8/14/2016

LA PROVINCIA: VALVULA DE ESCAPE


Septiembre se presenta ilusionante para todo aquel que guste de la fiesta de toros Carteles atractivos y rematados, con la inclusión de toreros que han sido la revelación de la temporada
Con el toreo desterrado de la arena de Los Califas, convertida ésta en escenario de ocio cinematográfico a la luz de la luna, la sufrida, vilipendiada, despreciada y maltratada afición cordobesa mira a la provincia, o incluso más allá de sus límites, para satisfacer sus deseos de disfrutar de un espectáculo que, le pese a quien le pese, es el segundo que más masas mueve en este país llamado todavía España. 

Nada se sabe de la empresa taurina que regenta el coso sito en la vieja Huerta de la Marquesa. Bueno, sí, por los medios se conoce que andan por otras plazas organizando ferias y festejos con combinaciones atractivas tratando de atraer a un público al que miman al objeto de que finalmente pase por la taquilla. Más quisiera la afición califal que en Córdoba hubieran hecho al menos la mitad del esfuerzo que hacen por otras plazas. Aquí el escudo es que Córdoba es deficitaria y que la gente local no acude ni pasa por las ventanillas donde se expiden los boletos que dan derecho a acceder a la plaza. 
Quedan en el recuerdo las novilladas nocturnas del pasado que al menos ocuparon el ocio de las generaciones que nos precedieron y que sirvieron para dar una ansiada oportunidad a todos los que quisieron probar fortuna en el arte de Cúchares. 
Con la empresa desaparecida, pensando en otras plazas y en la forma de salir de Córdoba de la manera más elegante posible -así como con la Fundación Manolete extinta- el que los Califas tome vida durante el estío es una misión complicada, por no decir imposible. Sin lugar a dudas tenemos lo que nos merecemos. Metamos la mano en el pecho y hagamos acto de contrición, aunque luego seamos incapaces de hacer propósito de enmienda, pues si hubiésemos velado por lo nuestro difícilmente lo hubiésemos perdido. Lo peor es que con nuestra actitud conformista y de desidia podemos aún perder lo poco que nos queda, aún creo que no hemos acabado de tocar fondo pues el siguiente paso, ante la pérdida de festejos en la feria, podría ser que ninguna empresa apueste por Los Califas en un futuro, lo que conllevaría la desaparición de los toros en la ciudad. 
Nos tendremos que conformar con la provincia. Septiembre se presenta ilusionante para todo aquel que guste de la fiesta de toros. Carteles atractivos y rematados, con la inclusión de toreros revelación de la temporada, se anuncian en nuestros pueblos. Y los que sí realmente amamos el toreo tendremos que acudir a sus cosos taurinos, sí o sí. Campo Bravo, que comanda Antonio Sanz, ha montado en la Subbética cordobesa tres carteles de interés para la fiesta. Sanz tendrá los defectos que quieran verle, como persona y como empresario los tiene pues nadie es perfecto, pero lo que no se le puede negar es una capacidad de trabajo y lucha por la tauromaquia encomiable y que de seguro le hará alcanzar cotas más altas a nivel empresarial. 
Primero será Priego de Córdoba, donde están anunciados dos de los toreros revelación de la presente campaña, caso de López Simón y de Paco Ureña. El primero actuará el próximo día 4 de septiembre acompañado de Rivera Ordóñez (me resistiré a llamarlo Paquirri) y Manuel Díaz El Cordobés estoqueanto toros de sangre Núñez con el hierro de Tapatana. Un día antes será Paco Ureña, quien con reses de Adolfo Martín y acompañado del triunfador del pasado año, Javier Castaño, y de Daniel Luque, partirán plaza en el centenario Coso de las Canteras.
Si las combinaciones de Priego de Córdoba tienen atractivo, no le queda a la zaga otra plaza centenaria como la de Cabra. En ella, y con motivo de la fiesta en honor de la Virgen de la Sierra, están anunciados Finito de Córdoba, Alejandro Talavante y otra de las sensaciones de la temporada, el peruano Roca Rey, quienes se enfrentarán a una corrida con el hierro de Benjumea, que hoy se anuncia como Núñez de Tarifa. 
Si la comarca de la Subbética será referente los primeros días de septiembre, el Valle de los Pedroches cerrará el mes con la tradicional Feria de Pozoblanco. Organizada por la empresa Caído y Soledad, con Antonio Tejero al frente, el coso de Los Llanos será escenario de una Feria con interés para los aficionados. En ella están anunciados Enrique Ponce, quien muestra su categoría tarde tras tarde, un David Mora triunfador de Madrid y al que el sistema maltrata sin razón aparente, y un López Simón que completa una combinación redonda. Un día más tarde Ventura, Lea Vicens y Andrés Romero se anuncian en el tradicional festejo de rejones.
Dos empresas cordobesas que luchan por la fiesta y tratan, con mucho trabajo, su puesta en valor. ¿Serán las llamadas algún día para revitalizar Los Califas?

