9/01/2019

RECUERDO DE LAS TARDES DE VERANO



Los toros conocidos como encaste marqués de Domecq, a los que se les atribuye una fuerte personalidad gracias al marqués, encuentran su origen en la cría del ganadero cordobés Antonio García Pedrajas



Mediados de agosto, España está en fiesta. En muchos lugares de nuestra piel de toro las celebraciones no se conciben sin la tauromaquia. El calor estival aprieta, aún así muchos lugareños, también los que retornan en las vacaciones a sus lugares de origen, acuden a la plaza.
El destino, o la casualidad, también que Finito de Córdoba abre el cartel, nos ha llevado hasta Socuéllamos. Estamos en la mitad de la Mancha, la gente va predispuesta a divertirse y la terna, a pesar del pobre juego de los toros, no defrauda. Nuestro Fino salpica con su buen hacer la tarde. Paco Ureña y el local Antonio Linares con su entrega –y sobre todo al atino con los aceros– consiguen salir a hombros. La verdad es que el toreo lo puso, destilado y medido, nuestro paisano.
Los toros no han permitido más, pues los pupilos de Albarreal quisieron, pero no pudieron. Tuvieron nobleza, pero les faltó la chispa que tiene que tener un toro bravo. El compañero de tendido, al verme con cámara de fotos y libreta, comenta en voz alta que el encaste Domecq es una lacra para la fiesta. Le comento que puede ser, y también que no hay encastes, que hay ganaderos.
Curiosamente, los toros de Albarreal tienen un origen que difiere bastante con lo que se conoce como encaste Domecq, aunque fuese el marqués de dicho apellido quien les dio la personalidad que les llevo a ser requeridos por las figuras del toreo en su época dorada.
Curiosamente, si profundizamos en el historial de los toros a los que el marqués de Domecq doto de personalidad, podemos comprobar cómo en su origen un cordobés tuvo mucho que ver en su génesis.
Este criador no fue otro de Antonio García Pedrajas, un ganadero que crió en la provincia de Córdoba un toro de la más pura casta de Vistahermosa, una de las que se tienen por fundacionales de la cabaña de bravo de España, aportándoles tanta personalidad que aún a día de hoy aún se recuerdan como los pedrajeños.
Una vez que el último conde de Vistahermosa se deshizo de la ganadería familiar, parte de su torada acabó en las manos del llamado Barbero de Utrera, llegando ésta tras tener como propietarios a Arias de Saavedra y luego Murube, hasta que llegó a Fernando Parladé. Este último vende un lote de vacas y un toro de nombre Bandolero a Francisco Correa, natural de Guillena, quien los disfruta muy poco tiempo, pues decide enajenarla a Félix Moreno en 1915.
Poco le dura al señor Moreno Ardanuy, quien estaba detrás de adquirir la torada del marqués de Saltillo, dado que en 1918 la vende a Antonio García Pedrajas.
La nueva vacada pasta en el término municipal de Almodovar del Río, concretamente en las fincas Fuenreal y Mesas Altas. Ya en su poder es aumentada con reses provenientes de Gamero Cívico, de igual origen vistahermoseño, presentándose en la capital de España el día 31 de mayo de 1925.
Al fallecimiento del propietario, así como al de su hijo, la ganadería es heredada por sus tres hijas Magdalena, Marina y María, García Natera, quedando finalmente como única titular la primera, que compró su parte a Marina. María vendió la suya a Isaías y Tulio Vázquez, cuyos herederos aún la conservan.
La parte de Magdalena, quien la disfrutó hasta 1946, fue vendida a Salvador Noguera, que al poco tiempo la vende a Salvador Guardiola Fantoni, responsable de su registro en la unión de criadores a nombre de su esposa, María Luisa Domínguez Pérez de Vargas.
Antes de su fallecimiento, Antonio García Pedrajas había vendido un lote de reses a los hermanos Mora Figueroa, quienes la aumentaron con otras del Conde de la Corte y de Juan Pedro Domecq Nuñez de Villavicencio.
Estas terminaron en manos de Salvador Noguera, y en 1951 la transfiere al marqués de Domecq, quien configura, a través de una ardua y escrupulosa selección, un tipo de toro que ha dado un juego muy del gusto de profesionales y públicos durante muchos años. Hoy, la sangre que modelara el marqués está en vías de extinción, ya que pocas son las ganaderías que la conservan.
Aun así, no hay que olvidar que en esta sangre tan singular tuvo una particular influencia un reputado ganadero cordobés que se llamo Antonio García Pedrajas.


