8/20/2017

LA ESCUELA TAURINA DE CÓRDOBA, DECANA DE LAS ACTUALES.


* La institución vio la luz allá por 1975, cuando comenzó su actividad organizando diversos festejos de promoción en estrecha colaboración con la Federación de Peñas de la ciudad.

El pasado sábado 29 de julio, el novillero sin picadores de Alhaurin de la Torre, perteneciente a la Escuela Taurina de Lucena, José Antonio Serrano El Lauri, se alzó como triunfador en el, ya tradicional certamen de novilladas sin picadores que anualmente celebra la Fundación de Tauromaquia Pedro Romero, y que son retransmitidas por Canal Sur TV.

Era la primera vez que un novillero vinculado a una escuela cordobesa se alza con el máximo premio del certamen, a pesar de que Córdoba está representada en este certamen por la citada escuela de Lucena y la del Circulo Taurino de Córdoba, que a la postre, se ha convertido en la más antigua de cuantas existen en España, toda vez que la de Madrid, por motivos ajenos al toreo, pasa por un delicado momento que hace dudar de su continuidad.

La escuela de la entidad cordobesa vio la luz allá por 1975, cuando comenzó su actividad organizando diversos festejos de promoción en estrecha colaboración con la Federación de Peñas de Córdoba, al objeto de poner promocionar nuevos valores. Continuaron estos festejos durante la campaña siguiente y ante los resultados el Circulo Taurino decide dar forma al proyecto creado y solicita a Manuel Benítez El Cordobés su participación en un festival para recaudar fondos para la escuela de nueva creación. El festival se lleva a cabo el día 2 de abril de 1977, y si bien Benítez no actúa finalmente, Gabriel de la Haba Zurito, Manuel Cano El Pireo, Agustín Parra Parrita y los novilleros El Mesías, Juan de Dios de la Rosa y Gallito parten plaza en Los Califas consiguiendo llevar numeroso público consiguiendo fondos suficientes para dar mayor solidez al proyecto. Ante el éxito alcanzado la temporada siguiente se repite el festival. Esta vez sí cuenta con la participación de Manuel Benítez El Cordobés, quien junto con el rejoneador Álvaro Domecq, Gabriel de la Haba Zurito y Manuel Cano El Pireo hacen el paseo el día 18 de marzo, llenando Los Califas con el consiguiente éxito tanto económico como artístico. La escuela taurina de Córdoba toma forma de manera definitiva y en agradecimiento al hoy quinto califa, se denomina durante estos años Escuela Taurina Manuel Benítez El Cordobés.

La escuela era ya una realidad y pronto comienza a dar sus frutos en esta nueva época. Tres aventajados alumnos se presentan ante el público el día 8 de octubre, en becerrada organizada por el Circulo Taurino a beneficio del Córdoba, C.F. que según la prensa de la época no atravesaba por un buen momento económico. Los tres alumnos que parten plaza fueron Fermín Vioque, a la postre primer matador de toros salido de la escuela, Antonio Tejero, años más tarde figurón en el escalafón de plata, y Antonio Romero, valiente y cabal que no alcanzó más altas cotas. Se lidiaron reses de Torrestrella que permitieron a los alumnos unas lúcidas actuaciones destacando Vioque, que cortó tres orejas, un Tejero que la lió cortándole a sus segundo los máximos trofeos y Romero, que con un valor rayano en la temeridad obtuvo una oreja de cada uno de su lote.

El público salió contento de la plaza. El Circulo Taurino también lo estaba. Se había comprobado que el trabajo y los años de lucha habían tenido un resultado favorable. La escuela taurina se había convertido en un semillero de nuevas promesas y también de nuevos aficionados, pues en ella se enseñaban además de los conocimientos básicos para ponerse delante de un animal de casta, valores que servirían a los alumnos de cara a un futuro, fuera o no, relacionado con la tauromaquia.

Aquella becerrada había supuesto un punto de inflexión. Tanto es así que una semana después, el día 14 de octubre, el Circulo Taurino vuelve a organizar otro festejo repitiendo cartel de toros y toreros. Esta vez el beneficio seria para las hermandades de Jesús Caído, cofradía con vinculación a los toreros de Córdoba, y también para la de la Sentencia. Vioque, Tejero y Romero repitieron lo apuntado una semana antes. La escuela era una realidad plena.

Hoy, muchos años después, la escuela taurina del Circulo Taurino de Córdoba, bajo la dirección de Rafael González Chiquilín y Rafael Gago, profesionales que dieron sus primeros pasos en la misma, continúa con la labor de los que le precedieron luchando con la falta de vocaciones y también con la escasa financiación, lo que no es obstáculo para seguir trabajando en perpetuar esta singular escuela que cuenta con más de cuarenta años de existencia.

El Día de Córdoba (20/08/2017)




8/17/2017

ROMERO DE TORRES Y EL CARTEL TAURINO DE BELMEZ


El cartel anunciador de la Feria taurina de Belmez recupera una imagen del pintor y combina lo clásico con lo nuevo.

Romero de Torres pintó a los tres califas de su tiempo.

