11/22/2014

REFLEXIONES A LA LUZ DE LA LUMBRE. Coso de Los Califas ¿hacía donde vamos?


Reconozco que me apasiona el llamado modelo francés. Un modelo donde se busca, ante todo,  la profesionalidad e integridad de los participantes en la fiesta. De ahí que el toro sea el principal pilar en la organización del espectáculo. El toro ante todo. Luego, una vez puesta la base, se busca quien se enfrente a él. Que no puede ser la figura de turno, no pasa nada, nadie se rasga las vestiduras, nadie se lamenta. Se busca un torero capaz, profesional y capaz que si está dispuesto a enfrentarse a un toro integro y encastado,. El toro sobre el que gira la lidia que emociona al espectador acrecentando la afición y haciendo nuevos espectadores. Luego, con este modelo francés, se premia al triunfador, como fue y debe ser, y se sanciona y castiga a todo aquél que defrauda al público, ya sea torero o ganadero. No hay medias tintas. Me engañas: no vuelves. Lógico y justo ¿no creen?

El otro día vi con gozo como Ceret, uno de estos baluartes en Francia, ya tenía reseñadas, o vistas, las ganaderías de su feria de julio. Dolores Aguirre, Juan Luis Fraile y Adolfo Martín. Tres ganaderías, tres encastes. Parladé-Conde de la Corte- Atanasio en los de Aguirre; Santa Coloma-Graciliano los púpilos de Fraile y Saltillo-Santa Coloma –Albaserrada en lo que cría Adolfo. Diversidad en una feria corta. Diversidad y variabilidad que no se ve en ciclos compuestos por más festejos, que sumisos al sistema, solo programan toradas provenientes del fecundo tronco dominante para mayor gozo y disfrute de la torería andante.

Mientras Ceret, donde posiblemente tengamos que ir algún día exiliados a ver toros, cerraba sus ganaderías, mi Córdoba natal y querida, sigue en la búsqueda del mesías que la devuelva al lugar que le corresponde.  Después del experimento “bolivariano” con Ramguertauro que ha dejado, a nuestro juicio, la plaza bajo mínimos, toca volver a partir de cero. La empresa es ardua y complicada. Hoy desgraciadamente Córdoba no pinta nada en el planeta de los toros. Es de primera solo a niveles administrativos. Basta ver como triunfar en Córdoba no vale para nada, su feria a nivel informativo nacional pasa de puntillas, so pretexto de coincidir con San Isidro, cada se organizan menos festejos, y los que se celebran tienen poco fundamento y atractivo de cara al aficionado.  El cordobés, complicado y caprichoso de por sí, ha dado la espalda a la fiesta de los toros. Se ha cansado de la vulgaridad que rodea a esta fiesta moderna. Haced que vuelvan a Los Califas es una meta complicada y difícil, por no decir imposible, si no se le pone un reclamo que satisfaga un interés hoy perdido.

Difícil, muy difícil, se antoja lo requerido. No hay nada más que ver las empresas que se rumorea optan a regentar Los Califas. Empresas jóvenes, nuevas, frescas, pero que no aportan esquemas que den lugar a la ilusión. Sus aspiraciones no son otras que entrar en el sistema que controla la fiesta de los toros y participar del reparto del pastel. Hacen falta empresas independientes, creativas, con ideas nuevas y sobre todo que centren su trabajo en la recuperación del toro integro así como en la diversidad que la cabaña brava ofrece.

Córdoba es hoy una plaza difícil. Por intereses se empeñaron en hacerla imposible. Unos y otros. Córdoba fue una plaza de temporada, donde la feria se ceñía a dos o tres corridas y una novillada. Luego durante el año se organizaban más festejos en otras fechas, San José, Santiago Apóstol, festejos nocturnos para noveles y la añorada feria de septiembre. Córdoba, aunque hoy nadie lo recuerde, fue una plaza de temporada. Plaza que pesaba en el toreo, plaza que hacía honor a su historia y sobre todo una plaza que era respetada. Tristemente llegaron los mercaderes, aquellos que pretendieron hacer en la época de vacas gordas caja con ella. Aparecían por aquí un mes antes de la feria, presentaban los carteles correspondientes, en los que se concentraba en una semana los festejos exigidos por la propiedad, celebraban la feria y bye bye,  hasta el año que viene. Poco importaba. Eran épocas de bonanza, de prosperidad y de vacas gordas. Los propietarios cobraban su canon y las empresas ganaban dinero aunque dijeran lo contrario. Luego vino la decadencia. Los que sube baja ¡y cómo bajo! De una semana completa de toros en plena efervescencia “finitista” en los 90, hemos pasado a dos corridas, con escándalo y suspensión incluida, y gracias. ¿Normal en una plaza con la historia taurina de Córdoba?


