Cádiz), entre otras.

POKER DE NOVILLEROS CORDOBESES PARA LA TEMPORADA 2018


La entrada, o página, anterior se la he dedicado a Lagartijo. Hoy por hoy, el novillero con caballos de más antigüedad de los nacidos en esta ciudad de Califas. Pero sería injusto que la memoria hiciese una mala pasada.

Hacía años, habría que remontarse mucho atrás, para que en la ciudad hubiera hasta cuatro aspirantes toreando con los del castoreño. Si Lagartijo afrontó su tercera campaña con los montados, la temporada pasada sirvió para que dos toreros cordobeses diesen un paso más en su carrera.


Uno fue el jarote Carlos Jordán, quien tuvo la oportunidad de presentarse con picadores, en corrida mixta alternando con dos matadores de toros, en la feria de su pueblo. El éxito fue grande y una vez más se demostró que el toreo tiene una evolución natural, y que continuar matando erales, para evitar gastos y trabas, es un error que a la larga pasa factura y puede suponer un serio parón en la carrera de estos incipientes toreros.


También tuvo ocasión de presentarse con los del castoreño Rafael Reyes. Tras una prometedora aparición como novillero sin caballos, sufrió un lamentable parón, que tal vez le hizo perder la ilusión y sobre todo la confianza en sí mismo. Los años en el dique seco le han hecho madurar y recobrar la confianza, de ahí que tuviera una vuelta a los ruedos, esta vez ya estoqueando utreros, feliz y que ha devuelto la esperanza, no solo a él, sino a todos los que algún día depositaran su confianza en el joven torero del castizo barrio de San Pedro.


Aunque no ha debutado aún con los de la vara larga, lo hará muy en breve, ha sido la joven Rocío Romero. La prometedora torero ha dejado de ser una niña que jugaba al toro, para convertirse en una aspirante a revolucionar el escalafón de novilleros de cara a la temporada de 2018. Esta recién terminada temporada ha supuesto la de ver a una torero hecha y que su triunfo en la Real Maestranza sevillana no ha sido fruto de la casualidad, sino el premio a una ilusión y constancia en tratar de ver cumplido un sueño, y que paso a paso se puede convertir en realidad.


Poker de novilleros con picadores cordobeses para 2018. Cuatro toreros que, distintos entre si, pueden y deben de suponer una bocanada de aire fresco para la ciudad de Córdoba. Ahora cabe solo esperar que la empresa que marca el destino de Los Califas, de forma rácana eso sí, lo tenga en cuenta y les dé la oportunidad de torear ante sus paisanos. Siempre fue así y así debe de seguir siendo. La sensibilidad debe de ser fundamental para tratar de asegurar el toreo en Córdoba. La FIT tiene la última palabra. De ellos depende. 

LAGARTIJO. LA ESPERANZA Y LA ILUSION ESTRENAN EQUIPO DE CARA A 2018


Desde la primera vez que le vi torear aprecie que tenía algo distinto. No era un torero adocenado, como la mayoría de hoy, con todas las carencias de los que empiezan pero en él se atisbaba una personalidad innata.

A pesar de mil y un contratiempos, siguió adelante con su carrera, toreando aquí y allí, donde le dejaban y siempre mostrando esas ganas de ser torero, que le hicieron desorejar, por partida doble, a un eral de La Quinta en Los Califas, lo que hizo que se convirtiera en la gran esperanza de la dormida y sufrida afición cordobesa.

Llego la presentación con los montados y con ellos se volvió a ver a un torero ilusionador. Fueron bastantes los contratos y en todos dejo su impronta de torero distinto. Vestido de mercurio claro y plata se presentó en Los Califas y cortó dos orejas a un ejemplar de Algarra, algo que no le sirvió para nada, pues el sistema que rige los destinos del toreo le cerro cuantas puertas le podía abrir, incluso las de la repetición en su tierra ganada a buena lid sobre la arena.

Ese mismo sistema le relegó al banquillo durante la temporada siguiente y a pesar de la lucha, y el trayecto recorrido, el destino se presentaba oscuro para alguien, de quien se piensa y cree, puede ser revulsivo en la ciudad que le vio nacer.

El año pasado se jugó su carrera a dos cartas. Sevilla y Madrid. Poco paso. Solo mostró disposición y tal vez, conociéndolo se puede afirmar con seguridad, la presión pudo ser detonante que el balance fuese el de un aprobado por los pelos.

Si algo tiene nuestro torero, es fijación con su meta, por eso nunca arroja la toalla. A pesar de los varapalos que el toreo está dando a los que empiezan, retoma la actividad pensando en la temporada 2018 como la última como novillero. Tras estoquear dos galanes con kilos y pitones en casa de Juan Pedro Domecq, Javier Moreno, Lagartijo en los carteles, ha anunciado sus ilusiones y una nueva etapa al lado de Manuel Plá y acompañado de Melquiades Garrido.

