7/16/2017

LAGARTIJO(CHICO) Y MANOLETE (PADRE), JUNTOS EN PAMPLONA.

Rafael Molina Martínez y Manuel Rodríguez alternaron mano a mano en la corrida que cerró el ciclo de San Fermín del año 1908.

Julio debe ser un mes netamente manoletista. La alargada sombra del monstruo de Córdoba se alarga cada verano. Tristemente es el mes de agosto, cuando encontró su fatal destino en lugar del julio en que vio la luz, cuando su imagen se vuelve a hacer presente. En este año en que se está conmemorando el centenario de su nacimiento, los actos en su recuerdo no cesan. Y es que Manolete continúa muy presente en la memoria no solo de los aficionados a los toros, sino también de mucha gente que se siente atraída por la enigmática figura de uno de los mitos españoles del siglo XX.

El icono manoletista trasciende más allá del panorama netamente taurino. Tanto es así que al recordar a Manolete, la figura de su madre, doña Angustias, siempre aparece de forma nítida y presente. Mujer a la que tocó afrontar un difícil destino y que siempre estuvo unido al toreo. Se casó con una de las promesas del toreo cordobés, Rafael Molina Martínez, Lagartijo Chico en los carteles, al que una enfermedad incurable en la época truncó su carrera taurina y también la vida, pues el joven Lagartijo falleció en 1910 cuando le faltaban pocos meses para cumplir los 30 años. Doña Angustias, viuda y con dos hijas, Dolores y Angustias, contrae segundas nupcias con otro torero, Manuel Rodríguez, Manolete en los carteles, de cuyo matrimonio nació el recordado Manuel Rodríguez Sánchez, quien también se anunció como Manolete, Califa del toreo cordobés.

Lo que muchos pueden ignorar es que Lagartijo Chico y el primer Manolete alternaron juntos en los carteles. Sin ir más lejos, esta semana se han cumplido años de una de sus actuaciones: los dos maridos de doña Angustias alternaron mano a mano en la corrida que cerró el ciclo de San Fermín de 1908, por cierto el último año en que Lagartijo Chico se enfundó el traje de luces, ya aquejado de la tuberculosis que acabó con su vida.

Rafael Molina Martínez "Lagartijo-chico"
Los sanfermines de la época eran muy distintos a los de hoy. Era una fiesta antes de que Hemingway, don Ernesto como lo conocían en ambientes taurinos, la hiciera internacional y poco a poco fuese perdiendo su tradicional esencia. Hoy es conocida a nivel mundial, son muchos los foráneos que vienen atraídos por su secular tradición, pero también la masificación nubla el verdadero sentir de los navarros, que ven cómo poco a poco su fiesta se les escurre entre los dedos.

Aquel año de 1908 las corridas sanfermineras tenían un neto sabor cordobés. A los nombrados Lagartijo Chico y Manolete se unía el nombre de Machaquito, en los años dorados de su carrera, quienes, acompañados de Vicente Pastor y Bombita III, serían los encargados de actuar en las tardes festivas, ante toros de Murube, Palha, Guadalest, Espoz y Mina, Lizaso y Zalduendo.

Manuel Rodríguez "Manolete" (padre)
El día 12 se anunciaban dos de los espadas cordobeses. Lagartijo Chico y Manolete actuarían mano a mano ante toros de la tierra, tres con el hierro de Zalduendo y otros tres con el pial de Lizaso. Aquel festejo sirvió para que Pamplona rindiese homenaje a uno de sus hijos más celebres, el violinista Pablo Sarasate, quien presidió el festejo acompañado del gobernador civil y del alcalde de la ciudad. El público llenó el coso pamplonés y los dos toreros paisanos partieron plaza. Lagartijo Chico cuajó una meritoria faena ante el primero de la tarde, de Zalduendo y que tomo cinco varas de la época, siendo muy ovacionado cuando lo finiquitó de estocada y descabello. No lució mucho Manolete (padre) en el segundo de la tarde, un animal, según El Eco de Navarra, manso y acobardado que no le permitió lucimiento alguno, y que unido al mal uso de los aceros hizo que el público pitase al matador. Volvió a lucir Lagartijo Chico con el tercero. Faena de mérito y certera estocada que le sirvieron para obtener una cerrada ovación de todos los asistentes. No lució, según la prensa de la época, Manolete en el segundo de su lote; desconfiado con muleta y desacertado con la espada vio cómo el público se enfadó con su labor. Lagartijo Chico en el último de su lote, muy molestado por el viento y tal vez con los primeros síntomas de la enfermedad, solo pudo lucir en banderillas y poco más, pues tampoco estuvo acertado en la suerte suprema. El tercero de Manolete fue devuelto por saltar a la arena con un pitón partido y con el sobrero tampoco destacó el novel espada, que se sacó la espina en el toro de gracia, regalado por el presidente Sarasate a petición popular, cuando cuajó una de las mejores faenas de su carrera, aunque Fulanez, quien firma la crónica, afirma que más debido a la condición del toro y a su valor espartano.

