7/24/2016

PETROLERO, UN TORO BRAVO


Hoy la bravura no se mide por las entradas al caballo de picar, se hace por lo que muestre el animal en el tercio final o de muleta; pero el sábado en Lucena se vio a un toro bravo de verdad.
EL indulto de un toro siempre existió en la historia. El animal ganaba el perdón de su vida en casos excepcionales. Los animales que vencieron a la muerte en la arena, aún viven en la memoria de los aficionados. Aún se recuerdan sus nombres, y son conocidas sus épicas lidias a través de las páginas de tratados y prensa de la época. Toros que mostraron su bravura en el primer tercio, tomando un ingente número de varas, tumbando caballos junto a picadores y causando bajas letales en las cuadras de los contratistas de jacos de picar. Era el concepto de la bravura de antaño, donde el primer tercio, o sea el de varas, era el baremo para comprobar las aptitudes de un toro digno de tan honroso galardón.

La evolución del toreo nos trajo otro concepto de lidia. Con el paso de los años, el primer tercio ha perdido importancia, tanta que hoy es prácticamente testimonial, ganando el tercer acto de la lidia, el de muerte o muleta, total protagonismo. El toro ha evolucionado al gusto de los toreros. Los ganaderos se afanan en la búsqueda de un toro capaz de luchar, o embestir, hasta la extenuación, eso sí, perdiendo en muchas ocasiones esa capacidad de irradiar a los tendidos una sensación de peligro real. Hoy la bravura no se mide por las entradas al caballo de picar, se hace por lo que muestre el animal en el tercio final o de muleta. 

El indulto, antes algo extraño y excepcional, hoy, a raíz del reglamento de 1992, es algo que ha perdido su carácter magnifico. Se ha convertido en algo banal e insustancial. Son muchos los toros que se indultan a lo largo de la temporada ¿pero realmente han sido merecedores del perdón? La respuesta rotunda es no. Se está premiando más la capacidad técnica del torero, capaz de alargar la duración de una faena, que el concepto de bravura tal como es entendida por los aficionados y los más escrupulosos ganaderos.

Hoy el indulto es algo discutido. Tanto que ha comenzado a perder credibilidad ante un sector de la afición. No se ve en esta medida, nada más que un marketing gratuito para torero y ganadero. Discutir un indulto, aún no se haya visto, es patente de corso de quien se precie ser un aficionado cabal. Negar el perdón del toro da hoy la vitola de ser un fiel defensor de la ortodoxia. Lo malo de esto, es que muchos de estos inquisidores desconocen la realidad del campo bravo, de la selección y del trabajo diario de los ganaderos. Por ello no conocer al toro -sólo lo conocen de oídas- es obstáculo para no mostrarse conforme, con que el indulto, bien dirigido, es algo beneficioso para una fiesta que precisa mucho aire fresco para recobrar pujanza. 

Cuando sale un toro bravo pone a todo el mundo de acuerdo. Eso ocurrió en la pasada feria de Sevilla, cuando Cobradiezmos, toro de un hierro tan mediático como el de Victorino Martín, se gano el perdón de su vida en el dorado albero maestrante. Un toro bravo de veras, que cumplió con creces su misión de dotar a la fiesta de la viveza que necesita a diario. Un toro que ya forma parte de la historia. El histórico marco donde se ganó la vida y el pial a fuego marcado en su cuadril pasarán también a su recuerdo, pero el cárdeno Albaserrada puso a todo el mundo taurino en concordancia. 

El sábado pasado volví a ver a un toro bravo. Esta vez no era Sevilla. Tampoco estaba herrado con una marca emblemática. Tampoco había cámaras de una televisión privada, de pago, ni un comentarista locuaz y mediático cantando sus excelencias.

Está vez fue en una plaza nueva que lucha por cobrar identidad propia, la de Lucena. Por su puerta de toriles salió Petrolero, de Julio de la Puerta. Pronto hizo gala de su bravura. Franco y vibrante en sus embestidas al percal que manejó el torero. Luego se arrancó con alegría y empujó al caballo, donde, el picador Alventus le recetó un puyazo cruel, que dejó un boquete sobre su morrillo. Quiso volver a lugar donde le castigaron, pero no lo dejaron mostrar su casta de nuevo. Galopó raudo en el segundo tercio, con prontitud y embestida humillada. Y luego en el tercio de muerte, que él tornó de vida, gracias a su casta y bravura ante una muleta a la que persiguió de forma incansable y feroz. La petición de indulto fue unánime, como fue la respuesta del palco. Petrolero, un toro bravo de verdad, se ganó la vida en Lucena, haciendo honor a sus ancestro y en concreto a su padre, Anegado, también indultado en Baeza. 