La categoría de una plaza no la marca un artículo publicado en el BOE, ni tampoco un decreto de una Comunidad Autónoma, el prestigio se alcanza organizando espectáculos íntegros, serios, donde se respete al toro bravo ante todo y los intereses económicos primen solo lo que deben de primar, que no es más, que un beneficio en la justa medida del espectáculo que se ofrece al consumidor, y que no es otro que el público. Prefiero una plaza de segunda o tercera categoría administrativa donde se celebren festejos durante todo el año, a una plaza de primera donde dos o tres corridas, devaluadas, falsas y decadentes, donde la última liturgia viva de la cultura Mediterránea sea manejada de forma artificiosa por un sistema podrido y corrupto.

11/12/2014

LAGARTIJO EL GRANDE, GANADERO DE RESES DE LIDIA


Cuentan que cuando Cuchares le contó al Duque de Veragua su propósito de hacerse ganadero de reses bravas, el aristócrata le dijo: Curro, las buenas guitarras nunca las han hecho los buenos guitarristas. Aquél consejo del descendiente de Colón, más que un consejo, se convirtió en una sentencia. Pocos, por no decir ninguno, han sido los grandes toreros que hayan destacado como criadores de toros de lidia.

En la época en que vivía su mayor plenitud, el primer Califa del toreo, Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”, decidió iniciarse como ganadero de bravo. Para ello envió a Portugal un testaferro, con el único objeto de adquirir reses de casta procedentes del prestigioso ganadero portugués Rafael José de Cunha.

En Portugal la mayoría de las vacadas existentes, tenían su origen en el lote de reses que regaló Fernando VII, de las adquiridas a la testamentaria de Vicente José Vázquez, a su sobrino el rey Miguel I de Portugal. Tras  las Guerras Liberales en las que quedo como monarca Pedro IV, en detrimento de su hermano Miguel I, la vacada real portuguesa fue repartida entre los partidarios del vencedor. Una de las ganaderías que tuvieron este origen, fue la de Don Rafael José da Cunha, el cual la había aumentado con otras procedentes del sacerdote sevillano Don Pedro Vera y Delgado,  más de Dámaso Xavier Dos Anjos y otras del Conde de Cadaval y Barón de la Junqueira, teniendo la ganadería de Da Cunha un encaste predominantemente “vazqueño”.

Rafael Molina se hace con ciento cincuenta vacas, la mayoría de ellas preñadas, de esta afamada ganadería portuguesa. Ganadería que gozaba de prestigio pues se presento en la plaza de Madrid, el día 24 de Junio de 1852, luciendo la divisa azul con filetes blancos, lo que indica la buena sangre que poseía el ganadero luso en su vacada. Siempre se ha incurrido en el error de afirmar que el ganado adquirido por “Lagartijo”, fue directamente comprado a Rafael José da Cunha, extremo este erróneo, pues el afamado ganadero portugués falleció en 1867, algunos años antes de la venta al Califa, lo que nos ha llevado a comprobar que Rafael Molina se hizo con este ganado, a través de Paulino da Cunha y Silva, quien a su vez había comprado a Gaspar Gómez dos Anjos, quien si se había hecho con la vacada de Rafael José da Cunha en 1868 por compra directa a sus herederos.