LA CIMA, LA SIMA Y LA ETERNA ESPERA



Córdoba vive de su pasado, dorado y grande por cierto, pero que mira poco por su futuro

Siempre es crítica consigo misma y recela de todo aquello que puede aportar aire fresco

Continúa Córdoba sin perder un ápice de su singular personalidad. La ciudad, el pueblo como la nombró Baroja, es apática por naturaleza. Siempre permanece indiferente ante todo lo que en ella acontece. Ya lo dejó escrito el escritor donostiarra en su novela La feria de los discretos, cuya acción transcurre en Córdoba y que describe esa personalidad de la ciudad, prácticamente inalterada desde que su autor la concibiera hace un siglo. Esto no está muerto; Córdoba es un pueblo que duerme, afirma Baroja en las últimas páginas de su novela. Todos, especialmente muchos cordobeses, esperamos que algún día se despierte de una vez y se sacuda esta galbana que viene arrastrando de manera tradicional.

En lo taurino, Córdoba es igual. Vive de su pasado, dorado y grande por cierto, pero que mira poco por su futuro. Siempre es crítica consigo misma y recela de todo aquello que puede aportar alguna corriente de aire fresco. Mientras tanto, la Córdoba taurina las ve venir. No lucha por su futuro, solo espera algo extraordinario que la saque del ostracismo y habitual desidia. Lo malo es que Córdoba está acostumbrada a la gloría. No se conforma con término medio. O se está en la cima o en la sima de la indiferencia. Tal vez por ello prefiera vivir de las añoranzas de la elegancia lagartijística, del absolutismo guerrista, de la raza de Machaquito, del estoicismo de Manolete e incluso de la revolución cordobesista.
A fecha de hoy, el panorama es triste. El coso de los Califas continúa sin albergar un mísero espectáculo taurino. Es ahora cuando se añoran las novilladas nocturnas a la luz de la luna y bajo las estrella más que nunca. Las clases prácticas de las escuelas han acabado con ellas, y no es que estos festejos sean censurables, sobre todo porque sirven para que los alumnos de las escuelas taurinas den sus primeros pasos.
¿Pero qué ocurre cuando muchos de ellos las abandonan? La respuesta es sencilla. Se quedan en casa. Las llamadas clases prácticas han ocupado en muchas ocasiones el lugar de las novilladas sin picadores, su organización es menos laboriosa administrativamente y económicamente resultan mucho más baratas, por lo que muchas empresas y ayuntamientos optan por ellas en detrimento de las novilladas sin picar.No solo es esa añoranza de los festejos menores.
La Córdoba taurina está, como dijo Baroja, dormida. Tal vez espera un nuevo estandarte que ondear. El último al que se agarro fue cuando irrumpió, y con qué fuerza, Finito de Córdoba. Fue la última época en que la afición cordobesa despertó de su habitual letargo, llenando el coso de Los Califas en varias ocasiones y entregándose a un torero al que idolatró hasta unos límites insospechados. Hoy, con el torero aún en activo, Córdoba ha optado por volver a su habitual apatía.
Es lo más fácil para ella, aún cuando el torero continúa deleitando al público con su elegancia y sus formas toreras de sabor añejo, ante la medianía, salvo contadas excepciones, del escalafón actual. Si Córdoba fuese de otra manera, Finito de Córdoba sería un torero de culto al que seguiría como lo siguió en los años dorados, pero tristemente no es así.
El último movimiento que pareció mover a Córdoba, fue la concentración que convocó el Circulo Taurino en la plaza de toros para reivindicar la defensa de la fiesta de los toros. Cierto es que fue numeroso público el que allí se congregó, pero todo mucho tememos, que ha quedado en agua de borrajas. Solo cabe esperar, como es costumbre. Saber qué empresa regentará el año que viene el coso califal y sobre todo saber si vienen de verdad a trabajar para recuperar algo que yalanguidece demasiado, o solo convertirse en otra ave de paso, que cave un poco más la fosa.
Por lo pronto nos queda la provincia. Villanueva de Córdoba celebró su tradicional corrida, donde la Córdoba taurina capitalina no respondió como debiera, pese a que se anunció el último estandarte que enarbolo. Priego de Córdoba y Pozoblanco también han dado a conocer sus carteles. El de Cabra y Lucena, donde algo se programará, están al caer. Mientras la vida sigue. Córdoba continúa a la espera. Siempre dormida ¿despertará algún día?