Esperamos todos que está vez sea la definitiva. El nuevo Lagartijo necesita el calor de alguien que conozco la tramoya del toro, ya se vió con Ángel Luis Carmona en su primera étapa, y Melquiades puede ser ese bálsamo que haga que el torero desarrolle todo lo que lleva dentro.

Lagartijo puede y debe ser ese clavo ardiendo, esa tabla de salvación, ese punto de inflexión que necesita Córdoba. Su entorno familiar me dice, con todo el cariño del mundo, que tal vez exiga mucho al joven espada, pero es porque tiene mimbres para revitalizar una afición que duerme y solo espera que alguien le pegue un buen "zamarreo" para devolverle la vida.

Animo y suerte Javier. Solo hay que esperar que la diosas fortuna, para los páganos, o la Divina Providencia, para los creyentes, te sonrían en esta temporada de 2018.




REFLEXIONES A LA LUZ DE LA LUMBRE. El año de Manolete.


El invierno ha llegado de sopetón. Ha sido de golpe, sin esperarlo porque, tal vez, nos habíamos cansado de ello. Ha llegado, como suele llegar en Córdoba. Crudo y sin contemplaciones. Hemos pasado de un otoño con tintes primaverales, a sufrir los rigores del invierno como es de costumbre.

Menos mal que para mitigar las inclemencias de la estación que vivimos, queda el calor de una lumbre de encina. Sin ir más lejos ahora me hallo cerca del fuego. No es solo el calor que reconforta de las bajas temperaturas, también su tonalidad donde el color varía a cada llamarada en inverosímiles tonos rojizos y anaranjados. El crepitar de la leña al consumirse rompe el silencio de cuando en cuando.

Escribo estas líneas viviendo sensaciones ya sentidas en años anteriores. El aroma a leña quemada trae un toque de nostalgia. Las tardes  y las noches en esta época están pensadas para meditar, poner en orden muchas ideas y reflexionar.

El fuego de la chimenea ayuda a la melancolía y  recordar muchas cosas que habitualmente pasan con rapidez en todo lo cotidiano, sin apenas darle la más mínima importancia.

El fuego, vivo y zigzagueante, parece reflejar una sombra alargada que trae recuerdos de una infancia en la que fue referente. Un hombre que se convirtió en mito por su personalidad única que sirvió de complemento a una honradez profesional neta y una aportación a su profesión vital, que aún a día de hoy perdura.

La sombra de Manolete, porque al Monstruo de Córdoba me refiero, continua siendo alargada. Tanto que cien años después de venir a este mundo, el hombre es recordado, tanto en su imagen como torero, o en esa otra, también importante, de un hombre adelantado a su época.

Manolete fue único. De no haberlo sido hubiera sido un torero más. Manuel Rodríguez trascendió más allá de lo que podía hacerlo un torero en un país partido por la mitad y roto por una guerra que aún pesa en la memoria de los no creen en sus funestas consecuencias.

El Manolete de las gafas oscuras, el de los zapatos bicolor, el hombre que lucía amplias chaquetas cruzadas, el de las noches en Chicote, el hombre que marcó una época, me seduce, pero me atrae más aquel que vistió de seda y oro y que trajo al toreo su carácter actual. El torero que aglutino la estética, el poder y el dominio, aglutinando todo en una unidad que vigorizó el último rito vivo de la cultura del Mediterráneo, como es la tauromaquia.

La figura de Manolete es recordada aún a pesar de esa pátina, humana y a la vez única, que oculta su grandeza en los ruedos. Tal vez esa dimensión sea difícil de ver para nuevos aficionados menos iniciados en lo que es la cultura taurina.

Para destripar las interioridades de la revolución manoletista hace falta conocer la historia del toreo. Hoy, con una fiesta languideciente y alejada del drama que la sustenta, es complicado llegar hasta el fondo de muchas cosas. Entre ellas la verdadera aportación al toreo del coloso cordobés.

La leña sigue crujiendo al consumirse en la chimenea. En el ambiente flota la voz quebrada de Caracol homenajeando a Manolete en su Lamento de Córdoba. Hoy Córdoba, en el año del aniversario, ha estado a la altura. Se ha esforzado en numerosos actos que han recordado al torero y al hombre. Loable todo aunque no se haya podido poner, en plena dimensión, en valor la trascendental contribución que hizo Manolete al toreo. Es difícil en esta época, pero tal vez se ha perdido una ocasión única. También queda el consuelo de que por parte de unos y otros, se ha intentado. El tiempo se encargará de mostrar si lo que se ha apuntado a sido comprendido o no.

