8/30/2010

A LADISLAO RODRIGUEZ GALAN 'LADIS' EN SU DESPEDIDA


Hace unos días recibí vía e-mail una emotiva carta de despedida. Nuestro buen amigo, Ladislao Rodríguez Galán, se jubila tras muchos años al pie del cañón en varios organismos oficiales. Bien en la Diputación Provincial de Córdoba, o bien en la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía, nuestro querido amigo ha pasado muchos años. Allí con sus cámaras siempre preparadas, ha inmortalizado momentos de suma importancia en la vida política y social de esta ciudad a la que tanto ama. Ha llegado la hora del adiós tras muchos años de entrega y plena dedicación a su profesión, tan sabiamente inculcada por su padre, al que tanto quiso y admira. Se va en silencio, sin hacer ruido, pero seguro que lo hace con la sonrisa de saber que ha cumplido con su deber.

Lo conocí hace muchos años. En la década de los setenta y siendo un niño, asistí acompañando a mis padres a la boda de un amigo de ellos. En la celebración se sentó junto a mí un señor con bigote que no paraba de hablar. Era el fotógrafo a quien se le había encargado la inmortalización de la ceremonia y posterior celebración. Tras ir desempeñando su labor, se sentó a comer junto a nosotros. Mi padre le conocía y pronto vi, a mi edad aún temprana, que aquella persona además de hacer divinamente lo encomendando era un tipo singular. No paró de amenizar la mesa con sus simpáticos comentarios y con la gracia de sus chistes. Para colmo al final del almuerzo me cedió su trozo de tarta nupcial. Mejor persona y más simpático aún me comenzó a parecer tras dejarme su plato de pastel. La boda terminó y se despidió de mis padres. Pensé que difícilmente volvería a divertirme tanto con él. Me equivocaba. Cuando mi padre me llevaba a los toros allí estaba de nuevo. Con sus bolsas pesadas y con sus cámaras al cuello. Como siempre realizando una labor para poder mostrar a los demás lo que ocurría en la plaza.

Crecí y me hice hombre. De cuando en cuando lo veía por el Bulevar del Gran Capitán, pero nunca me atreví a decirle quien era mi padre. Admiraba su trabajo, sus fotos llenas de vida, instantáneas de un momento irrepetible. Mi afición a los toros me llevaba a escribir sobre ellos. Escritos que no veían la luz en ninguna publicación, pero que eran guardados en una carpeta de cartón de esas azules de antaño. Una tarde, y tras haberle pedido nuestro amigo a mi padre un artículo para su revista “La Montera”, coincidí con él en La Rambla en un festival taurino. Me di a conocer y como siempre se mostró cordial, humano y sencillo. Esa tarde no solo comenzó una estrecha amistad, esa tarde me abrió una puerta para darme a conocer en el mundo del toro. Hoy colaboró en diversos medios de comunicación y mi nombre comienza a ser reputado entre la prensa taurina nacional, pero jamás olvidare que fue este hombre, que hoy abandona su actividad profesional, quien me puso en el camino acertado para labrarme un prestigio en este difícil mundo de la comunicación.

Por eso y ahora que le llega el adiós, quiero dar a conocer su gran humanidad. Es una pena que Ladislao Rodríguez Galán abandone aquello a lo que ha estado apegado tantos años, pero es una alegría para los que le rodeamos de alguna u otra manera. Si una alegría, porque vamos a tener Ladis para rato. Es ahora, cuando comience a disfrutar su merecido descanso, el momento en que su cabeza iniciará todos esos proyectos que por falta de tiempo no ha podido terminar de perfeccionar. Es ahora cuando disfrutará de su familia, de su Rafalito sobre todo. También cuando su proyecto, totalmente consolidado de “La Montera”, se vea culminado a pesar de los momentos tan difíciles que vivimos. Y sobre todo que su pasión por la fotografía, bendita la rama que al tronco sale, hará que siga inmortalizando todo aquello que sea digno de llevar a los demás.

No quería dejar pasar este momento del adiós profesional de un gran hombre, amigo de sus amigos. Insertar en este blog su carta de despedida me parecía una cosa fría para quien tiene tanto que agradecerle. Por eso amigo, te escrito estas letras de reconocimiento. Espero seguir contando con tus sabios consejos cuando nos sentemos en las calientes chapas de una portátil en julio, pero sobre todo quiero seguir siendo tu amigo y colaborador en lo que precises.

Salvador Giménez, agosto 2010

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