8/11/2019

EL VÍDEO MATÓ A LA ESTRELLA DE LA RADIO



El vídeo y la imagen también tienen su influencia en la nueva vertiente del toreo



Estaba la década de los setenta aculada en tablas cuando un grupo pop británico de la denominada new wave, y que se anunciaba como The Buggles, copó el número uno de las listas de éxitos con un tema de música pegadiza y rítmica. Aquella canción llevaba por título Video killed the radio star, lo que traducido a la lengua de Cervantes venía a decir, más o menos, El vídeo mató a la estrella de la radio.
De los que vivimos aquel boom, nos queda el recuerdo de la vivacidad y ritmo del tema, de su innovación para la música con la aportación de sonido salido de la moderna electrónica y de lo que lo bailamos a las primeras de cambio, sobre todo cuando era puesto en las emisoras de radio de moda, así como cuando se pinchaba en los primeros locales de ocio a los que pudimos acceder.
En aquellos años lo que profetizaba la letra de ese tema era difícil de entender. Sobre todo para una sociedad como la española, en la que todo lo concerniente a las nuevas tecnologías aún estaba muy alejada de nuestros quehaceres cotidianos, que por cierto, estaban más pendientes del mundial del 82 que en la evolución del mundo de la informática y la electrónica.
El paso de los años ha venido a ratificar el mensaje de aquella canción de moda. Hoy, salvo contadas ocasiones y a magníficos profesionales, las grandes estrellas de la radio han cedido parte o mucho, según se mire, de su protagonismo a la imagen que nos ofrece el mundo de la informática y la electrónica. Es inconcebible una noticia sin imágenes. Lo que no se ve, no existe. Las nuevas generaciones no conciben nada sin imágenes.
Atrás quedaron los grandes narradores añorando tiempos de éxito, y donde sus voces formaban parte de nuestras vidas. Muchos lectores se estarán preguntando qué tiene que ver una canción de un grupo británico de la new wave con el planeta de los toros. La respuesta es fácil. El vídeo y la imagen también tienen su influencia en las nuevas vertientes del toreo. Hoy todo se graba.
Los ganaderos recurren a él para repasar el juego de las reses que se tientan para reproductoras. ¿Cuántas y cuántas se habrán ganado la vida tras haber repasado sus criadores, una y otra vez, las imágenes de su tienta? El vídeo también lo emplean los profesionales. El objeto no es otro que visionar sus actuaciones para buscar fallos o ver por qué aquel toro no acabó de rematar aquella faena que pareció iba a ser cumbre. También se utiliza en las escuelas taurinas. Es empleado para hacer llegar a las nuevas generaciones, aquellas que sueñan con la gloria del chispeante, los modos y formas de los grandes toreros del pasado, como también los del presente.
Hoy es muy accesible, gracias a los vídeos subidos a la red, mirar el toreo de principios del siglo XX, admirar el dominio de Gallito, la quietud de Belmonte, la solemnidad de Manolete, la gracia de Pepe Luis, o los duendes de Romero o Paula. Son las ventajas del momento de vivimos.
El vídeo tiene muchas ventajas, pero también muchos pecados. Uno de ellos es el morbo. Las graves cogidas son repetidas hasta la saciedad. También la parte golfa de la fiesta, que la hay y mucha. Los vídeos nos enseñan mucha picaresca, que se sabía existía, pero que no se constataba desde los tendidos y que hoy las imágenes nos muestran de forma cruda y real. Es el mundo de la imagen. Según como se emplee puede tener beneficios para la fiesta de los toros.
También efectos negativos. Uno de ellos puede ser algo fácilmente comprobable y no es otro que la falta de personalidad de los nuevos toreros, que al empaparse de las formas y modos de sus referentes asumen sin querer también todas sus carencias. Bienaventurados los que me copian porque de ellos serán todos mis defectos.
Y lo que es principal. El vídeo muestra la verdad cruda de todo al carecer del alma del instante vivido. Grandes faenas que una vez vividas pierden la esencia y sensibilidad al ser visionadas en una fría pantalla. En resumidas cuentas, el vídeo no solo mató a la estrella de la radio, sino muchas más cosas, entre ellas la esencia de una liturgia única.