Hoy muchos aún dudan, ponen pegas a su juego y lo que es peor, al perdón que se ganó en el ruedo. A Petrolero le faltó para ser reconocido otro marco, una feria de campanillas, un hierro mediático, una televisión privada y un comentarista de bigote teñido que cantara sus excelencias. Pero no importa, ya está en el campo. Cura de sus heridas de guerra de forma satisfactoria y sus criadores, gentes que trabajan desde el amanecer hasta el ocaso, están contentos porque saben lo que atesora tan bravo animal, que de seguro tendrá el próximo otoño un lote de vacas en las praderas ursanoenses de La Valdivia.



7/17/2016

TARDE POPULISTA EN LUCENA CON FINAL FELIZ PARA UN TORO BRAVO

Buena entrada de público

Juan José Padilla indulta a un bravo todo de Julio de la Puerta de nombre "Petrolero", segundo animal que consigue el perdón en los diez años de vida del coso lucentino.

Se dice, que los populismos surgen motivados por el descontento de la gente. Es un movimiento global, el cual tiene como objetivo el atraer a las clases más populares. Se toma como modelo básico, la conquista de los intereses generales de los colectivos más desfavorecidos. Definiciones políticas a parte, a día de hoy, en la fiesta de los toros también ha surgido un movimiento, que pudiéramos llamar, o calificar, de esta forma. Lo que antes eran simples y puntuales carteles con unas combinaciones, que tradicionalmente tuvieron su público especifico, y que se calificaron como mediáticas, hoy se repiten en plazas de cualquier categoría, incluso en ferias de prestigio, para contento de un público fácil, poco entendido, y que solo busca pasar un buen rato en el tendido. Van dirigidos a un público descontento, hastiado de pagar altos precios por sus localidades, y cansado de los caprichos de las primeras figuras. Un público al que no importa un ápice la más mínima integridad, así como el desarrollo del espectáculo dentro de unas normas tradicionales y ortodoxas.

Ventura estuvo en primera figura, Pena los aceros.

Estos carteles generalmente están compuestos por toreros conocidos, más por su actividad extra taurina, o bien, por su facilidad para conectar, a través de la heterodoxia, con un público desconocedor de la realidad de la tauromaquia. En muchos casos, son espadas con años de alternativa, curtidos en mil batallas, que jamás tuvieron el reconocimiento de la afición más purista. Toreros que aparecen por igual en las revistas de papel couché, o en programas televisivos de tinte rosa o amarillo, mas por sus avatares fuera de las plazas, que por sus honores en el redondel. Para poner la guinda al pastel, en estos carteles también han encontrado un hueco otras vertientes de la fiesta, como puede ser la inclusión de un rejoneador, o integrantes del escalafón novilleril, o incluso, como se puede ver en plazas menores, cuadrillas amateurs de recortadores o incluso forçados del país vecino.

Hoy este tipo de cartel está plenamente instituido en el panorama taurino nacional, no tanto en Francia. Es un tipo de espectáculo que se repite con frecuencia, ya demasiada, pues es fácilmente vendible por las empresas a corporaciones o comisiones locales, que solo pretenden que en las fiestas no falte un espectáculo taurino en el programa de actos. Un cartel que garantiza que el público, fundamentalmente el menos aficionado, que es a quien va principalmente dirigido, acuda a los tendidos, garantizando que la taquilla sea rentable, o al menos que cause el menor perjuicio posible.

El Cordobés pasa con la derecha a su segundo
Lucena conmemoró el décimo aniversario de la inauguración del coso de Los Donceles, con un cartel de corte popular. Un cartel que conformaba la principal figura del rejoneo actual, caso de Diego Ventura, y dos espadas veteranos que viven un momento dulce amparados en este tipo de combinaciones, como son "El Cordobés" y Padilla, este último alcanzando el sueño de traspasar la Puerta del Príncipe maestrante en la presente temporada. El público como era lo esperado, no falló y Los Donceles cumplió años rememorando aquel 16 de julio de 2006, cuando Pablo Hermoso de Mendoza, a caballo, Enrique Ponce, Finito de Córdoba y "El Cordobés", pisaron su arena por primera vez.