Manolete ha estado presente en la ciudad. Una ciudad donde su sombra permanece perenne en cada uno de sus rincones. Parece que Manolete custodia su ciudad y vela por unos valores que le llevaron a inmolarse para alcanzar una inmortalidad que lo convirtió en mito. Manolete se palpa en Santa Marina, el Campo de la Merced, Capuchinos, en los Tejares, San Miguel, la cuesta de San Cayetano y en cualquier calle que pisó en su vida terrena. Solo ha estado ausente  de donde no debía de haberlo estado. De la plaza de toros. Ha hecho falta un festejo taurino para homenajear al torero en el centenario de su nacimiento. Con una imagen en un efímero cartel no basta. El mundo del toro tenía que haber hecho notar su reconocimiento y admiración al torero de Córdoba. Aquí se ha fallado. Empezando por la empresa que rige los destinos del coso califal, condenado un año más a un ostracismo que duele, y terminando por una afición que se ha conformado con lo que se le ha ofrecido fuera de la plaza y que con su silencio, se ha convertido en cómplice de los que no han sabido reconocer a quien sentó las bases de un negocio que se ha convertido en su sosten.

Córdoba continua dormida. Ya llegará el día en que despierte. ¡Ojala sea pronto! 



11/13/2017

ROCIO ROMERO CON NUEVO APODERADO


Alberto García, nuevo apoderado de Rocío Romero

El empresario turolense Alberto García, gerente de Tauroemoción, será el encargado de dirigir la carrera de la joven novillera cordobesa Rocío Romero, merced al acuerdo de apoderamiento, pactado por tiempo indefinido, al que han llegado ambas partes. El proyecto profesional que inician en común tendrá como objetivo inmediato llevar a cabo una intensa preparación invernal que desemboque en el debut con picadores a principios de la próxima temporada.

Para Alberto García, asumir el reto de este apoderamiento supone “una gran ilusión, pero a la vez una gran responsabilidad, ya que voy a dirigir la carrera de la que estoy seguro se convertirá en figura del toreo. La buena trayectoria de Rocío hizo que, junto a mi equipo, siguiésemos su temporada. Tras comprobar su capacidad y valía en el ruedo, mantuvimos dos reuniones fuera de la plaza que hicieron que me decidiera a plantearle un proyecto, ya que su madurez, personalidad y afición me han hecho no dudar de que va a llegar a lo más alto”.

Por su parte, Rocío Romero se ha mostrado "feliz y muy responsabilizada con el importante avance que significa para mí tener al lado a un apoderado que desde nuestra primera toma de contacto me demostró una gran confianza en mis posibilidades, planteándome un proyecto sensato e ilusionante. Eso es algo fundamental y ha resultado decisivo para dar este paso con total convencimiento. Ahora llega el momento de trabajar duro y prepararse bien para estar a la altura de las circunstancias y poder afrontar con garantías el debut con caballos, así como una temporada en la que no habrá que dejar pasar de largo ninguna oportunidad para seguir progresando en la profesión".

Romero llega a esta nueva etapa después de completar una prometedora trayectoria en el escalafón de novilleros sin picadores, situándose entre los espadas noveles de mayor proyección, con un alto porcentaje de triunfos en sus actuaciones y habiéndose alzado con los prestigiosos certámenes de Peñaranda de Bracamonte y Ledesma, siendo finalista, entre otros, en Bougue, Villaseca de la Sagra, Candeleda y Sevilla, donde consiguió, el pasado verano, salir a hombros por la puerta principal de la Real Maestranza.

10/24/2017

MANOLETE Y MIURA, DOS MITOS PERMANENTES EN LA TAUROMAQUIA.


Ponencia presentada el 21 de octubre de 2017 en el XIII Symposium del Toro de Lidia. Zafra (Badajoz).

