8/28/2010

LOS RELATOS DEL RAFAEL EL VAQUERO. La historia de Islero



A la vuelta de vacaciones Córdoba es un desierto. Cuatro foráneos a los que la ola de calor y la alerta naranja les importa un pito, y cuatro nativos, que bien la crisis les ha impedido abandonar la ciudad, o bien que ya han disfrutado de su periodo vacacional. El caso es que Córdoba está más que nunca como cantó Lorca: Callada y sola.

El silencio es interrumpido en las céntricas calles por el ruido que hacen los autobuses municipales o por el aleteo de las palomas que buscan la sombra antes de que el sol caiga de lleno sobre estas nuevas calles graníticas que no hacen más que acentuar unas temperaturas difíciles de llevar. Paseo pues tratando de reencontrarme como el espíritu de una ciudad que cada vez más se resiste a despertar.

Empieza a castigar el sol. Los pocos transeúntes buscan la sombra. Los que vienen de fuera comienzan a darse cuenta de lo que es Córdoba en verano. Busco donde tomar un ‘medio’ fresco. La taberna de cabecera se encuentra cerrada por vacaciones. Cuando dispongo a bajar hasta la zona de la Corredera, veo a lo lejos bajar del autobús la figura de Rafael, el vaquero. Vestido impecablemente, como siempre, con la típica guayabera blanca, pantalón gris claro de mil rayas y tocado con su gorrita campera de verano. Viene resoplando y cargado con una bolsa de plástico en su mano derecha.

- Rafael ¿Dónde va usted con la fresca?

- Hombre, no lo había visto. Y el caso es que lo he echao en falta estos días.

- Pues nada Rafael, unos días fuera con la familia. El descanso es tan obligado con el trabajar.

- Bien lo sabe osté. Pues ahí vengo de comprar unos ‘tomaticos’ frescos de las huertas de Alcolea, que los que compra mi sobrina ni saben a ná y p’a cormo no son más que agua.

Muestra Rafael su mercancía. Unos tomates de gran trapío y rojos como ellos solos. Fama tienen los criados en la ribera de Alcolea, barriada periférica de la ciudad, donde los productos de sus huertas gozan de gran prestigio en toda Córdoba. Ideales para la elaboración en estos tiempos del gazpacho fresco, o incluso para ser tomados en crudo como aperitivo, aderezados solo con unos granos de sal.

- Buenos tomates Rafael. Estos no se ven por donde yo he andado.

- ¿Donde se ha metido osté? Que dice que no ha visto un tomate.

- Pues en el centro de la meseta, haciendo turismo de interior. He visitado entre otras cosas el monasterio de El Escorial.

- Hombre, eso me suena.

- Suelte usted de que le suena, pues me parece que va a soltar una de las suyas.

- Pos que lo hizo Felipe II y las obras durando una eternidá. Ya lo dice el refrán: eso va a durá más que las obras El Escorial.

- Veintiún años Rafael.

- Pos más o menos lo que duran las que jace nuestro ayuntamiento, que se saben cuando comienzan, pero no cuando acaban.

- También es verdad Rafael, las de mi calle van para el año.

- Pa que vea osté. Ahhh y otra cosa cambiando de tersio, en El Escorial esta la finca El Campillo, adonde pace la ganadería de Baltasar Ibán.

- Pero esa no la he visitado Rafael, aunque de haber tenido tiempo no me hubiera importado en absoluto.

- Otro ganadero genial, que crusando sangres dispares consiguió algo único y que conste que los ‘contreras’ que le compró a Machaquito ya eran de primera calidad. Pero los cruso con los domecq de Fonseca y consiguió algo que superó lo que ya tenía.

Venga Rafael, vamos a una de las tabernas que hay en la Esparteria que vamos a tomarnos unos vasos fresquitos, que un buen Montilla-Moriles nos va a sacar del calor y así me pone usted al día de lo que ha pasado por aquí.
Llegamos a la antigua taberna de Salinas, castiza y coqueta donde las haya. En el patio y con una agradable temperatura, el ir y venir de los camareros y clientes, es acompañado por el rumor del sonido de una fuente. Pedimos dos medios del vino de la casa y una ración de berenjenas fritas, una de las especialidades de la casa y uno de los platos típicos de la ciudad.

- ¿Sabe osté que hoy jace años de la cogía mortal de Manolete?

- La verdad es que sí Rafael, sesenta y tres años ya y todavía lo recuerda el toreo.

- Yo era aún muy joven. Pero lo tengo mu presente. Lo vi torear por vez primera en un festival de Artillería. ¡Qué torero! Único e inigualable. Todavía salen muchos que quieren parecerse a él.

- La verdad es que si. El torero de moda, José Tomás, dice beber de sus fuentes.