Padilla se lució de capote con el que indultó

Diego Ventura pasa por el mejor momento de su carrera. Primerísima figura del rejoneo, puesto este, a base de trabajo y constancia. Ventura ha dejado de ser una novedad, un rejoneador eléctrico y de carácter popular, para convertirse en una realidad que le lleva a ser, a fecha de hoy, en todo un referente en el escalafón de rejoneadores. Además de su buen momento y madurez, hay que resaltar que posee una cuadra realmente espectacular, con caballos que brillan por si solos, pero que son sabiamente manejados por la mano izquierda del caballero luso-sevillano. En su primero, un toro mal presentado y que no se prestó a la colaboración, estuvo acertado durante la faena, destacando sobre todo en banderillas montando a "Roneo" y a "Duelo". Se lució con las cortas sobre el albino "Remate" y cuando tenía las orejas en la mano, los aceros le privaron de ellas. No así aún paseó un trofeo. Mucho mejor en su segundo, un animal que fue de más a menos, donde cuajó una actuación excelente. Si ya lució a lomos de "Fino", montó un autentico alboroto en banderillas sobre "Milagro", quebrando en la misma cara del toro y clavando en todo lo alto. En un par de ocasiones el equino sirvió de improvisada muleta, pues el caballero en plaza dibujó auténticos pases de pitón a rabo. Volvió a fallar con los aceros, quizás por alargar en exceso su actuación clavando de nuevo con "Remate" banderillas cortas y rosas, pero su brillantísima faena fue premiada con otra oreja.

Faena vibrante a un bravo animal

Manuel Díaz, "El Cordobés" de nuestro tiempo, goza con la simpatía del gran público. Siempre fue, y lo sigue siendo, un torero alegre y extrovertido que conecta rápidamente con los tendidos. Luego su principal aval es su honradez y profesionalidad. Manuel Díaz no engaña a nadie. También hace lo que sabe, que no es poco. Plantea sus labores de forma más o menos ortodoxa, para pasar, en el momento que tiene oportunidad, a su repertorio más popular, contentando así a sus seguidores. "El Cordobés" se encontró con un toro en primer lugar bruto en sus embestidas y que no regalaba ningún muletazo claro, principalmente por el pitón izquierdo. No obstante el espada, a base de mucha firmeza, logró cuajar una labor enfibrada muy del gusto del público. Mató de forma contundente y cortó una oreja. Lució más en su segundo, un animal que tuvo calidad en sus embestidas, al que hilvanó un trasteo con su peculiar estilo en el que no faltó el popular "salto de la rana", eso si, tras tratar de hacer primeramente una faena más formal. Un pinchazo precedió a una estocada y cortó otra oreja que finalmente le permitió salir en hombros.

Traerá polémica pero el pañuelo naranja asomo en el palco 
Juan José Padilla es un torero curtido en mil batallas. Un torero al que nadie regaló nada, pero que a raíz del accidente de Zaragoza, que le pudo costar la vida y le marco su rostro para siempre, vive una etapa feliz. Desde entonces viene toreando en carteles alejados de aquellos de la épica y la tragedia. Está en todas las ferias, cuenta con el calor del público e incluso está viviendo sueños como por ejemplo abrir la puerta del Príncipe de la Maestranza. Su toreo tendrá las carencias que quieran verle, que las tiene y no son pocas, pero mientras la gente acuda a verle y él esté dispuesto a continuar en la brecha, adelante. En la tarde de ayer, el jerezano se encontró con un animal al que será dificil que olvide. Su primer oponente, de nombre "Petrolero", fue un animal que le permitió hacer una faena importante. El toro ya le brindó unas embestidas claras con el capote. Luego el animal se arrancó al caballo con alegría y empujo muy de verdad en un crudo y duro puyazo de "Alventus". Luego mientras Padilla solicitaba el cambio de tercio, el animal quisó volver al caballo, pero las cuadrillas no le permitieron, tampoco a los aficionados, ver su pelea en una segunda vara. Galopó el toro en banderillas y en la muleta derrocho casta y bravura de forma notoria. La faena enseguida caló en el tendido y Padilla toreó de forma correcta a tan bravo astado. ¿Pudo estar mejor? Seguro que sí, la aceleración y la falta de pausa fueron dominantes en ocasiones, pero al menos estuvo a la altura de tan nobles embestidas. Todo fue en los medios. El toro no hizo durante la lidia ademán alguna a rajarse y aguanto una larga faena. El indulto, a posteriori seguro que discutido, en esta ocasión fue justo premio a un animal bravo de verdad. En su segundo Padilla, ante otro animal de clase pero más bruto en sus embestidas, volvió a estar en su son. Con todo a favor y con el público entregado volvió a cortar dos orejas en una tarde que permanecerá en su memoria, sobre todo gracias a "Petrolero".

