11/13/2017

ROCIO ROMERO CON NUEVO APODERADO


Alberto García, nuevo apoderado de Rocío Romero

El empresario turolense Alberto García, gerente de Tauroemoción, será el encargado de dirigir la carrera de la joven novillera cordobesa Rocío Romero, merced al acuerdo de apoderamiento, pactado por tiempo indefinido, al que han llegado ambas partes. El proyecto profesional que inician en común tendrá como objetivo inmediato llevar a cabo una intensa preparación invernal que desemboque en el debut con picadores a principios de la próxima temporada.

Para Alberto García, asumir el reto de este apoderamiento supone “una gran ilusión, pero a la vez una gran responsabilidad, ya que voy a dirigir la carrera de la que estoy seguro se convertirá en figura del toreo. La buena trayectoria de Rocío hizo que, junto a mi equipo, siguiésemos su temporada. Tras comprobar su capacidad y valía en el ruedo, mantuvimos dos reuniones fuera de la plaza que hicieron que me decidiera a plantearle un proyecto, ya que su madurez, personalidad y afición me han hecho no dudar de que va a llegar a lo más alto”.

Por su parte, Rocío Romero se ha mostrado "feliz y muy responsabilizada con el importante avance que significa para mí tener al lado a un apoderado que desde nuestra primera toma de contacto me demostró una gran confianza en mis posibilidades, planteándome un proyecto sensato e ilusionante. Eso es algo fundamental y ha resultado decisivo para dar este paso con total convencimiento. Ahora llega el momento de trabajar duro y prepararse bien para estar a la altura de las circunstancias y poder afrontar con garantías el debut con caballos, así como una temporada en la que no habrá que dejar pasar de largo ninguna oportunidad para seguir progresando en la profesión".

Romero llega a esta nueva etapa después de completar una prometedora trayectoria en el escalafón de novilleros sin picadores, situándose entre los espadas noveles de mayor proyección, con un alto porcentaje de triunfos en sus actuaciones y habiéndose alzado con los prestigiosos certámenes de Peñaranda de Bracamonte y Ledesma, siendo finalista, entre otros, en Bougue, Villaseca de la Sagra, Candeleda y Sevilla, donde consiguió, el pasado verano, salir a hombros por la puerta principal de la Real Maestranza.

10/24/2017

MANOLETE Y MIURA, DOS MITOS PERMANENTES EN LA TAUROMAQUIA.


Ponencia presentada el 21 de octubre de 2017 en el XIII Symposium del Toro de Lidia. Zafra (Badajoz).