Hecha esta aclaración tantas veces ignorada, incluso por los contemporáneos de Rafael Molina, las reses fueron trasladadas desde Portugal a Córdoba, estableciéndose en las fincas “Córdoba La Vieja” y “Aguilarejos”. Una vez asentadas en Córdoba, fueron retentadas con dureza por el propio “Lagartijo” y su rival y compañero, el granadino Salvador Sánchez “Frascuelo”. Tras estas labores camperas de selección, el primer Califa, decide padrear las hembras de su recién adquirida vacada, con un toro del Duque de Veragua, que poseía la ganadería de Vicente José Vázquez, tras adquirirla a la Reina María Cristina de Nápoles, viuda de Fernando VII. El duque se niega de forma rotunda. Miura intercede en su favor pero el aristócrata ganadero sigue obcecado en vender raceador alguno. Es entonces cuando Miura regala a Lagartijo uno de su vacada. El toro de Miura, junto con otro de Laffitte, este si con sangre “vazqueña”, padrean las vacas de adquiridas en Portugal. Los productos resultantes del cruce son unos becerros variados de pelo y capas, que son a la postre el resultado de lo que “Lagartijo” demandaba, solo quedaba ver su juego en la plaza años mas tarde.

Pronto se comprobó que el resultado no era nada favorable. Lagartijo lidia en diversas plazas, en la mayoría de los casos figurando el mismo en el cartel. Los toros resultaban demasiado broncos y duros, acusando un genio que era poco favorable para el lucimiento de los toreros. Lagartijo, a la desesperada, vuelve a requerir al Duque de Veragua que le venda ganado. En esta ocasión el duque accede. Un lote de vacas y un toro llegan a los predios del primer califa. Los resultados desgraciadamente son negativos. Los toros de Lagartijo siguen siendo broncos y acusan sentido. Solo se salvan por su estampa. Variopinta y de gran belleza plástica.

Rafael Molina, se desencanta, comprueba que criar toros no es tan fácil como parece. Aún así se presenta en Madrid el día 15 de Junio de 1884, indicando eso sí, que su ganadería procedía de la de Cunha. La corrida fue estoqueada por “Currito”, “Gordito” y “Cuatro Dedos”. Un hecho que marcó indudablemente la ganadería, fue que un novillo de de nombre “Aguardentero”, hirió mortalmente al subalterno de “Lagartijo”, Manuel Disterlet “Manene”, el día 26 de diciembre 1888 en la plaza de Córdoba, siendo esta tragedia un fuerte mazazo para el Califa.

El pobre y bronco juego de sus toros, la muerte de uno de sus hombres de plata en pitones de otro, hace que la paciencia de “Lagartijo” este a punto de agotarse. El día 5 de junio de 1892 la plaza de Madrid es testigo de una corrida en la que el torero de Córdoba se encierra con seis toros de su propia ganadería. La vacada hace su presentación en Madrid con cintas encarnada y verde. La afición está expectante. Llega el día, los toros no salen bravos y codiciosos como quería el maestro. Su juego es desfavorable. Bronco, con peligro sordo y lo que es peor, mansos de solemnidad. Tanto es así que los jugados en tercer y cuarto lugar son castigados con banderillas de fuego. La afición se mofa de Rafael Molina ganadero. La fuerte personalidad de Lagartijo estalla. El pañuelo rojo vuelve a asomar en el sexto. Lagartijo visiblemente enfadado culmina uno de los mejores tercios de banderillas vistos en la vieja plaza de la carretera de Aragón. Las lanzas se tornaron cañas y los espectadores aplauden sin cesar la maestría del primer califa de Córdoba. Al día siguiente unas de las crónicas de la tarde llevo el siguiente título: “LA VENGANZA SUBLIME DE UN TORERO”.


La paciencia de “Lagartijo” se agota. La ganadería es enviada directamente al matadero. El único beneficio fue el de las ventas llevadas previamente a cabo a Jacinto Trespalacios y al Marqués de Cullar Baza. Una vez más Veragua llevaba razón: Las guitarras nunca las fabrican los buenos guitarristas.

11/02/2014

TEMPUS FUGIT


El tiempo pasa inexorablemente. Sin darnos cuenta, rápido y de forma veloz. Veo la fecha de la última entrada en esta bitácora taurina, y me doy cuenta que está sumida en el abandono. También reconozco que últimamente me da pereza escribir de toros. Circunstancias personales y profesionales pueden ser achacables, pero la realidad es que el mundo del toro está que da asco. Por esto último he dejado de ser prolífico en literatura taurina. Unos artículos sobre ganaderías para una revista que edita anualmente una cadena de radio y una entrevista a un ganadero cordobés en alza para otra y poco más. También he actualizado las charlas o conferencias que tenía preparadas desde hace tiempo. Todas tituladas de forma pomposa para que luzcan en los carteles. "Córdoba, tierra de toros"; "La casta vazqueña. Presente, pasado y ¿futuro?" y "Miura y su leyenda trágica". A estas tres se unen "La evolución del toro en la historia del toreo" y "Braganza, un encaste propio forjado en Portugal". Ahí se resume mi actividad como escritor taurino de las últimas fechas.

