3/06/2019

DE LA DESIDIA A LA ESPERANZA PASANDO POR LA NOSTALGIA


·         La Córdoba taurina atraviesa una crisis preocupante con pocos visos, al menos, a corto plazo, de recuperación



Cuando las primeras ferias taurinas de la temporada se vislumbran en el horizonte, Córdoba continúa penando en el purgatorio del ostracismo. Ya se conoce que el, antes, tradicional festival de la Asociación Española Contra el Cáncer no se celebrará y ha sido sustituido por un espectáculo ecuestre. Lástima, pues el festival era una fecha consolidada de pleno en el almanaque taurino cordobés.
Con esta ausencia otro año más se pierde, posiblemente, el último acto taurino social importante que se celebraba en el Coso de los Califas. Sobre la Feria poco se sabe. Sólo que continuará la misma empresa, al ejercer su derecho a prórroga, y que el esquema de la Feria de Mayo, según ha podido trascender, poco variará de lo celebrado en años pasados.
O lo que es lo mismo, dos festejos mayores, otro de rejones, aunque se habla de una novillada con picadores. Poca cosa para lo que debe ser una ciudad que, taurinamente hablando, atraviesa una crisis profundamente preocupante y con pocos visos, al menos a corto plazo, de recuperación.
También es triste que en las primeras ferias importantes de la temporada la representación cordobesa sea prácticamente nula. Solo la aportación ganadera de Alcurrucén, aunque sus toros prácticamente yo no pastan en el término de Pedro Abad, y la vacada de Fuente Ymbro, propiedad del cordobés Ricardo Gallardo, ponen una ínfima gota de cordobesismo en unas combinaciones, donde se refleja que Córdoba taurina está tocando un preocupante fondo.
Sin matadores relevantes en el escalafón superior, aunque Finito podría abrir y revestir de categoría muchas combinaciones, y con un escalafón inferior destrozado por el sistema, donde es prácticamente imposible provocar un necesario cambio generacional, el panorama comienza a ser preocupante y, cada vez, más desolador.
EL PANORAMA COMIENZA A SER PREOCUPANTE Y, CADA VEZ, MÁS DESOLADOR
La Córdoba taurina sigue con el puso muy débil, solo aliviado por los actos culturales y coloquios que se siguen organizando, en los que en numerosas ocasiones se masculla con amargor la triste situación que vive la fiesta de toros en una ciudad universal.
No obstante, estos actos son los que mantienen el rescoldo de lo que fue Córdoba en el planeta de los toros y, sobre todo, los que continúan demostrando, citando a Baroja, que "Córdoba no está muerta, solo es un pueblo que duerme", a lo que apuntamos que ojalá despierte pronto, porque nunca es tarde si la dicha es buena.
Destacar también a la Juventud Taurina de La Carlota, que organizó días pasados un tentadero solidario en las instalaciones taurinas del Hotel El Pilar. Tuvo enorme éxito y un beneficio económico que será destinado a la labor altruista de la Asociación Española Contra el Cáncer.
Elogio y aplauso hacia estos jóvenes que han promovido un espectáculo taurino en tiempos convulsos, luchando posiblemente contra multitud de obstáculos, pero que a la postre han podido celebrar el festejo que pretendían, convirtiéndose este, sin ellos saberlo, en la apertura taurina en la provincia de Córdoba de este año de 2019. Enhorabuena y a seguir en la lucha.

Guerrita y el toro Cocinero

Circuló estos días por las redes sociales una foto de Guerrita estoqueando un monumental torazo. Para que luego digan que el II Califa se aliviaba. La fotografía impresiona. Pero puestos a indagar aquella lidia, cuando el siglo XIX agonizaba, tiene su historia oculta.
Para la fiesta de San Isidro se programó una monumental corrida de toros, en la que se anunciaban Guerrita, Antonio Fuentes y El Espartero, ante una corrida colmenareña, de la hoy casi extinta casta jijona, perteneciente a la ganadería de Félix Gómez. De entre los toros había uno que destacaba por el desarrollo de su cornamenta e imponente trapío.
Guerrita, monarca absoluto de la tauromaquia de la época, le dice al mayoral que le diga al ganadero que sustituya ese toro por otro más acorde a sus hermanos. El conocedor de la ganadería responde, que ese toro, de nombre Cocinero, no venía reseñado para él.
Entonces no existía el sorteo, por lo que Guerrita, picado en su amor propio, hizo que el toro fuese enchiquerado para ser lidiado y estoqueado por él mismo, obteniendo un resonante triunfo en la vieja plaza de la Carretera de Aragón, ante un público que siempre fue duro con él.
Las cosas del Guerra y un pundonor profesional, llamada vergüenza torera, que hoy están ayunas en muchas figuras del escalafón que solo matan lo que le es, no ya más propicio, sino lo más cómodo y fácil para el ejercicio de su profesión.

2/24/2019

SALVADOR GAVIRA GARCÍA: LA CONTINUACIÓN DE UN SUEÑO


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El ganadero andaluz ya camina de nuevo en una finca de Alcalá de los Gazules con sus toros, que conservan un linaje único dentro del campo bravo patrio y con el que se va abriendo camino



Cuentan que de antaño había ganaderos de lidia con enorme poder mediático entre los públicos. Criadores que al solo conjuro de su nombre movilizaban a la afición para acudir a una plaza de toros. Personas únicas e irrepetibles que con su particular ideal de toro fueron, a través de la selección, capaces de crear un animal que pocas veces, motivado por su comportamiento, dejaba indiferentes a quienes se sentaban en los tendidos de una plaza de toros.
Se dice que muchos mandaron en la fiesta por encima de algunos toreros. También que sostuvieron enconadas competencias con lo más florido del escalafón de espadas de las épocas que les tocó vivir. Gentes de campo, con una intuición grande a la hora de la búsqueda de la bravura y que a través de un trabajo, donde dos y dos difícilmente suman cuatro, crearon un tipo de toro que buscaron con ahínco.