El toro forma parte del acervo patrimonial de nuestra cultura. Un animal rodeado de enigmas, misterios y secretos, que siempre han sido admirado por el hombre. Tanto es así, que lo mitificó dotándolo de divinidad en algunas civilizaciones del pasado. El toro es por excelencia el animal totémico de la cultura mediterránea. A día de hoy aún reina, sin haber perdido un ápice aquella divinidad admirada, en las dehesas de España y Portugal.
Divinidad ésta que llevó al hombre a ver en el toro algo inaccesible, algo difícil de domeñar y hacerlo suyo, tal y como había logrado con otras especies. El toro era fiero y vendía cara no ya solo su vida, sino también su independencia. La veneración, por parte del hombre, a aquella fiereza se acrecienta día a día, hasta llegar a nuestros tiempos, donde el toro continúa despertando admiración, respeto y en ocasiones miedo y pavor.
La mitología clásica está plagada de casos en los que el toro es protagonista. Zeus, dios padre del Olimpo, se convierte en un toro blanco, de belleza y nobleza sin igual, para conquistar a su amada Europa. La joven siente una enorme atracción por el blanco animal. Venciendo el miedo se acerca a el, lo acaricia y monta sobre su blanco lomo. El toro salta al mar llevándose consigo a la muchacha hasta alcanzar las costas de la isla de Creta. Una vez allí Zeus toma su verdadera apariencia y posee a la joven Europa. De la unión nacieron tres hijos Sarpidón, Radamantes y Minos, éste último primer rey de Creta.
Ya que hablo de Creta hay que recordar su nexo con el toro y la muerte. El rey Minos hizo promesa a Poseidón, dios del mar, de sacrificar lo primero que saliera de las aguas. Poseidón hizo salir un toro. Un toro tan bello y hermoso que hizo que Minos no cumpliera su promesa. Hechizado por su hermosura lo incorporó a sus rebaños de reses como semental. Aquel toro era un animal enigmático, tanto así que Pasifae, esposa del rey, siente hacia el animal una poderosa atracción. Utilizando miles de argucias, la reina quedó encinta del toro naciendo un monstruo: mitad hombre, mitad toro. Fiero y sangriento. Era el Minotauro que fue encerrado en un elaborado laberinto creado por la mente del arquitecto mitológico Dédalo. Tal era su fiereza que cada año siete hombres y siete mujeres eran encerrados en el laberinto como sacrificio a la fiera. El Minotauro fue muerto por Teseo, quien ayudado por Ariadne, hija del rey Minos, se sirvió de un ovillo de hilo para salir del elaborado laberinto tras dar muerte al monstruo.
La mitología clásica sigue contando relatos con el toro como protagonista. En los doce trabajos de Hércules, dos de ellos tienen al bravo como figura esencial. En el séptimo se le encarga la captura del toro de Creta que Poseidón había arrojado de las aguas y que Minos, cautivado por su hermosura, en lugar de sacrificarlo lo incorporó como semental a sus rebaños.
También en el décimo de sus trabajos Hércules tiene como objetivo el toro. En esta ocasión no uno solo, sino el rebaño de toros del gigante Gerión, el cual pastaba en Eriteia, para muchos la actual Cádiz. Hércules se hace con la totalidad del rebaño y lo pastorea hasta Micenas, poniendo fin, tras pasar múltiples vicisitudes que aquí no vienen al caso, al décimo de sus trabajos.
Por la mitología no pasa el tiempo. Es algo que no pierde vigencia. Siempre está ahí. Por ello su inmortalidad. Los mitos son siempre admirados. Ya sean los de la mitología clásica o los más recientes. Aquellos que se convirtieron en mitos partiendo de la humanidad. Mortales a los que su obra en vida terrenal, así como su propia muerte, le es propicio transitar hacía ese imaginario Olimpo en el que se han engrandecido hasta el punto de ser algo perenne y sin caducidad para el mundo terrenal cotidiano.
Manuel Laureano Rodríguez Sánchez nació como hombre ahora hace cien años. Un siglo ha pasado desde que aquel niño vio la primera luz en un viejo caserón de la calle Torrescabrera de la capital cordobesa. Hijo de un torero de segunda fila, Manuel Rodríguez, y de la viuda, con quien éste había contraído segundas nupcias, de un malogrado espada de dinastía, Rafael Molina Martínez, aquel niño no podía ser otra cosa que torero. La atracción del hombre hacía el bruto, y a su vez noble, animal es algo primigenio. En aquel niño ese magnetismo se acentúa.
Cuentan, los que le conocieron, que tuvo una niñez normal. Sin lujos, pero tampoco con excesos, aquel niño fue creciendo en un hogar de marcado carácter matriarcal. Su madre había enviudado en dos ocasiones y la sombra de la figura paterna se fue difuminando poco o poco, quedando prácticamente nublada por la de la madre, que busca lo mejor para su prole.
Manuel Rodríguez recibe la educación propia de un niño de su época. Su formación académica corre a cargo de los padres Salesianos, donde se muestra un niño tímido, absorto en sí mismo, pero aplicado y correcto en su etapa de formación. En su cabeza el sueño de lidiar reses bravas no solo se acrecienta, sino que crece. Tal vez en su casa, rodeado de mujeres y con el poderoso influjo de su madre, los recuerdos de los padres-toreros son leves y también, con toda seguridad, son evocados más como padres que como lidiadores.
El niño comienza a tener sus primeros escarceos con el animal. Acude a fiestas y tentaderos donde tiene la ocasión se sentir como con un simple trapo se puede dominar la fiereza de las reses. El oficio, me resisto a llamarlo técnica, es pobre, de ahí que los achuchones, volteretas y caídas sean frecuentes. Manuel no ceja en su propósito. A la menor ocasión, con la reprobación materna inicial, no cede a su empeño.
Siendo un adolescente acude a la finca Córdoba la Vieja, llamada así por estar junto a la ciudad califal de Medina Azahara. En sus pastos radica la ganadería de Florentino Sotomayor. Se celebra una tienta de vacas. El tentador es el viejo maestro de Madrid Marcial Lalanda. Tras haber calificado una vaca, es la hora de los aspirantes. A Manuel le toca su turno. Tal vez hierático acude al encuentro con la utrera. Ambos miden sus fuerzas y un error, el hombre siempre es el que se equivoca, hace que la vaca le tropiece. Manuel se da cuenta que de su pantorrilla brotan  unos hilos de sangre. La primera ofrenda que hace al toreo, a la vez que este le muestra la cara del dolor. Es Marcial quien lo traslada desde Córdoba la Vieja hasta la ciudad para ser atendido en la Casa de Socorro. Seguro que la reprimenda de la madre fue grande. Manuel había probado en primera persona que el ganado puede hacer daño. Aún así el propósito es serio y constante: seria torero a pesar de todo.
Llama la curiosidad que esta ganadería de Sotomayor fue formada con vacas y toros de Miura. Posteriormente se hizo un cruce con animales de Parladé, pero de seguro aquella vaca que hirió a ese niño que soñaba ser torero, en mayor o menor proporción, tenía sangre de una de las ganaderías más relevantes del campo bravo español, Miura.
Fue a mediados del siglo XIX, 1842, cuando un comerciante sevillano llamado Juan Miura adquiere para su hijo una piara de vacas a Antonio Gil y que tenían su origen en la de Gallardo, que procedía directamente de las más prestigiosas vacadas monacales. Años más tarde llega otro hato de reses a la casa, en esta ocasión de origen Cabrera y que compartía el mismo origen frailero de las que ya poseían. Luego vino la selección, los cruces, no faltos de misterio y leyenda, y que fueron conformando una ganadería mítica y rodeada, por unas u otras causas, de un halo de tragedia y dolor.