El jerezano no olvidará la tarde de ayer
Diez años ya. Parece que fue ayer. Tras unos inicios prometedores todo se vino abajo. Lucena es una plaza, como muchas de nuestra provincia, a recuperar. Solo cabe trabajar en su puesta en marcha. Por ahora todo tendrá que ser, muy a pesar, de cara al gran público. Seguramente la fiesta clásica y plena tardará todavía en volver. Todo se andará. La primera piedra ya está puesta.

Ficha del festejo:

Ganadería: Dos toros de Luis Albarrán, para rejones, reglamentariamente despuntados, y de escasa presencia y de juego desigual; y cuatro para lidia ordinaria de Julio de la Puerta, correctamente presentados y de buen juego, destacando el jugado en tercer lugar, de nombre "Petrolero", número 68 que fue indultado. TOREROS: Diego Ventura (rejoneador). Oreja y oreja.  Manuel Díaz "El Cordobés" (rosa y oro).  Oreja y oreja. Juan José Padilla (marfil y oro con remates negros). Dos orejas y rabo simbólicos y dos orejas. INCIDENCIAS: Plaza de toros de Lucena. Corrida mixta con motivo del X Aniversario de la inauguración de la plaza, con carácter benéfico para la Venerable Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Antes de iniciar el festejo se guardo un minuto de silencio en memoria del torero trágicamente desaparecido Víctor Barrio. Al finalizar el festejo los actuantes y el ganadero Pablo de la Puerta salieron de la plaza a hombros.


7/11/2016

LOS CALIFAS Y SU COMPLICADA RECUPERACION


Es difícil saber si el recinto cordobés albergará algún festejo taurino de aquí a que acabe la temporada; mientras, empresas de la provincia se abren paso en el panorama taurino

HACE justo una semana. Gran Vía Parque era un ir y venir de gente. En su lugar de siempre, imponente, mayestático, monumental, el Coso de Los Califas era el eje de todo. Gentes de diversa edad se concentraban a sus puertas. Como en las grandes tardes en el coso, y todos los establecimientos de su alrededor, cobraban vida. Desafortunadamente para la afición, el acto que albergaba no era un festejo de relumbrón. Tampoco nada para lo que fue concebido el recinto. En el cartel se anunciaba una primerísima figura. No del escalafón de matadores. En esta ocasión del mundo del rock. La banda germana Scorpions era la protagonista, junto a los locales Medina Azahara, que actuaban como teloneros, en el argot taurino, como medio espada. Para la Córdoba taurina, muy a pesar de un evento único, aquello no era más que un espejismo. Los Califas, taurinamente hablando, continua al parecer en estado crítico y con encefalograma plano.

Es difícil saber si el recinto albergará algún festejo taurino de aquí a fin de temporada. Todo parece que será empresa complicada. Precisamente porque los arrendatarios, para la gestión taurina de la plaza, no dicen nada sobre sus ideas hasta que se cierre la campaña. Desde el último domingo de feria, el dorado albero califal añora el pisar de los cascos de los caballos de los alguaciles, el clamor al romper el paseíllo de un público ávido de sensaciones únicas, los olés, los aplausos, las broncas y pitos e incluso con nostalgia el cascabeleo de los atalajes del tiro de mulas. En el recuerdo quedan muchas cosas. Algunas no tan lejanas de los espectáculos a la luz de la luna, donde muchos soñaban con la gloria. Primero organizados por las empresas gestoras de la plaza y luego más tarde por la Fundación Manolete, creada en 1997 con motivo del cincuentenario de la muerte del Monstruo, cuyo objetivo no era otro que la búsqueda de nuevos valores. Fundación que entre unos y otros dejaron morir cuando pasó la época de las vacas gordas.

La empresa actual calla. Dicen que no vivimos tiempos claros para la tauromaquia. Posiblemente Córdoba, cuna del toreo, sólo celebre un festejo mayor en esta temporada de 2016. Otras ciudades, incluso pueblos y villas, con menos trascendencia y categoría taurina, nos superaran en número de festejos. Mientras, la afición cordobesa calla resignada su desgracia, ante la falta de actividad de unos gestores que venían a recuperar el prestigio de la plaza, pero que posiblemente ahonden más su declive. 

