7/19/2012

UN OASIS EN EL DESIERTO, CERET.



La temporada taurina discurre su travesía como si lo hiciera a través de un desierto. El tedio, el aburrimiento, la abulia, son tónica general año tras año. Solo cabe esperar el milagro de que ocurra algo que sea distinto. Por muy poco relevante que sea, si surge algo diferente, ya es novedad y sobre todo es motivo de alegría.
Cualquier faena que se salga de la tónica habitual, y si es hecha por cualquier desheredado del escalafón mucho más, supone una bocanada de aire fresco en un ambiente cada vez más viciado y enrarecido.
También algún toro de encaste marginado, o incluso del dominante, que tenga un comportamiento diferente con movilidad, casta y fiereza, también es algo excepcional que nos llena de ilusión, y nos hace ver que la regeneración del toro de lidia aún es posible.
Al final todo es un espejismo. A pesar de las excepciones, que raramente puedan surgir, todo queda en nada. Una falsa esperanza de una vuelta a la normalidad y a tiempos pasados, donde la verdad prevalecía ante la farsa a que está sometida la fiesta hoy.
Por todo esto la localidad francesa de Ceret se muestra todos los años, y durante unos días, en el epicentro del toreo mas ortodoxo. Allí todo es frescura. Todo basado en un sistema muy alejado de los trust empresariales españoles. En Ceret son los propios aficionados quienes compran las reses a lidiar. Siempre buscan encastes en vías de extinción, alejados de las grandes ferias y sobre todo repudiados por los figuras. Graciliano, Saltillo y Albaserrada han sido los protagonistas en esta edición, con gran éxito, sobre todo en la corrida de nuestro paisano José Joaquín Moreno Silva y en la de José Escolar. Los actuantes son toreros en el más amplio sentido de la palabra. Toreros capaces de lidiar cualquier tipo de toro, sin hacer ascos a ganaderías, ni a sangres minoritarias, para hacer trasteos dinámicos que mantienen la atención del espectador durante todo el festejo.
Igualmente se vela para mantener la lidia integral en toda su dimensión, dándole a la suerte de varas la importancia que realmente tiene como principal baremo de la bravura. No se pica para masacrar al toro, se pica para medir su bravura y mostrar el primer tercio en toda su extensión, exigiendo a los profesionales que cumplan con su cometido y no intenten de mutilar a la fiesta con uno de sus ejes fundamentales como es el tercio de varas.
Se premia a los triunfadores, repitiéndolos en sucesivas ediciones y reconociéndole su valía demostrada sobre el albero, como se castiga a los que no cumplen su cometido, decepcionando con ello a todos aquellos que han comprado una entrada y se han sentando en los coquetos tendidos del coso ceretano.

Y todo ello paradójicamente haciendo gala de una seña de identidad de esta población en lo que se ha dado en llamar la Cataluña francesa. Mientras en España la región catalana reniega de la fiesta de los toros, en Ceret la versión, para muchos, más pura de la fiesta se desarrolla entre barretinas, señera de Aragón, con los sones de “Els Segadors” o “La Santa Espina”, todo ello sin complejos y haciendo gala de una fiesta que han hecho propia, mientras que al otro lado de los Pirineos ha sido prohíbida y perseguida. Por esto está previsto que para el próximo mes de septiembre se celebre un festejo en el que se exaltará la corrida de toros en Cataluña, lidiándose reses de Tomás Prieto de la Cal. Todo un ejemplo de aficionados y gentes sin complejos. 

Un enlace interesante http://www.ceret-de-toros.com

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