También aquella misteriosa selección, rayando en la alquimia, para conseguir la bravura, dio el fruto apetecido. Fueron muchos los animales que destacaron en su lidia en las plazas. Animales de leyenda que escribieron páginas memorables en los anales de la cría del toro de lidia. La tragedia nubla demasiado la grandeza y el misterio de la bravura. Toros como el llamado Catalán, negro bragado, lidiado el día 5 de octubre de 1902 y que tomo nueve varas por cinco caballos muertos, trajo de cabeza a Ricardo Torres "Bombita" quien se vio desbordado por tan ingente bravura. También el fiero Gorrete, jugado el día 31 de agosto de 1887 en la Malagueta y que destacó por una fiereza arcaica y primitiva, ocasionando multitud de problemas a gente tan curtida y avezada como el piquero Badila, el eficaz subalterno Juan Molina, o espadas relevantes como Lagartijo o Espartero.
Miura era, aún lo es, sinónimo de miedo. Sus propietarios buscando la bravura consiguieron un animal fiero. En sus predios siempre está presente el misterio. Ya hable de los cruces puntuales que vinieron a acrecentar lo buscado. Se habla de Murciélago, el toro navarro indultado por Lagartijo en Córdoba y del que se dicen tienen origen todos los colorados ojo de perdiz que se hierran con la A con asas. También aquel castaño ojinegro regalo del Duque de Veragua, puro de casta vazqueña, que padreó las viejas vacas fraileras ya estuvieran herradas arriba o abajo. O el discutido Banderillo de la marquesa de Tamarón, quien cuenta la leyenda fue aconsejado su cruza por el mismo Joselito el Gallo.
Manuel continuaba con sus deseos de ser torero. Miura con su búsqueda de la bravura indómita. España se rompe en dos. La peor de las guerras es aquella en la que contienden hermanos de la misma sangre. Son tres años de sin razón, calamidades, sangre y dolor. Tres años crudos que dejan un pueblo roto, empobrecido y donde el odio y el rencor son bandera de unos y de otros. Tres años lúgubres que la memoria está tardando demasiado en olvidar, cuando ya se creía solo un recuerdo pasado. La contienda termina. España tiene que reconstruirse y olvidar lo ocurrido.
Manuel es un hombre. Trae un aire nuevo en sus formas toreras. Su quietud rompe con el toreo hasta entonces desconocido. Es algo innato en él. No busca imitar, ni continuar con las aportaciones de los que le precedieron. Manuel busca un toreo distinto, moderno, actual. Es el que cimenta, da forma y construye lo que hoy conocemos como el toreo moderno. Su etapa novilleril, entre la guerra y con afición y crítica mirando aún a tiempos pasados, pasa desapercibida. Aún así se convierte en matador de toros. Julio de 1939, a los veintidós años, Manuel recibe la alternativa de manos de Chicuelo, un genio precursor incontinuo de lo que vendría, en la Real Maestranza de Sevilla. Es el nacimiento de un nuevo héroe mitológico. Nace Manolete.
Manolete se adentra, en una España quebrantada, en un laberinto moderno. Manolete trae una nueva tauromaquia. Un toreo basado en el dominio sobre el toro. Aquella tauromaquia, personal y propia, no es más que el desarrollo del toreo.  Manolete perfecciona el toreo de sus predecesores. No es un torero de entre épocas. El Califa cordobés es un torero que culmina, y de qué forma, lo apuntado por otros. Sin verlo, - Gallito muere cuando Manolete tiene apenas dos años-, absorbe el dominio, conocimiento, profundidad de Joselito y vergüenza profesional; mientras que de su rival, Belmonte, toma la quietud y la ligazón. A todo esto, que toma y hereda sin saber cómo, une una personalidad única y arrolladora, así como una espada llena de pureza y ortodoxia que le lleva a ser uno de los mejores estoqueadores del toreo, cosa que poco se le reconoce, tal vez porque su aportación a la tauromaquia nubla su contundencia y clasicismo en la suerte suprema.
Manolete fue dominador y conocedor del toro, el hacer faenas de semejante estructura a cada uno de los que se enfrentó nos lo corrobora. Su concepto de la profesionalidad fue absoluto pues trataba por igual a todos los públicos y plazas. Su valor y disciplina espartana están también latentes en su tauromaquia. Valor seco, sin alharacas, para ligar muletazos largos a pesar de esperar con la muleta retrasada en faenas compactas y ligadas.
Luego vino la perfección absoluta. Los cimientos del toreo de hoy. El toreo donde el último tercio adquiere una relevancia sobre los otros dos. Es la culminación de un todo y el principio de unas nuevas formas que apuntaron hacía la perfección de ese todo. Ahí es donde Manolete vive. Sobre los alberos y arenas del planeta toro cada vez que el hombre, en pleno siglo XXI, continúa tocando la gloria ante los pitones de los toros.
Paralelo a todo esto un nuevo Miura, Eduardo Miura Fernández, se hace cargo de la ganadería familiar. Sus toros se lidian en todas las ferias y son estoqueados por toreros de cualquier rango del escalafón. Eduardo Miura es un nuevo alquimista de la raza brava, que es el llamado a mantener y acrecentar el trabajo de sus antepasados.
Ganadería mítica que se encuentra con el nuevo ídolo por vez primera, cuando aún el joven Miura no rigen la ganadería, el 12 de junio de 1939 en una novillada celebrada en Algeciras y en las que cortó dos orejas y rabo a uno de sus oponentes.  Como matador la primera ocasión tuvo lugar en Zaragoza el día 13 de octubre de 1939. Desde ahí hasta la postrera tarde de Linares, fueron siete las ocasiones que ambos nombres se cruzaron en los carteles. Dieciocho reses, Islero incluido, fueron lidiados y muertos a estoque por el ídolo de aquella España de la postguerra.
Manolete tenía su destino marcado. Su obra terrena, configuración del toreo moderno, no podía quedar como algo humano. Como Hércules con sus trabajos, Manolete con el suyo tenía que pasar de héroe o ídolo a mito inmortal. Linares fue el punto y final de Manuel Rodríguez. Sin embargo fue el nacimiento del último mito vestido de luces. Manolete, en tarde de sol de estío, en fiestas patronales y alejado de las grandes plazas, tenía que cumplir su destino. Una tarde en la que cuentan se vivieron sensaciones extrañas y ambigüas. Los públicos, caprichosos ellos, comenzaban a odiar al ídolo. La envidia, pecado capital y nacional, podía ser una de las causas. El pueblo no podía permitir en aquellos años de penuria y cartillas de racionamiento, que su ídolo viviese en la abundancia, ganase dinero y fuese feliz. Manolete, dicen, tenía pensado dejar de torear. Como escupido por la mar, salió Islero de toriles. Arrogante y sin nada de claridad, aunque sin perder el grado de fiereza. Cuatro años atrás lo había parido una vaca en un rebaño similar al de Gerión en Eriteia. Manolete hizo lo que siempre hizo. Fiel a su personalidad cuajó al bruto y cuando se perfiló a matar todos respiraron. Todos menos el destino. Islero atrapó a Manolete. Los dos cayeron sobre la arena. El hombre roto perdía la vida por la herida abierta por el pitón. Las horas fueron consumando el drama. En la madrugada, cuando quedaba poco para alborear un nuevo día, Manolete entró en el Olimpo. Cien años atrás nació el hombre y setenta el mito. Manolete sigue hoy vivo más que nunca.