El tiempo lo dirá.

8/07/2016

EL TOREO COMICO EN LA MEMORIA

Pablo Celis, el Bombero, en el centro, flanqueado por Manolín y Arevalo, 

Para que el toreo cómico no sea sólo un recuerdo, entre todos tenemos que sacarlo del ostracismo donde lo políticamente correcto y el sistema que maneja la fiesta lo tienen desterrado
EL ser humano no puede vivir sin recuerdos. El pasado se hace presente en la memoria. Unos recuerdos que en muchas ocasiones, casi siempre, vienen aparejado con la nostalgia. Esa que se fue para no regresar jamás, aquella que añoramos en exceso. Muchas veces los recuerdos más evocados se retrotraen a nuestra infancia. Recordamos nítidamente aromas, sabores, colores, sensaciones que nos marcaron los primeros años de nuestras vidas. ¿Quién no recuerda en estas fechas, aquellas vacaciones aderezadas con enormes tazones de Cola-Cao con grumos imposibles de disolver en leche fría? ¿O tal vez aquellos polos de hielo que perdían sus vivos colores mientras eran saboreados con ansia infantil?. ¿O el aroma a jazmín o dama de noche en aquellas veladas a la luz de la luna, una vez que el calor remitía en esta Córdoba callada y sola? Son retazos de nuestras vidas que permanecen en nuestra memoria y que reviven cuando menos los esperamos.

Los aficionados a los toros también tenemos recuerdos. Muchos. Algunos de aquellos años en los que nos comenzábamos a forjar como personas. Sensaciones éstas que también están relacionadas con el noble arte del toreo. Los niños de hace casi medio siglo crecimos conviviendo con la liturgia de la tauromaquia, sin complejos, sin trabas y sobre todo de la mano de nuestros mayores. Vivíamos los toros como algo normal. En algunos prendió la llama de la afición que nos fue inculcada, tan fuerte que hoy aún seguimos añorando los recuerdos de aquella época. 

El toreo era, lo sigue siendo digan lo que digan, un espectáculo de masas. No existía la diversidad de ocio actual, por lo que cualquier entretenimiento donde el toro era protagonista era un reclamo para los españoles de aquella España en desarrollo. Pasada la feria, el coso califal, entonces conocido como de La Marquesa, o Ciudad Jardín, era marco para las clásicas nocturnas. Novilladas sin picadores donde avezados jóvenes probaban fortuna en el arte de Cúchares buscando fama, dinero y gloria. Eran noches divertidas motivadas por los revolcones sufridos por aquellos aspirantes a torero, que carecían, la mayoría de las veces, de los fundamentos básicos para enfrentarse a una res de casta. Hoy la técnica adquirida en las escuelas taurinas ha hecho que los aspirantes anden con los novillos sin alma y sobrados de oficio. Atrás quedaron aquellas noches de verano, entre chufas y altramuces fríos en las que el sorteo del Vespino ponía punto y final a muchas veladas de los meses estivales.

Si aquellas novilladas son recordadas con nostalgia, hay algo que se añora aún con más fuerza. Las novilladas para noveles, con menos predicamento, aún continúan, pero hay algo que está próximo a desaparecer si el planeta de los toros no pone remedio, aunque parece que ya es tarde. Otro tipo de espectáculos, como eran los cómicos taurinos, formaban parte de nuestras distracciones infantiles, por lo que todos los años los esperábamos con enorme expectación. Espectáculos taurinos que tenían origen en las mojigangas decimonónicas y que luego, ya en el siglo XX, Llapisera y su botones fueron depurando hasta hacer de ellas un espectáculo que tuvo gran predicamento, y del que, en su denominada parte seria, se forjaron gran cantidad de muchachos que con trabajo y constancia alcanzaron la gloria en el mundo del toro. Este tipo de festejos se convirtió con el tiempo en un clásico de nuestras plazas.

Tras Llapisera y tras la guerra, llegó una figura pintoresca. Era un bombero grandullón y con un poblado bigote, que hizo las delicias de pequeños y mayores. Pablo Celis se inventó, inspirado en los bomberos de guardia de los teatros, aquel personaje, que además supo rodearse de fenomenales profesionales como el genial Arévalo, o Manolín, y qué decir de los famosos enanitos toreros. El espectáculo cómico era una garantía para las empresas. El éxito de taquilla estaba asegurado y hay quien afirma que el Bombero Torero salvó más de una feria que hubiera sido deficitaria sin su presencia.