Vivimos en la era digital. En todo, prácticamente en todo, las nuevas técnicas y tecnologías suelen estar presentes. El diseño gráfico no iba a ser menos. Las ventajas son muchas a la hora de hacer una composición de carácter artístico. En el mundo de la publicidad también es normal. El reclamo publicitario de un festejo taurino, a través del cartel, fue, es y será de vital importancia de cara al aficionado, o espectador, pues la cartelería taurina es el principal medio de atraerlos hacía la plaza.
Los carteles taurinos fueron primero unas litografías. En grandes letras con algún grabado y cenefas se daba cuenta del festejo. Después fueron evolucionando hacía unos murales de gran tamaño, que eran fijados en las paredes con aquel característico engrudo. El cartel vivió una época dorada donde grandes artistas plásticos destacaron en su realización. Nombres como Roberto Domingo, Ruano Llopis, Reus, Ballestar o Saavedra destacaron por su pericia a la hora de ejecutar pinturas, cuyo destino era ser plasmadas en los carteles, que luego empapelarían las paredes, anunciando el festejo a celebrar. Tanto es así que muchas de estas pinturas se convirtieron en clásicos, siendo reproducidas en multitud de ocasiones. Ahora los nuevos diseños, nacidos de las nuevas tecnologías, acaparan la cartelería. Composiciones de muchas horas de trabajo y que dan un toque actual a un espectáculo al que se trata de adaptar a los nuevos tiempos.
Combinar ese toque clásico con las nuevas formas ha sido la sorpresa a la hora de anunciar la corrida de Belmez, que se celebrará el próximo mes de septiembre. La empresa Taurina de Buendía ha tenido el buen gusto, y el detalle, de que una pintura clásica de Romero de Torres, haya servido de base, y como fondo protagonista, para el diseño de cartel que ya se puede ver en muchos lugares como reclamo de la corrida. Julio Romero de Torres vuelve a ser protagonista en algo que le sedujo durante toda su vida, pues el pintor fue un gran aficionado a la tauromaquia.
En su obra el toreo está presente en numerosos cuadros, aunque nunca plasmó escena alguna de la lidia en la plaza. Únicamente durante su juventud, en la que colaboró en la revista El Toreo cordobés, fueron publicados algunos apuntes a plumilla de lo que acontecía en los ruedos, pero poco más. Sin embargo durante su trayectoria la tauromaquía está viva y latente en parte de su obra.
Una de sus primeras pinturas relacionadas con el toreo, vino por encargo de Dolores Molina, sobrina de Rafael Molina Lagartijo, que le encargo un retrato del primer califa a la muerte de éste, allá por 1900, y que le pagó con una baza califal -el pintor era muy aficionado a la arqueología- proveniente del cortijo Córdoba la Vieja, propiedad del matador. Este cuadro aún es conservado por la familia y se puede considerar la primera obra de marcado carácter taurino del afamado pintor. Años más tarde Romero de Torres retrató a Rafael Guerra Guerrita, segundo califa del toreo cordobés, por encargo de Rafael González López. Este señor, durante su etapa como presidente del Club Guerrita y al objeto de que presidiera el salón de citado club, solicitó al pintor un retrato de Guerrita que este realizó.
Cuando el local cerró sus puertas a la muerte de Rafael Guerra, la pintura pasó a manos de la familia, quien recientemente la cedió al Ayuntamiento de Córdoba para que se expusiese en el museo del pintor. También retrató a Rafael González Machaquito. Una como figura protagonista en un cuadro que se conserva en el museo de Bellas Artes cordobés, en la plaza del Potro, y otra como figura de vital importancia en el grupo en la pintura Consagración de la Copla, donde el tercer califa aparece a la izquierda del espectador.
También Romero de Torres plasmó a Juan Belmonte, la primera en su etapa como novillero, vestido de paisano y como muestra de agradecimiento por un brindis que hizo el trianero al artista cordobés. Posteriormente Romero de Torres volvió a pintar a un Belmonte, ya en la cúspide de su carrera, con la cabeza rapada por estar prestando el servicio militar, y liado en un capote de paseo.
Su última obra relacionada con el toreo, pertenece a su última etapa, pintada un año antes de su muerte. Se trata de Ofrenda al arte del toreo, donde retrata a una mujer desnuda que cubre sus piernas con un capote, portando una rama de laurel en su mano simbolizando la gloria. Ante ella una losa de mármol donde se pueden leer los nombres de Lagartijo, Guerrita y Belmonte.
La pintura que ilustra el cartel de Belmez forma parte de la obra titulada Poema de Córdoba, una obra formada por siete paneles que muestran de forma alegórica diversas facetas de la ciudad. Obviamente el toreo está presente y el panel titulado Córdoba torera está dedicado a la figura de Lagartijo.
La pintura la protagoniza una mujer que ciñe un manto rojo, a la guisa de un capote de brega al rematar una larga cordobesa, con el fondo de la plaza de la Corredera, lugar donde se celebraron corridas en la antigüedad, y donde un espada con el toro a los pies brinda su trasteo a una estatua del primer califa.
Romero de Torres vuelve muchos años después a anunciar una corrida de toros. Su Córdoba torera sirve como reclamo para que el público acuda a Belmez a presenciar la anunciada corrida de Victorino Martín, que será estoqueada mano a mano por los diestros Paco Ureña y Pepe Moral, y que ha levantado gran expectación incluso fuera de los límites de nuestra provincia.

8/01/2017

PROXIMOS CARTELES EN LA PROVINCIA



Mientras Los Califas continua con una programación ajena para lo que fue concebida, que no es otra que celebrar espectáculos taurinos, las plazas de la provincia comienzan a despertar del letargo en que se ven sumidas durante muchos meses. Es triste que este año, en que se conmemora el centenario del nacimiento de Manolete, el coso califal haya abierto sus puertas para celebrar festejos de toros solo en cuatro ocasiones. Esta efeméride debió, o debe de ser pues aún no es tarde, referente en el llamado planeta toro y no quedar hueca sin ningún festejo taurino. Lo que se está conmemorando no es otra cosa que el nacimiento de un mito, que lo es por muchas cosas, pero sobre todo por haber sido un referente en una disciplina artística milenaria, como es la tauromaquia, a la que trajo unas formas y maneras que fueron claves para la evolución de la misma. A esto hay que unir una personalidad única y magnética que hicieron que su figura fuera mucho más allá de las plazas de toros, llenando así toda una época en la historia.

Todavía no es tarde, aunque parece que no va a ser así, la celebración de un festejo homenaje al arquitecto del toreo moderno, como lo denomina el escritor Delgado de la Cámara, sobre la arena califal. Es triste que la sombra de Manolete permanezca viva en la ciudad cien años después, pero que en el coso taurino de la ciudad esté ausente más allá del busto que modelara Ruiz Olmos y que cohabita con los demás califas haciendo escolta a la puerta grande. 

La afición cordobesa se ve obligada a salir de la ciudad para presenciar festejos taurinos. Algunos abandonan los límites de la provincia y se aventuran a ver corridas en ferias de localidades cercanas, o incluso han seguido las evoluciones de las promesas que apuntan, casos de Lagartijo, en Sevilla o Madrid,  o de la reciente triunfadora en el ciclo de novilladas nocturnas de Sevilla, Rocío Romero.
Con la feria de las novilladas de lujo de Montilla en el recuerdo, y en el más absoluto olvido, han sido tres localidades del norte de la provincia las que han presentado sus carteles taurinos para celebrar aparejados a sus tradicionales fiestas. Es posiblemente la única válvula de escape que tengan muchos cordobeses para sentarse en los tendidos de una plaza de toros.


El primero de ellos tendrá lugar el próximo día 4 de agosto en la localidad de Villanueva de Córdoba. Allí el empresario Enrique Luján junto al matador de toros, hoy en las filas de plata, Ángel Luis Carmona, han preparado un festejo mixto que reúne varios alicientes. El primero es la presentación, han leído bien, de un Enrique Ponce que tras veintisiete años de alternativa, partirá plaza montera en mano. Será acompañado por el saltereño Manuel Jesús "El Cid", que viene de cuajar una faena, que posiblemente será una de las de la temporada, en la feria de Santander, eso sí, mal rubricada con los aceros. Junto a ellos hará el paseíllo el novillero local Carlos Jordán quien debutará con los del castoreño. Para la ocasión se ha preparado un encierro de sangre "ibarra" con el hierro de Sancho Dávila.

Vuelven los toros a la centenaria de Belmez tras un año en blanco. La afición belmezana se reivindica como la abanderada torista de la provincia y verá este año lidiar en su plaza una corrida, nada más y nada menos, con el hierro de Albaserrada, propiedad del mediático Victorino Martin. Los encargados de estoquearlos el próximo día 9 de septiembre, serán mano a mano Paco Ureña, quien atraviesa un momento cumbre en su carrera, junto al sevillano Pepe Moral, que estuvo a punto de abrir la Puerta del Príncipe en Sevilla durante la última feria de abril, ante toros de otra ganadería señera y legendaria como es la de Miura. Un cartel atractivo, al menos para los más defensores del toro bravo, el que ha montado el empresario Jorge Buendía, y que de seguro no solo atraerá aficionados de la comarca, sino de toda la provincia e incluso de fuera de ella, y es que Victorino Martín es un reclamo muy atractivo para la garantía de un espectáculo taurino con dinamismo y variedad.