- ¡Más quisiera ese gato lamer el plato! Ese al lao del ‘mostruo’ no es nadie, vamos que no le llega ni al lazo las zapatillas. Ese no mata más que becerros escogios y no le ha visto al toro la barba en ningún lao. Es más, a Manolete lo mató un toro de Miura y este no los ha visto ni de lejos.

- La verdad Rafael es que si. Hoy en día los toros de Miura parecen que están prohibidos para las figuras. Antes los mataban todos los que presumían de ser gente en el toro, hoy solo los matan los que llaman ‘especialistas’.

- Hablando de Miura, ¿a que no sabe osté una cosa?

- ¿Cuál Rafael?

- Pos se la voy a contar, p’ a que aprenda osté una cosa nueva hoy.

Rafael toma el catavino y toma un sorbo de vino con mucha mesura. Lo paladea y empieza a contar su relato.

- Habían pasado ya unos años de la muerte de Manolete. Andaba yo como vaquero en la ganadería de las señoritas Moreno de la Cova y nos encargaron ir hasta “Zahariche” a recoger un macho manso berrendo en colorao que se había comprao para cubrir unas vacas berrendas de la misma prosedencia de Miura. Como bien sabe osté el cabestraje berrendo de Miura también tiene fama y en La Vega no faltaban nunca mansos de este origen.

- Ya lo se Rafael, esos cabestros tienen bien ganado su renombre, incluso en Salamanca, en la ganadería de Antonio Pérez de San Fernando, hubo cabestros de Miura.

- Bueno pues al lío. Hasta “Zahariche” nos fuimos al recoger al manso. Cuando llegamos el toro era un ‘dije’. Ensabanao de capa, capirote y botinero y colorao. De grandes pitones y de gran alzada. De seguro que ligaría bien con las seis vacas berrendas que ya había en la casa. Nos atendieron con el señorio que caracteriza a las gentes que trabajan en “Zahariche”. El mayoral, Antonio Mateo, nos dio las instrucciones para el viaje.

- Antonio Mateo si mal no me equivoco fue el mayoral que salió a hombros por la puerta del Principe de la Maestranza en la feria de abril de 1970 en compañía de Limeño, Palomo y El Hencho.

- Pues para que osté se entere, Antonio Mateo fue el mayoral que llevo a ‘Islero’ a Linares.

- Pues no lo sabía Rafael, un nuevo dato que conozco gracias a su conocimiento.

- No me haga osté la bola y vamos a pedir más vino que los vasos se han vaciao.

Pedimos dos nuevos vasos de vino. El vino de esta casa tiene un toque avellanado que lo hace distinto de los demás de la zona. Rafael lo paladea y me dice por bajo.

- Este vino es superió. Tenemos que venir más por esta casa.

- La verdad es que con lo cerca que la tenemos y lo poco que la frecuentamos. Debemos de ser más asiduos. Vamos siga usted con la historia de Antonio Mateo que algo más debe de usted saber.

- Pues nada amigo mío, que antes de salir de allí con el manso y cuando departíamos un cigarrillo, me dio por preguntarle a Antonio que como había sido el toro “Islero” en el campo.

- Supongo que aquel hombre con el recuerdo de la tragedia tan fresca, le costaría un mundo arrancar ¿no?

- No crea. La poca verguensa mía, las cosas de la edad y la instrucción, era joven y bruto, le hicieron ver a aquel hombre que mi pregunta no tenía malisia alguna.

- ¿Y qué les dijo Rafael?

- Nos contó que “Islero” no nasio en “Zahariche”. Aquella mala bestia nasio en “Valdelinares”, donde don Eduardo tenía a las vacas. Que era hijo de la “Islera” número 226, y que se tentó a campo abierto dando un juego normal. Era un torete de buen trapío, peso 295 kilos a la canal, algo abrochado y cornicorto. Vamos un toro p’a Linares.

- En las fotos se ve un toro que estaba bien presentado para Linares y para cualquier otra plaza. Con la que estaba cayendo en esos años, el toro estaba bien de trapío.

- Eso es. Pero otra cosa, nos dijo Antonio que el toro no estaba reseñao para esa plaza. La corrida la tenía vendia don Eduardo para Murcia. Don Pedro Balañá llamó a don Eduardo Miura y le dijo que necesitaba una corria para Manolete en Linares. Miura le dijo a Balañá que no tenía nada disponible, pero que en el campo había una apalabrada para Murcia, que se pusiera de acuerdo con el empresario para ver si quería cedérsela.

- Y que paso Rafael, que se hace usted siempre tela marinera de rogar.

Es una de sus argucias. Cuando más interesante esta lo que cuenta se hace el remolón y hasta que no se le dice que siga, no continua con lo que este contando. Se ríe socarronamente y carraspea.