El toro forma parte del acervo patrimonial de nuestra cultura. Un animal rodeado de enigmas, misterios y secretos, que siempre han sido admirado por el hombre. Tanto es así, que lo mitificó dotándolo de divinidad en algunas civilizaciones del pasado. El toro es por excelencia el animal totémico de la cultura mediterránea. A día de hoy aún reina, sin haber perdido un ápice aquella divinidad admirada, en las dehesas de España y Portugal.
Divinidad ésta que llevó al hombre a ver en el toro algo inaccesible, algo difícil de domeñar y hacerlo suyo, tal y como había logrado con otras especies. El toro era fiero y vendía cara no ya solo su vida, sino también su independencia. La veneración, por parte del hombre, a aquella fiereza se acrecienta día a día, hasta llegar a nuestros tiempos, donde el toro continúa despertando admiración, respeto y en ocasiones miedo y pavor.
La mitología clásica está plagada de casos en los que el toro es protagonista. Zeus, dios padre del Olimpo, se convierte en un toro blanco, de belleza y nobleza sin igual, para conquistar a su amada Europa. La joven siente una enorme atracción por el blanco animal. Venciendo el miedo se acerca a el, lo acaricia y monta sobre su blanco lomo. El toro salta al mar llevándose consigo a la muchacha hasta alcanzar las costas de la isla de Creta. Una vez allí Zeus toma su verdadera apariencia y posee a la joven Europa. De la unión nacieron tres hijos Sarpidón, Radamantes y Minos, éste último primer rey de Creta.
Ya que hablo de Creta hay que recordar su nexo con el toro y la muerte. El rey Minos hizo promesa a Poseidón, dios del mar, de sacrificar lo primero que saliera de las aguas. Poseidón hizo salir un toro. Un toro tan bello y hermoso que hizo que Minos no cumpliera su promesa. Hechizado por su hermosura lo incorporó a sus rebaños de reses como semental. Aquel toro era un animal enigmático, tanto así que Pasifae, esposa del rey, siente hacia el animal una poderosa atracción. Utilizando miles de argucias, la reina quedó encinta del toro naciendo un monstruo: mitad hombre, mitad toro. Fiero y sangriento. Era el Minotauro que fue encerrado en un elaborado laberinto creado por la mente del arquitecto mitológico Dédalo. Tal era su fiereza que cada año siete hombres y siete mujeres eran encerrados en el laberinto como sacrificio a la fiera. El Minotauro fue muerto por Teseo, quien ayudado por Ariadne, hija del rey Minos, se sirvió de un ovillo de hilo para salir del elaborado laberinto tras dar muerte al monstruo.
La mitología clásica sigue contando relatos con el toro como protagonista. En los doce trabajos de Hércules, dos de ellos tienen al bravo como figura esencial. En el séptimo se le encarga la captura del toro de Creta que Poseidón había arrojado de las aguas y que Minos, cautivado por su hermosura, en lugar de sacrificarlo lo incorporó como semental a sus rebaños.
También en el décimo de sus trabajos Hércules tiene como objetivo el toro. En esta ocasión no uno solo, sino el rebaño de toros del gigante Gerión, el cual pastaba en Eriteia, para muchos la actual Cádiz. Hércules se hace con la totalidad del rebaño y lo pastorea hasta Micenas, poniendo fin, tras pasar múltiples vicisitudes que aquí no vienen al caso, al décimo de sus trabajos.
Por la mitología no pasa el tiempo. Es algo que no pierde vigencia. Siempre está ahí. Por ello su inmortalidad. Los mitos son siempre admirados. Ya sean los de la mitología clásica o los más recientes. Aquellos que se convirtieron en mitos partiendo de la humanidad. Mortales a los que su obra en vida terrenal, así como su propia muerte, le es propicio transitar hacía ese imaginario Olimpo en el que se han engrandecido hasta el punto de ser algo perenne y sin caducidad para el mundo terrenal cotidiano.
Manuel Laureano Rodríguez Sánchez nació como hombre ahora hace cien años. Un siglo ha pasado desde que aquel niño vio la primera luz en un viejo caserón de la calle Torrescabrera de la capital cordobesa. Hijo de un torero de segunda fila, Manuel Rodríguez, y de la viuda, con quien éste había contraído segundas nupcias, de un malogrado espada de dinastía, Rafael Molina Martínez, aquel niño no podía ser otra cosa que torero. La atracción del hombre hacía el bruto, y a su vez noble, animal es algo primigenio. En aquel niño ese magnetismo se acentúa.
Cuentan, los que le conocieron, que tuvo una niñez normal. Sin lujos, pero tampoco con excesos, aquel niño fue creciendo en un hogar de marcado carácter matriarcal. Su madre había enviudado en dos ocasiones y la sombra de la figura paterna se fue difuminando poco o poco, quedando prácticamente nublada por la de la madre, que busca lo mejor para su prole.
Manuel Rodríguez recibe la educación propia de un niño de su época. Su formación académica corre a cargo de los padres Salesianos, donde se muestra un niño tímido, absorto en sí mismo, pero aplicado y correcto en su etapa de formación. En su cabeza el sueño de lidiar reses bravas no solo se acrecienta, sino que crece. Tal vez en su casa, rodeado de mujeres y con el poderoso influjo de su madre, los recuerdos de los padres-toreros son leves y también, con toda seguridad, son evocados más como padres que como lidiadores.
El niño comienza a tener sus primeros escarceos con el animal. Acude a fiestas y tentaderos donde tiene la ocasión se sentir como con un simple trapo se puede dominar la fiereza de las reses. El oficio, me resisto a llamarlo técnica, es pobre, de ahí que los achuchones, volteretas y caídas sean frecuentes. Manuel no ceja en su propósito. A la menor ocasión, con la reprobación materna inicial, no cede a su empeño.
Siendo un adolescente acude a la finca Córdoba la Vieja, llamada así por estar junto a la ciudad califal de Medina Azahara. En sus pastos radica la ganadería de Florentino Sotomayor. Se celebra una tienta de vacas. El tentador es el viejo maestro de Madrid Marcial Lalanda. Tras haber calificado una vaca, es la hora de los aspirantes. A Manuel le toca su turno. Tal vez hierático acude al encuentro con la utrera. Ambos miden sus fuerzas y un error, el hombre siempre es el que se equivoca, hace que la vaca le tropiece. Manuel se da cuenta que de su pantorrilla brotan  unos hilos de sangre. La primera ofrenda que hace al toreo, a la vez que este le muestra la cara del dolor. Es Marcial quien lo traslada desde Córdoba la Vieja hasta la ciudad para ser atendido en la Casa de Socorro. Seguro que la reprimenda de la madre fue grande. Manuel había probado en primera persona que el ganado puede hacer daño. Aún así el propósito es serio y constante: seria torero a pesar de todo.
Llama la curiosidad que esta ganadería de Sotomayor fue formada con vacas y toros de Miura. Posteriormente se hizo un cruce con animales de Parladé, pero de seguro aquella vaca que hirió a ese niño que soñaba ser torero, en mayor o menor proporción, tenía sangre de una de las ganaderías más relevantes del campo bravo español, Miura.
Fue a mediados del siglo XIX, 1842, cuando un comerciante sevillano llamado Juan Miura adquiere para su hijo una piara de vacas a Antonio Gil y que tenían su origen en la de Gallardo, que procedía directamente de las más prestigiosas vacadas monacales. Años más tarde llega otro hato de reses a la casa, en esta ocasión de origen Cabrera y que compartía el mismo origen frailero de las que ya poseían. Luego vino la selección, los cruces, no faltos de misterio y leyenda, y que fueron conformando una ganadería mítica y rodeada, por unas u otras causas, de un halo de tragedia y dolor.