El ganadero de lidia no busca algo material. El criador de reses de lidia basa su selección en la búsqueda de un carácter de comportamiento, que complementa con una morfología acorde a un animal de condición rústica y criado extensivamente de modo natural. Así fue y así debe de ser.
AUNQUE PINTAN BASTOS, TODAVÍA HAY QUIENES DEFIENDEN SUS IDEALES EN EL MUNDO DEL TORO

Hoy, salvo contadas ocasiones, el criador no busca su concepto de toro. El ganadero de hoy selecciona lo que le obligan los mercachifles que manejan la tramoya del toreo, a cambio de un lugar rutilante en la cartelería de las grandes citas de la temporada.
Es así como está el toreo. Pintan bastos, pero aún hay gente que piensa que hay que luchar para defender sus ideales, su concepto, y ser fiel a unos principios que les fueron inculcados por los que le precedieron. No les importa ir contra las tendenciasactuales, ni en muchas ocasiones incluso en contra de su propia economía, sin importarles, en estos tiempos, prácticamente arruinarse persiguiendo unos sueños, que en ocasiones se antojan lejanos e irrealizables.
Uno de estos locos divinos visitó Córdoba recientemente. El Círculo Taurino de Córdoba tuvo el gusto de invitarlo a uno de sus ya tradicionales actos. Un hombre que tras una dura y dolorosa ruptura con sus hermanos en la ganadería familiar, ha iniciado un nuevo camino en solitario, persiguiendo así el objetivo que su padre la marcara hace ya más de una década.
De forma emocionada relató sus ideales de bravura, rememoró la figura paterna y mostró su ilusión por perpetuar su apellido en los carteles de las grandes ferias; eso sí, con nueva denominación y, sobre todo, con renovadas ilusiones.

Salvador Gavira García ya camina de nuevo con sus toros. Ese toro tan personal que conserva un linaje único dentro del campo bravo español. Un toro que guarda la sangre de las viejas reses del Raso del Portillo, mejorada o aderezada con puntuales aportaciones de Pablo Romero, el Conde de la Corte y más recientemente de Salvador Domecq. Un toro que siempre gozó del predicamento de los toreros, debido a su bravura enclasada y favorable para triunfar.
Salvador Gavira García cría sus toros en la finca La Isla de Villa Blanquilla, en el término de Alcalá de los Gazules, donde en su día pastaran los toros de Baltasar Iban, rodeados de agua, y donde la leyenda urbana asegura que habita un fiero caimán.
Allí Salvador Gavira García ha ideado unas instalaciones pensando en el bienestar de los toros de su propiedad. Unos toros que poco han cambiado desde la división de la ganadería, pero que Salvador trata de dotar de la acusada personalidad que les ha hecho poner en el camino a numerosos espadas, a los que hoy consideramos figuras del escalafón como Morante de la Puebla, David Mora o el recordado Iván Fandiño.
La nueva ganadería está inscrita en la Asociación de Ganaderías de Lidia y el pial con el que se hierran sus pupilos ya no es el viejo de Marzal, sino una G cortada. Se presentó en Madrid, obteniendo así antigüedad, el día 12 de octubre de 2017, en una corrida estoqueada por Daniel Luque, que cortó una oreja, el colombiano Sebastián Ritter y Javier Jiménez.
Fue el inició de un nuevo camino y, sobre todo, debido a la pasión del ganadero, la continuación de un sueño iniciado muchos años atrás por quienes antepusieron sus ideales, creyendo que con ellos engrandecían el mundo de los toros, sin importarles para nada las trabas y desengaños que trae una actividad ganadera donde dos y dos nunca suman cuatro.

2/10/2019

LA FIESTA DE LOS TOROS NO NECESITA QUIEN LA DEFIENDA


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Domingo Ortega a hombros de milicianos en Valencia
         No toda persona que siga la fiesta y guste de ella tiene porqué vincularse a la derecha

·   Hay casos singulares de entendidos aficionados que militan y votan a partidos de izquierda



En esta semana se han hecho públicos los carteles de las ferias de Valencia y Castellón. También se van conociendo las líneas maestras de la feria de Abril de Sevilla. Todo está de la misma forma que años anteriores. La fiesta se encuentra en la actualidad sumida en una profunda sima: falta de frescura, de ideas, de creatividad y con la misma endogamia entre sus actores principales, que hacen que el público esté ya hastiado de un espectáculo previsible y caro. Y a todo esto hay que unir que su protagonista principal, el toro, sea cada vez menos importante y más previsible.
Las ganaderías que crían ejemplares para el toreo de hoy, demandado por los privilegiados del sistema, se repiten hasta la saciedad feria tras feria, corrida tras corrida, dejando atrás el drama épico de la lucha entre la razón y la fuerza bruta, mientras sangres y encastes legendarios son exiliados de los cosos, viéndose sus propietarios a mandar sus productos a las calles del Levante español y, en casos más drásticos, hasta el matadero.
Fuera del llamado planeta de los toros, la fiesta está siendo utilizada por la clase política del país con el único objeto de arañar votos. Ni unos claman por la ortodoxia pura de los valores que envuelven la corrida, abanderando su defensa; ni los otros revestidos de un impostado animalismo y hueco ecologismo, tratando su abolición, les importa la repercusión de un espectáculo de masas, único por cierto, y arraigado de pleno en nuestra cultura. Flaco favor se le hace a la tauromaquia mezclándola con la política, ya que la misma no tiene color de ningún bando.
Siempre fue utilizada en España para beneficio propio de una clase política, sin escrúpulos, que quiso utilizarla. En tiempos de Fernando VII, los liberales atacaban al Sombrerero por su simpatía hacía el rey, mientras los absolutistas hacían lo propio hacia toreros como Juan León y Roque Miranda por sus simpatías liberales. Fueron los políticos de la época quienes dividieron al público de toros, en negros y blancos, cuando la rivalidad entre los espadas fue en los ruedos.
SALVADOR TÁVORA JAMÁS RENEGÓ DE LA FIESTA, NUNCA. EL DRAMATURGO NO OLVIDÓ QUE QUISO SER TORERO