Pozoblanco cerrará el mes de septiembre con la celebración de su feria en honor de Nuestra Señora de las Mercedes. Dos festejos ha preparado Antonio Tejero. En la corrida de toros, que tendrá lugar el día 23, alternaran Antonio Ferrera, que está sorprendiendo allá por donde actúa, obteniendo triunfos importantes en plazas como las de Sevilla y Madrid, mostrando unas lidias plenas y dinámicas, llenas de ortodoxia y no carentes de pellizco y buen gusto. David Mora, un torero que ha demostrado con creces de lo que es capaz, con salidas a hombros por la Puerta Grande de las Ventas, y que el sistema maltrata de forma injusta, será el segundo espada del cartel, que completa un joven José Garrido que trata de abrirse paso en el escalafón con unas formas que gustan al aficionado. Los toros pertenecerán al hierro de Alcurrucen que es uno de los que salvaguardan una sangre importante en el campo bravo, caso de la de Núñez. Para el 24, Pozoblanco albergará un festejo de rejones con la participación de Sergio Galán, Leonardo Hernández y la francesa Lea Vicens, quienes tendrán como oponentes toros de la ganadería portuguesa de Passanha.


A falta de que sean presentados los carteles de las localidades de la subbetica cordobesa, estos son, por ahora, los festejos donde la afición podrá asistir para disfrutar de la tauromaquia. Alicientes hay para ello, y para todos los gustos, pues la fiesta debe de tener variabilidad y diversidad.

El Día de Córdoba (31/07/2017)

7/24/2017

MANOLETE ALCANZA EL CENIT DEL TOREO ANTE RATÓN EN MADRID

El 6 de julio de 1944, en la tradicional corrida de la Asociación de la Prensa en la madrileña plaza de Las Ventas, Manolete firmó una de sus más memorables actuaciones

Se muestra julio como siempre lo hizo. Un mes donde el verano se manifiesta de manera cruda y donde los días, al refugio del calor, son propicios para despertar en la memoria sucesos y hechos que ya forman parte de nuestra historia. En este año en el que Córdoba celebra el centenario del nacimiento de Manolete, uno de sus hijos más célebres del pasado siglo, los que no tuvieron la ocasión de conocerlo buscan su evocación en la amplia bibliografía editada sobre el Monstruo de Córdoba, tratando de estar al tanto de lo que aquel espigado y magnético torero supuso en una España rota, y que poco a poco intentaba salir de una tragedia que había hecho tocar fondo a un país y a un pueblo.

Julio siempre fue el mes manoletista por excelencia. Linares es otra cosa, tragedia y llanto, que ha nublado la obra de Manuel Rodríguez como torero. En julio nació como hombre en la calle Torres Cabrera y como torero sobre el dorado albero maestrante sevillano. También en julio Manolete alcanza la cumbre, la cima, la cúspide del toreo, y muestra que su tauromaquia trasciende más allá de lo aportado por quienes le precedieron en el arte de lidiar y dar muerte a estoque a los toros.

Corría la temporada de 1944. Manolete ya ha mostrado sus credenciales. Su faena a un toro de Villamarta en Sevilla durante la campaña de 1941, dos orejas y rabo aunque los despojos fueron lo de menos, le ha puesto a la vanguardia del escalafón. Los compañeros que buscan competencia con el coloso cordobés son pronto dejados en evidencia pues no pueden seguir la estela que marca Manolete. Tal vez por ello, y ante la suprema tauromaquia de Manuel Rodríguez, el publico comienza a mostrar cierta hostilidad hacia el nuevo ídolo.

El día 6 de julio la Asociación de la Prensa celebra en Las Ventas su tradicional corrida. Se anuncian seis toros de la ganadería charra de Alipio Pérez-Tabernero para El Estudiante, Juanito Belmonte y Manolete. La expectación es máxima. Se cuelga el cartel de no hay billetes y a plaza llena las cuadrillas rompen plaza. Juanito Belmonte no tiene suerte en su lote. Ello hace que no se sienta cómodo durante la tarde y esta discurra para él en tonos grises y poco claros. El Estudiante se muestra valeroso con sus dos oponentes. A su primero le corta una oreja. Nos dice Manuel López del Arco, quien firmaba sus crónicas como Giraldillo, en ABC: “Toda la extensión valerosa de su toreo, que tantas apasionadas simpatías promueve, quedó contraída a la faena del primero. Cortó una oreja. Con esto no lo hemos dicho todo, porque él fue uno de los pilares de la corrida de toros, sosteniendo con el cordobés el fuego de la emulación, no ya de torero a torero, sino de espectador a espectador”. Lo que pudo ser una tarde triunfal para el torero alcalaíno quedo en la nada porque se encontró con un Manolete amplio y rotundo en una tarde que marcó un antes y un después en la historia del toreo.

Manolete puso en liza su personal tauromaquia en su primero, al que cortó una oreja tras una faena y estocada que rozaron la perfección. Aun así, parte del público se mostró discrepante con el torero de Córdoba, si bien fueron pronto acallados y obligaron a saludar a Manolete tras la vuelta al ruedo. Pero la historia se escribió en el sexto de la tarde. Saltó a la arena un toro del que dice Giraldillo: “Flaco y feo. Acusa mansedumbre. Las protestas pidiendo otro toro son unánimes. El presidente hace ondear el pañuelo verde, y sale un toro de Pinto Barreiro, bien presentado”. Era el célebre Ratón, llamado así por su astucia a la hora del pienso en los corrales de la plaza de Madrid, adonde había llegado con el nombre de Centelha desde el campo portugués, y donde se había hecho inquilino permanente hasta esa tarde. Con él Manolete mostró porqué era un predestinado a mover los cimientos del arte de torear. Eltoro, corraleado y avisado, no dio facilidades de salida, lo que no es obstáculo para que el torero lo lancee con prestancia y emoción con unas verónicas ceñidas y ajustadas que le hacen saludar montera en mano en un ruedo plagado de sombreros arrojados desde el tendido. Tras dos varas Manolete brinda al público la faena. Lo que ocurrió después se antoja incalificable. Colosal faena, basada en el toreo al natural, donde Manolete muestra su personal y rotunda forma de concebir la tauromaquia. Dominio, ligazón entre las tandas, quietud y personalidad. Tras el toreo fundamental vienen mayestáticas manoletinas y adornos diversos que preceden a una estocada que hace que el toro doble y Manolete obtenga dos orejas, así como pasar a la posteridad en un Madrid que lo descubre plenamente aquella tarde de julio. Manolete ha tocado la cima. Antonio Valencia, quien firma como ElCachetero, lo expuso de manera clara en El Ruedo. Con su opinión, válida en este julio del centenario, ponemos epílogo a este escrito sobre el penúltimo califa del toreo cordobés: “El otro día se dijo que Manolete ya figura por derecho propio entre los seis medallones máximos que podrían resumir en cualquier pared la historia del toreo. Esta es otra de las grandes verdades de Manolete, es decir, que se ha situado en una cumbre en que, a la vez que al toro, domina al toreo considerado como arte total. El uno y el otro irán a donde los guíe su genio, su maestría y su muñeca. Manolete va a dejar el toreo constituido hacia la posteridad, quizá para siempre, como un canon exacto e inalcanzable por generaciones."

El Día de Córdoba (23/07/2017)

7/16/2017

LAGARTIJO(CHICO) Y MANOLETE (PADRE), JUNTOS EN PAMPLONA.

Rafael Molina Martínez y Manuel Rodríguez alternaron mano a mano en la corrida que cerró el ciclo de San Fermín del año 1908.