Cuando mejor ha funcionado la plaza, taurinamente hablando, ha sido cuando las empresas han estado cercanas a la particular idiosincrasia de la ciudad. Aún se recuerda la gestión de los hermanos Roger, o de los Flores Cubero con su cuñado, Antonio Pérez-Barquero, al frente. También la época dorada de la eclosión del llamado finitismo, donde los malagueños Gálvez y Conde contaban con la participación del recordado Paco de la Haba.

Luego llegaron otros, que aprovecharon la inercia y sacaron pingües beneficios para sí y para los propietarios de la plaza. Estos últimos, cegados por la facilidad con la que se generaban los dividendos, que se destinan al mantenimiento del coso, han continuado con una política continuista que ha llevado a que, a día de hoy, la gestión de Los Califas no sea rentable para nadie, por mucha "plata" transoceánica se ofrezca y que parece haber quedado en la profundidad del Atlántico y la bodega de un galeón hundido.

Mientras tanto, empresas cordobesas se abren paso en el panorama taurino. Una, como Campo Bravo, regida por Antonio Sanz, se empeña en recuperar plazas en declive de nuestra provincia con éxito, casos de Cabra y Priego de Córdoba, donde en esta última incluso se han corrido animales de la prestigiosa ganadería de Adolfo Martín. Sanz continúa trabajando e incluso ha dado el salto a plazas de fuera de los limites de Córdoba, casos de Morón de la Frontera, y Almadén, donde ha tenido el gesto de acartelar al novillero con más proyección de la tierra, como es Javier Moreno Lagartijo. 

Días atrás otra empresa netamente cordobesa se ha presentado en sociedad. El solvente torero cordobés Antonio Tejero, tras años de figurar en la cuadrilla de una primera figura como Enrique Ponce, inicia su andadura como empresario al frente de la empresa Caído y Soledad. Tejero fue el último cordobés que intentó reflotar Los Califas como hombre fuerte de los venezolanos de Ramguertauro, mientras estuvo con ellos el enfermo tuvo una buena mejoría, luego cuando dejó de creer en el proyecto, el trabajo se vino abajo con la gestión del nuevo gerente. Ahora Tejero ha presentado la feria de Pozoblanco. Una feria bien rematada con una corrida de toros cuyo cartel sería la envidia de muchas plazas de superior categoría.

Empresas de Córdoba que pueden ser, a corto plazo, la solución para la definitiva recuperación de una plaza que atraviesa un bache demasiado profundo y lo que es peor, que se eterniza en los tiempos. ¿Quién mejor que cordobeses para intentar una empresa complicada y compleja? La propiedad tiene la última palabra.




7/10/2016

A LA MEMORIA DE VICTOR BARRIO.


No sé si eran las cinco de la tarde. Tampoco si un niño trajo una blanca sábana. También ignoro si había en Teruel una espuerta con cal ya preparada. Lo que sí sé, es que la muerte estaba allí presente. Cómo siempre. Al acecho. Con la guadaña preparada para segar una vida joven. Una vida repleta de ilusión por alcanzar un lugar de privilegio, y para ocupar un puesto relevante en el escalafón de matadores de toros.

Vestido de amaranto y oro, como Joselito en Talavera, Víctor Barrio partió plaza en Teruel soñando con la gloria y el triunfo. Consciente del ceremonial taurino, el matador conocía cual podía ser el precio de su sueño. El torero, el oficiante del rito, es el único que ofrenda su propia vida para tocar la gloria. Porque la tauromaquia es un coqueteo cotidiano con la muerte, tan cotidiano, que en ocasiones no creemos que la parca este al acecho.

El oficiante del rito pisaba el ara. El ruedo, el albero, la arena ese altar donde se juega la propia vida. El fin es enfrentarse al toro con el solo objeto de crear un arte efímero, con una materia viva como es un animal imprevisible. Una danza ritual de lucha, sangre y muerte, porque la descarnada siempre está presente, aunque parezca que no. Siempre está escondida y cuando menos se espera se hace presente en los punzantes pitones de un toro.

Bastó una inoportuna ráfaga de aire. El engaño voló y en muslo quedó a la vista del bruto. El torero cayó en la arena. El toro busco con saña su presa y hundió su pitón certeramente en el costado. El torero cayo inerte en la arena. Su rostro desencajado y su cuerpo desmadejado hacían prever que el drama, una vez más y sin ser esperado, se había cumplido. El torero pago con su vida el precio de la gloria. Una gloria que tal vez soñara muchas noches y que acariciaba cada vez que jugaba sus brazos moviendo percales y franelas. El toro le quitó la vida, pero el destino le ha premiado con una gloria eterna, no fugaz, ni efímera. Víctor Barrio alcanzó el Teruel el Olimpo definitivo de los héroes que visten de seda y oro.

