6/05/2019

SOLO EL HECHIZO DE FINITO MARCÓ UNA FERIA PARA EL OLVIDO (Crónica resumen de la feria de mayo cordobesa)



Además de la faena de Juan Serrano, en la Feria de la Salud han destacado Ferrera y Marín por su toreo

Las ganaderías no han cumplido con las expectativas, con toros sin raza y descastados.

Terminó  la feria taurina de 2019. Un ciclo que sin lugar a dudas pasará a la historia, fundamentalmente por un hecho muy puntual, como fue una faena intemporal, desgarrada, bella y llena de hechizo como fue la de Finito de Córdoba a su segundo toro la tarde del viernes. Por lo demás poco más. Una feria que tiene, a pesar de todo, mucha tela que cortar, pues es la hora de ver cual es del futuro, que aguarda a una ciudad, que escribió páginas de oro en la historia de la tauromaquia.

En cuanto a matadores de toros actuantes en el mini ciclo, hay que destacar a Antonio Ferrera y Ginés Marín, que cortaron una oreja cada uno en el festejo del jueves, así como al Juli, que obtuvo otro trofeo en la tarde del viernes. Antonio Ferrera reapareció en público tras un accidente, que sin lugar a dudas, debe de quedar ya en el olvido. El balear-extremeño paso por el coso califal como un torero que impregna su tauromaquia de un dinamismo que no deja al público indiferente. Sus dos faenas tuvieron un mismo denominador común. Improvisación y buenas formas, así como una perfecta dirección de la lidia, por lo que gustó su actuación en la feria. Lástima, que al igual que sus compañeros, se topase con una infumable corrida del hierro de Santa María, remendada con un ejemplar de Santa Ana, que dio al traste con los deseos de los actuantes.


Esa misma tarde también gustó la actuación de Ginés Marín. Un torero esperado, por su buen gusto y concepción del toreo, que está llamado a ser uno de los puntales básicos del escalafón, de cara a un futuro próximo. Cierto es que venía con cierto ambiente por haber cortado una oreja no hace muchos días en Madrid, pero la verdad es que Marín cumplió con las expectativas y nos dejo sobre el albero una personal faena, llena de belleza y arrebato, que hizo que pasease un trofeo. Ginés Marín, desde su etapa novilleril, ha dado la cara en Córdoba, por lo que mantiene su crédito intacto ante una afición, como la cordobesa, que gusta del toreo de calidad, no exento, eso sí, de entrega.


El Juli fue otro de los que tocó pelo, como se dice en el argot. Sobrado de oficio anduvo muy por encima de los toros de Juan Pedro Domecq, que le correspondieron la tarde del viernes. Solvente, conocedor sobrado de lo que es la lidia, Julián anduvo por Córdoba como una figura del toreo. Pero claro, ese oficio, no tapa la carencia de alma y pellizco en su toreo, por lo que su actuación se puede catalogar como insípida e incolora. Aún así el fallo a espadas en su segundo le privó de cortar un apéndice que se había ganado con sus armas.

En cuanto al resto de actuantes decir que Emilio de Justo, se estrelló ante un lote imposible la tarde del jueves, en la que aún así dejó patente su corte de torero estilista y valeroso. Morante de la Puebla pasó de puntillas por Córdoba. Quedó totalmente inédito. Algún capotazo vistoso y poco más. Por lo que cuentan el arte es así. Otra vez será, siempre que Córdoba le espere y no se canse de tanta espera.

Dejamos a Juan Serrano para el final. Finito de Córdoba fue el triunfador artístico de la feria. El torero paisano nos dejo una faena para el recuerdo. Una faena, que sin ser redonda, puede ser la más desgarrada y apasionada que nos haya regalado en sus años como matador de toros. Un trasteo lleno de hechizo que hizo vibrar a los espectadores que se congregaron en Los Califas esa tarde. Un capote que se meció solemne, adelantando su bamba para embarcar las embestidas del Juampedro y hacer crujir el alma de todo aquel que tuviera sensibilidad. La faena de muleta fue indescriptible. Bella y llena de duende, plenamente perfecta por su imperfección. Faena que broto de una manos que pertenecían a un cuerpo roto y abandonado, que se dejó llevar por la inspiración hasta límites insospechados. La puesta en escena, con una marcha de procesión flotando en el ambiente, ayudo a la creación que algo que se antoja irrepetible. Una faena, aún con sus imperfecciones, para soñar el toreo y que sin lugar a dudas quedará grabada en la memoria. Una faena que no se puede pagar con despojos, porque su grandeza va más allá de aquellos. El palco careció de sensibilidad porque con su sinrazón, más que evidente, impidió el broche de oro para una obra intemporal. A Córdoba, más que al torero, le hubiera hecho falta el epilogo soñado, pero que más dá, lo realizado por Finito de Córdoba, ahí quedó.


La tarde del sábado se celebró la tradicional corrida de rejones, con una paupérrima entrada. Ya el año pasado, y tras cortar uno de los actuantes un rabo en Madrid, como fue el caso de Diego Ventura, el público a este tipos de festejos dejó mucho que desear. Este año ha pasado lo mismo. Un panorama desolador. Habrá que sopesar si este tipo de festejos es rentable de cara a la taquilla, atrás quedaron los tiempos en que podían salvar económicamente una feria, hoy en Córdoba los rejones, visto lo visto, son completamente ruinosos. Luego en la arena, ante una descastada corrida de Fermín Bohórquez, el resultado artístico fue igualmente pobre. Solo Pablo Hermoso de Mendoza cortó un trofeo, cimentado en su buena monta y maestría, mientras que su hijo Guillermo mostró el aire fresco de la juventud, con dos actuaciones meritorias mal rematadas con el acero. Lea Vicens fue una sombra.

En cuanto a ganaderías decir que ninguna cumplió con las expectativas. Toros sin raza, descastados y ayunos de bravura pasaron por Los Califas. Otro de los problemas a solucionar de cara al futuro, es buscar el tipo del toro para Córdoba, ya que ha fecha de hoy, es muy difícil de saber cuál es el prototipo de animal, en cuanto a presencia, que gusta en la ciudad. Ante esto cualquier cosa puede servir. Si Sevilla, Madrid, Bilbao o Valencia tienen su tipo de toro ¿por qué en Córdoba no se tiene?

El público falló estrepitosamente durante la feria. Afición hay, se ha visto de sobra. Cuando se le ofrece algo que considera de interés acude a la plaza. La afición cordobesa tiene, hoy por hoy, complejo de orfandad. No se le cuida lo suficiente, no se le mima. No se tiene una cercanía con ella. Así es muy difícil. A poco que se mire por ella, seguro que responderá. La prueba palpable es el llamado tendido joven, que ha tenido una aceptación bárbara. El motivo es que se les ha ofrecido a los chavales un abono económicamente asequible, y sin lugar a dudas han respondido, a pesar de tener el real de la feria en la otra punta de la ciudad.

Ahora solo queda la reflexión de cara al futuro. Sin lugar a dudas el panorama es desesperanzador. La empresa que opte a la gestión del coso en 2020, se da por hecho que no habrá más festejos taurinos en el presente año, tiene por delante una ardua tarea. Mucho trabajo que tendrá que estar cimentado en un continuo contacto con la ciudad. Lo de venir veinte días antes de feria, presentar un cartel y esperar, visto lo visto, no es la formula.

El Día de Córdoba (4/6/2019)


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