No solo fue el espectáculo de Pablo Celis. También otros como el Empastre, o los que comandaban el Toronto, o el Chino Torero, también tuvieron fama y aseguraban el éxito en las plazas donde actuaban. Hoy prácticamente han desaparecido. Las empresas declinan de su contratación y apuestan por otros festejos más baratos, pero con menos romanticismo, como pueden ser descafeinados festejos de recortes y ese engendro que llaman el Gran Prix.

Los toreros cómicos y los pequeños solo permanecen en nuestro recuerdo. Pablo Berger en su película Blancanieves los homenajea de forma justa y a la vez magistral. El cineasta ha sabido buscar en los rostros de los toreros bufos, una mirada nostálgica y llena de tristeza, lo mismo que Diego de Velázquez hizo con don Sebastián de Morra. Esperemos que dentro de poco el toreo cómico no sea sólo un recuerdo y que entre todos lo saquemos del ostracismo donde lo políticamente correcto y, una vez más, el sistema que maneja la fiesta lo tienen desterrado.

8/01/2016

PRESENTADOS LOS CARTELES DE PRIEGO DE CORDOBA Y CABRA


Con Los Califas sumido en un profundo sueño, sin visos de que despierte al menos durante la temporada en curso, la provincia comienza a dar señales de que el toreo importa, y mucho, en nuestras fiestas.

Septiembre es un mes muy taurino por excelencia. Si hace unos días nos hacíamos eco de la presentación de los carteles de Pozoblanco, estos días se están conociendo las combinaciones de las dos plazas centenarias de nuestra Subbética.

La empresa Campobravo, que dirige Antonio Sanz, presentó el pasado fin de semana los carteles de la Feria Real de Priego de Córdoba. Estos están conformados por dos combinaciones de distinta concepción. El ciclo ferial comenzará el día 3 de septiembre, donde estan anunciados, tras el éxito del año pasado, los 'Albaserradas' de Adolfo Martín, que serán lidiados y muertos a estoque por el triunfador del año pasado Javier Castaño, que estará acompañado por Paco Ureña, una de las novedades de la temporada, y el sevillano Daniel Luque que se anuncia por vez primera con reses de este encaste.

Para el día siguiente está programado un cartel donde con toros de "Tapatana", propiedad de Carlos Núñez, se anuncian Manuel Díaz "El Cordobés", muy querido en Priego, Francisco Rivera Ordoñez y el madrileño Alberto López Simón, que es otra novedad de la temporada, así como en nuestra provincia.

Dias después, para la Feria de la Virgen de la Sierra, Sanz ha cerrado en Cabra un cartel que suma muchos atractivos. Con toros de Núñez de Tarifa, propiedad de la familia Núñez del Cuvillo, actuará abriendo plaza Finito de Córdoba, en el XXV aniversario de su alternativa, Alejandro Talavante, que atraviesa un excelente momento, y cerrará la terna el peruano Roca Rey, que se está convirtiendo en una realidad durante la presente campaña.

Buen trabajo de despacho el realizado por Antonio Sanz, contratando a tres toreros novedosos para la afición cordobesa como son Ureña, López Simón y Roca Rey, así como volver a apostar por un hierro del gusto de los aficionados más amantes del toro.

Foto: Subbética Taurina (Rafael Cobo)



7/31/2016

EL ESCALAFON NOVILLERIL, ¿PELIGRO DE EXTINCIÓN?


El torero, aunque nace, precisa de unos conocimientos y valores básicos para llevar a cabo su profesión y que adquiere a través del trabajo realizado en las escuelas taurinas.
El toreo, como cualquier otra actividad que se realice de forma profesional, necesita formación. Un aprendizaje que se lleva a cabo nada más que de una forma: toreando. El torero, aunque nace, precisa de forma fundamental unos conocimientos básicos para llevar a cabo su profesión. Las escuelas taurinas, continuadoras de la que creó el Rey Fernando VII y que dirigió Pedro Romero, cubren una etapa previa en la formación de los nuevos espadas. En ellas se enseña lo fundamental: se muestran los valores básicos de la tauromaquia, se facilitan los primeros contactos con el animal, pero no es suficiente. El torero, una vez que conoce lo más primario de lo que quiere sea su profesión, necesita también un desarrollo, una evolución, una progresión para llegar a donde desea, y que solo conseguirá toreando.