También aquella misteriosa selección, rayando en la alquimia, para conseguir la bravura, dio el fruto apetecido. Fueron muchos los animales que destacaron en su lidia en las plazas. Animales de leyenda que escribieron páginas memorables en los anales de la cría del toro de lidia. La tragedia nubla demasiado la grandeza y el misterio de la bravura. Toros como el llamado Catalán, negro bragado, lidiado el día 5 de octubre de 1902 y que tomo nueve varas por cinco caballos muertos, trajo de cabeza a Ricardo Torres "Bombita" quien se vio desbordado por tan ingente bravura. También el fiero Gorrete, jugado el día 31 de agosto de 1887 en la Malagueta y que destacó por una fiereza arcaica y primitiva, ocasionando multitud de problemas a gente tan curtida y avezada como el piquero Badila, el eficaz subalterno Juan Molina, o espadas relevantes como Lagartijo o Espartero.
Miura era, aún lo es, sinónimo de miedo. Sus propietarios buscando la bravura consiguieron un animal fiero. En sus predios siempre está presente el misterio. Ya hable de los cruces puntuales que vinieron a acrecentar lo buscado. Se habla de Murciélago, el toro navarro indultado por Lagartijo en Córdoba y del que se dicen tienen origen todos los colorados ojo de perdiz que se hierran con la A con asas. También aquel castaño ojinegro regalo del Duque de Veragua, puro de casta vazqueña, que padreó las viejas vacas fraileras ya estuvieran herradas arriba o abajo. O el discutido Banderillo de la marquesa de Tamarón, quien cuenta la leyenda fue aconsejado su cruza por el mismo Joselito el Gallo.
Manuel continuaba con sus deseos de ser torero. Miura con su búsqueda de la bravura indómita. España se rompe en dos. La peor de las guerras es aquella en la que contienden hermanos de la misma sangre. Son tres años de sin razón, calamidades, sangre y dolor. Tres años crudos que dejan un pueblo roto, empobrecido y donde el odio y el rencor son bandera de unos y de otros. Tres años lúgubres que la memoria está tardando demasiado en olvidar, cuando ya se creía solo un recuerdo pasado. La contienda termina. España tiene que reconstruirse y olvidar lo ocurrido.
Manuel es un hombre. Trae un aire nuevo en sus formas toreras. Su quietud rompe con el toreo hasta entonces desconocido. Es algo innato en él. No busca imitar, ni continuar con las aportaciones de los que le precedieron. Manuel busca un toreo distinto, moderno, actual. Es el que cimenta, da forma y construye lo que hoy conocemos como el toreo moderno. Su etapa novilleril, entre la guerra y con afición y crítica mirando aún a tiempos pasados, pasa desapercibida. Aún así se convierte en matador de toros. Julio de 1939, a los veintidós años, Manuel recibe la alternativa de manos de Chicuelo, un genio precursor incontinuo de lo que vendría, en la Real Maestranza de Sevilla. Es el nacimiento de un nuevo héroe mitológico. Nace Manolete.
Manolete se adentra, en una España quebrantada, en un laberinto moderno. Manolete trae una nueva tauromaquia. Un toreo basado en el dominio sobre el toro. Aquella tauromaquia, personal y propia, no es más que el desarrollo del toreo.  Manolete perfecciona el toreo de sus predecesores. No es un torero de entre épocas. El Califa cordobés es un torero que culmina, y de qué forma, lo apuntado por otros. Sin verlo, - Gallito muere cuando Manolete tiene apenas dos años-, absorbe el dominio, conocimiento, profundidad de Joselito y vergüenza profesional; mientras que de su rival, Belmonte, toma la quietud y la ligazón. A todo esto, que toma y hereda sin saber cómo, une una personalidad única y arrolladora, así como una espada llena de pureza y ortodoxia que le lleva a ser uno de los mejores estoqueadores del toreo, cosa que poco se le reconoce, tal vez porque su aportación a la tauromaquia nubla su contundencia y clasicismo en la suerte suprema.
Manolete fue dominador y conocedor del toro, el hacer faenas de semejante estructura a cada uno de los que se enfrentó nos lo corrobora. Su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas. Su valor y disciplina espartana están también latentes en su tauromaquia. Valor seco, sin alharacas, para ligar muletazos largos a pesar de esperar con la muleta retrasada en faenas compactas y ligadas.
Luego vino la perfección absoluta. Los cimientos del toreo de hoy. El toreo donde el último tercio adquiere una relevancia sobre los otros dos. Es la culminación de un todo y el principio de unas nuevas formas que apuntaron hacía la perfección de ese todo. Ahí es donde Manolete vive. Sobre los alberos y arenas del planeta toro cada vez que el hombre, en pleno siglo XXI, continúa tocando la gloria ante los pitones de los toros.
Paralelo a todo esto un nuevo Miura, Eduardo Miura Fernández, se hace cargo de la ganadería familiar. Sus toros se lidian en todas las ferias y son estoqueados por toreros de cualquier rango del escalafón. Eduardo Miura es un nuevo alquimista de la raza brava, que es el llamado a mantener y acrecentar el trabajo de sus antepasados.
Ganadería mítica que se encuentra con el nuevo ídolo por vez primera, cuando aún el joven Miura no rigen la ganadería, el 12 de junio de 1939 en una novillada celebrada en Algeciras y en las que cortó dos orejas y rabo a uno de sus oponentes.  Como matador la primera ocasión tuvo lugar en Zaragoza el día 13 de octubre de 1939. Desde ahí hasta la postrera tarde de Linares, fueron siete las ocasiones que ambos nombres se cruzaron en los carteles. Dieciocho reses, Islero incluido, fueron lidiados y muertos a estoque por el ídolo de aquella España de la postguerra.
Manolete tenía su destino marcado. Su obra terrena, configuración del toreo moderno, no podía quedar como algo humano. Como Hércules con sus trabajos, Manolete con el suyo tenía que pasar de héroe o ídolo a mito inmortal. Linares fue el punto y final de Manuel Rodríguez. Sin embargo fue el nacimiento del último mito vestido de luces. Manolete, en tarde de sol de estío, en fiestas patronales y alejado de las grandes plazas, tenía que cumplir su destino. Una tarde en la que cuentan se vivieron sensaciones extrañas y ambigüas. Los públicos, caprichosos ellos, comenzaban a odiar al ídolo. La envidia, pecado capital y nacional, podía ser una de las causas. El pueblo no podía permitir en aquellos años de penuria y cartillas de racionamiento, que su ídolo viviese en la abundancia, ganase dinero y fuese feliz. Manolete, dicen, tenía pensado dejar de torear. Como escupido por la mar, salió Islero de toriles. Arrogante y sin nada de claridad, aunque sin perder el grado de fiereza. Cuatro años atrás lo había parido una vaca en un rebaño similar al de Gerión en Eriteia. Manolete hizo lo que siempre hizo. Fiel a su personalidad cuajó al bruto y cuando se perfiló a matar todos respiraron. Todos menos el destino. Islero atrapó a Manolete. Los dos cayeron sobre la arena. El hombre roto perdía la vida por la herida abierta por el pitón. Las horas fueron consumando el drama. En la madrugada, cuando quedaba poco para alborear un nuevo día, Manolete entró en el Olimpo. Cien años atrás nació el hombre y setenta el mito. Manolete sigue hoy vivo más que nunca.