Los lobos, sedientos de sangre y faltos de humanidad, salieron rápido de sus guaridas. Rabian como perros. Aquél que se alegra de la muerte de un ser humano no tiene ética, ni tampoco valores. Son seres miserables que no merecen ser llamados humanos. Anteponer la vida de un animal a la de una persona delata una moral vacía y hueca. Que rabien, que sigan rabiando, un torero es un héroe que oficia un rito milenario capaz de poner en juego su vida, ellos nada mas que escoria con una vida obscura y tenebrosa.


Víctor Barrio ya está en la gloria. Muchos le precedieron y muchos también le seguirán. La muerte continuará al acecho. La gloria eterna, también.

7/07/2016

POZOBLANCO YA CUENTA CON CARTEL TAURINO DE FERIA


Haciendo gala de previsión, y sobre todo anticipación, en el día de hoy ha sido presentado, en la plaza de toros de Pozoblanco, el cartel taurino que se celebrará en septiembre, durante la feria en honor de Nuestra Señora de las Mercedes.

La empresa "Caido y Soledad", bonito y curioso nombre, que dirige el cordobés Antonio Tejero, será la encargada de organizar el ciclo taurino de una plaza, que junto con Montoro, pone el epilogo a la temporada taurina en la provincia de Córdoba.

Dos festejos que tendrán lugar los días 24 y 25 de septiembre conforman la base de un cartel que de seguro atraerá tanto al gran público, como a los aficionados, a los tendidos del Coso de los Llanos. El sábado 24, y ante astados del hierro onubense de Albarreal, están anunciados el veterano Enrique Ponce, que vive un extraordinario momento, en el que aúna madurez y una ilusión como si comenzará a iniciar su carrera. También romperá plaza ese día, el madrileño afincado en Borox,  David Mora tras su feliz reaparición en la presente temporada tras un desafortunado percance y en la que ha triunfado con rotundidad en la pasada feria de San Isidro en Madrid, donde cuajó un toro de Alcurrucen abriendo la puerta grande. Cierra el cartel otra de las novedades del escalafón, el también madrileño López Simón, que también ha triunfado con firmeza en Madrid y en otras plazas durante la temporada.

El domingo 25 el coso de los Llanos acogerá una corrida de rejones, donde con toros portugueses de Passanha, harán el paseo Diego Ventura, máxima figura del escalafón de rejoneadores en estos momentos; y los más jóvenes, caso de la francesa Lea Vicens, que a la sombre de los Peralta se va cuajando como una amazona con interés, y el onubense Andrés Romero, quienes están llamados a ocupar lugares de privilegio en el mundo del toreo a caballo, comenzando a estar presentes en las ferias.

Los toros a lidiar serán desencajonados en el ruedo en manifiesto público el viernes 23, y el domingo 25, al alborear el día tendrá lugar la tradicional vaca del Aguardiente para regocijo de jóvenes y aficionados prácticos.

Se han anunciado junto a las combinaciones, los precios de las mismas, así como las facilidades para la adquisición de abonos y entradas sueltas, pudiéndose hacer la gestión incluso de forma electrónica a través de la web www.torospozoblanco.com y en el teléfono 600337713.

Desear a la nueva empresa y al consistorio pozoalbense que la feria tenga una asistencia de público acorde a la calidad del cartel y poner a Pozoblanco en el sitio que ocupó en el panorama taurino nacional.


7/03/2016

LOS ENTRESIJOS DEL TOREO


El toreo, esa liturgia tan nuestra, mantiene valores y misterios que lo hacen algo grande y que forma parte la cultura, pero también muchas 'corruptelas' que lo dañan desde lo más profundo
José Marzal fue un pintoresco ganadero. Sordo como una tapia y escrupuloso en su tarea de criador de reses de lidia. Tanto es así que afirmaba que no le gustaba que lo calificasen como ganadero de reses bravas, pues argumentaba que también le salían mansas en contra de sus deseos. Muchos cuentan, y no acaban, de la personalidad de Marzal. En cierta ocasión afirmó sobre el toreo, y cito textualmente, lo siguiente: "Es un mundo con mucha grandeza, pero también con cloacas, procura siempre atravesar éstas sin que se te pegue ni una pizca de su mal olor".