Antaño esta formación se adquiría ingresando como banderillero en la cuadrilla de un matador de toros; la lidia era muy diferente a la actual. El novel tenía contacto frecuente con el toro, aprendía a colocarse en el ruedo, a entrar en quites a su matador, así como a los picadores en el tercio de varas, conocía los secretos del segundo tercio pues banderilleaba los toros de su jefe de filas, y éste si veía posibilidades en su subalterno, le cedía la muerte de algún toro. En ocasiones, llegaba a figurar en los carteles como medio espada y, posteriormente a la alternativa, ingresando así en el escalafón de matadores de toros. Sin embargo, los años hicieron que las formas cambiasen. El torero se iniciaba en cuadrillas infantiles como becerrista para, posteriormente entrar como primer espada en corridas donde se lidiaban utreros, donde iban limando su oficio, hasta llegar a la ansiada alternativa y tomar la borla de doctor en tauromaquia. Las novilladas tuvieron épocas de esplendor y se consolidaron plenamente durante la posguerra, sobre todo con la pareja Aparicio y Litri en la década de los cincuenta del pasado siglo, cuando llegó a celebrarse una ingente cantidad de festejos en ocasiones con mejor entrada de público que muchas corridas de toros. Las ferias de postín las incluían en sus combinaciones y muchas plazas de categoría inferior eran marco frecuente para su celebración. Sólo hay que tirar de hemeroteca y comprobar el predicamento que tuvieron las novilladas en el planeta toro. No hace mucho, no más de treinta años, un novillero podía torear más de un centenar de festejos por temporada, caso del mediático Jesulín de Ubrique, y encima ganar tanto dinero que hoy parecería una autentica utopía. Fueron los ochenta y noventa del siglo XX los últimos años de oro del escalafón novilleril, que hoy atraviesa una crisis que a la larga puede suponer un serio problema a la fiesta. 

Hoy el novillero que suma más actuaciones no alcanza la docena. Las novilladas con picadores están desapareciendo de las grandes plazas. Córdoba es ejemplo de ello y en las plazas -llamémoslas menores- se sustituyen por otros espectáculos, incluso con corridas de toros con matadores venidos a menos y que se resisten a abandonar la profesión, porque todo lo que tenían que hacer y decir, hace ya tiempo que lo hicieron o dijeron. El novillero hoy pasa de matar añojos y erales en las escuelas a enfrentarse con el utrero de Madrid, donde acude a jugarse su carrera, y su vida, a un triunfo en la primera plaza del mundo para sumar contratos. Hasta once novilleros han caído heridos este año en Madrid. Once toreros, porque toreros son, que han pagado con su sangre otra injusticia del sistema que maneja los entre bastidores del toreo. Tras la cornada en el tórax a Pablo Belando, muchos han saltado culpando al utrero que sale al ruedo venteño. No reconocen que ese es el novillo que debe de lidiarse en la primera plaza del mundo. Tampoco quieren reconocer que los únicos responsables de esta deriva del escalafón novilleril son ellos y sus miserias. Ellos que amparándose en una supuesta presión fiscal, la misma que tiene un cartel mediocre o bajo de una corrida de toros, están dejando de organizar novilladas con picadores; los mismos que organizan festivales sin incluir novillero alguno. Los mismos que sólo piensan en la rentabilidad de lo que montan para mayor beneficio de sus bolsillos. 

El toreo necesita regeneración y, el torero formación. El sistema, corrupto y podrido tiene en la mano la solución, que pasa por sembrar para recoger el fruto mañana. Si no, se habrá acabado con una regeneración lógica y natural. De no ser así, no sería extraño pasar de las escuelas a las cuadrillas de los primeros espadas en una involución antinatural y arcaizante.

7/24/2016

PETROLERO, UN TORO BRAVO


Hoy la bravura no se mide por las entradas al caballo de picar, se hace por lo que muestre el animal en el tercio final o de muleta; pero el sábado en Lucena se vio a un toro bravo de verdad.
EL indulto de un toro siempre existió en la historia. El animal ganaba el perdón de su vida en casos excepcionales. Los animales que vencieron a la muerte en la arena, aún viven en la memoria de los aficionados. Aún se recuerdan sus nombres, y son conocidas sus épicas lidias a través de las páginas de tratados y prensa de la época. Toros que mostraron su bravura en el primer tercio, tomando un ingente número de varas, tumbando caballos junto a picadores y causando bajas letales en las cuadras de los contratistas de jacos de picar. Era el concepto de la bravura de antaño, donde el primer tercio, o sea el de varas, era el baremo para comprobar las aptitudes de un toro digno de tan honroso galardón.

La evolución del toreo nos trajo otro concepto de lidia. Con el paso de los años, el primer tercio ha perdido importancia, tanta que hoy es prácticamente testimonial, ganando el tercer acto de la lidia, el de muerte o muleta, total protagonismo. El toro ha evolucionado al gusto de los toreros. Los ganaderos se afanan en la búsqueda de un toro capaz de luchar, o embestir, hasta la extenuación, eso sí, perdiendo en muchas ocasiones esa capacidad de irradiar a los tendidos una sensación de peligro real. Hoy la bravura no se mide por las entradas al caballo de picar, se hace por lo que muestre el animal en el tercio final o de muleta. 