No toda persona que siga la fiesta y guste de ella tiene porqué vincularse a la derecha de hoy. Hay, y conozco, casos singulares de enormes y entendidos aficionados que militan y votan a partidos de izquierda. Aunque Padilla o Abellán muestren su apoyo al PP, Finito se deje fotografiar con Albert Rivera o Morante de la Puebla y Rivera Ordóñez hagan campaña a Vox, son ideales de sus respectivas personas y no de la fiesta de la que forman parte. Joselito o Talavante forman parte de la misma fiesta y siempre mostraron simpatía hacia la izquierda. La fiesta de toros no tiene color político, solo el que los políticos quieran darle, como ya ha quedado dicho, obtener pingües beneficios en las urnas.
Carmen, ópera andaluza de cornetas y tambores, ideada por Távora
De izquierdas también se confesó el dramaturgo Salvador Távora, quien nos dejó esta semana. Un auténtico genio. Irrepetible en su concepto andaluz, al que no le importaron los tópicos que se achacan a Andalucía y que con sus montajes traspasó fronteras, obteniendo triunfos por allá donde se presentaba. Távora jamás renegó de la fiesta, nunca.
El dramaturgo no olvidó jamás que quiso ser torero y que con el seudónimo de Gitanillo de Sevilla se anunció en los carteles. No alcanzó los oropeles de la fama que dan el traje de luces, pero supo impregnar todos sus espectáculos con ese marchamo que rodea a la fiesta de los toros. Con Carmen, ópera andaluza de cornetas y tambores, y después con Don Juan en los ruedos, fusionó la fiesta con el drama teatral, sin complejos, sin teñirla de ningún color político, aunque le tocó bregar en los tribunales con la Generalidad de Cataluña por impedirle la representación total de una de sus obras, y todo porque en la misma se rejoneaba un toro y eso era políticamente incorrecto en una Cataluña que ya estaba utilizando la fiesta en pos de su radicalidad y antiespañolismo.
Su genio creativo queda ahí, sin complejos. Tal vez, con toda seguridad, se adelantó a lo que debe tener claro todo defensor de los toros. La fiesta no debe tener quien la defienda, la fiesta se tiene que defender sola. ¿Y cómo debe defenderse? Recuperando su grandeza. Empezando por sus propias entrañas. De dentro hacia fuera hasta su total regeneración. Entonces, cuando sea fuerte, sobrarán todos aquellos, llámese políticos, que tratan de utilizarla a su favor, sin escrúpulos, ya sean del signo que sea.

2/04/2019

CHICUELO, EL ESLABON PERDIDO



Precursor del toreo moderno, el sevillano pasó a la historia por una faena magistral en 1926 en México con unos registros que repitió dos años más tarde en Madrid en una tarde gloriosa

Este año se cumple el centenario de la alternativa del torero hispalense Manuel Jiménez Moreno Chicuelo en los carteles. Cien años desde que Juan Belmonte le cediese los trastos para dar muerte a Vidriero, del hierro del conde de Santacoloma, en la Maestranza sevillana. La figura del torero sevillano, a día de hoy, está muy difuminada. Incluso poco conocida. Lo más que muchos conocen de Chicuelo es que fue un claro exponente de la llamada escuela sevillana, creador de un lance de capote, conocido por chicuelina, y que tal vez fue uno de los pioneros en aparecer en la prensa amarilla al casarse con una cupletista de fama y renombre, como fue Dora la Cordobesita.
El aficionado moderno sólo tiene ese recuerdo de un torero genial. La memoria vuelve a ser perezosa y sólo rememora lo banal y superficial. Chicuelo fue un espada heredero de la llamada Edad de Oro del toreo. Un torero que supo captar el mensaje de Gallito y Belmonte y que durante la llamada Edad de Plata adelantó el reloj del toreo siendo precursor de lo que vendría tras la contienda civil de manos de Manolete.
Gallito y Belmonte anunciaron durante la Edad de Oro del toreo nuevos conceptos. El primero ejecuta un toreo total. Domina al toro durante toda su lidia y muestra mil y un recursos para mantener al público atento a sus actuaciones. Gallito domina la lidia de principio a fin. Su toreo es dinámico y vistoso. Belmonte trae la quietud y el drama. No tiene el conocimiento de Gallito, pero esa quietud y el desgarro de su toreo hacen que sus formas pronto tengan numerosos seguidores. Joselito también se mira en Belmonte.
Se aprecia en fotos y películas de la época cómo Gallito ya asienta los pies durante la faena de muleta y trata de llevar al toro en redondo hasta donde llegan los brazos. Lástima que Bailaor en Talavera quebró para siempre lo que Joselito, el Gallo, trataba de poner en práctica. Es decir, su toreo dinámico, poderoso y estético, pero ligado y en redondo. No sabemos qué hubiera pasado si aquel toro de la viuda de Ortega no mata a Gallito en Talavera en el año 1920. Seguramente el toreo hubiera evolucionado de otra manera. Chicuelo es directo heredero de la Edad de Oro.
EL TORERO APORTÓ ALGO MÁS QUE LA CHICUELINA Y DIO LA ALTERNATIVA A MANOLETE EN LOS AÑOS 30