Han pasado muchos años desde que Marzal pronunciase tal sentencia. Si en su época el ganadero extremeño ya se quejaba de los entre bastidores del toreo, muchas de las cosas que están sucediendo hoy, más de cincuenta años después, nos hace comprobar que poco ha cambiado con los tiempos. El toreo, esa liturgia tan nuestra, mantiene valores y misterios que la hacen algo grande, única en una sociedad que no sabe reconocer el legado de sus ancestros y que forma parte de la cultura de nuestro pueblo. Como dijera José Marzal el toreo tiene mucha grandeza, pero también muchas corruptelas que lo dañan desde lo más profundo del mismo.

El sistema que maneja hoy la tauromaquia campa a sus anchas. Hace y deshace a su antojo. No mira nada más que por sus intereses. No vela por nada más. Ni por el pilar fundamental de la fiesta, el toro. Tampoco por el público, sea o no sea aficionado, que es a la postre quien mantiene, comprando su localidad, un espectáculo cada vez más monótono y previsible. El sistema va en contra de todo aquel que pretenda rebatir o cuestionar sus disposiciones e intereses. No se premia a quien lo gana en la arena, por contra se cuida a quienes se pliegan a los intereses de los poderosos. 

Siempre se dijo de la plaza de Madrid, que tiene la potestad de dar o quitar valores a un torero en su carrera. Los triunfos en la capital suponían el aval necesario para torear en toda España y figurar en los carteles de las ferias. Por contra un fracaso, o un petardo, dañaba la imagen del espada, haciéndole perder crédito en todo el panorama taurino. Así fue durante mucho tiempo. ¿A cuántos toreros puso la llamada primera plaza del mundo en figura y en dinero? Antaño a muchos, hoy a quien el sistema que todo lo maneja se lo permite. 

Que me digan sino, como toreros que han triunfando con rotundidad en Madrid, les cuesta un mundo entrar en las ferias, si es que entran, o torear con ese halo de figura que antes se ganaba en Las Ventas, festejos por toda la piel de toro de la península. Hoy son muchos los que sufren tal injusticia. Otros, cuyas carreras son dirigidas por el entramado empresarial, con menos méritos lo tienen todo más fácil, ocupando lugares de privilegio en los carteles en demérito de otros que hicieron más méritos que ellos.

Un caso flagrante es el sufrido por el madrileño, afincado en Borox, David Mora. Un torero forjado a sí mismo, como lo han hecho de toda la vida los toreros. Primero siendo yunque, soñando en un futuro ser martillo. A David Mora nadie le regaló nada. Fue su capote, su muleta y su espada quien le fue abriendo puertas hasta llegar a un lugar conquistado con méritos propios. Un torero alejado del sistema empresarial, independiente, cuya carrera era gestionada por otro hombre cabal como es Antonio Tejero, y que comenzó con mucho esfuerzo a ocupar un lugar de privilegio. Una tarde en Madrid sucedió un percance que hizo temer por la vida, después por el hombre y finalmente por el torero. Éste, acostumbrado a la lucha, fue superando escollos y tras un autentico calvario volvió a vestir el chispeante a principio de la campaña en curso. Luego cuajó una de las mejores faenas de San Isidro con un toro bravo y exigente. Mora franqueó la puerta grande vislumbrando la calle de Alcalá y el final de un mal sueño. Todo parecía que volvía a rodar de forma favorable. Sin embargo los méritos logrados en el ruedo de poco le han servido. Mora no está en los grandes carteles, para mayor injusticia ni en los de las plazas que gestiona su co-apoderado, este año Simón Casas, caso de la recién concluida feria de Alicante. A pesar de toda la grandeza de su triunfo en Madrid, Mora se tiene que conformar con las migas que el sistema le deja. Una injusticia que no tiene justificación alguna. Marzal tenía razón hace más de cincuenta años. El toreo es grande, pero en lo más profundo de él, hay nauseabundas cloacas que siguen oliendo cada vez peor, aunque algunos traten que no lo hagan usando caro perfume francés.



6/26/2016

ACERCAR LOS TOROS A LA JUVENTUD


La regeneración no es solo en buscar la integridad del pilar básico del espectáculo, el toro, sino también atraer a las nuevas generaciones que aseguren la supervivencia de un ritual.