Lo demás comienza a darme igual. Esto no tiene solución. Ver el escalafón al final de esta temporada da una sensación tragicómica. Dos toreros como Juan José Padilla y El Fandi lo lideran. Sin palabras ni comentarios. Si no rigiera sus destinos quien todos sabemos estarían en su casa o toreando en gaches perdidos entre polvaredas y barbechos. Otros como Urdiales, Juan Mora o la revelación de Pepe Moral son ignorados, para mayor dolor de la tauromaquia, y sus contratos se cuentan con los dedos de la mano. La fiesta está así. No torean más los mejores, ni los que interesan a la afición, ni los que hacen vibrar al público. Torean más los que sus mentores tienen más fuerza en los despachos y medran por aquí y por allá. Sin escrúpulos, arañando lo que pueden a una fiesta que tristemente esta en una situación lamentable. Aquí mandan las exclusivas, el mangoneo de los intercambios, el tuneleo, la puñalada trapera y lo que es peor la indiferencia y la falta de unidad ante el enemigo exterior que está cada vez más cerca y al acecho.

También estos días han sido triste. Se nos ha ido un torero modelo. Nos dejó José María Manzanares. El último torero con mayúsculas. Un torero que reunía casi todo para haber marcado una época, pero que la desidia y la abulia lo impidieron. Un torero cumbre. Un maestro de maestros. Un espejo para toda una generación. Un torero de cabeza privilegiada, con una técnica envidiable y una estética personal e intransferible. Lástima que faltara un poquito de más ambición para haber sido más de lo que fue. Recuerdo muchas de sus actuaciones en Los Califas. Daba gusto verlo. Haciendo el paseo era como un patricio romano. Luego delante del toro todo era naturalidad, suavidad, conocimiento, buen gusto. Cuando quise ser torero trataba de beber de las fuentes del otro maestro de Alicante. Idolatraba a Esplá. Me gustaba su barroquismo, su toreo añejo y el dinamismo que dotaba a la lidia. Recuerdo que caminaba con un ejemplar de la revista "Aplausos" y me encontré con el desparecido novillero cordobés "Palitos" y un matador de alternativa. Comenzamos a charlar de toros y del barroquismo de Esplá en sazón de un gran momento profesional. El matador que nos acompañaba dijo: "Déjame la revista". La abrió y volvió a decir: "Mirad la fotografía que queráis y tapad al toro. Si el torero está forzado no está toreando bien, es un toreo sin personalidad y con poco profundidad." Miramos muchas fotografías, muchas, todas las de la revista. Tapábamos al toro y en las únicas en que aparecía una figura natural, estética y personal, eran las de José María Manzanares. Desde entonces me convertí al "manzanarismo". En una de sus últimas actuaciones, creo que la última, en Los Califas, mostró que pasaría a la historia a pesar de todos sus pecados. Justo y cabal. Finito salió por la Puerta de los Califas; Joselito por la de la enfermería. El maestro salió a pie entre una ovación unánime que recogió toreramente antes de salir por la puerta de cuadrillas.  Como todos los grandes único. Quién sabe si sus defectos en el eran virtudes. Que grande, que gran torero se nos ha ido. ¡Adiós maestro!

Parece que fue ayer. El tiempo pasa, rápido y fugaz. La fiesta sigue. Con su grandeza, hoy enmascarada y politizada, con su liturgia y su historia. Ahí está, espera su renovación para su resurgimiento. Esperemos que sea pronto porque el tiempo pasa de forma inexorable.

10/15/2014

EL CÍRCULO TAURINO DE CÓRDOBA PROPONE LA CANDIDATURA DE MANUEL BENÍTEZ “EL CORDOBÉS” AL PREMIO NACIONAL DE TAUROMAQUIA



El Circulo Taurino de Córdoba mediante la nota de prensa que reproducimos a continuación propone al V Califa, Manuel Benítez "El Cordobés" para el Premio Nacional de Tauromaquia.