El indulto, antes algo extraño y excepcional, hoy, a raíz del reglamento de 1992, es algo que ha perdido su carácter magnifico. Se ha convertido en algo banal e insustancial. Son muchos los toros que se indultan a lo largo de la temporada ¿pero realmente han sido merecedores del perdón? La respuesta rotunda es no. Se está premiando más la capacidad técnica del torero, capaz de alargar la duración de una faena, que el concepto de bravura tal como es entendida por los aficionados y los más escrupulosos ganaderos.

Hoy el indulto es algo discutido. Tanto que ha comenzado a perder credibilidad ante un sector de la afición. No se ve en esta medida, nada más que un marketing gratuito para torero y ganadero. Discutir un indulto, aún no se haya visto, es patente de corso de quien se precie ser un aficionado cabal. Negar el perdón del toro da hoy la vitola de ser un fiel defensor de la ortodoxia. Lo malo de esto, es que muchos de estos inquisidores desconocen la realidad del campo bravo, de la selección y del trabajo diario de los ganaderos. Por ello no conocer al toro -sólo lo conocen de oídas- es obstáculo para no mostrarse conforme, con que el indulto, bien dirigido, es algo beneficioso para una fiesta que precisa mucho aire fresco para recobrar pujanza. 

Cuando sale un toro bravo pone a todo el mundo de acuerdo. Eso ocurrió en la pasada feria de Sevilla, cuando Cobradiezmos, toro de un hierro tan mediático como el de Victorino Martín, se gano el perdón de su vida en el dorado albero maestrante. Un toro bravo de veras, que cumplió con creces su misión de dotar a la fiesta de la viveza que necesita a diario. Un toro que ya forma parte de la historia. El histórico marco donde se ganó la vida y el pial a fuego marcado en su cuadril pasarán también a su recuerdo, pero el cárdeno Albaserrada puso a todo el mundo taurino en concordancia. 

El sábado pasado volví a ver a un toro bravo. Esta vez no era Sevilla. Tampoco estaba herrado con una marca emblemática. Tampoco había cámaras de una televisión privada, de pago, ni un comentarista locuaz y mediático cantando sus excelencias.

Está vez fue en una plaza nueva que lucha por cobrar identidad propia, la de Lucena. Por su puerta de toriles salió Petrolero, de Julio de la Puerta. Pronto hizo gala de su bravura. Franco y vibrante en sus embestidas al percal que manejó el torero. Luego se arrancó con alegría y empujó al caballo, donde, el picador Alventus le recetó un puyazo cruel, que dejó un boquete sobre su morrillo. Quiso volver a lugar donde le castigaron, pero no lo dejaron mostrar su casta de nuevo. Galopó raudo en el segundo tercio, con prontitud y embestida humillada. Y luego en el tercio de muerte, que él tornó de vida, gracias a su casta y bravura ante una muleta a la que persiguió de forma incansable y feroz. La petición de indulto fue unánime, como fue la respuesta del palco. Petrolero, un toro bravo de verdad, se ganó la vida en Lucena, haciendo honor a sus ancestro y en concreto a su padre, Anegado, también indultado en Baeza. 

Hoy muchos aún dudan, ponen pegas a su juego y lo que es peor, al perdón que se ganó en el ruedo. A Petrolero le faltó para ser reconocido otro marco, una feria de campanillas, un hierro mediático, una televisión privada y un comentarista de bigote teñido que cantara sus excelencias. Pero no importa, ya está en el campo. Cura de sus heridas de guerra de forma satisfactoria y sus criadores, gentes que trabajan desde el amanecer hasta el ocaso, están contentos porque saben lo que atesora tan bravo animal, que de seguro tendrá el próximo otoño un lote de vacas en las praderas ursanoenses de La Valdivia.



7/17/2016

TARDE POPULISTA EN LUCENA CON FINAL FELIZ PARA UN TORO BRAVO

Buena entrada de público

Juan José Padilla indulta a un bravo todo de Julio de la Puerta de nombre "Petrolero", segundo animal que consigue el perdón en los diez años de vida del coso lucentino.

Se dice, que los populismos surgen motivados por el descontento de la gente. Es un movimiento global, el cual tiene como objetivo el atraer a las clases más populares. Se toma como modelo básico, la conquista de los intereses generales de los colectivos más desfavorecidos. Definiciones políticas a parte, a día de hoy, en la fiesta de los toros también ha surgido un movimiento, que pudiéramos llamar, o calificar, de esta forma. Lo que antes eran simples y puntuales carteles con unas combinaciones, que tradicionalmente tuvieron su público especifico, y que se calificaron como mediáticas, hoy se repiten en plazas de cualquier categoría, incluso en ferias de prestigio, para contento de un público fácil, poco entendido, y que solo busca pasar un buen rato en el tendido. Van dirigidos a un público descontento, hastiado de pagar altos precios por sus localidades, y cansado de los caprichos de las primeras figuras. Un público al que no importa un ápice la más mínima integridad, así como el desarrollo del espectáculo dentro de unas normas tradicionales y ortodoxas.