BIBLIOGRAFIA
FALCÓN MARTÍNEZ, C.–FERNÁNDEZ GALIANO, E.–LÓPEZ MELERO R. 1980. Diccionario de la mitología clásica.
SANCHEZ DRAGO, F. 1987. Volapié. Toros y Tauromagía.
MIRA, F. 1984. Manolete. Vida y tragedia.
DELGADO DE LA CAMARA, D. 2003. Avatares históricos del toro de lidia.
SOTOMAYOR, J.M. 1992. Miura. Siglo y medio de casta (1842-1992)

DELGADO DE LA CAMARA, D. 2014. Entre Marte y Venus (Breve historia crítica del toreo).

10/22/2017

EL TORO QUE MATO MANOLETE FUE FRUTO DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Platino, de Coaxamalucan, lidiado por Manolete en México
A pesar de haber pasado cien años desde que se hiciera hombre, la sombra de Manolete continua presente en el planeta de los toros. Su recuerdo permanece presente a pesar de los años transcurridos. Ha sido un año donde el torero de Córdoba ha sido recordado, como torero, como hombre y como mito. Los actos se han venido sucediendo de forma frecuente. Aún seguirán hasta que el año este aculado en tablas allá por el mes de diciembre. Y es que Manolete fue mucho más que un torero al uso. El llamado Monstruo de Córdoba supuso el culmen de la evolución del toreo y sentar de una vez para siempre, lo que hoy conocemos por la tauromaquia moderna.
Mirador (Comunista), de Tassara. Toro con el que se doctoró Manolete
La aportación al toreo de Manolete continua presente a pesar del tiempo transcurrido. Setenta años después de su muerte, lo hecho por Manuel Rodríguez no ha perdido frescura, ni tampoco vigencia. Aún late cada tarde en las plazas del llamado planeta de los toros cuando un hombre flamea una tela escarlata a un animal que le puede segar la vida.

La virtudes de Manolete fueron muchas. Aún están vigentes. Fueron su legado. También, de forma injusta, se le acusa de muchas cosas negativas, pecados que siempre tuvo, y aún mantiene, la fiesta. A Manolete se le acuso de forma injusta del fraude en los pitones, de torear novillos por toros y de ser un torero corto y pobre, al que salvaba su enorme personalidad. Manolete pagó con creces el precio de la purpura, que llevo sobre sus hombros los años que fue el único monarca absoluto, en los que reino en el toreo en una España rota por una guerra, que dejó un país partido en dos y en el que la fiesta de toros sirvió de alivio psicológico para empezar a suturar heridas.

Hay que conocer la historia y la época en la que vivió Manolete, para comprobar que los pecados de los que se le acusan no fueron tales. Fueron fruto de las circunstancias vividas. Manolete se enfrentó al mismo toro que sus compañeros de escalafón. Todos estoquearon y se enfrentaron a un animal que en ocasiones no tenían la edad para ser considerados toros. Sencillamente el toro escaseaba en los campos. La contienda pasó factura en la cabaña de bravo y muchas reses fueron sacrificadas para alimentar a las gentes. Una vez terminada la guerra el régimen vencedor quiso poner en orden el campo bravo.

Manolete al natural con un "miura" en Barcelona
En febrero de 1943 a instancia del Sindicato Nacional del Espectáculo y ante la inexistencia de asociaciones que integrasen a los criadores de reses bravas, curiosamente el derecho de asociación estaba vetado, se crea el que se llamó Registro Especial de Ganaderías de Lidia en pleno acuerdo con el Sindicato Nacional de Ganadería. En este registro estarían las vacadas sobrevivientes a la guerra, así como las radicadas en la vecina Portugal.

Una de las primeras acciones fue la elaboración de un censo de todo el ganado de lidia existente en España. Los resultados fueron abrumadores. Jamás hubo en las dehesas españolas un número de reses de raza de lidia tan pobre. Por poner un ejemplo en la provincia de Toledo no existía animal alguno que se pudiera destinar a plaza de toros, pues el número de utreros y toros era inexistente. Igual ocurría en Ciudad Real. Salvo en Salamanca y Andalucía el número de toros de cuatro años o más era muy escaso, no llegaba a 2000 reses. Practicamente no había animales para celebrar festejos taurinos. Los nacimientos también eran cortos y el problema de alimentación, hacía que la mortandad entre los añojos fuese alta, lo que hacía que pocos animales llegasen a la edad legal para ser considerados toros aptos. La solución por parte de la autoridad ante la falta de recursos, no fue otra que ponerse de perfil. El régimen miró para otro lado y permitió la lidia de animales que aún no había cumplido la edad mínima para poder lidiarse en corridas de toros. Era mejor tener al pueblo entretenido, no hay que olvidar que los toros eran el mayor espectáculo de masas de la época, que privarlo de lo que podía servir como medida de integración, así como para olvidar una guerra aún más cercana. El toro bajó de edad, pero conservó su pujanza, su movilidad, su casta y su fiereza, lo que hizo que a pesar de todos la fiesta viviese un momento álgido en la década de los años cuarenta del pasado siglo.

Manolete e Islero, frente a frente
Manolete por tanto no tuvo culpa que le tocase torear, al igual que todos sus compañeros de escalafón, un toro menos toro, por edad, que nunca. Por ello Manolete debe de ser absuelto de un pecado del que se le acusó por parte de sus detractores. Gentes que no supieron ver lo que de verdad venía con el torero de Córdoba, que no era otra cosa que la revolución del toreo que culmino con lo que hoy conocemos. El toro que mató Manolete fue el que impusieron las circunstancias, no el que impuso el torero, ni tampoco sus mentores.