Como buen sevillano conoce el toreo de los dos colosos. De ambos –de Gallito y Belmonte– bebe directamente. Intenta aunar la estética de José y el valor dramático de Juan. La empresa es difícil. Tras la muerte de Joselito y la retirada de Belmonte de los ruedos, el toro a lidiar vuelve a ser duro. Posiblemente uno de los más fieros de la historia. No hay nada más que ver la cantidad de cogidas mortales que se producen en aquellos años.
Chicuelo viaja a México. El toro azteca es mucho menos fiero y más pastueño. Chicuelo se encuentra con Lapicero, del hierro de San Mateo, el día 25 de octubre de 1926. El sevillano realiza ante él una faena magistral. Los cronistas hablan de toreo en redondo, ligado, llevando al animal hasta más allá de la cintura. El público exaltado cada vez que Chicuelo montaba el estoque, le pedía que siguiera toreando y el sevillano continuaba con la misma prestancia su labor. Después de dos pinchazos, estocada y descabello, se le concede una oreja de su oponente y da dos vueltas al ruedo entre el entusiasmo del público. Chicuelo ha preconizado el toreo moderno.

Aquella faena no fue una casualidad. Dos años después, el 24 de mayo de 1928, Chicuelo la repite en Madrid. La faena es sublime. La quietud, la ligazón, el sentido de la estética y la personalidad, hacen que en los tendidos se desate la histeria colectiva. El público sin saberlo está viendo el toreo que vendrá a diario poco después. Chicuelo se inmortaliza ante el toro Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero. Tan magistral fue aquella faena, que el público solicitó la oreja antes de entrar a matar y que tras dos pinchazos y una estocada, premió con los máximos trofeos al torero hispalense.
Chicuelo trajo algo más que la chicuelina y la llamada gracia sevillana. Fue precursor del toreo, que años más tarde se impondría en toda España de manos de Manolete, al que curiosamente otorgó la alternativa en 1939. Es posible que sin saberlo, Chicuelo aquella tarde cediese al Monstruo de Córdoba el secreto del toreo de nuestros días, el llamado toreo moderno. Chicuelo: eslabón entre dos épocas gloriosas.


1/27/2019

¿DONDE VAS TRISTE DE TI? (Opinión)


O la afición de Córdoba hace causa común de inmediato o Los Califas sólo será lo que no queremos que sea. Un inmueble sin alma y sin vida


Ahí sigue. Majestuosa si la miramos desde Gran Vía Parque. Uno de los emblemas del barrio de Ciudad Jardín. Monumental, impresionante, moderna y funcional. A pesar de sus cincuenta años, no ha perdido un ápice de majestad. Sin embargo, por dentro todo es ruina y dejadez, y no porque le falten cuidados, que no le faltan, sino porque su alma se ha marchitado tanto que cada vez parece más difícil, por no decir imposible, su recuperación. Concebida en los años sesenta para albergar relumbrantes festejos taurinos, hoy es solo un edificio con un uso muy alejado para lo que fue construida. La magnificencia de su construcción contrasta con el triste momento que vive.
Sus tendidos añoran las tardes grandes. El cemento de ellos, cubierto por modernos sillones rojo almagra, aún recuerda el calor del público en ellos congregados, el día de su apertura y los años en los que El Cordobés mandaba con autoridad en el planeta de los toros. Aquella etapa dorada, cuando por historia y la funcionalidad de su estructura fue considerada plaza de toros de primera categoría, igualándola a otras como Madrid, Sevilla, Valencia o Bilbao. La memoria también trae los recuerdos del aquel toro cárdeno y veleto que Victorino Martín lidió con éxito en los ochenta.
Fueron años de triunfos resonantes de Ruiz Miguel y los hermanos Campuzano, en tardes donde el ansiado y deseado cartel de “no hay billetes” colgaba en las taquillas, al conjuro de aquel ganadero que llamaron el “cateto de Galapagar”. O la última época de esplendor, no tan lejana y que ojalá no sea la última, en la que un chiquillo llegado de Sabadell prendió la llama de algo dormido en Córdoba, como es la afición a la fiesta de toros, reviviéndose en el escenario califal tardes de gloria que rememoraron años después lo que se había vivido y que parecía marchitarse a pasos agigantados.
Los Califas es una plaza gloriosa que no merece vivir los momentos por los que atraviesa. Córdoba y su historia no merecen ser ninguneados, ni maltratados como lo están siendo en los últimos años. Córdoba no puede celebrar menos festejos que otras plazas de inferior categoría. En Córdoba hace falta ilusión, gente dispuesta a luchar por ella, mentes soñadoras en las que prime la claridad de ideas, antes que el dinero y el montante económico. Los mercaderes sobran.
La fiesta de toros está hoy llena de intereses, de gentes que solo buscan quedarse con las últimas migas de un pastel del que ya queda poco, porque ya lo agotaron hasta el fin. Es triste ver cómo donde antes hubo fuego y pasión, hoy solo queda un rescoldo cada vez más frío y próximo a extinguir su calor para siempre. De no poner pronto solución, esas brasas se apagaran para siempre.
La fiesta de toros en Córdoba tiene que llegar a los más jóvenes. A esos que tachan de locos y sanguinarios porque gustan de las tradiciones de sus ancestros. Son esos, los locos que martes y jueves dan pases al viento sobre su dorado albero, los llamados a perpetuar lo que languidece a pasos agigantados. Tal vez porque los mayores no han sabido, no han podido, o no han querido hacer frente ante los mercaderes del sistema. Puede ser ya tarde, pero es la hora. Córdoba vive un momento de inflexión. O la afición hace causa común o Los Califas solo será lo que no queremos que sea. Un inmueble sin alma y sin vida.
La fiesta forma parte de nuestra cultura, aunque hoy no nos atrevamos a decirlo, si nos desentendemos de su defensa, los enemigos de la fiesta, el más dañino forma parte de sus propias entrañas, terminaran por dinamitar sus cimientos y hacerla caer para siempre. Será entonces cuando nos preguntemos qué es lo que ha pasado, las generaciones venideras nos exigirán responsabilidades y nos demandarán a los aficionados que no supimos defenderla. ¿Dónde vas triste de ti?