El pasado 27 de septiembre el Boletín Oficial del Estado publicaba la Orden por la que se convoca la concesión del Premio Nacional de Tauromaquia, y el Círculo Taurino de Córdoba, en su condición de entidad cultural taurina avalada por más de cincuenta años de antigüedad, ha presentado ante el Ministerio de Cultura la candidatura de Manuel Benítez “El Cordobés”.

El Presidente del Círculo Taurino de Córdoba, D. Francisco Gordón Suárez, ha manifestado que “resulta de justicia la concesión de tan distinguido galardón, pues no en vano El Cordobés ha sido, sin ninguna duda, uno de los toreros más importantes en la historia del toreo”.

Se acompaña a la solicitud formulada una Memoria que acredita los méritos que hacen a Manuel Benítez acreedor del premio, aunque en palabras de Francisco Gordón “ la grandeza de El Cordobés trasciende cualquier relación de méritos que pueda contenerse en una Memoria, como lo prueba el hecho haber alcanzado el que, a buen seguro, resulta el mayor reconocimiento posible: ser Califa del toreo” .

Finalmente, el Círculo Taurino de Córdoba destaca “el constante compromiso de “El Cordobés” con la Fiesta, expresado ya desde su época en activo, como patrono y cofundador de la Escuela Taurina del Círculo Taurino de Córdoba, que durante años se honró llevando su nombre ; y que aún hoy continúa con la participación en festivales benéficos como el celebrado en Córdoba este año”.


10/10/2014

PROPUESTA PLATAFORMA BELMEZ 2014 CIERRE TEMPORADA TAURINA EN BELMEZ


Recibimos de la Plataforma BELMEZ 2014 la siguiente comunicación que transcribimos a continuación:

Belmez, 10 de octubre 2014

La Plataforma BELMEZ 2014, y la Peña Taurina Tomás Moreno lanzan a día de hoy su propuesta al Ayuntamiento y Comisión constituida, para que Belmez no se quede sin conmemorar el Centenario de su Plaza de Toros (1914-2014).

A punto de finalizar la temporada taurina, nos vemos en la obligación como miembros de la Plataforma BELMEZ 2014, de lanzar propuesta a través de los medios de comunicación hacia el Ayuntamiento y su Comisión taurina, creada con motivo del Centenario de la plaza de toros de Belmez, con el propósito de que puedan reconsiderar la forma y maneras para que uno de los cosos emblemáticos de la provincia cordobesa no se quede sin conmemorar una fecha tan destacada en la historia como es la celebración de su centenario (1914 – 2014).
De sobra conocemos – como el resto de belmezanos – la complicada situación por la que atraviesa el Consistorio Municipal, sin entrar en valoraciones ni motivos que lo han llevado hasta tal extremo. Esa no es nuestra misión.  Nuestra principal responsabilidad como aficionados, es continuar trabajando por la fiesta y poner en alza el prestigio y la historia con la que siempre conto la plaza belmezana a lo largo de todo un siglo.
La Plataforma BELMEZ 2014, se constituyó con el objetivo de servir como herramienta de trabajo a disposición de las autoridades locales en este transcendental año para nuestra historia taurina. Lamentablemente, a juicio de todos sus integrantes de muy poco ha servido, debido a la escasa participación que nos han dado – por no decir nula – en cuanto a la posible elaboración del cartel de feria, que como bien es sabido por todos los aficionados se quedó en el aire, y así la conmemoración oficial del Centenario.
Como si del último cartucho se tratara - una vez que nos quedamos sin toros en la feria de septiembre – lanzamos nuestra verdadera y única propuesta a tan triste acontecer con el firme convencimiento de que “querer es poder”, y entre todos juntos estamos convencidos de poder lograr este objetivo.
 La festividad de Santa Bárbara – patrona de una actual y entristecida cuenca minera - siempre fue fecha señalada en el calendario para la celebración de festivales taurinos durante la etapa más laureada del coso, donde destacó en gran parte la figura de Manuel Benítez.
 La propuesta es clara y concisa en cuanto a fecha y tipo de festejo. Actualmente en Belmez la Asociación Cáritas Parroquial, viene desarrollando una labor muy importante de la que todos debemos estar agradecidos. Qué mejor forma de agradecimiento que confeccionar un atractivo cartel a beneficio de Cáritas; que sirva como broche final de temporada en la provincia cordobesa, conmemorar el centenario y poder rendir homenaje de forma institucional al matador de toros  Tomás Moreno “El Tempranillo”, como le tiene prometido el Excmo. Ayuntamiento.
La solidaridad intachable que siempre ha transmitido el mundo del toro, debe hacerse notar este año más que nunca en Belmez: Empresarios, ganaderos, toreros, Comisión y Asociaciones, deberían aportar su esfuerzo y llevar a buen puerto este ilusionante proyecto entre todos, demostrando ser capaces de estar a la altura en estos tiempos tan revueltos que nos está tocando vivir, y donde por desgracia la fiesta taurina sigue siendo la mal parada…
En cuanto a la Plataforma se refiere - como no concebimos de ninguna de las maneras que la Plaza de Belmez se quede sin conmemorar su centenario - estamos dispuestos y preparados para comenzar a trabajar en el que debiera ser un acontecimiento ilusionante ante todas las partes citadas. De nuevo tendemos la mano - como siempre hicimos – al Consistorio belmezano y a su Comisión.
 Por el bien de la historia taurina de Belmez, y su arraigada afición al mundo taurino, hagamos entre todos un nuevo esfuerzo y pongámonos a funcionar ya¡¡.