Lagartijo Chico dejó de actuar ese mismo año aquejado de la enfermedad que le llevó a la muerte. El resto de la historia ya es conocida. Su viuda casó con su compañero de aquella tarde pamplonesa y nueve años después el mito se hizo carne en una casa de la calle Torres Cabrera de Córdoba.

El Día de Córdoba (16/07/2017)

7/09/2017

MANOLETE VIVO SOBRE LA ARENA

El cordobés fue dominador y conocedor del toro, y su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas: llegó a la perfección.

Manolete continúa vivo. Su figura se acrecienta con el paso de los años. No pierde un ápice de su frescura. Cien años después de su nacimiento, su imagen permanece presente entre nosotros. Los actos conmemorativos de la efeméride se suceden y el Califa de Córdoba, el Monstruo como lo bautizara K-Hito, forma parte ya no solo de la memoria, sino también del paisaje urbano de toda la ciudad mediante fotografías, exposiciones, representaciones y toda clase de actos, que recuerdan el centenario de un mito. Manolete forma parte del acervo cultural de todo un país, incluso de otros fuera de nuestras fronteras. Y es que Manolete fue, y es a día de hoy, un personaje que da para mucho, pues su figura se extralimitó más allá de los ruedos.
Mostrar al Manolete hombre, para así tratar de acercarlo a simple mortal, es complicado. Es fácil caer en una imagen kitsch del personaje, mostrando un icono vintage basado en algo superficial con olor a naftalina. Manolete es algo más que un héroe de amplias chaquetas cruzadas, guayaberas blancas, zapatos bicolor, pelo engominado y gafas de aviador americano. El ídolo supone mucho más que alguien rebelado contra el matriarcado familiar, por culpa de apasionados amores mal vistos por una sociedad malherida y convaleciente de una guerra. Mostrar así a Manolete supone volver a caer una vez más (y van...) en los típicos tópicos que enmascaran la verdadera dimensión de aquel ídolo de masas que se llamó Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, y al que un toro en Linares convirtió en un mito.
Cada vez que se trata de mostrar a un Manolete humano, se cae de forma involuntaria en los mismos errores de siempre. Tanto que finalmente nos queda una figura más superficial que profunda, enmascarada con una pátina artificial que oculta de forma alarmante el verdadero espíritu del torero, que es quien realmente dota a Manuel Rodríguez de su carisma y relevancia.
Y es que es complicado hacer comprender a las gentes de hoy que un torero podía llenar una época en la memoria de los habitantes de este país. El torero era un ídolo. El serlo de fama era salir del anonimato para alcanzar la notoriedad y la riqueza que todo ser humano busca. El matador de toros en la cúspide era como el futbolista de élite de nuestros días. El deporte rey aún estaba en mantillas en España y el único recurso para salir de los estratos desfavorecidos de la sociedad no era otro que vender su vida ante las astas de los toros.
Manolete fue un predestinado. Manuel Rodríguez se crió en un ambiente en que el toro tenía que ser mirado con recelo. Es de sobra conocido que su madre enviudó de las primeras nupcias contraídas con Lagartijo Chico, sobrino del genial primer Califa, para casarse posteriormente con un espada digno, pero mediocre, como fue Manolete padre. Es ahí donde pueden surgir los primeros enigmas que muestran esa predestinación del Monstruo a vestir el chispeante.
El segundo de los enigmas es el desarrollo de un toreo que en los primeros años, etapa novilleril, no destaca para después culminar en la perfección de todas las aportaciones que hicieron los que le precedieron. Y es que en una época en que se carecía de los medios audiovisuales y tecnológicos de hoy, Manolete perfecciona el toreo de la llamada edad de oro en las innovaciones que trajeron dos colosos como fueron Gallito y Belmonte. Son fuentes en las que bebe el torero de Córdoba sin saber cómo. La influencia de Camará, como gran gallista, tampoco parece ser clave, pues Manolete toma aportaciones netamente belmontistas. Manolete no es un torero de entre épocas. El Califa cordobés es un torero que culmina, y de qué forma, lo apuntado por otros. Sin verlo, Gallito muere cuando Manolete tiene apenas dos años, absorbe el dominio, conocimiento, profundidad de Joselito y vergüenza profesional, mientras que de su rival, Belmonte, toma la quietud y la ligazón. A todo esto, que toma y hereda sin saber cómo, une una personalidad única y arrolladora, así como una espada llena de pureza y ortodoxia que le lleva a ser uno de los mejores estoqueadores del toreo, cosa que poco se le reconoce, tal vez porque su aportación a la tauromaquia nubla su contundencia y clasicismo en la suerte suprema.
Manolete fue dominador y conocedor del toro, el hacer faenas de semejante estructura a cada uno de los que se enfrentó nos lo corrobora. Su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas. Su valor y disciplina espartana están también latentes en su tauromaquia. Valor seco, sin alharacas, para ligar muletazos largos a pesar de esperar con la muleta retrasada en faenas compactas y ligadas.
Luego vino la perfección absoluta. Los cimientos del toreo de hoy. El toreo donde el último tercio adquiere una relevancia sobre los otros dos. Es la culminación de un todo y el principio de unas nuevas formas que apuntaron hacía la perfección de todo. Ahí es donde Manolete vive. Sobre los alberos y arenas del planeta toro cada vez que el hombre, en pleno siglo XXI, continúa tocando la gloria ante los pitones de los toros.