Julio debe ser un mes netamente manoletista. La alargada sombra del monstruo de Córdoba se alarga cada verano. Tristemente es el mes de agosto, cuando encontró su fatal destino en lugar del julio en que vio la luz, cuando su imagen se vuelve a hacer presente. En este año en que se está conmemorando el centenario de su nacimiento, los actos en su recuerdo no cesan. Y es que Manolete continúa muy presente en la memoria no solo de los aficionados a los toros, sino también de mucha gente que se siente atraída por la enigmática figura de uno de los mitos españoles del siglo XX.

El icono manoletista trasciende más allá del panorama netamente taurino. Tanto es así que al recordar a Manolete, la figura de su madre, doña Angustias, siempre aparece de forma nítida y presente. Mujer a la que tocó afrontar un difícil destino y que siempre estuvo unido al toreo. Se casó con una de las promesas del toreo cordobés, Rafael Molina Martínez, Lagartijo Chico en los carteles, al que una enfermedad incurable en la época truncó su carrera taurina y también la vida, pues el joven Lagartijo falleció en 1910 cuando le faltaban pocos meses para cumplir los 30 años. Doña Angustias, viuda y con dos hijas, Dolores y Angustias, contrae segundas nupcias con otro torero, Manuel Rodríguez, Manolete en los carteles, de cuyo matrimonio nació el recordado Manuel Rodríguez Sánchez, quien también se anunció como Manolete, Califa del toreo cordobés.

Lo que muchos pueden ignorar es que Lagartijo Chico y el primer Manolete alternaron juntos en los carteles. Sin ir más lejos, esta semana se han cumplido años de una de sus actuaciones: los dos maridos de doña Angustias alternaron mano a mano en la corrida que cerró el ciclo de San Fermín de 1908, por cierto el último año en que Lagartijo Chico se enfundó el traje de luces, ya aquejado de la tuberculosis que acabó con su vida.

Rafael Molina Martínez "Lagartijo-chico"
Los sanfermines de la época eran muy distintos a los de hoy. Era una fiesta antes de que Hemingway, don Ernesto como lo conocían en ambientes taurinos, la hiciera internacional y poco a poco fuese perdiendo su tradicional esencia. Hoy es conocida a nivel mundial, son muchos los foráneos que vienen atraídos por su secular tradición, pero también la masificación nubla el verdadero sentir de los navarros, que ven cómo poco a poco su fiesta se les escurre entre los dedos.

Aquel año de 1908 las corridas sanfermineras tenían un neto sabor cordobés. A los nombrados Lagartijo Chico y Manolete se unía el nombre de Machaquito, en los años dorados de su carrera, quienes, acompañados de Vicente Pastor y Bombita III, serían los encargados de actuar en las tardes festivas, ante toros de Murube, Palha, Guadalest, Espoz y Mina, Lizaso y Zalduendo.

Manuel Rodríguez "Manolete" (padre)
El día 12 se anunciaban dos de los espadas cordobeses. Lagartijo Chico y Manolete actuarían mano a mano ante toros de la tierra, tres con el hierro de Zalduendo y otros tres con el pial de Lizaso. Aquel festejo sirvió para que Pamplona rindiese homenaje a uno de sus hijos más celebres, el violinista Pablo Sarasate, quien presidió el festejo acompañado del gobernador civil y del alcalde de la ciudad. El público llenó el coso pamplonés y los dos toreros paisanos partieron plaza. Lagartijo Chico cuajó una meritoria faena ante el primero de la tarde, de Zalduendo y que tomo cinco varas de la época, siendo muy ovacionado cuando lo finiquitó de estocada y descabello. No lució mucho Manolete (padre) en el segundo de la tarde, un animal, según El Eco de Navarra, manso y acobardado que no le permitió lucimiento alguno, y que unido al mal uso de los aceros hizo que el público pitase al matador. Volvió a lucir Lagartijo Chico con el tercero. Faena de mérito y certera estocada que le sirvieron para obtener una cerrada ovación de todos los asistentes. No lució, según la prensa de la época, Manolete en el segundo de su lote; desconfiado con muleta y desacertado con la espada vio cómo el público se enfadó con su labor. Lagartijo Chico en el último de su lote, muy molestado por el viento y tal vez con los primeros síntomas de la enfermedad, solo pudo lucir en banderillas y poco más, pues tampoco estuvo acertado en la suerte suprema. El tercero de Manolete fue devuelto por saltar a la arena con un pitón partido y con el sobrero tampoco destacó el novel espada, que se sacó la espina en el toro de gracia, regalado por el presidente Sarasate a petición popular, cuando cuajó una de las mejores faenas de su carrera, aunque Fulanez, quien firma la crónica, afirma que más debido a la condición del toro y a su valor espartano.

Lagartijo Chico dejó de actuar ese mismo año aquejado de la enfermedad que le llevó a la muerte. El resto de la historia ya es conocida. Su viuda casó con su compañero de aquella tarde pamplonesa y nueve años después el mito se hizo carne en una casa de la calle Torres Cabrera de Córdoba.

El Día de Córdoba (16/07/2017)

7/09/2017

MANOLETE VIVO SOBRE LA ARENA

El cordobés fue dominador y conocedor del toro, y su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas: llegó a la perfección.