8/04/2019

SIN NOVILLADAS NO HAY PARAÍSO

Marta Reillo el pasado Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo


Estos festejos no pasan por su mejor momento en una época en el que el mundo del toro ya está sufriendo demasiados ataques; las picadas han desaparecido de la práctica totalidad de las ferias
La temporada taurina sigue su caminar. El periodo estival es tiempo de fiestas y rara es la que no lleva aparejada algún divertimento de carácter taurino. Va en el sentir del pueblo español desde que España es España. Los toros, y todo lo que les rodea, es una señal de identidad española. A pesar de que no corren buenos tiempos para el llamado arte de Cúchares, todo se repite un año más. La feria en honor del santo patrón y con ello el consabido espectáculo taurino.
Pese a quien pese, el toreo continúa siendo algo inherente al ocio festivo de un país, de caracteres tan diversos como el nuestro, aunque por unos motivos u otros, en ocasiones más de carácter internos que externos, el toreo no pasa por su momento más álgido.
Las corrientes animalistas, de las que partidos sin escrúpulos y sin programa, pretenden arañar un puñado de votos, han hecho de la fiesta un enemigo a batir. Hoy la fiesta de toros no es políticamente correcta. Está en el punto de mira de esta sociedad, tan aséptica con la muerte, que nos ha tocado vivir. Por dentro de la fiesta en sí, los problemas son otros. Nos ha tocado una etapa de tecnócratas que solo piensan en el presente. Para ellos el mañana no existe. Solo viven el presente. De ahí es por lo que intentan arañar el último céntimo que se pueda. Poco les importa el futuro de la tauromaquia.
Para ellos el problema general es banal. No ven, y si lo ven miran para otro lado, los peligros que se ciernen sobre el torero. Nada les afecta. Solo imponen sus criterios, abusando de su poder, menoscabando el interés de los aficionados, a los que ningunean hasta la saciedad, lo que está llevando a que estos estén abandonando las plazas, hastiados del abuso de poder de los tecnócratas del sistema. Mientras tanto, un público ocasional, con una afición incipiente y muy elemental, va copando los tendidos, viendo y aceptando con beneplácito, el nuevo modelo de fiesta impuesto por el sistema en defensa de sus fines.
La renovación es necesaria en todo. En la tauromaquia también. Antes a un torero le bastaban cuatro o cinco temporadas buenas, para ser considerado una primera figura. Hoy hay toreros con más de diez años de alternativa a los que todavía se les espera ese paso adelante para hacer historia. Otros viven de las rentas de sus años cenitales. Pasó su momento, pero ahí siguen. Tratando, con el consentimiento de los tecnócratas que conforman los trust empresariales, de apurar hasta el último momento, cerrando con ello el paso a las nuevas generaciones que apenas tienen la oportunidad de reivindicar su nombre y, en ocasiones, su buen momento.
El principal pecado –la penitencia va a ser durísima– del momento actual es la falta de novilladas picadas. Cierto es que a través de las escuelas taurinas, los noveles comienzan su camino. Certámenes, bolsines, tentaderos a puerta abierta, cubren los primeros pasos de los que sueñan con ser toreros. Ahí no está el problema, aunque afloren muchos tejemanejes, que haberlos los hay, la dificultad comienza cuando estos chicos, una vez superado el primer filtro, deciden dar el paso y convertirse en matadores de novillos-toros.
Las novilladas picadas, salvo Madrid y Sevilla, han desaparecido de la práctica totalidad de las grandes ferias. También de las plazas de menor categoría. Donde antes se organizaba un festejo de este tipo, hoy se organiza una corrida de toros. La presión fiscal es la misma, se argumenta desde el sistema, y ante ello mejor organizar una corrida que un festejo menor. Nadie mira el escalafón novilleril.
¿Recuerdan aMarta Reillo? Sí, la maletilla que causó sensación en Ciudad Rodrigo. Pues a pesar de que le prometieron El Dorado, no ha toreado ni un solo festejo tras la repercusión mediática que tuvo. ¿Es normal? No. Como tampoco lo es que el escalafón novilleril, a día de hoy, lo encabece a estas alturas un espada que suma tan solo diez festejos, como es el caso de Javier Orozco. Ferias y ferias que han prescindido de una novillada con picadores como era de costumbre. La culpa, según dicen, la tiene la presión fiscal, a lo que hay que añadir que también la poca vergüenza de empresarios sin escrúpulos.
Es por ello por lo que hay que agradecer a localidades como Arnedo, Calasparra, Algemesi u otras que velen por las novilladas picadas, que son las que de verdad pueden traer aire fresco a la fiesta. En nuestra Córdoba pudo ser Montilla. ¡Cómo se añoran sus novilladas de lujo! Pero entre unos y otros se las cargaron y hoy son solo son un bonito recuerdo. Córdoba, como siempre, a lo suyo. Solo desidia y abandono. Pareció que la concentración que organizó el Círculo Taurino podía encender la mecha para reivindicar muchas cosas, pero al parecer la mecha era corta y finalmente la bomba no explotó. Las cosas de Córdoba.