Ventura estuvo en primera figura, Pena los aceros.

Estos carteles generalmente están compuestos por toreros conocidos, más por su actividad extra taurina, o bien, por su facilidad para conectar, a través de la heterodoxia, con un público desconocedor de la realidad de la tauromaquia. En muchos casos, son espadas con años de alternativa, curtidos en mil batallas, que jamás tuvieron el reconocimiento de la afición más purista. Toreros que aparecen por igual en las revistas de papel couché, o en programas televisivos de tinte rosa o amarillo, mas por sus avatares fuera de las plazas, que por sus honores en el redondel. Para poner la guinda al pastel, en estos carteles también han encontrado un hueco otras vertientes de la fiesta, como puede ser la inclusión de un rejoneador, o integrantes del escalafón novilleril, o incluso, como se puede ver en plazas menores, cuadrillas amateurs de recortadores o incluso forçados del país vecino.

Hoy este tipo de cartel está plenamente instituido en el panorama taurino nacional, no tanto en Francia. Es un tipo de espectáculo que se repite con frecuencia, ya demasiada, pues es fácilmente vendible por las empresas a corporaciones o comisiones locales, que solo pretenden que en las fiestas no falte un espectáculo taurino en el programa de actos. Un cartel que garantiza que el público, fundamentalmente el menos aficionado, que es a quien va principalmente dirigido, acuda a los tendidos, garantizando que la taquilla sea rentable, o al menos que cause el menor perjuicio posible.

El Cordobés pasa con la derecha a su segundo
Lucena conmemoró el décimo aniversario de la inauguración del coso de Los Donceles, con un cartel de corte popular. Un cartel que conformaba la principal figura del rejoneo actual, caso de Diego Ventura, y dos espadas veteranos que viven un momento dulce amparados en este tipo de combinaciones, como son "El Cordobés" y Padilla, este último alcanzando el sueño de traspasar la Puerta del Príncipe maestrante en la presente temporada. El público como era lo esperado, no falló y Los Donceles cumplió años rememorando aquel 16 de julio de 2006, cuando Pablo Hermoso de Mendoza, a caballo, Enrique Ponce, Finito de Córdoba y "El Cordobés", pisaron su arena por primera vez.

Padilla se lució de capote con el que indultó

Diego Ventura pasa por el mejor momento de su carrera. Primerísima figura del rejoneo, puesto este, a base de trabajo y constancia. Ventura ha dejado de ser una novedad, un rejoneador eléctrico y de carácter popular, para convertirse en una realidad que le lleva a ser, a fecha de hoy, en todo un referente en el escalafón de rejoneadores. Además de su buen momento y madurez, hay que resaltar que posee una cuadra realmente espectacular, con caballos que brillan por si solos, pero que son sabiamente manejados por la mano izquierda del caballero luso-sevillano. En su primero, un toro mal presentado y que no se prestó a la colaboración, estuvo acertado durante la faena, destacando sobre todo en banderillas montando a "Roneo" y a "Duelo". Se lució con las cortas sobre el albino "Remate" y cuando tenía las orejas en la mano, los aceros le privaron de ellas. No así aún paseó un trofeo. Mucho mejor en su segundo, un animal que fue de más a menos, donde cuajó una actuación excelente. Si ya lució a lomos de "Fino", montó un autentico alboroto en banderillas sobre "Milagro", quebrando en la misma cara del toro y clavando en todo lo alto. En un par de ocasiones el equino sirvió de improvisada muleta, pues el caballero en plaza dibujó auténticos pases de pitón a rabo. Volvió a fallar con los aceros, quizás por alargar en exceso su actuación clavando de nuevo con "Remate" banderillas cortas y rosas, pero su brillantísima faena fue premiada con otra oreja.

Faena vibrante a un bravo animal

Manuel Díaz, "El Cordobés" de nuestro tiempo, goza con la simpatía del gran público. Siempre fue, y lo sigue siendo, un torero alegre y extrovertido que conecta rápidamente con los tendidos. Luego su principal aval es su honradez y profesionalidad. Manuel Díaz no engaña a nadie. También hace lo que sabe, que no es poco. Plantea sus labores de forma más o menos ortodoxa, para pasar, en el momento que tiene oportunidad, a su repertorio más popular, contentando así a sus seguidores. "El Cordobés" se encontró con un toro en primer lugar bruto en sus embestidas y que no regalaba ningún muletazo claro, principalmente por el pitón izquierdo. No obstante el espada, a base de mucha firmeza, logró cuajar una labor enfibrada muy del gusto del público. Mató de forma contundente y cortó una oreja. Lució más en su segundo, un animal que tuvo calidad en sus embestidas, al que hilvanó un trasteo con su peculiar estilo en el que no faltó el popular "salto de la rana", eso si, tras tratar de hacer primeramente una faena más formal. Un pinchazo precedió a una estocada y cortó otra oreja que finalmente le permitió salir en hombros.