LA TEMPORADA MEXICANA DE LAGARTIJO.



El novillero cordobés Javier Moreno ‘Lagartijo’ se encuentra en México, donde está realizando campaña. Tras una interesante temporada en España, donde la falta de novilladas picadas ha sido notoria, el novillero paisano ha viajado a México, donde poco a poco, y gracias a sus maneras toreras y personalidad, está logrando torear en el país azteca, donde está obteniendo importantes triunfos.

Tras dos festejos menores en Cinco Villas y Campo Alegre, donde gustó su concepto del toreo. Pronto fue acartelado en novilladas, presentándose de luces en Villa García, estado de Zacatecas, donde cortó una oreja. Este trofeo que le abrió las puertas a volver a torear en el estado de Encarnación de Díaz, Jalisco, donde reeditó triunfo con una actuación solvente y de buen gusto, lo que motivó torear en San José de Gracia, Aguascalientes, donde cortó dos orejas a un novillo, saliendo a hombros de la plaza. Está última actuación ha permitido al novillero paisano, ser tenido en cuenta en el planeta taurino mexicano y tener más posibilidades para poder acartelarse en plazas de más relevancia, así como a ser invitado a numerosas ganaderías mexicanas para tareas camperas.

Así pues, decir que ‘Lagartijo’ ha entrado en el certamen “Soñadores de Gloria”, una liga de novilleros cuyo fin es del de poner en valor nuevos toreros, teniendo ya firme su actuación de Cedral, estado de San Luis de Potosí, ante astados de Torrecilla. Este certamen le puede abrir, al novillero paisano, las puertas de plaza de importancia, incluso ser incluido y la llamada temporada chica en la Monumental de México.
S.G.

LA INFANTA ELENA, ROCA REY Y GARCIGRANDE, PREMIADOS POR LA FUNDACIÓN CAJA RURAL DEL SUR.



Días pasados se reunió el jurado, convocado por la Fundación Caja Rural del Sur, para el fallo de los premios Pepe Luis Vázquez correspondientes a la temporada taurina del pasado año. Los premiados fueron el matador de toros peruano Andrés Roca Rey, la ganadería de Garcigrande y S.A.R. la Infanta Doña Elena por su desmedida afición a la fiesta, así como a su defensa de la misma, sin complejos, dejándose ver en muchas plazas de toros del país.

Asimismo el jurado acordó hacer una mención especial a José Luis García Palacios, recientemente fallecido, presidente de la Fundación Caja Rural del Sur hasta el pasado año 2018. También se acordó, por unanimidad del jurado, que la distinción para la personalidad más relevante, se denomine a partir de ahora con su nombre.

Roca Rey fue, para el jurado, el torero más destacado de la temporada, donde alcanzó notables triunfos, así como la bocanada de aire fresco que ha supuesto su irrupción en el escalafón de los matadores de toros, así como a su regularidad durante toda la campaña. El otorgado a la mejor ganadería, recayó en la ganadería salmantina de Garcigrande, pesando en el jurado el juego del toro Orgullito, indultado por El Juli, en la feria de Abril sevillana. También pesó en el recuerdo la regularidad de los toros lidiados con el hierro de Juan Pedro Domecq, pero finalmente el indulto de Sevilla fue desequilibrante para que la balanza se inclinara a favor de la ganadería charra.

Los premios se entregaran el próximo día 22 de abril, en un acto donde también se presentará el libro Maestranza, año 2018. S.G.

7/15/2018

TIEMPOS REVUELTOS (I)



Muchos se preguntaran por mi dejadez en esta bitácora taurina. Son ya muchos los días, meses mejor dicho, en que no he escrito ni una mísera línea. La respuesta no es otra que el hartazgo. Hartazgo de todo lo que rodea a la fiesta de toros en nuestros tiempos. El panorama es triste, demasiado, tanto que se pierde la ilusión por todo, y no queda más remedio, como refugio, que centrarse en el disfrute del campo bravo, y sobre todo en la lectura de libros que versan sobre un pasado, no tan lejano, donde la fiesta reunía y guardaba muchos matices que corren hoy serio peligro de desaparecer.