PLATAFORMA BELMEZ 2014… PEÑA TAURINA TOMÁS MORENO

                                             BELMEZ (Córdoba)

9/28/2014

JUAN ORTEGA A HOMBROS JUNTO A PONCE LA TARDE DE SU ALTERNATIVA



GANADERIA: Seis toros de Zalduendo, el 5º lidiado como sobrero en sustitución de un invalido titular, desiguales de presentación y  juego. Los mejores el 2º, 3º y 5º bis.

TOREROS: ENRIQUE PONCE (grana y oro). Estocada baja (oreja con petición) y estocada (oreja). JOSE MARIA MANZANARES (azul turquesa y oro). Estocada caída (oreja con petición) y media estocada tendida con cinco descabellos (ovación con saludos). JUAN ORTEGA (caldera y oro) que tomaba la alternativa, cuatro pinchazos y dos descabellos (ovación con saludos) y estocada caída fulminante (dos orejas).

INCIDENCIAS: Plaza de toros de Pozoblanco. Primer festejo del abono de la Feria en honor de Nuestra Señora de las Mercedes. Media entrada en tarde desapacible donde llovió a partir de la lidia del segundo toro. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Francisco Rivera Paquirri, herido mortalmente en esta plaza hace 30 años. Juan Ortega se doctoró como matador de toros con el toro de nombre “Amante”, número 122, negro de pelo.

Siempre se ha dicho que para disfrutar de una buena tarde de toros, son ingredientes importantes, que no fundamentales, el sol y las moscas. En la tarde de ayer ni uno, ni otras. Los dos brillaron por su ausencia. En su lugar estuvieron presentes en el Coso de los Llanos, otros que en principio no estaban invitados. El viento, la lluvia y un cielo color cárdeno que poco acompañaron para dar a la tarde una luminosidad netamente taurina. Entre los tres se encargaron de ensombrecer el ambiente de forma ostentosa. Y para colmo de males, el otro ingrediente, este si fundamental como es el toro, volvió a fallar de forma estrepitosa, haciendo imposible, salvo en contados pasajes del festejo, el lucimiento de los espadas alternantes en un cartel que contaba como principal atractivo, la alternativa del fino novillero sevillano, aunque con raíces cordobesas, Juan Ortega, la siempre fácil maestría de Enrique Ponce y la estética de José María Manzanares.


Juan Ortega llegaba a la alternativa precedido de buen ambiente. Hoy por hoy es muy difícil torear en el escalafón inferior, pues es complicada la organización, debido a la enorme carga fiscal, de novilladas con picadores. No obstante Ortega siempre ha dado la cara en cuántas plazas ha actuado. Su buen corte ha hecho que sea reconocido como un torero interesante y de futuro. Ayer las cosas comenzaron torcidas, pues fue imposible alcanzar lucimiento con el toro de la ceremonia. El animal duró un suspiro, una breve tanda al natural y poco más. Ortega lo intentó pero el animal, descastado a más no poder, no colaboró con el nuevo doctor en tauromaquia. Para colmo los aceros no estuvieron acertados y todo quedo en una cariñosa ovación. En su segundo no cambió mucho el color. En esta ocasión el nuevo matador no quiso que la tarde pasara en blanco. Cambió el toreo clásico y ortodoxo que gusta, por otro de cercanías y parón muy cerca de los pitones. Esta vez hizo la suerte con limpieza, lástima que el estoque callera bajo, y cobro una estocada que hizo rodar sin puntilla al de Zalduendo. Los primeros trofeos llegaron a su esportón como matador de toros.