Manolete continúa vivo. Su figura se acrecienta con el paso de los años. No pierde un ápice de su frescura. Cien años después de su nacimiento, su imagen permanece presente entre nosotros. Los actos conmemorativos de la efeméride se suceden y el Califa de Córdoba, el Monstruo como lo bautizara K-Hito, forma parte ya no solo de la memoria, sino también del paisaje urbano de toda la ciudad mediante fotografías, exposiciones, representaciones y toda clase de actos, que recuerdan el centenario de un mito. Manolete forma parte del acervo cultural de todo un país, incluso de otros fuera de nuestras fronteras. Y es que Manolete fue, y es a día de hoy, un personaje que da para mucho, pues su figura se extralimitó más allá de los ruedos.
Mostrar al Manolete hombre, para así tratar de acercarlo a simple mortal, es complicado. Es fácil caer en una imagen kitsch del personaje, mostrando un icono vintage basado en algo superficial con olor a naftalina. Manolete es algo más que un héroe de amplias chaquetas cruzadas, guayaberas blancas, zapatos bicolor, pelo engominado y gafas de aviador americano. El ídolo supone mucho más que alguien rebelado contra el matriarcado familiar, por culpa de apasionados amores mal vistos por una sociedad malherida y convaleciente de una guerra. Mostrar así a Manolete supone volver a caer una vez más (y van...) en los típicos tópicos que enmascaran la verdadera dimensión de aquel ídolo de masas que se llamó Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, y al que un toro en Linares convirtió en un mito.
Cada vez que se trata de mostrar a un Manolete humano, se cae de forma involuntaria en los mismos errores de siempre. Tanto que finalmente nos queda una figura más superficial que profunda, enmascarada con una pátina artificial que oculta de forma alarmante el verdadero espíritu del torero, que es quien realmente dota a Manuel Rodríguez de su carisma y relevancia.
Y es que es complicado hacer comprender a las gentes de hoy que un torero podía llenar una época en la memoria de los habitantes de este país. El torero era un ídolo. El serlo de fama era salir del anonimato para alcanzar la notoriedad y la riqueza que todo ser humano busca. El matador de toros en la cúspide era como el futbolista de élite de nuestros días. El deporte rey aún estaba en mantillas en España y el único recurso para salir de los estratos desfavorecidos de la sociedad no era otro que vender su vida ante las astas de los toros.
Manolete fue un predestinado. Manuel Rodríguez se crió en un ambiente en que el toro tenía que ser mirado con recelo. Es de sobra conocido que su madre enviudó de las primeras nupcias contraídas con Lagartijo Chico, sobrino del genial primer Califa, para casarse posteriormente con un espada digno, pero mediocre, como fue Manolete padre. Es ahí donde pueden surgir los primeros enigmas que muestran esa predestinación del Monstruo a vestir el chispeante.
El segundo de los enigmas es el desarrollo de un toreo que en los primeros años, etapa novilleril, no destaca para después culminar en la perfección de todas las aportaciones que hicieron los que le precedieron. Y es que en una época en que se carecía de los medios audiovisuales y tecnológicos de hoy, Manolete perfecciona el toreo de la llamada edad de oro en las innovaciones que trajeron dos colosos como fueron Gallito y Belmonte. Son fuentes en las que bebe el torero de Córdoba sin saber cómo. La influencia de Camará, como gran gallista, tampoco parece ser clave, pues Manolete toma aportaciones netamente belmontistas. Manolete no es un torero de entre épocas. El Califa cordobés es un torero que culmina, y de qué forma, lo apuntado por otros. Sin verlo, Gallito muere cuando Manolete tiene apenas dos años, absorbe el dominio, conocimiento, profundidad de Joselito y vergüenza profesional, mientras que de su rival, Belmonte, toma la quietud y la ligazón. A todo esto, que toma y hereda sin saber cómo, une una personalidad única y arrolladora, así como una espada llena de pureza y ortodoxia que le lleva a ser uno de los mejores estoqueadores del toreo, cosa que poco se le reconoce, tal vez porque su aportación a la tauromaquia nubla su contundencia y clasicismo en la suerte suprema.
Manolete fue dominador y conocedor del toro, el hacer faenas de semejante estructura a cada uno de los que se enfrentó nos lo corrobora. Su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas. Su valor y disciplina espartana están también latentes en su tauromaquia. Valor seco, sin alharacas, para ligar muletazos largos a pesar de esperar con la muleta retrasada en faenas compactas y ligadas.
Luego vino la perfección absoluta. Los cimientos del toreo de hoy. El toreo donde el último tercio adquiere una relevancia sobre los otros dos. Es la culminación de un todo y el principio de unas nuevas formas que apuntaron hacía la perfección de todo. Ahí es donde Manolete vive. Sobre los alberos y arenas del planeta toro cada vez que el hombre, en pleno siglo XXI, continúa tocando la gloria ante los pitones de los toros.


7/02/2017

MURO. LOS TOROS EN LA ESPAÑA PROFUNDA

Hay que erradicar la picaresca y la falta de ética y de escrúpulos que tanto daño hacen a la tauromaquia, como lo vivido hace poco en Muro, remedo del escándalo acaecido en 1960.

La fiesta de toros es una celebración de contrastes. El sol y la sombra. El triunfo y el fracaso. La gloria y la muerte. De ahí que haya tardes radiantes que son difíciles de olvidar y otras que lo deseado es borrarlas de la memoria con la mayor premura posible. Hay tardes de brillo y relumbrón que quedan grabadas para siempre en nuestro ser, que hicieron historia y que con el tiempo pasan a formar parte del libro dorado del toreo. Por el contrario, hay otras en la que la cara más triste de la fiesta se hace presente. Son tardes que no traen más que desazón y muestran un lado oscuro, y a veces siniestro, de esta disciplina española milenaria. Tardes no ya sólo de tragedia, la cara más dura de la tauromaquia, sino en las que la picaresca, la falta de ética y de escrúpulos de algunos, que tanto daño hacen, se hacen presentes mostrando una cara que hay que erradicar, por muy difícil que parezca, pues hacen un daño, y más en estos momentos, muy grande a la tauromaquia.

Con la tragedia de Air-Sur l’Adour aún fresca en la memoria, se anunció en la localidad balear de Muro una corrida de toros que suponía la presencia de los añejos toros de pablorromero en las Baleares. Para darles lidia y muerte estaban anunciados Javier Castaño, Alberto Lamelas y Cristian Escribano. Todo un aliciente en un tiempo en que las islas viven un crudo momento en relación con la fiesta, con una ley autonómica en proyecto que, de aprobarse, será mutilar una liturgia milenaria y un rechazo por parte de sectores secesionistas y animalistas.

A pesar de la entrada que registró el coso, con apenas 20 intransigentes protestando a sus puertas, lo vivido hace poco en Muro no fue para nada positivo para los días que se viven en el mundo taurino balear. Los de Partido de Resina lucieron una presentación irreprochable, se dice que con trapío suficiente para plazas de mayor categoría, y que dieron un juego entretenido, vendiendo cara su vida con un comportamiento encastado y poco propicio para el toreo de postureo de la actualidad. Los toreros naufragaron ante ella. Sólo un enrazado Lamelas se salvó de la quema y el escándalo fue mayúsculo con amago de suspensión al reclamar los toreros el cobro de sus honorarios, apagones de luz incluidos y un triste arrojo de toda clase de objetos al ruedo. Se ha hablado mucho, y mal, de esta tarde que de seguro tardará en borrarse de la memoria de los que a ella asistieron, y no precisamente por haber sido una jornada de brillo. Sólo el tiempo hará justicia.

No es la primera vez que Muro vive una tarde de tono gris y con el escándalo de fondo. En la temporada de 1960, el día 20 de agosto, se anunció la alternativa de un novel espada hispanomexicano, Pepe Núñez, con el cordobés Chiquilín y Sanluqueño como padrino y testigo. Se anunciaban toros salmantinos de Sánchez Valverde. Todo empezó de tono gris, pues el neófito no estuvo a la altura en el toro de la ceremonia, siendo pitado a su arrastre. En el segundo vino el escándalo, pues tanto Chiquilín como Sanluqueño fueron cogidos de gravedad, negándose el recién alternativado a darle muerte, lo que motivó un escándalo mayúsculo, que se vio acrecentado cuando Núñez se negó, alegando miedo –al menos fue honrado–, a terminar la corrida, lo que hizo que fuera detenido y encarcelado por ello.

No terminó ahí la escandalera, ya que las condiciones sanitarias eran escasas, teniendo que atenderse a dos heridos de gravedad en una rústica sala habilitada junto a las cuadras, con una falta de material y medios realmente alarmantes. Tanto es así que la prensa de la época, así como el desaparecido Alfonso González Chiquilín, llegaron a afirmar que ante la falta de algodón se llegaron a abrir petos de picar para extraer la guata para ser utilizada para limpiar las heridas de los toreros corneados. También se descubrió que los toros lidiados, aunque con el hierro de Sánchez Valverde, el célebre cura salmantino, eran propiedad de una segunda persona que no se encontraba inscrito como ganadero en el Sindicato Vertical de Ganadería en ninguno de sus grupos, lo que le inhabilitaba para tal labor, de ahí que se anunciaran a nombre de su antiguo propietario, lo que hizo que el fraude fuera todavía mayor.

Chiquilín llegó a decir que aquella corrida acabó con su carrera; años después renunció incluso a su alternativa para hacerse banderillero, y Sanluqueño, a causa de sus heridas, quedó inútil para la profesión.

Mucho se habló de aquella corrida de Muro. Sólo hay que esperar a que esta reciente sea pronto olvidada, pues tardes de ese tono deben de ser erradicadas cuanto antes de una fiesta que debe de tomar otros derroteros para hacer frente a todos los ataques y adversidades que a día de hoy se ciernen sobre ella.