Aparentemente todo sigue rodando igual. De ahí que muchos no vean obscuro el horizonte. Las ferias se suceden tal y como siempre estuvieron calendadas. Los triunfos de los llamados figuras, así como los de algún torero novel al que luego no dan cancha, se suceden, y se sigue contando, que de vez en cuando, salta a la arena algún animal que se dice que es bravo. Los ataques externos, financiados por capital extranjero, se dicen son amortiguados, por la eficaz gestión de una fundación que preside un mediático ganadero. Otros buscan una adaptación de la fiesta a nuestros tiempos, a través de otra asociación que maneja uno que dicen que fue figura y su locuaz apoderado. La crisis, cada vez más lejana, sigue siendo la excusa para reducir festejos y con ello ver como languidecen plazas de toros que, no hace tanto, reunían una programación acorde a su historia y tradición. Mientras a la afición se nos vende que todo es un camino de rosas y no queda más remedio que callar, pensando como consuelo, que no hay mal que cien años dure.

Luego la realidad es bien distinta. La fiesta está manejada por un lobby que controla todo. Trata de imponer un modelo de espectáculo que se aleja mucho de lo que siempre fue la fiesta de toros. Un trust empresarial que domina plazas, toreros, ganaderías e incluso a un sector de prensa, que alaba su gestión a cambio de tener su beneplácito y con ello un estatus que les permite pontificar en contra de los públicos a los que tienen que informar con veracidad e imparcialidad.

El sistema controla el campo bravo. El fraude se ha hecho norma habitual. No hay nada más que ver las astas en las plazas de primera para saber cómo salen los toros en provincias y localidades menores, salvo contadas ocasiones. La cabaña brava se homogeoniza de forma alarmante. Hay ganaderías que están vetadas, no ya por los toreros, sino por el sistema que maneja la tramoya. Tanto es así, que de todos los lidiados en Madrid durante San Isidro, solo se han enviado unos pitones a analizar. Curiosamente de la ganadería de Miura y dando positivo, sin que hasta la hora en que escribo estas líneas sea publica el acta.

Luego está la falta de novilladas picadas. Los festejos menores han mermado de forma alarmante. El lobby dice que no son rentables. Lo serían si se fomentasen y salieran tres o cuatro novilleros con ganas de ser toreros. Si los que lideran el escalafón superior las exigieran a la hora de contratarse en una feria, otro gallo cantaría, pero claro, a ellos no les interesa. Sería tal vez la búsqueda de un relevo que no están dispuestos a dar, porque a fecha de hoy, apuran y rebañan las últimas migas de un pastel que no están dispuestos a compartir.

Y mientras el aficionado que respeta los valores y formas de una lidia, integra y veraz tienen que aguantar todo estos atropellos dictados por el sistema que controla el toreo. También son censurados por una nueva tropa de borregos que los sigue, aduciendo una tauromaquia donde su único fin es una liturgia devaluada y adulterada, donde la tragedia y la épica están de más, solo importa la estética.

Aquí reflejo, desde mi punto de vista, los pecados de un espectáculo que corre serio peligro de dejar de ser legatario del último rito vivo de la cultura mediterránea y convertirse en, eso, un espectáculo vulgar y ramplón que supondrá el final de la tauromaquia tal como muchos la concebimos-

12/17/2017

LOS RELATOS DEL RAFAEL EL VAQUERO. Los lotes del madres y diez duritos del ala


El frío ha llegado a Córdoba como siempre suele hacerlo. De pronto, sin avisar y con toda su crudeza. En la ciudad no hay término medio. Se pasa del verano directamente al invierno sin conocer el otoño. Es frecuente pasear un día en mangas de camisa, para al siguiente tener que buscar en armarios prendas de abrigo para protegernos del frío. Un año más así ha sido.

La gente camina por las calles presurosa, con prisas. El tráfico es un caos durante las horas centrales del día. Esto hace que dar un paseo, o incluso caminar por algunas calles céntricas de la ciudad, sea todo un suplicio. El ruido, lo que hoy se llama contaminación acústica, es insoportable. Buscar tranquilidad donde podía ser natural, es practicamente imposible en este invierno recién estrenado y donde se vislumbran unas fiestas que pondrán punto final a un año que ha pasado demasiado rápido.

La calle Alfonso XIII es un infierno. Los autobuses urbanos tienen que reducir a marchas cortas, ya vengan por Alfaros, o suban por San Pablo. El ruido es ensordecedor, así como los gases que por la combustión de sus motores originan. Caso única, en un municipio gobernado por quien hace gala de un ecologismo de salón y pandereta. En lugar de subir por la nombrada calle, opto por caminar por Alfaros para así tomar dirección hacía Santa Marina, donde se respirará otro ambiente más tranquilo en estos días de puente.

Los días de ocio tienen el problema de que en muchas ocasiones, no se sabe muy bien que se va a hacer. El tiempo libre se agota rápido y por eso, cuando se duda en que invertirlo, una de las mejores soluciones es dar un paseo sin prisa, con pausa, tratando de respirar el ambiente que otros días somos incapaces de percibir.

Desde Alfaros, con la tranquilidad como bandera, se aprecia la cuesta pina del Bailio. Al terminar la calle, en la puerta del Rincón, la niña de bronce salida de las manos de Belmonte, el escultor cordobés, no cesa en su faena de regar macetas. Continuo por Condes de Priego para al llegar a la plaza admirar la fernandina fachada de la iglesia de Santa Marina. Ante ella el monumento al Monstruo de Córdoba. Córdoba tendrá sabios, poetas, escritores, toreros, pero Monstruo solo tuvo a uno. Manolete. Su monumento, erigido gracias a la corrida magna que organizó su amigo Carlos Arruza, a instancia de José Luis de Córdoba, se alza majestuoso en el corazón de una de las plazas más castizas de esta Córdoba sin igual.