7/28/2019

NADA NUEVO BAJO EL SOL



El sistema empresarial de hoy en día es una gran lacra para la fiesta de los toros ya que solo piensa en sus intereses y no en los del espectáculo, que poco a poco va cayendo en una sima


La temporada taurina está en todo lo alto. Quedaron atrás los puertos de primera categoría de Sevilla y Madrid. Pamplona también pasó, eso sí, con un público muy cambiado, ya excesivamente festero y con poco rigor.
Pamplona fue una feria donde se lidiaba un toro imponente en conjunto; hoy solo importan kilos y pitones. Lo demás poco va importando, sobre todo ese concepto abstracto llamado trapío.
En la capital del viejo reino de Navarra se premia con benevolencia cualquier cosa. Sobre todo lo que capte la atención de un público cada vez menos entendido y heterogéneo.
Un público al que solo importa que el toro caiga pronto de la primera estocada, sin importar para nada ejecución de la suerte, ni la colocación del acero. Si esto ocurre, el espada de turno tiene los trofeos asegurados.
A pesar de todo, paradójicamente, Pamplona aún pesa en estos tiempos. Un triunfo en su plaza puede servir para que las puertas de los despachos se abran de par en par y sea un salvoconducto para un buen número de contratos, en detrimento de otros espadas que triunfaron con más rotundidad en plazas como Sevilla o Madrid.
Son las cosas de nuestros tiempos. Antaño un triunfo en Madrid podía arreglar una temporada; hoy abrir la puerta grande de Las Ventas no es garantía de nada.
PLAZAS OTRORA DE POSTÍN Y TRADICIÓN HAN PERDIDO SU CARISMA POR GESTIONES NEFASTAS

La lesión de Roca Rey ha motivado que muchos carteles, hechos en ocasiones con mucha antelación, se hayan descompuesto por la inesperada baja del torero peruano. Su maltrecho hombro ha dejado muchos huecos en el aire y se esperaba, en esta temporada llamada a ser de renovación, que fueran cubiertos por espadas que vienen empujando y que han ratificado su buen momento en plazas importantes.
Pero, desgraciadamente para la fiesta en sí, no ha sido como se esperaba. Los huecos de Roca Rey han sido cubiertos por espadas con años de alternativa y cuyas carreras son gestionadas por empresarios que forman parte del entramado del sistema que maneja a su antojo todo lo que ocurre en el planeta de los toros.
El sistema empresarial de hoy es una gran lacra para la fiesta de los toros ya que solo piensa en sus intereses y no en los del espectáculo, que poco a poco, por su avaricia y despotismo, va cayendo en una sima de la que será complicado que salga.
Los grandes trust manejan sin escrúpulo todo. Son a su vez gestores de plazas, apoderados de toreros y, en algunas ocasiones, hasta ganaderos. Forman un circuito muy cerrado en el que es complejo entrar, y que como ya ha quedado dicho, solo piensa en sus intereses, intentando obtener el máximo beneficio posible arriesgando cada vez menos.
De ahí que no apuesten por el futuro, cerrando puertas a los que empujan y cercenando de las ferias que organizan algo tan vital para la fiesta como son las novilladas y promoción de todos aquellos que empiezan en este mundo de los toros.
Plazas otrora de postín y tradición han perdido su carisma por gestiones nefastas de este sistema impuesto. Ferias donde se organizaban varios festejos mayores no hace mucho, hoy solo abren sus puertas cuatro o cinco ocasiones al año, y son muchas, como el caso de Córdoba, El Puerto de Santa María o incluso Linares, donde esta temporada la feria de San Agustín, tal vez se quede sin toros.
Los valores y tradiciones se van perdiendo. Antes los carteles se organizaban con un torero veterano abriéndolos, una máxima figura y un espada emergente. Con este modelo se garantizaba un sitio para todos.
Hoy el sistema monta los festejos con tres figuras, cuyas carreras gestionan, que en numerosas ocasiones, viendo lo que estamos viendo muchas tardes, no es garantía de éxito. Al contrario, pues luego cada uno quiere cobrar lo que entiende que es suyo, y los resultados económicos tampoco son como nos quieren hacer ver.
Hacen falta aires de renovación. Esta temporada parecía que podía ser, pero viendo lo que se está viendo, todo parece seguir como siempre. Los grandes machacan a los pequeños.
Tanto que algunos se aburren, como el caso de Varea, que esta semana, cansado de tanta piedra en el camino, decidió cortarse la coleta y abandonar la profesión. Cuentan que José Flores Camará le dijo a Manolete: “Para ser martillo primero hay que ser yunque, pero cuando seas martillo; golpea, golpea, golpea”.