Enrique Ponce vino a Pozoblanco a vestir y dar categoría al cartel. Históricamente una figura del toreo ha dado lustre a este tipo de carteles. Ponce lleva muchos años impartiendo su magisterio, aguantando el pulso de forma impertérrita a los que van llegando al escalafón. Son muchos años con el peso de la purpura. Hasta el día previo al festejo fue duda su presencia por culpa de una lesión muscular. Las dudas comenzaron a aflorar en los mentideros taurinos.  Finalmente el de Chiva si estuvo presente en Los Llanos para ser el padrino de alternativa de Juan Ortega. En su primero, al que recibió con tres airosas verónicas y media de remate, le cuajó un trasteo con su habitual facilidad. Faena pulcra, limpia, técnica y haciendo que todo pareciera ser más importante de lo que realmente fue, pues faltó ajuste, temple y sobre todo remate. No obstante Ponce dio la dimensión está dando en esta temporada. El estoque viajó algo bajo, lo que no fue objeción a que los tendidos solicitaran una oreja, que el presidente tuvo bien en conceder.  En su segundo, la lección ya estaba dada, no hubo acuerdo entre toro y torero. El valenciano, que brindó a su peña de Navas de San Juan, no acertó en dar a su oponente la lidia requerida. El trasteo resultó irregular y con muchos dientes de sierra. El animal comenzó a acusar cortedad en sus embestidas y el matador tampoco conseguía tocar los resortes para que su labor levantara de forma definitiva el vuelo. La espada funcionó con rapidez y un público muy cariñoso, benevolente y entregado le premió con otro trofeo.


José María Manzanares es un torero con una carga estética dominante. Su toreo entra fácilmente por los ojos. Su empaque y sus formas son básicas, tanto que en ocasiones, demasiadas, enmascaran las ventajas y la falta de ajuste de su tauromaquia. Una tauromaquia plásticamente perfecta, pero muy alejada de la profundidad que demandan las normas del toreo ortodoxo. ¿Estuvo Manzanares mal? No, simplemente superficial y haciendo un toreo donde dominó lo estético ante lo profundo. Sus dos trasteos fueron muy similares. Del mismo corte y guión. Es cierto que cuando se lo propone y decide embraguetarse con los toros, rompe con rotundidad haciendo de verdad crujir el tendido. Una muestra ayer en una postrera tanda de tres muletazos con la derecha y un pase por alto en el segundo de su lote, donde se apreció que el torero de Alicante a poco que se lo proponga puede hacer más que un simple toreo bello. No debe dejarse dominar por el conformismo o una abulia innecesaria que está claro que perjudican claramente su toreo, debe de hacer mayor esfuerzo para equilibrar su facilidad estética con la verdadera profundidad de la tauromaquia.

Esto fue el resumen de una tarde en la que fallaron muchas cosas. Fundamentalmente los toros, aunque también se echara en falta el sol y las moscas como dicen los castizos. Está claro que la tarde de ayer tuvo más sombras que luces, pero también cosas interesantes que de haber brillado el astro rey, quien sabe si la tarde hubiera roto de otra manera.  Tarde también que pasará a los anales de la historia del toreo por ser en la que recibió la alternativa Juan Ortega, torero con vinculación a Córdoba, a pesar de ser sevillano de nacimiento y oriundo de tierras jiennenses, y al que la afición desea que cumpla todos sus sueños y objetivos. Mimbres tiene para hacer un bonito cesto, lo que le hace falta es suerte y constancia en sus propósitos.