El Día de Córdoba (02/07/2017)

6/25/2017

LA VERACIDAD DE LA FIESTA DE TOROS

Iván Fandiño toreó tres veces en la provincia -Villanueva, Almedinilla y Pozoblanco- y nunca en la capital


Fue un torero esencial, alejado del arquetipo actual y fiel a sus principios y tauromaquia


La fiesta de toros no pasa por buen momento para la sociedad de nuestro tiempo. Tachada de cruenta y arcaica por un sector animalista hueco y vacío, que incluso trata de cercenar las libertades individuales de aquellos a los que gusta, y que antepone la defensa de los derechos de los animales, tratando por todos los medios, y a cualquier precio, colocarlos a igual nivel, o incluso superior, que a de los seres humanos.
Por otro lado, otros, que dicen defender la tauromaquia, buscan un ceremonial en el que prime la estética y la belleza sobre todos los demás valores del toreo. Solo importa lo artístico buscando dejar de lado la épica y la tragedia. Venden y buscan la imposición de una fiesta incompleta, huérfana de gran parte de sus valores y con ello, sin desearlo, también colocan a la fiesta en un lugar complejo, pues los que llegan nuevos a una plaza de toros sólo están viendo una parte de lo que debe de ser la última liturgia viva de la cultura mediterránea.
La fiesta de toros necesita una defensa veraz y auténtica de todo su valor cultural y antropológico. El fundamento del toreo no es otro que la lucha primigenia de la razón del hombre contra la fuerza bruta de un animal enigmático y milenario. Una lucha a muerte, pues la tauromaquia es una representación de la vida que concluye con la muerte, siempre presente aunque no lo parezca. Por eso, se debe de mirar hacia dentro y comprobar que quedándonos con lo estético y superficial, erradicamos la tragedia y el drama de la muerte, que no es otra cosa que el fin de la vida.
Puede parecer complejo, tal vez anacrónico. Pero el drama puede hacerse presente en cualquier momento y lugar, de modo y forma que la realidad del toreo se hace notoria. El drama forma parte de la liturgia, aunque muchos traten de ignorarlo o maquillarlo con un exceso de brillo artificioso. El drama, o la muerte, van de la mano a la gloria efímera de lo que dura un triunfo.
La muerte siempre está presente. No hace más de una semana, la parca volvió a manifestarse mostrando la verdad del toreo. Un torero honesto, fiel representante de la ortodoxia más pura, caía herido mortalmente en la arena. Un torero que estaba alejado del arquetipo actual. Un torero forjado a sí mismo, fiel a un concepto y a un ideario que ha defendido hasta el final. Un torero independiente, que no atendió jamás a los cantos de sirena del sistema que adultera la fiesta a la que amaba y por la que ha entregado su vida. Un sistema que no le perdonó jamás un fallo y que no le agradeció jamás la defensa de los valores más veraces del toreo.
La muerte de Iván Fandiño en Air-Sur-L'Adour no ha venido nada más que a mostrar la cruda realidad del rito. No han importado sus esfuerzos, sus sacrificios, sus gestas, sus triunfos, sus cimas, y también sus simas, a las que pudo superar, en unos segundos un buido pitón acabo con su vida, repitiéndose así el drama que convierte al hombre en un héroe mitológico. También esta muerte ha traído la miseria del ser humano. Una vez más los que se dicen detractores del toreo y defensores de los animales han vuelto a mostrar su crudeza, bajeza y una amoralidad infinita. Alegrarse de la muerte de un ser humano no hace nada más que poner de manifiesto su podredumbre de ideas y la escoria de unos sentimientos nulos y obtusos.
Aquel que llamaron León de Orduña entregó su vida por una fiesta que es difícil de comprender, pero que está ahí, anclada al ADN de cada español desde hace muchos años. Una fiesta que no debe de perder ni un ápice de su verdad. Es triste, pero es así, el rito sacrificial del toreo puede tener estos tintes trágicos, pero es cuando la verdad prevalece sobre lo que nos quieren hacer ver desde cierto sector que dice defenderlo.
Fandiño estuvo fuera del sistema, fue torero más de aficionados que de público ocasional, pero aún así demostró su grandeza. Paradójicamente nunca abrió plaza en el albero califal, aunque sí actuó en la provincia. Tres fueron sus apariciones en cosos cordobeses. El 5 de agosto de 2011 se presentó en la plaza de Villanueva de Córdoba. Le acompañaron Juan Manuel Benítez y Cesar Jiménez, estoqueando una corrida de Las Monjas. Ya dejó patente su estilo clásico y ortodoxo. Más tarde, en 2014, formó parte del cartel inaugural del coso de Almedinilla, donde cortó cuatro orejas y un rabo. Le acompañaron el veterano Francisco Ruiz Miguel y Manuel Díaz El Cordobés. Su última actuación en ruedos cordobeses tuvo lugar en Pozoblanco el 27 de septiembre de 2015, alternando con Manuel Escribano y el rejoneador Leonardo Hernández.


6/19/2017

EL EXTRAÑO CASO DE ABUBILLO

La ganadería cordobesa de Justo Barba cría un animal que tiene todas las señales externas de representar un episodio de albinismo, un ejemplo único en el campo bravo español