7/21/2019

MANOLETE Y EL TOREO DE CAPOTE



El impacto de la particular y personal tauromaquia del maestro de Santa Marina vino con la muleta, de ahí que poco se hay exaltado su toreo con la tela rosa, que es digno de admirar



Continúa julio haciendo gala de sus rigores. El calor del estío, propio de estas fechas, no da tregua en esta Córdoba un año más. Poco apetece en las horas centrales del día. Las calles de la ciudad quedan solitarias y en ocasiones parece un pueblo fantasma. Es la hora de dejarse seducir por la lectura y también por la nostalgia. Es esta última la que nos lleva a recordar que en este mes de julio se cumple el aniversario del nacimiento y alternativa del inmortal Manolete. Es por ello que la figura del torero cordobés, pese a los años, continúa viva no solo en la ciudad califal, sino también en el planeta del toro.
El toreo, o tauromaquia, de Manuel Rodríguez está vigente. Sus formas marcaron una época. Manolete sobre los ruedos –fuera de ellos es un ídolo– trajo una nueva tauromaquia, una última actualización, posiblemente definitiva, al toreo. Unas formas propias, concebidas para mayor lucimiento en el último tercio, donde los trasteos dejaron de ser simples fogonazos para contar con una uniformidad que vino de su mano. Mucho se ha escrito, se escribe y escribirá del toreo de Manolete en el tercio final.
Su manera de colocarse ante los toros, su forma de poner la muleta, el inverosímil embroque dejándose llegar al toro, su ligazón y unidad en los muletazos. Es la tauromaquia que vino con el Monstruo. Pero llegado este punto ¿por qué se habla tan poco de su toreo con el capote? ¿Acaso no tiene importancia? ¿Era banal y superficial Manolete en el primer tercio?
SU MEDIA VERÓNICA, FRONTAL Y A PIES JUNTOS, ES UN ALARDE A LA PLASTICIDAD QUE SIEMPRE SE LE NEGÓ

Muchas son las preguntas que se pueden hacer del motivo por el cual los amanuenses del Monstruo hablen tan poco, y de pasada, de la tauromaquia del coloso cordobés con el percal. No hay nada más que echar mano de las videotecas, hoy tan fácil, para comprobar que Manolete manejó el capote con la misma fórmula que lo hacía con la muleta. Es por ello por lo que se puede decir que también marcó una época con el capote, pese a que ello ha pasado desapercibido. El impacto de su particular y personal tauromaquia vino con la muleta, de ahí que poco se haya exaltado su toreo con el capote, quedando la imagen de un torero corto y cumplidor con la tela rosa.
Viendo viejas películas se puede comprobar que el toro de la época de Manolete, debido a su edad, tiene muchísima movilidad. Es un animal que, de salida y antes de pasar por el fielato de la puya, se muestra indómito y con un comportamiento aún no definido. Manuel Rodríguez, como ha quedado plasmado, aplica los mismos parámetros que con la muleta. No se coloca de frente. La ubicación de Manolete es perfilada. No adelanta las bambas del capote para embarcar la embestida de la res. Lo espera y, es al llegar a su jurisdicción cuando adelanta el capote y con la mano de salida trata y consigue llevar las embestidas lo más largas posible, bajando la mano contraria para dar mayor firmeza al lance.
Los toros al volverse, se encuentran el percal ante sus ojos y Manolete repite los lances con una ligazón compleja ante animales de tanto empuje. De ahí se desprende que el maestro de Santa Marina mueve un capote muy poderoso, capaz de ir domeñando unas embestidas inciertas. Eso está solo al alcance de los elegidos. Sus lances a la verónica, toreo fundamental, con el capote, vienen a completar lo que iniciara años antes Belmonte e intentaran sus seguidores. Su personalidad, innata y propia, hace lo demás. En ocasiones carga la suerte con el compás más abierto.