Traerá polémica pero el pañuelo naranja asomo en el palco 
Juan José Padilla es un torero curtido en mil batallas. Un torero al que nadie regaló nada, pero que a raíz del accidente de Zaragoza, que le pudo costar la vida y le marco su rostro para siempre, vive una etapa feliz. Desde entonces viene toreando en carteles alejados de aquellos de la épica y la tragedia. Está en todas las ferias, cuenta con el calor del público e incluso está viviendo sueños como por ejemplo abrir la puerta del Príncipe de la Maestranza. Su toreo tendrá las carencias que quieran verle, que las tiene y no son pocas, pero mientras la gente acuda a verle y él esté dispuesto a continuar en la brecha, adelante. En la tarde de ayer, el jerezano se encontró con un animal al que será dificil que olvide. Su primer oponente, de nombre "Petrolero", fue un animal que le permitió hacer una faena importante. El toro ya le brindó unas embestidas claras con el capote. Luego el animal se arrancó al caballo con alegría y empujo muy de verdad en un crudo y duro puyazo de "Alventus". Luego mientras Padilla solicitaba el cambio de tercio, el animal quisó volver al caballo, pero las cuadrillas no le permitieron, tampoco a los aficionados, ver su pelea en una segunda vara. Galopó el toro en banderillas y en la muleta derrocho casta y bravura de forma notoria. La faena enseguida caló en el tendido y Padilla toreó de forma correcta a tan bravo astado. ¿Pudo estar mejor? Seguro que sí, la aceleración y la falta de pausa fueron dominantes en ocasiones, pero al menos estuvo a la altura de tan nobles embestidas. Todo fue en los medios. El toro no hizo durante la lidia ademán alguna a rajarse y aguanto una larga faena. El indulto, a posteriori seguro que discutido, en esta ocasión fue justo premio a un animal bravo de verdad. En su segundo Padilla, ante otro animal de clase pero más bruto en sus embestidas, volvió a estar en su son. Con todo a favor y con el público entregado volvió a cortar dos orejas en una tarde que permanecerá en su memoria, sobre todo gracias a "Petrolero".

El jerezano no olvidará la tarde de ayer
Diez años ya. Parece que fue ayer. Tras unos inicios prometedores todo se vino abajo. Lucena es una plaza, como muchas de nuestra provincia, a recuperar. Solo cabe trabajar en su puesta en marcha. Por ahora todo tendrá que ser, muy a pesar, de cara al gran público. Seguramente la fiesta clásica y plena tardará todavía en volver. Todo se andará. La primera piedra ya está puesta.

Ficha del festejo:

Ganadería: Dos toros de Luis Albarrán, para rejones, reglamentariamente despuntados, y de escasa presencia y de juego desigual; y cuatro para lidia ordinaria de Julio de la Puerta, correctamente presentados y de buen juego, destacando el jugado en tercer lugar, de nombre "Petrolero", número 68 que fue indultado. TOREROS: Diego Ventura (rejoneador). Oreja y oreja.  Manuel Díaz "El Cordobés" (rosa y oro).  Oreja y oreja. Juan José Padilla (marfil y oro con remates negros). Dos orejas y rabo simbólicos y dos orejas. INCIDENCIAS: Plaza de toros de Lucena. Corrida mixta con motivo del X Aniversario de la inauguración de la plaza, con carácter benéfico para la Venerable Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Antes de iniciar el festejo se guardo un minuto de silencio en memoria del torero trágicamente desaparecido Víctor Barrio. Al finalizar el festejo los actuantes y el ganadero Pablo de la Puerta salieron de la plaza a hombros.


7/11/2016

LOS CALIFAS Y SU COMPLICADA RECUPERACION


Es difícil saber si el recinto cordobés albergará algún festejo taurino de aquí a que acabe la temporada; mientras, empresas de la provincia se abren paso en el panorama taurino

HACE justo una semana. Gran Vía Parque era un ir y venir de gente. En su lugar de siempre, imponente, mayestático, monumental, el Coso de Los Califas era el eje de todo. Gentes de diversa edad se concentraban a sus puertas. Como en las grandes tardes en el coso, y todos los establecimientos de su alrededor, cobraban vida. Desafortunadamente para la afición, el acto que albergaba no era un festejo de relumbrón. Tampoco nada para lo que fue concebido el recinto. En el cartel se anunciaba una primerísima figura. No del escalafón de matadores. En esta ocasión del mundo del rock. La banda germana Scorpions era la protagonista, junto a los locales Medina Azahara, que actuaban como teloneros, en el argot taurino, como medio espada. Para la Córdoba taurina, muy a pesar de un evento único, aquello no era más que un espejismo. Los Califas, taurinamente hablando, continua al parecer en estado crítico y con encefalograma plano.