BIBLIOGRAFIA
FALCÓN MARTÍNEZ, C.–FERNÁNDEZ GALIANO, E.–LÓPEZ MELERO R. 1980. Diccionario de la mitología clásica.
SANCHEZ DRAGO, F. 1987. Volapié. Toros y Tauromagía.
MIRA, F. 1984. Manolete. Vida y tragedia.
DELGADO DE LA CAMARA, D. 2003. Avatares históricos del toro de lidia.
SOTOMAYOR, J.M. 1992. Miura. Siglo y medio de casta (1842-1992)

DELGADO DE LA CAMARA, D. 2014. Entre Marte y Venus (Breve historia crítica del toreo).

10/22/2017

EL TORO QUE MATO MANOLETE FUE FRUTO DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Platino, de Coaxamalucan, lidiado por Manolete en México
A pesar de haber pasado cien años desde que se hiciera hombre, la sombra de Manolete continua presente en el planeta de los toros. Su recuerdo permanece presente a pesar de los años transcurridos. Ha sido un año donde el torero de Córdoba ha sido recordado, como torero, como hombre y como mito. Los actos se han venido sucediendo de forma frecuente. Aún seguirán hasta que el año este aculado en tablas allá por el mes de diciembre. Y es que Manolete fue mucho más que un torero al uso. El llamado Monstruo de Córdoba supuso el culmen de la evolución del toreo y sentar de una vez para siempre, lo que hoy conocemos por la tauromaquia moderna.
Mirador (Comunista), de Tassara. Toro con el que se doctoró Manolete
La aportación al toreo de Manolete continua presente a pesar del tiempo transcurrido. Setenta años después de su muerte, lo hecho por Manuel Rodríguez no ha perdido frescura, ni tampoco vigencia. Aún late cada tarde en las plazas del llamado planeta de los toros cuando un hombre flamea una tela escarlata a un animal que le puede segar la vida.