9/17/2017

AMISTAD Y COMPETENCIA ENTRE MANOLETE Y ARRUZA


Manolete y el mexicano Carlos Arruza protagonizan una sana rivalidad con toreos muy diferentes

Su vínculo se mantiene tras la muerte del IV Califa y Córdoba debería recordarlo

Caen despaciosas las hojas del almanaque de 2017. Lo hacen de forma constante, tal y como en el próximo otoño lo harán las de los árboles. Un año especial para Córdoba, donde la alargada y carismática sombra de Manolete planea recordando el centenario de su nacimiento, así como el setenta aniversario de su trágica muerte en Linares. El torero cordobés continua vivo, no sólo en la ciudad que lo vio nacer, sino en todo el orbe taurino. Los actos de homenaje y recuerdo a su figura se han venido sucediendo por todos los puntos del planeta toro, y es que Manolete fue vital en el desarrollo de la tauromaquia y además trascendió mucho más allá de los ruedos.

El impacto de Manolete en panorama taurino español fue brutal. El torero trajo un nuevo modelo de tauromaquia. Unas formas revolucionarias y que sentaron las bases para el llamado toreo moderno. En una época en que los medios audiovisuales eran escasos y pobres, todos querían ver al nuevo ídolo de la fiesta de los toros. Tanto es así que México, segunda patria del toreo, reanuda su relación taurómaca con España. El convenio taurino entre ambos países, roto en 1936, se reanuda en 1944 al solo efecto de que Manolete actúe en el país azteca. Antonio Algara, empresario de la plaza del Toreo, contrata al califa cordobés para actuar en México. Es cuando desde el otro lado del océano se pide a España un gesto. Quieren ver que la reanudación laboral es total y piden que los mexicanos toreen en la temporada española. Es cuando un torero segundón y aburrido en México viaja a Portugal buscando nuevos horizontes y revulsivo a su carrera. Es el único espada mexicano en la península. Tal vez por ello es el primero que torea en cosos españoles. Aquella oportunidad es aprovechada por el torero americano, quien forma una autentica revolución en Madrid, el 18 de julio de 1944. Era Carlos Ruiz Camino, Carlos Arruza en los carteles.

EL TORERO MEXICANO DEBUTA EN CÓRDOBA EN OCTUBRE DEL 44 JUNTO A EL ESTUDIANTE Y DOMINGUÍNLA DISPUTA ENTRE AMBOS FUE EN LOS RUEDOS; FUERA TRABARON UNA INTENSA AMISTAD


El mexicano pone en liza un toreo muy distante al que ofrece Manolete. Carlos Arruza, hijo de padres cántabros, es poseedor de un concepto poderoso y heterodoxo a la vez del toreo. Con unas facultades físicas portentosas, el espada mexicano llena de dinamismo el ruedo durante sus actuaciones. Tanto es así que en su presentación en Madrid, y tras banderillear a su oponente, el público exaltado blanquea los tendidos de pañuelos. Su toreo poderoso y valiente bebe de las fuentes de la edad de oro del toreo mexicano. Armillita y Balderas, poder y valor, pueden ser los espejos en los que se mira Arruza. Los públicos rápidamente quiere enfrentar aquella tauromaquia alegre y dinámica al estoicismo y quietud del torero de Córdoba. El primer choque se produce en Cieza. Ante toros del cura de Valverde, Manolete y Arruza torean juntos por primera vez, el 26 de agosto de 1944, en presencia de Pepe Bienvenida. La competencia surge en sucesivos festejos. Manolete finalmente se impone al mexicano, aunque este ofrece una resistencia espartana aguantando muchas tardes el poder y personalidad del torero cordobés.
Carlos Arruza se presenta en Córdoba en la feria del mes de septiembre de 1944. Debuta en Los Tejares el día 25 de septiembre. Le acompañan El Estudiante y Luis Miguel Dominguín, quienes lidian una corrida de María Montalvo. Los cordobeses, conocedores de la competencia con el torero local, se muestran hostiles hace el espada mexicano, que vestido de tábaco e hilo blanco no logra lucimiento alguno. División de opiniones en su primero y una sonora bronca en el quinto es el balance final de su actuación. Arruza no entra con buen pie en la tierra de su rival. Repite actuación, por partida doble, los días 25 y 26 de mayo, en el año siguiente. Córdoba no ve por ningún lado el toreo característico del mexicano. De nuevo Arruza pasa desapercibido por Córdoba. Es en la campaña de 1946 cuando por fin Córdoba disfruta de Carlos Arruza y la plenitud de su toreo. Es la feria de septiembre. Junto al mexicano se acartelan Parrita y El Vito. Los toros pertenecen al hierro santacolomeño de Felipe Bartolomé. En el segundo Carlos Arruza muestra su toreo pleno y total en una faena que le sirvió para conquistar al público cordobés. La prensa de la época escribió de aquella faena: "Surgió el Arruza buen torero, el de los pases básicos -y clásicos-, y el hombre que, aprovechando la bondad de un toro -el ir y venir sumiso, la arrancada suave, noble y pastueña- quiere demostrar a un público que ha aprendido también a ejecutar el toreo serio, consciente, verdad que gusta en Córdoba. Por eso su conquista fue plena y rotunda".
La competencia entre los maestros Manolete y Arruza fue siempre en los ruedos. Más allá de ellos, los dos toreros trabaron una verdadera amistad. Tanto es así que tras la muerte de Manolete, y a instancia del crítico taurino José Luis de Córdoba, es Carlos Arruza quien promueve la corrida magna promonumento en 1951. Desde entonces los nombres de Córdoba, Manolete y Carlos Arruza permanecen unidos en el torero barrio de Santa Marina. Sería de justicia reivindicar en este centenario del nacimiento de Manolete la figura del torero mexicano y reinstalar en el monumento a Manolete en la plaza de Conde de Priego la placa en la que Córdoba le agradecía su dedicación y desvelos para su ejecución. La barbarie la arrancó hace años, sin que a día de hoy haya sido repuesta.