El Día de Córdoba
28/09/2014


9/26/2014

PAQUIRRI, EN EL OLIMPO DE LOS ELEGIDOS


El recuerdo de la fatídica tarde de Pozoblanco eclipsa a un torero triunfante y poderoso

La muerte forma parte de la liturgia de la tauromaquia. El ancestral ritual del toreo es una lucha a muerte. La rudeza del bruto se mide a la razón del ser humano. La justa tiene siempre el mismo desenlace final. El hombre, o la razón, suele salir triunfante del combate, aunque en ocasiones la bestia, o su fuerza bruta, se imponga a su oponente. La muerte del hombre ante el toro es el pórtico a la entrada de éste en la mitología. El torero se convierte en un ser inmortal a pesar de haber sido vencido. Es la parte heroica de la tauromaquia. Lo malo de todo es que en la mayoría de las ocasiones ese sacrificio dramático y heroico enmascara la grandeza del toreo. El morbo, el sensacionalismo, lo lúgubre y lo tétrico va formando una costra o caparazón que hace que veamos al héroe siempre vencido y derrotado. En ocasiones la grandeza del hombre es difuminada de forma brutal.


Hace ahora treinta años tuvimos la ocasión de ver, por vez primera, la muerte de un torero muy de cerca. La televisión, gracias a la profesionalidad de Antonio Salmoral, mostró la cara más dura del toreo. En una vetusta camilla de una enfermería de la época, un hombre yacía roto por los pitones de un toro. La ciencia poco pudo hacer ante aquel muslo destrozado. La vida huía en forma de manantial de sangre. La hora de Paquirri estaba escrita. De nada sirvió después la absurda polémica que ahondó aún más el drama. Aquel hombre, poderoso en el ruedo y fuera de él, se apagó para siempre camino de Córdoba. Desgraciadamente su muerte dramática y desnuda ha oscurecido quien fue realmente Francisco Rivera Paquirri en el mundo del los toros. 

Paquirri surge en la década prodigiosa de los sesenta. En plena hegemonía cordobesista, muchos son los muchachos que ven en el toro, y en el melenudo torero de Córdoba, un trampolín para salir de la pobreza y del anonimato. Desde Barbate, hijos de un modesto novillero, Paquirri y su hermano Riverita tratan de salir del ostracismo. Riverita se queda en el camino. Paquirri con una fuerza de voluntad y una afición desmedida comienza a despuntar. Es un torero de poder, practicante de una lidia completa y dinámica. Comienza la forja de un torero llamado a marcar una época. 

Con El Cordobés retirado surge una corriente que demanda una vuelta a la ortodoxia. Paco Camino y Santiago Martín El Viti son quienes se convierten en los abanderados de la prensa y afición más purista. El postcordobesismo solo tiene ojos para ellos. Los nuevos toreros son obviados. Paquirri no iba a ser menos. Su afición es desmedida, su objetivo de convertirse en figura es fijo. La lucha tiene al fin su premio. 

El país aún se encuentra en la transición política y el toreo, fiel reflejo de la sociedad, también está en periodo renovador. Paquirri ha sido contratado dos tardes en Madrid. La primera, ante toros de Manolo González, pasa de forma discreta. En la segunda entra en la historia del toreo. Se juegan toros de Torrestrella. Animales criados por aquel alquimista llamado Álvaro Domecq y Díez, que buscó por siempre la bravura. Corrida seria, con pitones, trapío y vendiendo cara su muerte. Paquirri se encuentra con Buenasuerte, negro salpicado de capa. Poder contra poder, bravura contra bravura. La lucha es de igual a igual. La balanza se pudo inclinar a favor de cualquiera de los contendientes. El combate a muerte no tuvo tregua. Paquirri puso la rúbrica con un certero volapié. Los pañuelos blanquearon los tendidos de Las Ventas. Los trofeos fueron para el torero y una póstuma vuelta al ruedo reconoció la bravura de Buenasuerte. Paquirri entró en el Olimpo de los elegidos. Buenasuerte en la leyenda de los toros bravos. La historia comenzó a escribirse. Paquirri, aquel torero de Barbate poderoso, dominador, atlético, valiente, profesional y contundente estoqueador comenzó a ser reconocido como un torero importante, como una autentica figura del escalafón. Luego vino el Paquirri popular, el del papel couché, el de las revistas del colorín y el de la tarde fatídica de Pozoblanco. Es triste que sólo quede el recuerdo de aquel hombre roto y moribundo y no aquel Dionisos vestido de celeste y oro triunfante en Las Ventas ante un toro bravo de verdad.