Camino en dirección a la iglesia, para ver el grupo escultórico de cara, cuando en uno de los bancos próximos atisbo la figura de Rafael, el vaquero, con la mirada perdida y disfrutando de los rayos del sol en su rostro. 

- Rafael, a los buenos días.

- Hombre cuantos días sin verlo ¿está oste bien? No le he visto venir porque el sol en los ojos me ha dejado un poquillo reparao de la vista, pero ahora sí que le veo.

- Que tal Rafael ¿que cuenta usted que está muy perdido?

- Pos poca cosa. Salgo poco por culpa de los achaques y sobre todos por las calores que hemos tenido hasta hace poco. Pero ya el con el fresco me he atrevido a dar un paseo y hasta aquí he llegado. He visto la majestá de Manolete y me he sentado aquí cerca de él,  a tomar el sol, respirar el aire de Córdoba y a relajarme, que ya veo cercano el fin de mis días, que son ya muchos años amigo.

- Ande ya Rafael, si está usted mejor que nunca. Venga levántese que le invito a una copita de vino y de paso se anima usted un poquito.

Se levanta y a su paso, corto y pausado, nos adentramos en el castizo barrio de los piconeros y toreros por la calle Moriscos. Sin prisa, conversando sobre lo divino y lo humano, mientras el olor a picón de los primeros braseros del invierno, bañan el ambiente con su característico aroma, que permanece en las calles sin parecer pasar los años. Es la hora del aperitivo. Nos adentramos en una taberna clásica con el único fin de poder tomar una copa de vino de la tierra. El camarero nos sirve dos finos y un plato de aceitunas partidas del año. Tras un brindis y un primer sorbo, pregunto a Rafael:

- Rafael, vaya año raro ¿no?

- Pos la verdad es que si, pero a mis años he conosio otros iguales, parecidos y peores. De esos que el verano no se quiere ir, el otoño no quiere llegar y al final llega el invierno y los espacha a los dos.

- Entonces Rafael ¿esto no es del cambio climático?

- Esto siempre ha sido igual. Es cíclico. Como el campo. Eso del cambio climático como dice osté, me parece que es una milonga.

Toma un sorbo de vino y come una aceituna. Deposita el hueso, desde su boca, en la mano, lo pone en un platillo puesto para dejarlos, y continua hablando.

- En este mes de diciembre, siempre, se preparaban los lotes de vacas para ponerles los sementales a primero de año. Hay sitios que conservan tradisiones de ponerlos el día 1 de enero. En otros se ponen por Pascua y en otros, entre los meses de disiembre y enero. Era bonito ver al toro entrar en la serca en busca de las hembras. Pero ese momento, que se vivía con emosión, acarreaba no poco trabajo. ¡Hasta para un simple vaquero!

- Hombre Rafael, en el campo se trabaja y duro. Pero usted sabrá que lo vivió en primera persona.

- Pos claro que sí. Y además lo de preparar los lotes tenía su miga.

Bebe un sorbo de vino y vuelve a tomar con sus dedos una aceituna del platillo, que por cierto están buenísimas. Es costumbre, tras partirlas y cambiarlas de agua en varias ocasiones, aliñarlas con una mezcla propia de alquimistas, en la que están presentes los ajos, el tomillo, el laurel, el orégano, la sal, el comino, pimiento verde y rojo, cascara de naranja amarga o limón, y por supuesto la sal. Tras volver a despreciar el hueso Rafael me pregunta:

- ¿Recuerda cuando le conté lo del toro "Treintaydos" del Conde de la Corte?

- Sí, claro. El que llego de incognito y un chinazo de un chiquillo descubrió el pastel.

- Ese mismo. Pues aquello costó unas pocas jornadas de trabajo.

- Pues cuente Rafael, ya que ha empezado, acábelo.

- Eso está hecho amigo. Verá osté, lo del toro del conde lo sabía solo el ganadero y Diego el mayoral, hasta que por los Santos se descubrió, como le conte, todo. Una tarde, al acabar la faena diaria, me dijo Diego a solas en la cuadra: Rafael, me dice el señor que le apunte usted en la libreta un lote de 95 hembras que den sobre todo clase pero que tengan poca cara. ¿Y eso para que Diego?. Vamos a preparar un lote muy amplio para echarle el toro que anda ahí a préstamo y que ya sabe que chitón pues nos jugamos el sueldo.

Hace una pausa y tras beber un trago del dorado caldo, carraspea y continua contando lo que ocurrió.

- Los días siguientes fui por los sercados de las hembras viendo las vacas una por una. Primero fui apuntando las que habían dado hijos e hijas con mucha clase. Tras una primera selección y tras comprobar las notas que tenía tomadas en mis cuadernos, empecé a quitar las más cornalonas. Procuré equilibrar vacas de todas las edades, pero todas contrastadas, y a las que ya habíamos visto productos. La eralas aprobadas en la tienta y las utreras paridas a las que no habíamos visto a los hijos, quedaron descartadas desde el prinsipio.

- ¿Cuantos días le llevo aquello Rafael?

- Yo ya no me acuerdo, pero más de una semana seguro. Además fue trabajoso, porque a las notas que tomaba en el campo, trataba siempre de corroborarlas con las que había en los cuadernos. Vamos que de aquella aprendí a leer y a escribir mejor de lo que sabía.