7/02/2017

MURO. LOS TOROS EN LA ESPAÑA PROFUNDA

Hay que erradicar la picaresca y la falta de ética y de escrúpulos que tanto daño hacen a la tauromaquia, como lo vivido hace poco en Muro, remedo del escándalo acaecido en 1960.

La fiesta de toros es una celebración de contrastes. El sol y la sombra. El triunfo y el fracaso. La gloria y la muerte. De ahí que haya tardes radiantes que son difíciles de olvidar y otras que lo deseado es borrarlas de la memoria con la mayor premura posible. Hay tardes de brillo y relumbrón que quedan grabadas para siempre en nuestro ser, que hicieron historia y que con el tiempo pasan a formar parte del libro dorado del toreo. Por el contrario, hay otras en la que la cara más triste de la fiesta se hace presente. Son tardes que no traen más que desazón y muestran un lado oscuro, y a veces siniestro, de esta disciplina española milenaria. Tardes no ya sólo de tragedia, la cara más dura de la tauromaquia, sino en las que la picaresca, la falta de ética y de escrúpulos de algunos, que tanto daño hacen, se hacen presentes mostrando una cara que hay que erradicar, por muy difícil que parezca, pues hacen un daño, y más en estos momentos, muy grande a la tauromaquia.

Con la tragedia de Air-Sur l’Adour aún fresca en la memoria, se anunció en la localidad balear de Muro una corrida de toros que suponía la presencia de los añejos toros de pablorromero en las Baleares. Para darles lidia y muerte estaban anunciados Javier Castaño, Alberto Lamelas y Cristian Escribano. Todo un aliciente en un tiempo en que las islas viven un crudo momento en relación con la fiesta, con una ley autonómica en proyecto que, de aprobarse, será mutilar una liturgia milenaria y un rechazo por parte de sectores secesionistas y animalistas.

A pesar de la entrada que registró el coso, con apenas 20 intransigentes protestando a sus puertas, lo vivido hace poco en Muro no fue para nada positivo para los días que se viven en el mundo taurino balear. Los de Partido de Resina lucieron una presentación irreprochable, se dice que con trapío suficiente para plazas de mayor categoría, y que dieron un juego entretenido, vendiendo cara su vida con un comportamiento encastado y poco propicio para el toreo de postureo de la actualidad. Los toreros naufragaron ante ella. Sólo un enrazado Lamelas se salvó de la quema y el escándalo fue mayúsculo con amago de suspensión al reclamar los toreros el cobro de sus honorarios, apagones de luz incluidos y un triste arrojo de toda clase de objetos al ruedo. Se ha hablado mucho, y mal, de esta tarde que de seguro tardará en borrarse de la memoria de los que a ella asistieron, y no precisamente por haber sido una jornada de brillo. Sólo el tiempo hará justicia.