La virtudes de Manolete fueron muchas. Aún están vigentes. Fueron su legado. También, de forma injusta, se le acusa de muchas cosas negativas, pecados que siempre tuvo, y aún mantiene, la fiesta. A Manolete se le acuso de forma injusta del fraude en los pitones, de torear novillos por toros y de ser un torero corto y pobre, al que salvaba su enorme personalidad. Manolete pagó con creces el precio de la purpura, que llevo sobre sus hombros los años que fue el único monarca absoluto, en los que reino en el toreo en una España rota por una guerra, que dejó un país partido en dos y en el que la fiesta de toros sirvió de alivio psicológico para empezar a suturar heridas.

Hay que conocer la historia y la época en la que vivió Manolete, para comprobar que los pecados de los que se le acusan no fueron tales. Fueron fruto de las circunstancias vividas. Manolete se enfrentó al mismo toro que sus compañeros de escalafón. Todos estoquearon y se enfrentaron a un animal que en ocasiones no tenían la edad para ser considerados toros. Sencillamente el toro escaseaba en los campos. La contienda pasó factura en la cabaña de bravo y muchas reses fueron sacrificadas para alimentar a las gentes. Una vez terminada la guerra el régimen vencedor quiso poner en orden el campo bravo.

Manolete al natural con un "miura" en Barcelona
En febrero de 1943 a instancia del Sindicato Nacional del Espectáculo y ante la inexistencia de asociaciones que integrasen a los criadores de reses bravas, curiosamente el derecho de asociación estaba vetado, se crea el que se llamó Registro Especial de Ganaderías de Lidia en pleno acuerdo con el Sindicato Nacional de Ganadería. En este registro estarían las vacadas sobrevivientes a la guerra, así como las radicadas en la vecina Portugal.

Una de las primeras acciones fue la elaboración de un censo de todo el ganado de lidia existente en España. Los resultados fueron abrumadores. Jamás hubo en las dehesas españolas un número de reses de raza de lidia tan pobre. Por poner un ejemplo en la provincia de Toledo no existía animal alguno que se pudiera destinar a plaza de toros, pues el número de utreros y toros era inexistente. Igual ocurría en Ciudad Real. Salvo en Salamanca y Andalucía el número de toros de cuatro años o más era muy escaso, no llegaba a 2000 reses. Practicamente no había animales para celebrar festejos taurinos. Los nacimientos también eran cortos y el problema de alimentación, hacía que la mortandad entre los añojos fuese alta, lo que hacía que pocos animales llegasen a la edad legal para ser considerados toros aptos. La solución por parte de la autoridad ante la falta de recursos, no fue otra que ponerse de perfil. El régimen miró para otro lado y permitió la lidia de animales que aún no había cumplido la edad mínima para poder lidiarse en corridas de toros. Era mejor tener al pueblo entretenido, no hay que olvidar que los toros eran el mayor espectáculo de masas de la época, que privarlo de lo que podía servir como medida de integración, así como para olvidar una guerra aún más cercana. El toro bajó de edad, pero conservó su pujanza, su movilidad, su casta y su fiereza, lo que hizo que a pesar de todos la fiesta viviese un momento álgido en la década de los años cuarenta del pasado siglo.

Manolete e Islero, frente a frente
Manolete por tanto no tuvo culpa que le tocase torear, al igual que todos sus compañeros de escalafón, un toro menos toro, por edad, que nunca. Por ello Manolete debe de ser absuelto de un pecado del que se le acusó por parte de sus detractores. Gentes que no supieron ver lo que de verdad venía con el torero de Córdoba, que no era otra cosa que la revolución del toreo que culmino con lo que hoy conocemos. El toro que mató Manolete fue el que impusieron las circunstancias, no el que impuso el torero, ni tampoco sus mentores.


9/17/2017

AMISTAD Y COMPETENCIA ENTRE MANOLETE Y ARRUZA


Manolete y el mexicano Carlos Arruza protagonizan una sana rivalidad con toreos muy diferentes

Su vínculo se mantiene tras la muerte del IV Califa y Córdoba debería recordarlo

Caen despaciosas las hojas del almanaque de 2017. Lo hacen de forma constante, tal y como en el próximo otoño lo harán las de los árboles. Un año especial para Córdoba, donde la alargada y carismática sombra de Manolete planea recordando el centenario de su nacimiento, así como el setenta aniversario de su trágica muerte en Linares. El torero cordobés continua vivo, no sólo en la ciudad que lo vio nacer, sino en todo el orbe taurino. Los actos de homenaje y recuerdo a su figura se han venido sucediendo por todos los puntos del planeta toro, y es que Manolete fue vital en el desarrollo de la tauromaquia y además trascendió mucho más allá de los ruedos.