Si preguntásemos a cualquiera que nos describiese un toro de lidia, es seguro que en esa descripción apuntaría a que es un animal de capa -o pelo- negro. Extremo este cierto, pues el negro es el color que domina la cabaña brava en la actualidad. También es cierto que pueden aparecer animales con otras capas, pero la realidad es que el negro es el color en el pelo de la mayoría de reses que se lidian año tras año en las plazas del llamado planeta toro.
Antaño, cuando la cabaña brava tenía más variabilidad genética -no hay que obviar que en la actualidad casi todo tiene su origen en la casta de Vistahermosa y que una de sus características era el pelo negro-, las capas eran mucho más diversas. De ahí que en las viejas litografías decimonónicas aparezcan animales de pelos variados, hoy en día minoritarios o incluso desaparecidos.
Durante los años veinte y treinta del pasado siglo los criadores de reses de lidia fueron adaptando sus productos a la lógica evolución del toreo como disciplina artística, por lo que buscaron un animal que se prestase con más facilidad a los cánones que trajesen Joselito y Belmonte. Fue cuando la casta originaria de Vistahermosa se fue imponiendo a todas las demás, convirtiéndose en mayoritaria, en detrimento de otras que no tuvieron la moldeabilidad necesaria para su adaptación a los nuevos conceptos. Aquello supuso la desaparición de otras castas, o sangres, como la llamada navarra, cuyo pelaje era el colorado encendido; la jijona, también de pelajes rojizos; así como la vazqueña, que alcanzó extrema notoriedad cuando fue propiedad del ducado de Veragua y cuyo rasgo externo no era otro que la gran diversidad de pelajes.
Hoy en día es de gran regocijo para los espectadores la presencia en el ruedo de un toro con capa distinta al negro. Se suelen ver accidentales pintorescos, caso de los llamados burracos, también capas de pelos mixtos como el cárdeno, el sardo o salinero, e incluso de pelaje claro como los jaboneros, reminiscencia veragüeña, e incluso algún berrendo en ganaderías que tuvieron su origen en cruces, caso de los patas-blancas o los muy hondos hidalgo-barquero.
Sin lugar a dudas una capa llamativa es la llamada ensabanada. Son animales en los que el pelo blanco es mayoritario y que se encuentra representado en la vacada de Osborne. Es un pelo extremadamente raro y escaso actualmente, tanto que el doctor veterinario Rodríguez Montesinos afirma en uno de sus estudios que representa el 0,099% del total de los efectivos de la raza de lidia. De ese singular pelaje fue el toro de nombre Atrevido que inmortalizó Antoñete en Las Ventas madrileñas en la década de los 60 del pasado siglo. Hoy esta capa está representada en la ganadería matriz de Osborne y en otras derivadas de ella, como puede ser Núñez del Cuvillo.
El ensabanado tiene como característica principal el pelo blanco, aunque su piel suele tener pigmentación de tono café o incluso negra, así como la mucosa obscura. Si no fuese así, estaríamos hablando de un caso de albinismo, extremo prácticamente inexistente en el vacuno de lidia. Repasando datos y hemeroteca poco o nada se vislumbra sobre un toro albino. Sólo uno del hierro de José Marzal de pelo ensabanado, con los ojos claros, que se lidió en Badajoz en la feria de San Juan en un cartel conformado por Juanito Belmonte, Manolete y Morenito de Talavera.
Y es ahí cuando salta la noticia, pues en la ganadería cordobesa de Justo Barba ha nacido en la paridera de este año un animal que tiene todas las señales externas de tener esta singularidad de la naturaleza.
Hijo de la vaca Abubilla, de pelo jabonero, y del toro Alimaño, de igual capa, corretea por los prados de la dehesa un becerro de pelo blanco y mucosas sonrosadas. El ganadero en primer lugar pensó que se trataba de un animal de capa albahía, pero con los días apreció los detalles de que tenía la piel, hocico y cerco de los ojos de un singular tono rosado. Estas características morfológicas hacen pensar que estemos ante un caso de albinismo singular y extremadamente raro en la raza de lidia, caso que hace de este futuro Abubillo un ejemplar único en la cabaña de bravo española. Tanto es así que su propietario y criador ha manifestado que de confirmarse de forma científica no lo destinará a la lidia, quedando como un inquilino de alto honor en la casa durante toda su vida.
Recordar que esta ganadería cordobesa es poseedora de dos ramas que se llevan por separado. Una minoritaria, a la que pertenece este becerro, de casta vazqueña-veragueña de origen Javier Gallego, y otra proveniente de Parladé y Rincón, de origen Antonio Doblas.




6/11/2017

JUNIO, MES DE LAS NOVILLADAS

Si la plaza de toros de Córdoba fue plaza de temporada, extremo demostrable, la causa fundamental fue la organización de festejos picados fuera de las fechas de la feria de la Salud.

Una de las críticas de la afición cordobesa a los regentes del coso de Los Califas es la ausencia de novilladas con picadores durante la Feria. Demanda que no es gratuita, ni tampoco caprichosa, puesto que una plaza como la de Córdoba, de máxima categoría -hoy en entredicho- tiene la obligación moral de cuidar el escalafón inferior, que con el tiempo debe de ser el que renueve los nombres que se perpetúan en el superior, algunos ya durante lustros.
Está bien que se organicen festejos sin picadores, todo requiere un principio, pero el auténtico relevo a los matadores de toros que hoy ocupan los carteles no es otro que el escalafón de novilleros con picadores. Es algo natural, lo fue y lo será, por eso no organizar este tipo de festejos supone taponar la entrada de nuevos nombres en un escalafón de matadores cada día más viciado y falto de frescura.
Si la plaza de toros de Córdoba fue plaza de temporada, extremo totalmente demostrable, la causa fundamental fue la organización de festejos picados fuera de las fechas de la feria de Nuestra Señora de la Salud. Durante toda la temporada se ofrecían este tipo de carteles, bien como inauguración de la misma o para premiar a quienes habían hecho méritos sobre la arena en festejos precedentes, repetición que era un aliciente, y así debe de seguir siendo, para todos los que tratan de abrirse paso en esta difícil profesión.
Precisamente era en el mes de junio cuando las empresas que regentaron con anterioridad el coso de Ciudad Jardín organizaban una novillada picada con los triunfadores de las que se habían celebrado en anteriores fechas, especialmente durante la feria en honor de la Virgen de la Salud, una tradición hoy perdida.
En el año de su inauguración, el día 20 de junio y ante utreros de Tomás Frías, se acartelaron Joselillo, El Monaguillo y Paco Asensio, destacando el segundo de los actuantes que en aquellas fechas tenía cierto ambiente. En el año siguiente, el día 12 de junio, actuó Alfonso González Chiquilín, quien había renunciada a la alternativa tomada años antes, acompañándole El Barquillero que desorejó a uno de sus oponentes y un joven Paquirri que gustó al público que acudió al coso. Siguiendo la tradición, el año siguiente, o sea 1967, compusieron la terna Macareno, el recordado Hencho y Juan Carlos Beca Belmonte, quienes estoquearon un encierro del Marqués de Ruchena. También estuvo presente Florencio Casado un año después, quien cortó una oreja a cada uno de su lote pertenecientes al hierro del Conde de la Maza, actuando junto a él Antonio Barea y Jesús Rivera. Tras dos años de paréntesis, el día 12 de junio la empresa Valencia recuperó la novillada con picadores, y ante serios utreros de Barcial actuaron Pepe Romero, triunfador del festejo, El Mesías, quien resulto herido, y El Húngaro. Hasta 1974 no volvieron a abrirse las puertas de Los Califas en el mes de junio con la celebración de una novillada picada. El día 16, ante novillos-toros de Baltasar Iban, comparecieron El Cali, una oreja y dos vueltas fue su balance; El Garbancito, cuatro orejas a su esportón en una época en la que tuvo mucho ambiente, cerrando Pedro Somolinos, quien no pasó de discreto. Dos festejos picados albergó Los Califas en 1975. El primero de ellos el 1 de junio. Repetía actuación El Tempranillo, quien había cortado una oreja en abril, y ratificó su buen momento cortándole dos orejas a su segundo -como todo el encierro de Ana Romero-, El Mesías y la novillera, ya fallecida, Ángela Hernández, quien también cortó una oreja. El día 15, la empresa repitió a El Tempranillo y a El Mesías; ante novillos de Juan Gallardo, les acompañó un joven Parrita que se había ganado al público con su fino toreo de corte amanoletado.
No fue hasta 1980 cuando volvió Los Califas a albergar una novillada picada en junio. Aprovechando su triunfo de mayo, los hermanos Camará anunciaron a El Soro, que volvió a liarla, el día 8 de junio, junto al ecijano Antonio Ramón Jiménez y un prometedor Antonio Tejero, perteneciendo los novillos lidiados a la ganadería de Dolores Aguirre. El día 14 de junio de 1981, los Camará, empresarios en aquellos años, anunciaron a un prometedor Fermín Vioque, a un ilusionante Antonio Tejero, y a su poderdante Luis Miguel Campano, con una seria novillada de Manuel Camacho. Una semana después se celebró una novillada picada con reses de Gabriel Rojas, para Juan de Dios de la Rosa, Jacinto Rey y El Andaluz, festejo este a beneficio de los trabajadores de Secem.
Ya no fue hasta 1989, en plena génesis de la finitomania, cuando se vuelven a dar novilladas con picadores, pues el día 10 de junio, ante reses de Bernardino Piriz, se anunciaron Finito, Jesulin de Ubrique y Chiquilin, volviéndose a repetir la combinación el día 17, actuando el rondeño Pepe Luis Martin en lugar de Chiquilin. La última de las novilladas en el mes de junio tuvo lugar en 1990, cuando el día 22, con el cartel de 'no hay billetes', Finito y Chiquilin, junto a Luis Domecq, reeditaron un triunfo importante, que supuso el inició de la última época dorada de Los Califas antes de entrar en el bache en el que se encuentra actualmente.