No es la primera vez que Muro vive una tarde de tono gris y con el escándalo de fondo. En la temporada de 1960, el día 20 de agosto, se anunció la alternativa de un novel espada hispanomexicano, Pepe Núñez, con el cordobés Chiquilín y Sanluqueño como padrino y testigo. Se anunciaban toros salmantinos de Sánchez Valverde. Todo empezó de tono gris, pues el neófito no estuvo a la altura en el toro de la ceremonia, siendo pitado a su arrastre. En el segundo vino el escándalo, pues tanto Chiquilín como Sanluqueño fueron cogidos de gravedad, negándose el recién alternativado a darle muerte, lo que motivó un escándalo mayúsculo, que se vio acrecentado cuando Núñez se negó, alegando miedo –al menos fue honrado–, a terminar la corrida, lo que hizo que fuera detenido y encarcelado por ello.

No terminó ahí la escandalera, ya que las condiciones sanitarias eran escasas, teniendo que atenderse a dos heridos de gravedad en una rústica sala habilitada junto a las cuadras, con una falta de material y medios realmente alarmantes. Tanto es así que la prensa de la época, así como el desaparecido Alfonso González Chiquilín, llegaron a afirmar que ante la falta de algodón se llegaron a abrir petos de picar para extraer la guata para ser utilizada para limpiar las heridas de los toreros corneados. También se descubrió que los toros lidiados, aunque con el hierro de Sánchez Valverde, el célebre cura salmantino, eran propiedad de una segunda persona que no se encontraba inscrito como ganadero en el Sindicato Vertical de Ganadería en ninguno de sus grupos, lo que le inhabilitaba para tal labor, de ahí que se anunciaran a nombre de su antiguo propietario, lo que hizo que el fraude fuera todavía mayor.

Chiquilín llegó a decir que aquella corrida acabó con su carrera; años después renunció incluso a su alternativa para hacerse banderillero, y Sanluqueño, a causa de sus heridas, quedó inútil para la profesión.

Mucho se habló de aquella corrida de Muro. Sólo hay que esperar a que esta reciente sea pronto olvidada, pues tardes de ese tono deben de ser erradicadas cuanto antes de una fiesta que debe de tomar otros derroteros para hacer frente a todos los ataques y adversidades que a día de hoy se ciernen sobre ella.

El Día de Córdoba (02/07/2017)

6/25/2017

LA VERACIDAD DE LA FIESTA DE TOROS

Iván Fandiño toreó tres veces en la provincia -Villanueva, Almedinilla y Pozoblanco- y nunca en la capital


Fue un torero esencial, alejado del arquetipo actual y fiel a sus principios y tauromaquia


