5/17/2015

EL NUEVO LAGARTIJO ILUSIONA, ¿REVULSIVO PARA CORDOBA?


No pasa la fiesta de los toros en Córdoba por su mejor momento. Una serie de circunstancias adversas hacen que la tauromaquia en la ciudad de los Califas, este en horas bajas. Una plaza que ha visto reducida de forma alarmante sus espectáculos, que a su vez busca un tipo propio de toro a lidiar, que también es incapaz de ver completado su aforo y lo que es más doloroso, que no tiene repercusión alguna - lo de la coincidencia con San Isidro suena a excusa barata- en el panorama taurino, no sirviendo para nada lo alcanzado en su redondel.  La afición, por docta y sabia se entiende, escasea. Es el mal común en nuestro tiempo. Pocos conocen en profundidad la liturgia y valores de esta fiesta única y ancestral. La desidia y el aburrimiento se ha instalado en peñas, tertulias y asociaciones de aficionados. Se está a verlas venir, incluso premios con solera quedan desiertos año tras año, por lo que en esta edición muchos han decidido no convocarlos.

La afición, la clásica y ortodoxa, ha sido sustituida por un público entusiasta. Fácil, voluble, que en la mayoría de las ocasiones solo busca la rentabilidad del dinero pagado por una entrada. Luego si las cosas no salen a su gusto y modo, se pierden para siempre. No existe por tanto continuidad alguna. Sólo suelen acudir a aquellos festejos en que los nombres de los espadas anunciados le resultan conocidos, desconociendo por tanto, a otros toreros emergentes que son los llamados a renovar un escalafón viciado. Tampoco les importa el toro que salta al ruedo, en la mayoría de las ocasiones desconocen incluso a que ganadería pertenecen. Es lo que se suele decir: Pan para hoy y hambre para mañana.

También Córdoba se halla en la actualidad huérfana de toreros. Con un Finito maduro que deja destellos de lo que pudo ser y no fue, con un José Luis Moreno al que el sistema, y la mala fortuna, mandaron prematuramente a casa, así como una cantidad de espadas que tomaron la alternativa y poco más se supo, no hay nombres que hayan sido capaces de ilusionar a una ciudad, como cada periodo de tiempo ocurre. Es algo cíclico que siempre se repite. Córdoba da una figura del toreo cada cierto tiempo, luego viene una larga, muy larga tal vez, travesía por el desierto para que aparezca alguien capaz de ilusionar a una ciudad con una idiosincrasia muy particular. Puede que ya toque. Al menos eso es lo que deseamos. Hace falta un nuevo revulsivo capaz que la Córdoba taurina vuelva a despertar, a vivir y a reivindicar lo que fue.

La crisis económica ha supuesto un varapalo para los festejos menores. Su alto gravamen fiscal ha supuesto que las novilladas con picadores, unido a la falta de nombres con proyección, sean espectáculos de poca rentabilidad para empresas y de poco atractivo para el público. Muchas han desaparecido de las ferias. Los espectáculos de recortadores y las novilladas sin picadores, muchas en formato de clase práctica, han sido sus sustitutivos forzados. Sin novilladas picadas el escalafón de matadores es difícil de renovar, lo que trasladado al ambiente local cordobés, ha hecho que no haya habido nada de interés para la afición cordobesa.

Precisamente en esos festejos sin picadores celebrados en Los Califas, un joven apuntaba algo distinto. Se le veían cosas propias, no asumidas en clases, ni tampoco sacadas de vídeos hoy tan al uso. Sus actuaciones sin ser redondas dejaban sabor, aunque un pésimo uso de la espada la privase de mayor rotundidad. El pasado año, mucho más maduro y con las ideas más claras, cuajó una tarde redonda y fue el único torero vestido de oro capaz de cruzar el umbral de la Puerta de los Califas. Un nombre nuevo, de dinastía torera, y con un apodo con historia, Javier Moreno Sanz, Lagartijo.

La falta de festejos le ha impedido desarrollar con más velocidad, pero su paso adelante con los utreros, unido a su madurez personal y también profesional, hace que este nuevo Lagartijo sea capaz de ilusionar de nuevo a Córdoba. Podrá o no podrá llegar a ser figura del toreo, empresa difícil por no decir que imposible, pero este nuevo Lagartijo está mostrando unas condiciones innatas para ser gente en el mundo del toro. En Osuna, la tarde del viernes, hizo su segundo paseíllo con los montados. Segunda actuación y segunda puerta grande. Tendrá que pulir aún muchos fundamentos técnicos del toreo, que los tiene, pero hay algo en él que lo hace distinto, y que no es otra cosa que la personalidad que atesora. Los toreros de hoy están prácticamente cortados por el mismo patrón. Todos se parecen entre sí. Este nuevo Lagartijo es distinto a todos. Sus formas son propias e innatas. Maneja el capote con gusto. Cualidad que igualmente repite con la tela roja. También se muestra valiente y tesonero cuando los animales no le permiten desarrollar lo que lleva dentro. Su cruz, hasta ahora, venía siendo la espada. Con trabajo, tesón y entrenamiento parece problema solventado. Ilusionante por tanto este joven torero que puede, Dios quiera que si, hacer que el nombre de Córdoba vuelva a sonar con fuerza en el planeta de los toros, porque esta tierra tarda tiempo en darlos, pero cuando los da, están llamados marcar una etapa en la historia de la tauromaquia.

El Día de Córdoba
Domingo, 17 de Mayo de 2015




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