El impacto de Manolete en panorama taurino español fue brutal. El torero trajo un nuevo modelo de tauromaquia. Unas formas revolucionarias y que sentaron las bases para el llamado toreo moderno. En una época en que los medios audiovisuales eran escasos y pobres, todos querían ver al nuevo ídolo de la fiesta de los toros. Tanto es así que México, segunda patria del toreo, reanuda su relación taurómaca con España. El convenio taurino entre ambos países, roto en 1936, se reanuda en 1944 al solo efecto de que Manolete actúe en el país azteca. Antonio Algara, empresario de la plaza del Toreo, contrata al califa cordobés para actuar en México. Es cuando desde el otro lado del océano se pide a España un gesto. Quieren ver que la reanudación laboral es total y piden que los mexicanos toreen en la temporada española. Es cuando un torero segundón y aburrido en México viaja a Portugal buscando nuevos horizontes y revulsivo a su carrera. Es el único espada mexicano en la península. Tal vez por ello es el primero que torea en cosos españoles. Aquella oportunidad es aprovechada por el torero americano, quien forma una autentica revolución en Madrid, el 18 de julio de 1944. Era Carlos Ruiz Camino, Carlos Arruza en los carteles.

EL TORERO MEXICANO DEBUTA EN CÓRDOBA EN OCTUBRE DEL 44 JUNTO A EL ESTUDIANTE Y DOMINGUÍNLA DISPUTA ENTRE AMBOS FUE EN LOS RUEDOS; FUERA TRABARON UNA INTENSA AMISTAD


El mexicano pone en liza un toreo muy distante al que ofrece Manolete. Carlos Arruza, hijo de padres cántabros, es poseedor de un concepto poderoso y heterodoxo a la vez del toreo. Con unas facultades físicas portentosas, el espada mexicano llena de dinamismo el ruedo durante sus actuaciones. Tanto es así que en su presentación en Madrid, y tras banderillear a su oponente, el público exaltado blanquea los tendidos de pañuelos. Su toreo poderoso y valiente bebe de las fuentes de la edad de oro del toreo mexicano. Armillita y Balderas, poder y valor, pueden ser los espejos en los que se mira Arruza. Los públicos rápidamente quiere enfrentar aquella tauromaquia alegre y dinámica al estoicismo y quietud del torero de Córdoba. El primer choque se produce en Cieza. Ante toros del cura de Valverde, Manolete y Arruza torean juntos por primera vez, el 26 de agosto de 1944, en presencia de Pepe Bienvenida. La competencia surge en sucesivos festejos. Manolete finalmente se impone al mexicano, aunque este ofrece una resistencia espartana aguantando muchas tardes el poder y personalidad del torero cordobés.
Carlos Arruza se presenta en Córdoba en la feria del mes de septiembre de 1944. Debuta en Los Tejares el día 25 de septiembre. Le acompañan El Estudiante y Luis Miguel Dominguín, quienes lidian una corrida de María Montalvo. Los cordobeses, conocedores de la competencia con el torero local, se muestran hostiles hace el espada mexicano, que vestido de tábaco e hilo blanco no logra lucimiento alguno. División de opiniones en su primero y una sonora bronca en el quinto es el balance final de su actuación. Arruza no entra con buen pie en la tierra de su rival. Repite actuación, por partida doble, los días 25 y 26 de mayo, en el año siguiente. Córdoba no ve por ningún lado el toreo característico del mexicano. De nuevo Arruza pasa desapercibido por Córdoba. Es en la campaña de 1946 cuando por fin Córdoba disfruta de Carlos Arruza y la plenitud de su toreo. Es la feria de septiembre. Junto al mexicano se acartelan Parrita y El Vito. Los toros pertenecen al hierro santacolomeño de Felipe Bartolomé. En el segundo Carlos Arruza muestra su toreo pleno y total en una faena que le sirvió para conquistar al público cordobés. La prensa de la época escribió de aquella faena: "Surgió el Arruza buen torero, el de los pases básicos -y clásicos-, y el hombre que, aprovechando la bondad de un toro -el ir y venir sumiso, la arrancada suave, noble y pastueña- quiere demostrar a un público que ha aprendido también a ejecutar el toreo serio, consciente, verdad que gusta en Córdoba. Por eso su conquista fue plena y rotunda".
La competencia entre los maestros Manolete y Arruza fue siempre en los ruedos. Más allá de ellos, los dos toreros trabaron una verdadera amistad. Tanto es así que tras la muerte de Manolete, y a instancia del crítico taurino José Luis de Córdoba, es Carlos Arruza quien promueve la corrida magna promonumento en 1951. Desde entonces los nombres de Córdoba, Manolete y Carlos Arruza permanecen unidos en el torero barrio de Santa Marina. Sería de justicia reivindicar en este centenario del nacimiento de Manolete la figura del torero mexicano y reinstalar en el monumento a Manolete en la plaza de Conde de Priego la placa en la que Córdoba le agradecía su dedicación y desvelos para su ejecución. La barbarie la arrancó hace años, sin que a día de hoy haya sido repuesta.