La fiesta de toros no pasa por buen momento para la sociedad de nuestro tiempo. Tachada de cruenta y arcaica por un sector animalista hueco y vacío, que incluso trata de cercenar las libertades individuales de aquellos a los que gusta, y que antepone la defensa de los derechos de los animales, tratando por todos los medios, y a cualquier precio, colocarlos a igual nivel, o incluso superior, que a de los seres humanos.
Por otro lado, otros, que dicen defender la tauromaquia, buscan un ceremonial en el que prime la estética y la belleza sobre todos los demás valores del toreo. Solo importa lo artístico buscando dejar de lado la épica y la tragedia. Venden y buscan la imposición de una fiesta incompleta, huérfana de gran parte de sus valores y con ello, sin desearlo, también colocan a la fiesta en un lugar complejo, pues los que llegan nuevos a una plaza de toros sólo están viendo una parte de lo que debe de ser la última liturgia viva de la cultura mediterránea.
La fiesta de toros necesita una defensa veraz y auténtica de todo su valor cultural y antropológico. El fundamento del toreo no es otro que la lucha primigenia de la razón del hombre contra la fuerza bruta de un animal enigmático y milenario. Una lucha a muerte, pues la tauromaquia es una representación de la vida que concluye con la muerte, siempre presente aunque no lo parezca. Por eso, se debe de mirar hacia dentro y comprobar que quedándonos con lo estético y superficial, erradicamos la tragedia y el drama de la muerte, que no es otra cosa que el fin de la vida.
Puede parecer complejo, tal vez anacrónico. Pero el drama puede hacerse presente en cualquier momento y lugar, de modo y forma que la realidad del toreo se hace notoria. El drama forma parte de la liturgia, aunque muchos traten de ignorarlo o maquillarlo con un exceso de brillo artificioso. El drama, o la muerte, van de la mano a la gloria efímera de lo que dura un triunfo.
La muerte siempre está presente. No hace más de una semana, la parca volvió a manifestarse mostrando la verdad del toreo. Un torero honesto, fiel representante de la ortodoxia más pura, caía herido mortalmente en la arena. Un torero que estaba alejado del arquetipo actual. Un torero forjado a sí mismo, fiel a un concepto y a un ideario que ha defendido hasta el final. Un torero independiente, que no atendió jamás a los cantos de sirena del sistema que adultera la fiesta a la que amaba y por la que ha entregado su vida. Un sistema que no le perdonó jamás un fallo y que no le agradeció jamás la defensa de los valores más veraces del toreo.
La muerte de Iván Fandiño en Air-Sur-L'Adour no ha venido nada más que a mostrar la cruda realidad del rito. No han importado sus esfuerzos, sus sacrificios, sus gestas, sus triunfos, sus cimas, y también sus simas, a las que pudo superar, en unos segundos un buido pitón acabo con su vida, repitiéndose así el drama que convierte al hombre en un héroe mitológico. También esta muerte ha traído la miseria del ser humano. Una vez más los que se dicen detractores del toreo y defensores de los animales han vuelto a mostrar su crudeza, bajeza y una amoralidad infinita. Alegrarse de la muerte de un ser humano no hace nada más que poner de manifiesto su podredumbre de ideas y la escoria de unos sentimientos nulos y obtusos.
Aquel que llamaron León de Orduña entregó su vida por una fiesta que es difícil de comprender, pero que está ahí, anclada al ADN de cada español desde hace muchos años. Una fiesta que no debe de perder ni un ápice de su verdad. Es triste, pero es así, el rito sacrificial del toreo puede tener estos tintes trágicos, pero es cuando la verdad prevalece sobre lo que nos quieren hacer ver desde cierto sector que dice defenderlo.
Fandiño estuvo fuera del sistema, fue torero más de aficionados que de público ocasional, pero aún así demostró su grandeza. Paradójicamente nunca abrió plaza en el albero califal, aunque sí actuó en la provincia. Tres fueron sus apariciones en cosos cordobeses. El 5 de agosto de 2011 se presentó en la plaza de Villanueva de Córdoba. Le acompañaron Juan Manuel Benítez y Cesar Jiménez, estoqueando una corrida de Las Monjas. Ya dejó patente su estilo clásico y ortodoxo. Más tarde, en 2014, formó parte del cartel inaugural del coso de Almedinilla, donde cortó cuatro orejas y un rabo. Le acompañaron el veterano Francisco Ruiz Miguel y Manuel Díaz El Cordobés. Su última actuación en ruedos cordobeses tuvo lugar en Pozoblanco el 27 de septiembre de 2015, alternando con Manuel Escribano y el rejoneador Leonardo Hernández.


6/19/2017

EL EXTRAÑO CASO DE ABUBILLO

La ganadería cordobesa de Justo Barba cría un animal que tiene todas las señales externas de representar un episodio de albinismo, un ejemplo único en el campo bravo español