Ríe con ganas y prosigue relatando.

- Una mañana el mayoral se acercó a mí y me dijo: Rafael, mañana a las doce en el cortijo que el señor quiere vernos a los dos para lo del lote que tenemos que ver. Preparado esta Diego, mañana nos vemos en la casa del cortijo.
Llegue por la noche a casa y prepare una calzona gris con vueltas blancas, camisa limpia, chaleco y chaquetilla corta de color marino que me solía poner cuando tenía que acompañar alguna novillá cuando Diego tenía corrida de toros el mismo día.

- O sea ¿que se vistió usted de corto para la ocasión?

- Las tradisiones son las tradisiones, así que a mantenerlas. A mediodía vestido de corto y tocado con mi gorrilla campera llegue a la casa, Diego, también de corto, me estaba esperando. Una niña del servicio, más guapa que un San Luis y con un tipillo que invitaba al pecado, que venía con los señores desde la capital nos abrió. Nos dijo que esperáramos en el recibidor. Al rato nos hicieron pasar al despacho. Allí estaba el ganadero, tras una mesa enorme y con los libros de hembras de la ganadería sobre la tapa de la mesa. Vamos a ver Diego y Rafael que me traen. Nos dio la mano a los dos y nos pusimos a trabajar.

Bebe un nuevo sorbo de vino y le mete a las aceitunas un serio meneo.

- Rafael, que parece usted un zorzal, pero no se preocupe que pedimos más.

- Me pierdo si están bien aliñas, ¡que ricas !

- Bueno continúe, que me parece que le queda cuerda todavía.

- Que va. Yo saque la libreta e iba diciendo nombres y números, el ganadero iba comprobando en los libros y tomaba notas en un cuaderno con las pastas de piel. De cuando en cuando hacía un gesto de aprobación, y en otros, lo torsía y consultaba la opinión de Diego. Yo callaba y miraba a los dos sin meterme en lo que desían, al fin y al cabo, tampoco me preguntaban, así que yo, ver, oír y callar.

- Es lo mejor Rafael cuando no nos consultan. Pienso que es la postura más sabia.

- Lleva osté razón. Tras dos horas de apuntar y apuntar, el ganadero me dijo:
Rafael ha hecho usted un trabajo perfecto. De estas vamos a dejar las sesenta mejores, y les adelanto que son para el toro del Conde de la Corte que está en el cerrado detrás del cortijo y al que ya conocen de sobra.
Nos miro y dirigiéndose a Diego dijo: ¿Qué le parece a usted si de estas noventa que ha relacionado Rafael, quitamos treinta de las familias de las profesiones, que dan bueno pero con poca regularidad? ¿Qué le parece a usted Rafael?
 Me puse un poco nervioso porque en dos horas fue la primera vez que se dirigió a mí personalmente. No dude mucho, la juventud tiene esa poca verguensa y le dije:
Mire osté por mi quitamos las Caleras, las Areneneras y las Carpinteras, quedan cincuenta y siete quitando esas tres familias.
El ganadero tomo el cuaderno y lo cotejo con los libros. Me miró muy serio y me dijo: Rafael, me deja usted sorprendido. Cincuenta y siete justas y de las familias profesionales, las relacionadas con la construcción son las más irregulares. Tiene usted las vacas en la cabeza.
Note que me subían los colores por el calor que me dio en el cogote.

- Hablo usted poco, pero dejo bien claro que hacía bien su oficio.

- Me dio verguensa, sobre todo por haber dejado tres vacas menos en el lote. Diego, me miró y metió el capote.
Mire usted, si teníamos pensado sesenta hembras vamos a cuadrar. Se mete una de cada familia. La 523, Calerita, la 344, Arenosa y la 401, Garlopera. Son de las mas nuevas y no sabemos si van a parecerse a sus madres en lo de la irregularidad. ¿Qué le parece Rafael?
El ganadero me miró, se encogió de hombros y me dijo: Tiene usted la última palabra. Pues adelante, si lo ha dicho el conocedor, así se hace. Pienso igual que él.

- Lote preparado al final.

- Nos levantamos, nos dio orden de ir pasando vacas a la cerca donde se iba a poner el toro y nos invitó a un vino amontillao con un poquito de queso que quitaban el sentio.

- ¿Se puso el toro el día 1 de enero como era norma habitual?

- Así fue. El día 1 paso el "Treintaydos" a la serca con todas las vacas. Se sacaron 56 crías. Tres vacas quedaron vacías y otra malparió. Pero aquel toro emprestao dejo su semilla en la casa y se lidiaron toros muy interesantes.

- Pues la satisfacción que se llevaría usted sería grande ¿no?

- Bueno, la satisfacción gorda vino el día 23 cuando nos dio el ganadero la paga extra y en mi sobre había 50 pesetas más, con una nota que decía, no se me olvidara jamás: Rafael, permita que le regale un aguinaldo extra de diez duritos para que se convide usted, como premio a su trabajo y celo con mi ganadería. Permita Dios que conserve usted muchos años esa agilidad mental. Felicidades.

- Diez duritos que era un capitalito. ¿Seguro que invitó usted a la señorita que abrió la puerta del cortijo?.

- Lo intente pero no pudo ser. Estaba mu refiná de la capital y no quiso, pero desde luego era guapa a reventar.

Reímos con ganas y tomamos cada uno camino a nuestra casa. Ya de vuelta, por los barrios castizos de esta Córdoba sin par, el aroma a picón sigue presente como siempre lo estuvo, y más en el barrio típico de los piconeros.