9/14/2017


El empresario taurino Jorge Buendia remite este comunicado con el ruego de su publicación ante la de algunos reportajes y comentarios  suscitados por la despedida del toreo de bombero torero en Almodóvar del Campo el próximo viernes día 15 tras siete décadas de torería. (Con el ruego de su publicación)

Como hombre del toro  tanto en mi época de luces como ahora en mi faceta de empresario taurino, me han enseñado a admirar y respetar a todos aquellos que han practicado con grandeza una o otra tauromaquia.

Como aficionado taurino "El Bombero Torero" y resto de espectáculos cómicos forman parte de mi primera cultura taurina 

Siempre he considerado digno de encomio el conocimiento de las suertes,la  naturalidad, el saber estar, la ternura, la guasa sana que el espectáculo cómico-taurino ha sido capaz de manejar para conseguir lo más difícil y lo más bonito del mundo: La sonrisa de un niño, muchos estos niños además se hacían aficionados al conocer el torero cómico

Entiendo que los tiempos han cambiado, la sociedad rural y de supervivencia se ha transformado en una sociedad con tabús distintos, alejada de los problemas reales, más hipócrita y urbana. Quizás los enanitos toreros es una anacronismo que muere simplemente porque tenían que morir. Lo acepto y solo quiero mostrarles mi agradecimiento a esta gente grande por tantos años de dedicación al espectáculo taurino, espectáculo por donde han pasado muchos aspirantes a figura del toreo y alguno que lo ha sido como Espartaco o Manolete.

Algo no comprendo cuando se presenta  como indigno o humillante dar a ganar un sueldo a aquella persona que se ofrece para hacer aquello que le gusta. Ellos siempre se han considerado profesionales  y en esa bis cómica han conseguido sentirse toreros durante toda su vida, formando piña, rematando muchas ferias y generando recursos económicos alrededor de la tauromaquia.

Cuando hablé con Rafa Celis y me explicó que se quitaba de esto sentí que como aficionado, como profesional y como empresario debía dar la oportunidad de que se despidieran donde tantas tardes han disfrutado y hecho disfrutar poniendo el "No Hay Billetes": una plaza de toros y les ofrecí mis plazas para que tuvieran la digna despedida que se merecen.

Nada más lejos de mi intención que polemizar con aquellos que han atacado a la tauromaquia o a mí personalmente haciendo una lectura malintencionada y  extemporánea de la figura de los toreros cómicos, afectados por acondroplastia o no, yo nunca los he distinguido. El único  motivo de este comunicado es mostrar toda mi admiración para que estos toreros que hicieron de la necesidad virtud, se sientan arropados por un mundo al que han aportado todo lo que tenían, que siempre ha sido mucho.. Para todos nosotros ha sido un orgullo que hayáis estado tanto tiempo anunciados en todas las plazas de toros del mundo. Y siempre, siempre, nos hemos reído "con" vosotros y nunca, nunca, nos hemos reído "de" vosotros.

9/10/2017

EL TORO, EL TOREO Y EL VIENTO (Crónica Belmez)


Tal vez el público que suele asistir a los toros, acuse falta de aire fresco en un espectáculo que  sigue siendo el segundo de masas de este país. La monotonía se ha enquistado en la corrida, y muy pocas son las veces que ésta se rompe. Se ha buscado un toro excesivamente amable, tanto que la emoción y la sensación de peligro han desaparecido de los ruedos, quedando la tauromaquia tan previsible, que el público pocas veces encuentra el aliciente bastante para pasar por taquilla y ocupar los tendidos de las plazas de toros. Por eso hay que buscar ese estímulo, que vuelva a hacer que el gran público apueste por el toreo como un espectáculo pleno y capaz de divertir a los que se congregan en las plazas de toros. Sin lugar a dudas todo pasa por devolver al toro ese punto de emoción, que haga que estar delante de él, esté lleno de sensaciones. Ayer en la plaza de Bélmez ocurrió precisamente eso. Se lidió una corrida, obviamente con una presentación para una plaza de tercera categoría, con interés suficiente para que el público, ya fuera aficionado u ocasional, pasara una tarde entretenida y sobre todo interesante por todo lo que ocurrió sobre el albero del centenario coso del Guadiato. Los que fueron, seguro que no se arrepentirán, y posiblemente vuelvan en un futuro. Los que se quedaron en la feria, o en casa, pensando que sería un festejo al uso y modos de hoy, se lo perdieron. En el pecado llevaran la penitencia.

Tal vez el resultado de la corrida no fuese histórico. Posiblemente así fuera. Pero lo que hay que destacar es que cuando al ruedo salta un toro con raza y casta, las cosas siempre resultan más favorables. La corrida enviada por Victorino Martín tuvo muchos matices para ser recordada. Toros bravos y colaboradores con los toreros, eso sí, sin regalarles practicamente nada. Todos tuvieron mucho que torear. Incluso los dos últimos, a la postre los más deslucidos, que de seguro, si no hubiese molestado tanto el viento, hubieran tenido más posibilidades que las que ofrecieron. Corrida sin la apariencia exterior que muchos podrían pensar, pero de un comportamiento que tuvo a todo el público centrado en lo que ocurría sobre la arena. Toros con raza y casta, todos murieron con la boca cerrada y alejados de los tableros. Jugar la carta de Victorino, es de ganador, y sin lugar a dudas los criados por el ávido ganadero de Galapagar fueron responsables del resultado final del festejo. Bien por Victorino una vez más.