Si preguntásemos a cualquiera que nos describiese un toro de lidia, es seguro que en esa descripción apuntaría a que es un animal de capa -o pelo- negro. Extremo este cierto, pues el negro es el color que domina la cabaña brava en la actualidad. También es cierto que pueden aparecer animales con otras capas, pero la realidad es que el negro es el color en el pelo de la mayoría de reses que se lidian año tras año en las plazas del llamado planeta toro.
Antaño, cuando la cabaña brava tenía más variabilidad genética -no hay que obviar que en la actualidad casi todo tiene su origen en la casta de Vistahermosa y que una de sus características era el pelo negro-, las capas eran mucho más diversas. De ahí que en las viejas litografías decimonónicas aparezcan animales de pelos variados, hoy en día minoritarios o incluso desaparecidos.
Durante los años veinte y treinta del pasado siglo los criadores de reses de lidia fueron adaptando sus productos a la lógica evolución del toreo como disciplina artística, por lo que buscaron un animal que se prestase con más facilidad a los cánones que trajesen Joselito y Belmonte. Fue cuando la casta originaria de Vistahermosa se fue imponiendo a todas las demás, convirtiéndose en mayoritaria, en detrimento de otras que no tuvieron la moldeabilidad necesaria para su adaptación a los nuevos conceptos. Aquello supuso la desaparición de otras castas, o sangres, como la llamada navarra, cuyo pelaje era el colorado encendido; la jijona, también de pelajes rojizos; así como la vazqueña, que alcanzó extrema notoriedad cuando fue propiedad del ducado de Veragua y cuyo rasgo externo no era otro que la gran diversidad de pelajes.
Hoy en día es de gran regocijo para los espectadores la presencia en el ruedo de un toro con capa distinta al negro. Se suelen ver accidentales pintorescos, caso de los llamados burracos, también capas de pelos mixtos como el cárdeno, el sardo o salinero, e incluso de pelaje claro como los jaboneros, reminiscencia veragüeña, e incluso algún berrendo en ganaderías que tuvieron su origen en cruces, caso de los patas-blancas o los muy hondos hidalgo-barquero.
Sin lugar a dudas una capa llamativa es la llamada ensabanada. Son animales en los que el pelo blanco es mayoritario y que se encuentra representado en la vacada de Osborne. Es un pelo extremadamente raro y escaso actualmente, tanto que el doctor veterinario Rodríguez Montesinos afirma en uno de sus estudios que representa el 0,099% del total de los efectivos de la raza de lidia. De ese singular pelaje fue el toro de nombre Atrevido que inmortalizó Antoñete en Las Ventas madrileñas en la década de los 60 del pasado siglo. Hoy esta capa está representada en la ganadería matriz de Osborne y en otras derivadas de ella, como puede ser Núñez del Cuvillo.
El ensabanado tiene como característica principal el pelo blanco, aunque su piel suele tener pigmentación de tono café o incluso negra, así como la mucosa obscura. Si no fuese así, estaríamos hablando de un caso de albinismo, extremo prácticamente inexistente en el vacuno de lidia. Repasando datos y hemeroteca poco o nada se vislumbra sobre un toro albino. Sólo uno del hierro de José Marzal de pelo ensabanado, con los ojos claros, que se lidió en Badajoz en la feria de San Juan en un cartel conformado por Juanito Belmonte, Manolete y Morenito de Talavera.
Y es ahí cuando salta la noticia, pues en la ganadería cordobesa de Justo Barba ha nacido en la paridera de este año un animal que tiene todas las señales externas de tener esta singularidad de la naturaleza.
Hijo de la vaca Abubilla, de pelo jabonero, y del toro Alimaño, de igual capa, corretea por los prados de la dehesa un becerro de pelo blanco y mucosas sonrosadas. El ganadero en primer lugar pensó que se trataba de un animal de capa albahía, pero con los días apreció los detalles de que tenía la piel, hocico y cerco de los ojos de un singular tono rosado. Estas características morfológicas hacen pensar que estemos ante un caso de albinismo singular y extremadamente raro en la raza de lidia, caso que hace de este futuro Abubillo un ejemplar único en la cabaña de bravo española. Tanto es así que su propietario y criador ha manifestado que de confirmarse de forma científica no lo destinará a la lidia, quedando como un inquilino de alto honor en la casa durante toda su vida.
Recordar que esta ganadería cordobesa es poseedora de dos ramas que se llevan por separado. Una minoritaria, a la que pertenece este becerro, de casta vazqueña-veragueña de origen Javier Gallego, y otra proveniente de Parladé y Rincón, de origen Antonio Doblas.




6/11/2017

JUNIO, MES DE LAS NOVILLADAS

Si la plaza de toros de Córdoba fue plaza de temporada, extremo demostrable, la causa fundamental fue la organización de festejos picados fuera de las fechas de la feria de la Salud.

