11/29/2014

ALCURRUCEN, LOS PREDIOS DE LA VIEJA SACILI MARTIALI


En los predios que durante la Pax Romana se ubicase la vieja Sacili Martiali, como así lo atestiguan sus importantes hallazgos arqueológicos, hoy pasta parte de una de ganaderías de reses bravas más acreditadas de nuestro tiempo.  Situada al noroeste de la localidad cordobesa de Pedro Abad, enclavada a la izquierda del viejo Betis o Guadalquivir, se enclava la finca Alcurrucén, propiedad de los hermanos Lozano.
Sobrinos nietos de Manuel Martín Alonso, quien comprara a fines de los años veinte del siglo pasado la aristócrata vacada del Duque de Veragua, los hermanos Lozano, Manuel, Pablo, Eduardo y José Luis, pronto comenzaron a tomar relevancia en el planeta de los toros. Su actividad empresarial resultó innovadora en una época en la que Manuel Benítez reinaba en solitario. Su idea de brindar una oportunidad a todos los “maletas” en Vistalegre, resultó un trampolín para Palomo Linares, al que descubrieron, pulieron, apoderaron y lo convirtieron en figura del toreo.  No quedo ahí su trabajo, a su labor empresarial, hay que unir su faceta como apoderados de toreros y también como criadores de reses de lidia.

A finales de los años sesenta los hermanos Lozano y su joven poderdante, Palomo Linares,  aterrizaron en los antiguos predios de Sacili Martiali. Hasta allí llegó una tropa de vacas variopintas que compraron a Eusebia Galache y que anunciaron en la cartelería como “La Jarilla”. La sangre Galache era codiciada en la época. Su humillación y vibración a la hora de embestir la hacía de las predilectas por los figuras del aquél período. Luego, algunos años después, al implantarse el guarismo y el peso mínimo esta sangre egregia fue diluyéndose poco a poco, hasta quedar finalmente en el ostracismo. Su conformación ósea pequeña y sus cómodas cabezas fueron la excusa perfecta.

Es estonces cuando los hermanos Lozano están interesados en renovar la sangre urcola y vegavillar de sus “galaches”, por otra que este más acorde con los tiempos y gustos impuestos por los toreros, cierto sector de la afición y prensa adepta. Por ello a principio de los años ochenta adquieren un importante lote de vacas de la ganadería de Blanca Belmonte, procedente de una importante compra que hizo Juan Carlos Beca Belmonte a Carlos Nuñez. Los Lozano se quedaron con todas las de sangre de Rincón. Los restos de la liquidación de la ganadería de Blanca Belmonte fue a parar a manos de Paquirri, Alejandro y Lorenzo García, así como a Palomo Linares que las unió a las procedentes de Graciliano Pérez Tabernero que ya poseía con anterioridad. Una nueva aventura ganadera comenzaba en Alcurrucen sobre las ruinas del viejo municipio romano.

Clave en la formación de la ganadería resultó el semental “Cigarrón”. Tentado el 7 de junio de 1983, fue picado por Francisco Atienza y toreado por Palomo Linares y Luis Manuel Lozano resultó bravísimo y sentó las bases en la eclosión de la torada, dejando tres sementales y más de un centenar de vacas madres. “Cigarrón” y luego “Manchoso” hicieron que la ganadería creciese en número y se sucedieran los éxitos. La ganadería de “Alcurrucén” comenzó a ser codiciada y requerida por las figuras del toreo, convirtiéndose igualmente en la reserva más hegemónica del encaste “nuñez”, ante la crisis y bajón de la ganadería matriz cuyo solar estaba en la legendaría finca “Los Derramaderos”, allá por la provincia de Cádiz.

Los hermanos Lozano amplían su ganadería quedando “Alcurrucén” como un predio menor. El grueso de la vacada se establece en otras fincas. “La Cristina”, “La Mudiona”, “Egido Grande” y “El Cortijillo” albergan distintos lotes. Sobre las ruinas de la legendaria Sacili Martiali queda un lote de animales que son herrados con el añejo hierro que fuera propiedad, primero de Calderón y luego de José Flores “Camará”, y se anuncian en los carteles como Lozano Hermanos siendo su sangre y origen la misma que se gestara sobre sus cercados allá por los años ochenta.

El toro que crían los hermanos Lozano guarda semejanzas, en cuanto hechuras y comportamiento, con el prototipo del encaste creado por Carlos Nuñez, aunque también hay lugar a algunas diferencias, sobre todo en su morfología. El “nuñez” de Alcurrucén es de mayor tamaño que el original. Hondo y ancho de pechos así como una variedad de capas importante, hace pensar que en su formación se hayan experimentado con cruces puntuales para adaptar la ganadería a los nuevos tiempos. Mucho se habla de un cruce con sementales de sangre murubeña de lo adquirido por los Lozano a Felix Cameno, e incluso que algunas vacas viejas de Galache jamás fueron eliminadas, lo que da lugar al típico berrendo de Alcurrucén, alejado de Rincón o Villamarta, sangres que se aúnan en la de Nuñez, y cercano a Vega-Villar que predominaba en lo originario de Eusebia Galache. ¿Verdad o leyenda urbana? Los Lozano, como los viejos alquimistas, ni lo niegan, ni lo desmienten. Solo ellos saben los elementos que les han llevado a ser propietarios de una ganadería única y estandarte de un encaste que tuvo su origen en nuestra provincia.

La ganadería de Alcurrucén lleva en su divisa los colores celeste y negro. Su señal de oreja es hendido en ambas, obteniendo su antigüedad en Madrid el 18 de junio de 1989, en un cartel compuesto por Rafi de la Viña, El Fundi y José Luís Bote. A pesar de estar dentro de los límites de nuestra provincia, la torada ha tenido poca presencia en los festejos celebrados en el Coso de Los Califas. Su última aparición, y única por el momento, fue durante la feria de 1997, en concreto el día 30 de mayo, con un cartel conformado por Cesar Rincón, Manuel Díaz “El Cordobés” y Víctor Puerto.

El hierro de la “omega” con el que se hierran las reses anunciadas como de Lozano Hermanos, tomo de nuevo antigüedad en Madrid al cambiar los colores de la divisa que poseyera José Enrique Calderón, el día 19 de marzo de 1999 en una novillada estoqueada por Jesús Aguado, Jesús Millán y El Renco. A título de curiosidad hay que aclarar que José Enrique Calderón se presentó en Madrid con divisa celeste y blanca, colores que mantuvieron posteriormente los propietarios del hierro y que fueron modificados por los hermanos Lozano adoptando en la nueva divisa los colores celeste y roja, de ahí que perdieran los derechos obtenidos por su primer propietario.


Los toros de esta ganadería han sido puntales importantes para el triunfo de grandes espadas. De entre ellos podemos destacar al bravo “Bocineto”, jugado en Sevilla el día 19 de abril de 1995 que propició que Ortega Cano cortara una oreja de mucho peso en el serial sevillano de aquel año. A este toro se le galardonó con el trofeo “Real Maestranza de Caballeria de Sevilla” al mejor toro de la feria abrileña. Otro toro relevante fue “Corchito” jugado el día 27 de mayo de 1997 en Madrid y al que José Tomás cortó dos orejas en una de sus personales faenas.

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