La empresa apostó por un mano a mano entre dos toreros que saben hacer el toreo. Dos toreros alejados de papel couché, por lo tanto practicamente desconocidos para el gran público. Dos toreros que hicieron las delicias del respetable con el toreo puro, ortodoxo, clásico, barroco y temperamental. El toreo de toda la vida, con el añadido de hacérselo a toros que no les regalaron practicamente nada.
Abría cartel el murciano Paco Ureña. Recibió a su primero con unos valerosos lances a la verónica que remató con media. Tras un puyazo quitó por delantales ajustados que fueron aplaudidos. Brindo el trasteo al respetable y cuajó una faena que tuvo buen concepto y forma. Cuajó muletazos largos y templados por ambos pitones, destacando el toreo al natural con la izquierda. Tal vez pecara de falta de unidad, pero no hay que poner pero alguno a la labor del murciano en este toro, al que mató contundentemente de una eficaz estocada, lo que le valió cortar la primera oreja de la tarde. Su segundo fue un toro al que costo definirse. El 'albaserrada' no se dejó torear lucidamente con el capote. Tomo un puyazo en el que empujó con clase. Ureña tomó la muleta, flotaba en el aire la incógnita de saber que pasaría. Fue cuando apareció el toreo de dominio. A base de oficio, Ureña fue obligando a su oponente para terminar toreando a placer. De nuevo fueron de alta nota los naturales, tanto cargando la suerte, tanto a pies juntos, los muletazos resultaron largos y templados. Lástima la colocación del estoque que privó a Ureña desorejar por partida doble al animal, obteniendo solo una oreja. El quinto resulto deslucido. El de Victorino no tuvo la franqueza de sus hermanos, pero también el aire, que molestó en exceso, impidió a Ureña, que lo intento de todas formas, realizar una faena compacta. Algún muletazo de buen corte y estética. Poco más. El viento y el mal uso de los aceros se llevó los deseos de Ureña de redondear su tarde.


Pepe Moral venía de triunfar en Navaluega ante los "otros" Albaserradas de Adolfo. El torero de Los Palacios lleva una temporada corta, pero de mucha intensidad. Sus méritos en los ruedos no están teniendo justicia alguna en los despachos, traduciéndose esto en una falta de contratos incomprensible. Pepe Moral vino a Bélmez a triunfar y a volver a reivindicarse una vez más. Y vaya si lo hizo. Tres orejas al esportón y la sensación de ser un torero llamado a ocupar un lugar más privilegiado en el escalafón. Recibió a su primero con vibrantes lances a la verónica que fueron jaleados por la concurrencia. Brindó al público e instrumento a su oponente una faena enfibrada y con ganas. Tal vez esas ganas fueran las responsables de que el trasteo resultara irregular, destacando con unos mecidos naturales que fueron lo mejor de la faena. Pudo cortar una oreja, pero un pinchazo previo a la estocada hizo que solo pudiera saludar desde el tercio. En el cuarto vino lo mejor de la tarde. Lanceó con gusto a la verónica siendo muy aplaudido. Tras un puyazo y un vibrante tercio de banderillas a cargo de Vicente Varela, Moral tomo muleta y estoque. Brindó a su compañero de cartel y cuajó unos estéticos muletazos por bajo con los que fue haciéndose con la encastada y brava embestida de su oponente. La faena resultó maciza, rotunda, vibrante. Una faena que tuvo como denominador común la pureza, la verdad y el buen gusto.  Cuajó muletazos profundos con ambas manos dominando a un bravo animal que hacía surcos en la arena con el hocico detrás de la muleta que le ofrecía el torero palaciego. Una estocada haciendo perfectamente la suerte y una muerte de bravo del toro, hicieron que el tendido se blanquease de pañuelos y el doble trofeo fuese a parar a sus manos. En el último de la tarde el viendo dió al traste con todo. Era imposible dejar la muleta en el sitio para hacer que el animal repitiese tras ella. Una simple ráfaga podría dejar al descubierto al torero y con ello hacer peligrar su integridad. Aún así Moral lo intentó, por activa y por pasiva, a pesar de ello consiguió algunos muletazos sueltos rotundos, lo que le permitió, tras el buen uso del acero, cortar una oreja.


Resumen final: tarde entretenida con toros de verdad, buenos toreros y el viento que se coló sin que nadie lo hubiera invitado. Los que no fueron, se lo perdieron.

FICHA DEL FESTEJO: 

GANADERIA: Seis toros de Victorino Martín Andrés, correctos de presentación pero desiguales entre sí. Resultaron de buen juego el líneas generales destacando el bravo 4º de nombre Matero, los más deslucidos, que no malos, fueron los jugados en 5º y 6º lugar.
TOREROS: PACO UREÑA (malva y oro). Estocada (oreja), estocada caída (oreja) y estocada atravesada y estocada (ovación con saludos). PEPE MORAL (tabaco y oro). Pinchazo y estocada (ovación con saludos), estocada (dos orejas) y estocada (oreja).
INCIDENCIAS: Plaza de toros de Belmez. Corrida de toros con motivo de la feria en honor de Nuestra Señora de los Remedios. Media entrada en tarde de agradable temperatura en la que el viento molesto de forma constante, especialmente durante la lidia de los dos últimos toros. Destacó entre las cuadrillas Vicente Varela que saludó tras parear brillantemente al 4º. Al finalizar el festejo los dos toreros abandonaron la plaza a hombros atravesando la puerta grande del centenario coso belmezano.

9/04/2017

EL 'MANOLETISMO' QUE VINO TRAS MANOLETE

Manolete y el novillero hispano-mexicano Joselillo

Tras la muerte del IV Califa, algunos toreros trataron de continuar por el camino que él había abierto, pero ninguno de estos diestros -Parrita, Joselilllo o Frasquito- tuvo fortuna.