Una de las críticas de la afición cordobesa a los regentes del coso de Los Califas es la ausencia de novilladas con picadores durante la Feria. Demanda que no es gratuita, ni tampoco caprichosa, puesto que una plaza como la de Córdoba, de máxima categoría -hoy en entredicho- tiene la obligación moral de cuidar el escalafón inferior, que con el tiempo debe de ser el que renueve los nombres que se perpetúan en el superior, algunos ya durante lustros.
Está bien que se organicen festejos sin picadores, todo requiere un principio, pero el auténtico relevo a los matadores de toros que hoy ocupan los carteles no es otro que el escalafón de novilleros con picadores. Es algo natural, lo fue y lo será, por eso no organizar este tipo de festejos supone taponar la entrada de nuevos nombres en un escalafón de matadores cada día más viciado y falto de frescura.
Si la plaza de toros de Córdoba fue plaza de temporada, extremo totalmente demostrable, la causa fundamental fue la organización de festejos picados fuera de las fechas de la feria de Nuestra Señora de la Salud. Durante toda la temporada se ofrecían este tipo de carteles, bien como inauguración de la misma o para premiar a quienes habían hecho méritos sobre la arena en festejos precedentes, repetición que era un aliciente, y así debe de seguir siendo, para todos los que tratan de abrirse paso en esta difícil profesión.
Precisamente era en el mes de junio cuando las empresas que regentaron con anterioridad el coso de Ciudad Jardín organizaban una novillada picada con los triunfadores de las que se habían celebrado en anteriores fechas, especialmente durante la feria en honor de la Virgen de la Salud, una tradición hoy perdida.
En el año de su inauguración, el día 20 de junio y ante utreros de Tomás Frías, se acartelaron Joselillo, El Monaguillo y Paco Asensio, destacando el segundo de los actuantes que en aquellas fechas tenía cierto ambiente. En el año siguiente, el día 12 de junio, actuó Alfonso González Chiquilín, quien había renunciada a la alternativa tomada años antes, acompañándole El Barquillero que desorejó a uno de sus oponentes y un joven Paquirri que gustó al público que acudió al coso. Siguiendo la tradición, el año siguiente, o sea 1967, compusieron la terna Macareno, el recordado Hencho y Juan Carlos Beca Belmonte, quienes estoquearon un encierro del Marqués de Ruchena. También estuvo presente Florencio Casado un año después, quien cortó una oreja a cada uno de su lote pertenecientes al hierro del Conde de la Maza, actuando junto a él Antonio Barea y Jesús Rivera. Tras dos años de paréntesis, el día 12 de junio la empresa Valencia recuperó la novillada con picadores, y ante serios utreros de Barcial actuaron Pepe Romero, triunfador del festejo, El Mesías, quien resulto herido, y El Húngaro. Hasta 1974 no volvieron a abrirse las puertas de Los Califas en el mes de junio con la celebración de una novillada picada. El día 16, ante novillos-toros de Baltasar Iban, comparecieron El Cali, una oreja y dos vueltas fue su balance; El Garbancito, cuatro orejas a su esportón en una época en la que tuvo mucho ambiente, cerrando Pedro Somolinos, quien no pasó de discreto. Dos festejos picados albergó Los Califas en 1975. El primero de ellos el 1 de junio. Repetía actuación El Tempranillo, quien había cortado una oreja en abril, y ratificó su buen momento cortándole dos orejas a su segundo -como todo el encierro de Ana Romero-, El Mesías y la novillera, ya fallecida, Ángela Hernández, quien también cortó una oreja. El día 15, la empresa repitió a El Tempranillo y a El Mesías; ante novillos de Juan Gallardo, les acompañó un joven Parrita que se había ganado al público con su fino toreo de corte amanoletado.
No fue hasta 1980 cuando volvió Los Califas a albergar una novillada picada en junio. Aprovechando su triunfo de mayo, los hermanos Camará anunciaron a El Soro, que volvió a liarla, el día 8 de junio, junto al ecijano Antonio Ramón Jiménez y un prometedor Antonio Tejero, perteneciendo los novillos lidiados a la ganadería de Dolores Aguirre. El día 14 de junio de 1981, los Camará, empresarios en aquellos años, anunciaron a un prometedor Fermín Vioque, a un ilusionante Antonio Tejero, y a su poderdante Luis Miguel Campano, con una seria novillada de Manuel Camacho. Una semana después se celebró una novillada picada con reses de Gabriel Rojas, para Juan de Dios de la Rosa, Jacinto Rey y El Andaluz, festejo este a beneficio de los trabajadores de Secem.
Ya no fue hasta 1989, en plena génesis de la finitomania, cuando se vuelven a dar novilladas con picadores, pues el día 10 de junio, ante reses de Bernardino Piriz, se anunciaron Finito, Jesulin de Ubrique y Chiquilin, volviéndose a repetir la combinación el día 17, actuando el rondeño Pepe Luis Martin en lugar de Chiquilin. La última de las novilladas en el mes de junio tuvo lugar en 1990, cuando el día 22, con el cartel de 'no hay billetes', Finito y Chiquilin, junto a Luis Domecq, reeditaron un triunfo importante, que supuso el inició de la última época dorada de Los Califas antes de entrar en el bache en el que se encuentra actualmente.