Fácil hubiera sido escribir, una vez más, de la última actuación de José Tomás. Esta vez en Alicante, donde lo hizo en un festejo mixto con los hermanos Manzanares. Manuel, a caballo, y José María, a pie. El guion se cumplió tal y como estaba previsto. Triunfo con todo a favor y ante un toro a modo. Se habla del enorme impacto económico que ha tenido la ciudad levantina, gracias a José Tomás. También sus exegetas cantan y no paran de las excelencias del toreo, del que llaman Mesías, de su verdad y pureza en una fiesta que se nos va de las manos, por causas que comienzan a ser preocupantes y de compleja solución a corto plazo, si es que nos dejan estos politicastros de nuevo cuño, que llevan el totalitarismo de la prohibición en la sangre.

Disfruten sus seguidores de él. Síganlo allá por donde vaya. Sigan idolatrando a un torero que, a pesar de su aparente capacidad, no da el paso adelante de comparecer en plazas y ferias de primera categoría, con toros íntegros y con trapío, así como competir con los espadas que tiran de la temporada año tras año, sin importarles el peso de la purpura, o de aquellos otros, que vienen con la hierba en la boca, dispuestos a arrebatarles los lugares de privilegio. Síganlo, sigan tras José Tomás allá por donde se anuncie. Disfrútenlo con su tauromaquia previsible y acomodada. No hacen nada por revitalizar la fiesta, ni tampoco para afianzar y garantizar su supervivencia. Sólo velan por sus propios intereses y los de un torero acomodado, mantenido en un pedestal artificioso forjado por un público que, cuando el de Galapagar se vaya, no tendrán ilusión alguna por continuar disfrutando de la verdadera realidad de la fiesta. Seguramente pan para hoy... y hambre para mañana.

Por eso hay que dejarlos en su burbuja. Que sigan, que sigan. Ellos a lo suyo, y los demás a tratar de mantener el toreo con toda su grandeza, épica y valores. Ese que nos legaron los que nos precedieron, y que no se dejaron embaucar por cantos de sirena. Aquellos que eran fieles al rito ancestral del combate a muerte entre la razón y la fuerza. A la liturgia que rinde culto al toro, autentico pilar de la fiesta, heredera de las más primigenias tradiciones Mitraica o Minoica, que aún permanecen vivas en lo más profundo de nuestra cultura y de un pueblo. 

Por eso mismo hay que hacer que todo esto, el valor antropológico y cultural del toreo, llegue de forma nítida y clara a los más jóvenes, que a la postre son los llamados a mantener este único legado. Cierto es que nuestra juventud tiene a día de hoy diversidad de actividades y disciplinas para ocupar su ocio. También el abanico de espectáculos es muy superior al de hace unos años. La juventud, salvo casos contados y aislados, se ha alejado de las plazas de toros. Puede que haya influido que esta nueva generación se haya criado alejada de un marco rural, y por ello alejados de la naturaleza. También que el contacto con ella haya sido desvirtuado en exceso. Ya saben, dibujitos animados con animalitos que hablan y con sentimientos propios de humanos, así como mascotas dotadas por el hombre con un halo de humanidad a todas luces incoherente.

A esa juventud urbanita y acomodada, el toreo, o sus integrantes, no ha sabido atraerlos. No ha sabido explicarles los motivos y razones de esta liturgia. No se ha sabido, ni tampoco querido, hacer que vean el toreo como algo normal y propio de nuestra cultura. Tampoco se les ha enseñado que la tauromaquia no es un espectáculo arcaico, casposo, ni propio de un pasado al que no hay que volver a mirar. El mundo del toro es el principal culpable. Con la tradición familiar no es bastante. Si un abuelo -qué papel desempeñaron en la difusión de los toros, inicia a sus nietos en los toros- y luego estos no pueden hacer frente al precio de una localidad, algo falla. Posiblemente se haya perdido una generación de aficionados, por culpa de una nefasta gestión empresarial, que en una época de bonanza económica, en la que no pensaba nada más que en engordar sus carteras, no pensó en cuidar la clientela del mañana y asegurar una continuidad.

Ahora tal vez ya sea tarde. Está muy bien las promociones del tendido joven, localidades especiales para estudiantes, o facilitar el acceso de los jóvenes a los toros, pero hay que reconocer que se ha fallado, y mucho. La regeneración no es solo en buscar la integridad del pilar básico del espectáculo, el toro, sino también atraer a las nuevas generaciones que aseguren la supervivencia de un ritual que forma parte de nuestra raíz cultural más primitiva.