- Pues nada que Balañá, que si tenía peso en la fiesta de aquella época, telefoneo al empresario de Murcia y consiguió que le dejara la corrida. Balañá llamo a don Eduardo y le dijo que el empresario de Murcia le había dejado la corrida, que cuando dinero más le tenia que endiñar. Miura, que era un señor, le respondió al catalán que lo mismo que costaba la corrida para Murcia, costaba para Linares.

- Otra de las cosas que se está perdiendo, si no se ha perdido ya, la palabra.

- Pues eso nos contó Antonio Mateo. El toro se embarco en la finca “La Cascajosa” y lo que paso después todo el mundo lo sabe.

- La historia trágica de esta maravillosa fiesta escribió una página esa tarde.

- También nos contó que don Teodoro Matilla quería conservar la cabeza del toro, pero que en un tris que desapareció del desolladero los matarifes la destrozaron.

- La de la vaca madre si que se conserva Rafael.

- Eso si lo sé, ese mismo día nos contó Antonio Mateo, que cuando murió Manolete la vaca estaba paria, pero que cuando se hiso el desahijao, don Eduardo ordenó matarla, mandando el ganadero disecarla. Se la sedió a su amigo, Enrique García Oviedo, y que cuando este murió se quedó en depósito en la Maestranza de Sevilla donde está puesta en su museo.

- Y hace sesenta y tres años ya Rafael. Y todavía hablamos de ello.
- Ahí vemos la grandeza de este hombre. Hoy quitando tres o cuatro, no hay más que muchos “sarramplines” que se visten de toreros y se creen figuras.

Terminamos el vino y nos apresuramos cada uno a coger el camino más corto a su casa. El calor aprieta, igual que dicen que apretó aquel 28 de agosto de 1947.

6 comentarios:

juanito dijo...

Magnifico relato Salvador y buen postre de vacaciones, según mí padre que era un gran admirador de MANOLETE fue un torero irrepetible, cuando murió tenia yo tres años y me contaba mí progenitor que el año 1947 me llevo por primera vez a los toros en Córdoba.
Descanse en PAZ el mejor torero del Siglo XX.

Salvador Giménez dijo...

Gracias Juan, me alegra verte seguir el blog. Tenemos visita al campo pendiente, ya te llamare.
Saludos

Richard Alen dijo...

Para su conocimiento, creo que está Vd. haciendo un mal uso de las imágenes que aloja en su blog. En el caso de la foto de Islera, Creative Commons, licencia bajo la que está publicada en mi alojamiento de Flickr, le permite hacer uso de ella, pero debe indicar quién es el autor de la foto. La foto original, que es de mi propiedad, se encuentra en esta dirección http://www.flickr.com/photos/richardalen/4443445814/in/set-72157623514554585/ Vd., en lugar de alojarla con un link a esta página, la ha descargado en su ordenador y la ha alojado en Picassa y no ha mencionado su autor, que soy yo. Le pido por favor que lo arregle, bien suprimiendo la foto, bien alojándola en su blog copiando el código HTML para que quien visite su blog pueda identificar esa foto como mía. Sin más, reciba un cordial saludo.

Salvador Giménez dijo...

Suprimida la foto mi querido amigo Richard. Dispense las molestias y le ofrezco las que necesite de mi blog realizadas y firmadas por mí des interesadamente. Los españoles aunque seamos considerados unos 'chorizos' realmente somos unos caballeros.
Un abrazo.

Richard Alen dijo...

Sinceramente, hubiera preferido que hubiera dejado la foto, pero correctamente puesta. A nadie le hace asco que le reconozcan su trabajo; de hecho, Vd. agradece los comentarios de Juanito en su post. Por otro lado, no le considero un "chorizo". Si algo me ha robado es tiempo, porque ni las fotos ni el blog me aportan un duro. Tampoco piense que voy de policía, de estas cosas te enteras porque te las pone el sistema delante de las narices. No se enfade, esto se lo dice uno que suele comprar en una tienda llamada emule. Gracias Don Salvador.

Salvador Giménez dijo...

Querido amigo Richard, como fotógrafo taurino estoy hasta más allá que me tomen fotos 'prestadas'. Ya lo doy por imposible y eso que registro en la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía mi trabajo para el tema de propiedad intelectual. No gana nada con mi blog, ni con mis fotos. Perdone por la salida de tono. Algunas veces soy más que impulsivo. Lleva toda la razón a todos nos gusta que nos reconozcan nuestro trabajo. Sin más hace unos años una peña taurina del norte tomo una foto mía de internet y la incluyó en un collage para una felicitación de Navidad. Lo malo es que después vendieron el collage como almanaque. Le reitero la salida de tono. No práctico una fotografía artística como usted. Solo soy un reportero gráfico que trato de plasmar el momento.
Aquí sepa que siempre tendrá un amigo.
Un saludo.