Es difícil saber si el recinto albergará algún festejo taurino de aquí a fin de temporada. Todo parece que será empresa complicada. Precisamente porque los arrendatarios, para la gestión taurina de la plaza, no dicen nada sobre sus ideas hasta que se cierre la campaña. Desde el último domingo de feria, el dorado albero califal añora el pisar de los cascos de los caballos de los alguaciles, el clamor al romper el paseíllo de un público ávido de sensaciones únicas, los olés, los aplausos, las broncas y pitos e incluso con nostalgia el cascabeleo de los atalajes del tiro de mulas. En el recuerdo quedan muchas cosas. Algunas no tan lejanas de los espectáculos a la luz de la luna, donde muchos soñaban con la gloria. Primero organizados por las empresas gestoras de la plaza y luego más tarde por la Fundación Manolete, creada en 1997 con motivo del cincuentenario de la muerte del Monstruo, cuyo objetivo no era otro que la búsqueda de nuevos valores. Fundación que entre unos y otros dejaron morir cuando pasó la época de las vacas gordas.

La empresa actual calla. Dicen que no vivimos tiempos claros para la tauromaquia. Posiblemente Córdoba, cuna del toreo, sólo celebre un festejo mayor en esta temporada de 2016. Otras ciudades, incluso pueblos y villas, con menos trascendencia y categoría taurina, nos superaran en número de festejos. Mientras, la afición cordobesa calla resignada su desgracia, ante la falta de actividad de unos gestores que venían a recuperar el prestigio de la plaza, pero que posiblemente ahonden más su declive. 

Cuando mejor ha funcionado la plaza, taurinamente hablando, ha sido cuando las empresas han estado cercanas a la particular idiosincrasia de la ciudad. Aún se recuerda la gestión de los hermanos Roger, o de los Flores Cubero con su cuñado, Antonio Pérez-Barquero, al frente. También la época dorada de la eclosión del llamado finitismo, donde los malagueños Gálvez y Conde contaban con la participación del recordado Paco de la Haba.

Luego llegaron otros, que aprovecharon la inercia y sacaron pingües beneficios para sí y para los propietarios de la plaza. Estos últimos, cegados por la facilidad con la que se generaban los dividendos, que se destinan al mantenimiento del coso, han continuado con una política continuista que ha llevado a que, a día de hoy, la gestión de Los Califas no sea rentable para nadie, por mucha "plata" transoceánica se ofrezca y que parece haber quedado en la profundidad del Atlántico y la bodega de un galeón hundido.

Mientras tanto, empresas cordobesas se abren paso en el panorama taurino. Una, como Campo Bravo, regida por Antonio Sanz, se empeña en recuperar plazas en declive de nuestra provincia con éxito, casos de Cabra y Priego de Córdoba, donde en esta última incluso se han corrido animales de la prestigiosa ganadería de Adolfo Martín. Sanz continúa trabajando e incluso ha dado el salto a plazas de fuera de los limites de Córdoba, casos de Morón de la Frontera, y Almadén, donde ha tenido el gesto de acartelar al novillero con más proyección de la tierra, como es Javier Moreno Lagartijo. 

Días atrás otra empresa netamente cordobesa se ha presentado en sociedad. El solvente torero cordobés Antonio Tejero, tras años de figurar en la cuadrilla de una primera figura como Enrique Ponce, inicia su andadura como empresario al frente de la empresa Caído y Soledad. Tejero fue el último cordobés que intentó reflotar Los Califas como hombre fuerte de los venezolanos de Ramguertauro, mientras estuvo con ellos el enfermo tuvo una buena mejoría, luego cuando dejó de creer en el proyecto, el trabajo se vino abajo con la gestión del nuevo gerente. Ahora Tejero ha presentado la feria de Pozoblanco. Una feria bien rematada con una corrida de toros cuyo cartel sería la envidia de muchas plazas de superior categoría.

Empresas de Córdoba que pueden ser, a corto plazo, la solución para la definitiva recuperación de una plaza que atraviesa un bache demasiado profundo y lo que es peor, que se eterniza en los tiempos. ¿Quién mejor que cordobeses para intentar una empresa complicada y compleja? La propiedad tiene la última palabra.