6/05/2017

GANADEROS CORDOBESES DE ANTAÑO: FLORENTINO SOTOMAYOR

Florentino Sotomayor

Córdoba también es solar del toro de lidia. Desde muy antiguo, el hombre busco la fiereza innata del tótem ibérico en los predios cordobeses. Se cuenta, con muchos visos de verosimilitud, que en las faldas de la Sierra Morena, muy cerca de la capital, los omeyas criaban caballos de pura raza, y porque no también pensar, vacunos de forma silvestre y natural,  por lo que puede que algunos de ellos tuvieran algún comportamiento salvaje y bravío. Cierto o no, la verdad es que aquellas tierras, al píe de la sierra, fueron, y aún siguen siendo, territorio del toro bravo en Córdoba.

En "Córdoba la Vieja", muy cerca de las ruinas de Medina Azahara, pastó parte de la vacada que nos ocupara los siguientes párrafos. Hasta allí llegaron entre 1911 y 1912, los historiadores no se ponen de acuerdo, un hato de vacas con el hierro de Fernando Parladé. Florentino Sotomayor, diputado a cortes, senador del reino y apasionado ganadero vocacional, había decidido convertirse en criador de reses de lidia. Una docena de vacas eran pocas, por lo que a comienzo de verano de 1912, adquiere nada más y nada menos que a Eduardo Miura, ciento cincuenta vacas, algunas paridas, quince utreros y quince erales. Como hierro usará el pial que hereda de su padre, quien a su vez lo recibió de su antepasado Antonio Navarro Moreno y que era usado para marcar ganado caballar.

Hay que aclarar que este hierro del que hablamos, pertenece en la actualidad a Tomás Prieto de la Cal, haciéndose la suposición muchos aficionados, al criar este señor reses originarias de Veragua, que este es el pial primitivo que usaran los duques de Veragua y Osuna cuando adquirieron la Real Vacada, a la viuda del rey Fernando VII, descartándose aquí por tanto esta peregrina y errónea suposición.

La ganadería se asienta entre las fincas "Córdoba la Vieja" y "Cuevas Altas". Florentino Sotomayor como se ha apreciado no escatima nada para conseguir una torada de categoría. Para ello también contrata como conocedor a José Baena "El Rubio", quien antes había desempeñado tal función en la ganadería del señor marqués de los Castellones y sus continuadores, siendo por tanto uno de los mayorales de más prestigio, no solo de Córdoba, sino del todo el campo andaluz. Las pruebas selectivas son duras. De las vacas parladeñas se aprueban diez y sesenta de las de Miura. En los tentaderos son habituales "Guerrita", ya retirado pero con su saber y conocimiento, "Mazzantinito"y "Sevillanito", Antonio Cañero, "Machaquito" y "Cantimplas". Los productos de Sotomayor son del gusto de la afición. En algunas ocasiones se anuncian como procedentes de Miura, pues las vacas aprobadas son inicialmente  padreadas por los raceadores miureños "Lagarto", "Guineo" e "Inspector".  Las reses son duras, pero dan buen juego, principalmente en el tercio de varas. Pero el  toreo evoluciona hacía una lidia más vistosa y con mayor importancia en el tercio de muleta. Florentino Sotomayor con visión de futuro, resuelve atemperar el brío de sus toros. Para ello vuelve a adquirir un toro puro de Ibarra, con el hierro de Fernando Parladé, de nombre "Superior", que comienza a cambiar el comportamiento de la vacada. Los resultados son los apetecidos por lo que en 1917 y 1918 padrean sucesivamente los toros "Medialuna" y "Macarrón" del hierro de la marquesa de Tamarón de igual sangre Ibarra, a través de Parladé. La casta de Vistahermosa va absorbiendo el temperamento típico de los miuras. Se cuenta, no sin fundamento, que José Gómez "Gallito", promotor del toro de hoy, seguía muy al corriente de las evoluciones del cruce practicado en la vacada cordobesa.

El ganadero cordobés se presentó en Madrid, el día 25 de mayo de 1919, con Saleri, Paco Madrid y Celita en el cartel. En ABC del día siguiente se dijo de los toros de Sotomayor: "El ganado de Sotomayor, desigual de presentación; fueron fogueados los lidiados en primero, tercero, cuarto y quinto lugar. En el tercero se precipito un poco la presidencia; el final quiza hubiera sido el mismo, pero hay que tener más calma, pues no hubo tiempo de ver al toro; en el fogueo del quinto tuvieron los toreros una gran participación. ¡Qué lidia! Ni una vez le colocaron en suerte con los caballos;  fué un toro hermoso. El sexto, pequeño, pero bravo. Estos dos últimos tuvieron otro estilo que los anteriores, quizá fueran de la cruza con Parladé. Dificiles para el torero los dos primeros." Un año después Florentino Sotomayor se saca la espina, pues en novillada jugada el día 25 de julio, el tercero de nombre "Escandaloso" resulta bravísimo siendo muy ovacionado en el arrastre, tanto que el publico abroncó a los mulilleros por no darle la vuelta al ruedo. También resultaron bravos los jugados en quinto y sexto lugar. La novillada fue estoqueada por José Zarco, Sánchez Torres y Domingo Uriarte. La vacada toma por fin el rumbo pretendido por su dueño. El cruce con los toros de Ibarra a través de Parladé y Tamarón, resulta fundamental.

La ganadería siguió gozando de buen cartel, hasta que el día 13 de junio de 1926, en la madrileña plaza de Vistalegre, el toro "Gallego" hiere mortalmente a Mariano Montes. Las críticas a la ganadería son feroces. Una vez más el ganadero se convierte en responsable de la tragedia por cierto sector de la afición.
Mariano Montes

Decide el reputado criador deshacerse de su vacada. Resuelve cambiar su ganadería por otra a los hermanos Martín Alonso en 1931. Antes del canje se reserva cincuenta vaca de nota superior y un novillo de nombre "Alondrito" puro de Parladé, al que más tarde se une un toro llamado "Pegajoso" con el hierro de Gámero Cívico, también entroncado con la misma casa ganadera. Las vacas de los Martín Alonso son rápidamente desechadas. Una nueva etapa se inicia, etapa esta que Sotomayor no verá pues fallece en 1934 sucediéndole su hijo Eduardo como titular de la vacada.

La guerra civil causa muchas bajas en la ganadería. Muchas vacas son sacrificadas y al termino de la contienda solo quedan sesenta y tres hembras y el semental "Pegajoso".  La vacada se recupera lentamente hasta alcanzar la cifra de 150 vacas de vientre y los raceadores "Cotorro" y "Bilbaino". Poco dura más la vacada en los predios de "Córdoba la Vieja" y demás predios cordobeses. En 1955 Eduardo Sotomayor se desprende de la misma y la vende al notario de Murcia, aquellos años con ejercicio en Córdoba, Adolfo Avilés Virgili perdiendo su relación por tanto con nuestra provincia.

Cuadro genealógico