A los cien años de su nacimiento y setenta de su trágica desaparición, la figura del matador de toros cordobés Manuel Rodríguez Manolete sigue teniendo un halo de frescura, que despierta admiración y reconocimiento en mucha gente, ya sean aficionados al mundo de toro o no. Manolete continua presente. Se sigue muy de cerca lo que fue, tanto en la sociedad de la España que le tocó vivir como en el llamado planeta toro, donde trajo unos conceptos que a partir de entonces sentaron las bases de una nueva tauromaquia continuando vigentes aún a día de hoy.
El concepto moderno del toreo parte de Manolete. Fue el torero cordobés quien culminó lo apuntado por sus antecesores. Poder de dominio sobre el toro -al que estructuraba una faena de muleta de corte similar-, ligazón entre los muletazos, invasión de terrenos que hasta su llegada al toreo eran imposibles de pisar, quietud, estoicismo y una gran profesionalidad. Todo ello aderezado por algo que solo le pertenecía a él: una personalidad única, magnética y arrolladora.
PARRITA, CONOCIDO COMO EL 'MANOLETE DE LOS POBRES', SUFRIÓ UN PERCANCE Y YA NADA FUE IGUAL, JOSELILLO, EN LOS 40 , ERA LA GRAN ESPERANZA DE MÉXICO, PERO UN TORO LO COGIÓ Y PERDIÓ LA VIDA, FRASQUITO ENTRÓ CON FUERZA EN SEVILLA PERO POCO A POCO FUE PERDIENDIO ENTEREZA

Todo aquello que llegó con Manolete impactó fuertemente a sus coetáneos. Ninguno fue capaz de igualar al torero de Córdoba. Toreros grandiosos como pudieron ser Pepe Luis Vázquez, dotado de un arte exquisito y un conocimiento de los toros importante, o Carlos Arruza, primer exponente de un toreo atlético y dinámico, poco duraron, haciendo un símil ciclista, tras la rueda de Manolete. Eso sí, muchos trataron, no de imitarlo, pero si beber de sus fuentes. Manolete descubrió a sus contemporáneos que aquel toreo que hacía era una evolución que, de no ser seguida, significaba quedarse atrás en el tiempo con un toreo pasado de moda y desfasado.
Uno de los primeros toreros que captó el mensaje de Manolete fue el madrileño Agustín Parra Dueñas, Parrita, a quien Manolete había alternativado en la plaza de Valencia en la campaña de 1945 en presencia de Carlos Arruza. Parrita capta y asume el toreo manoletista. Tanto es así que le llaman el Manolete de los pobres. Comienza a torear con frecuencia y tras la muerte del torero cordobés, los aficionados ven en el torero de Madrid una sucesión directa del torero trágicamente desaparecido. Pero hacer el "nuevo" toreo tenía sus riesgos. Parrita es herido de gravedad en la plaza segoviana de El Espinar en 1950 y aquel percance hace mella en su ánimo, por lo que su carrera comienza a languidecer.
En México, donde Manolete era un ídolo fuera de lo racional, surge la figura de un novillero que impacta por sus formas y valor fuera de lo común. Un torero en ciernes que levanta pasiones en el país azteca. Sus actuaciones se cuentan por éxitos y su toreo amanoletado y dramático cautiva a los públicos. El hispano-mexicano Laurentino José López Rodríguez, Joselillo en los carteles, está llamado a ser una figura en el toreo mexicano. Tanto es así que se declara novillero triunfador de la temporada de 1946. Es fotografíado con su ídolo Manolete, quien había sido triunfador de la misma campaña como matador de toros, en la entrega de los galardones. Se cierra su doctorado en Lima. Manolete sería su padrino. El hecho luctuoso de Linares impide la concreción del cartel, ajustándose para el doctorado la figura de Carlos Arruza. Pero la ceremonia no tuvo jamás lugar. Joselillo es herido de gravedad, tanto que le costó la vida, el 28 de septiembre de 1947, por el novillo Ovaciones de la ganadería de Santin. Los médicos lograron en un principio atajar el daño, pero, en días posteriores al percance, una embolia pulmonar producida por un coágulo formado a consecuencia de la herida, ocasionó la muerte a la firme promesa del postmanoletismo en México.
Tras la muerte de Manolete su sombra permanecía flotando sobre los ruedos de España. Es por ello por lo que un joven toledano de nombre Francisco Sánchez Fernández, y de apodo Frasquito, impacta en la afición sevillana que lo ve triunfar con rotundidad en el festival de la Aviación el día 9 de septiembre de 1947. Su toreo aquella tarde hizo vislumbrar muchas esperanzas. Muchos vieron en él a Manolete resucitado. Vuelve a ratificar su triunfo de nuevo en Sevilla. El 5 de abril de 1948 se presenta como novillero y forma un lío en el único que pudo estoquear, pues fue herido al entrar a matar. Dos orejas, nuevo triunfo y Frasquito se convierte en el torero de moda. Pero la estrella de Frasquito se apaga rápidamente. Dos graves percances, Bilbao, 18 de abril, y Córdoba, 30 de mayo, son acusados por el incipiente torero de Toledo en el que muchos vieron un heredero del coloso de Córdoba. De aquel "Un principiante, maestro" con el que Don Fabricio tituló la crónica de éxito en Sevilla, hasta aquel "Frasquito salvó su precioso terno a costa del menguado prestigio que tenía" de su última actuación en Madrid, había transcurrido muy poco tiempo. Sólo fue, a causa de los destrozos que le hicieron los novillos, una sombra efímera de algo que quiso ser.
Sólo quedan unas preguntas. ¿Qué hubiera ocurrido si Parrita, Joselillo y Frasquito hubiesen sido respetados por los toros? ¿Se hubiera vivido un post-manoletismo sin Manolete? ¿Hubiera el toreo evolucionado de otra manera? Es difícil de contestar. Aún así la figura de Manolete continua vigente. Este año más que nunca.