En otras lo hace con los pies más juntos, pero igualmente carga el toreo hacía el lado de salida. Su media verónica, frontal y a pies juntos, es un alarde a la plasticidad que siempre se le negó. Es un remate bello y a la vez descarnado. En ocasiones gira sobre su eje y se lía el capote a su enjuto cuerpo en un alarde pinturero que contrasta con su toreo pleno de misticismo.
¿Tal vez eso no es estético? La verónica y medía verónica de Manolete son monumentos al toreo de capa. Por si solos llenaron y remataron una tauromaquia única. Aquél capote suelto, de poco apresto, por lo tanto de más difícil manejo, pocas veces fue cantado. No tenía la gracia del toreo de sus coetáneos sevillanos o mexicanos, pero poseía una rotundidad ante los toros única. Debido a ello, no hay más remedio que reconocer a Manolete como un capotero único, que con el percal no hacía otra cosa más que poner los cimientos a lo que vendría en el tercio final. El toreo definitivo.



7/14/2019

MANOLETE, MONSTRUO



El escritor e informador taurino Ricardo García K-hito fue el que bautizó al torero de Santa Marina con el sobrenombre por el que luego fue conocido en todo el mundo y que aún pervive

A poco de aquel día 2 de julio de 1939 la figura de Manolete va creciendo. En sus principios, el torero de Córdoba empieza a cautivar a los públicos por el toreo que practica. Hasta entonces, salvo contadas ocasiones, el toreo era de poca quietud, movido, alterado, sacudido. Los pases tienen como único objetivo expulsar la embestida del toro del lugar de reunión con el hombre. La unidad nunca destaca.
Puede haber algún muletazo de gran belleza, pero que no guarda continuidad con los siguientes. Años antes, en la llamada Edad de Oro, el gran Joselito trata de torear ligando los pases en cadena, mientras Juan Belmonte, su antagónico, trae una quietud no vista hasta entonces. El toreo de quietud y ligado es solo una quimera, que otros continúan intentando como fue el caso de Chicuelo, que tomando lo visto a los dos colosos, lo consiguió cuando sus oponentes le fueron propicios, pero sin una continuidad cotidiana.
Manolete lo trae innato. Pronto cautiva a los públicos y a la prensa. El torero de Córdoba va a marcar una época en la historia de la tauromaquia. Su personal toreo pasa en un primer momento desapercibido, de hecho, solo se destaca por sus grandes dotes como estoqueador. Ahí están sus primeras crónicas. Los críticos de entonces aún continúan sugestionados por el toreo, llamémosle de expulsión, que se practicó en la Edad de Plata, tras la muerte de Joselito y primera retirada de Belmonte, hasta la Guerra Civil.
Manuel Rodríguez puso punto final a aquello y aportó a la fiesta un toreo de reunión, donde su brazo en lugar de mandar al toro fuera de su jurisdicción, lo aguantaba y llevaba en redondo hasta detrás de su cadera para, con un valor espartano, repetir los pases uno tras otro y conseguir una faena de muleta compacta y de unidad.
Manolete impacta. Primero por su toreo, y segundo por el misticismo que rodea a su figura. Pronto todos hablan de él. Quieren verle en la plaza hacer lo que nadie había conseguido hasta entonces. Son sus primeros años de matador de toros cuando Manolete muestra su descarnado toreo, sin trampa ni cartón. Públicos y crítica especializada caen rendidos a sus pies. Manolete comienza a marcar una época, su época, el manoletismo. Esto trae que lo que hace el diestro trascienda más allá del ruedo.
El Califa de Córdoba se convierte en un fenómeno social en una España que precisa evadirse de los problemas de la no muy lejana guerra y duros años de carestía. El verano, como ahora, está en todo lo alto. Manolete se anuncia en Alicante el día 28 de junio, feria de San Juan. Alternan junto al coloso Antonio, entonces Antoñito, y Manolo Escudero. Los toros pertenecen al hierro extremeño del Conde de la Corte.
El escritor, también informador taurino, Ricardo García, quien popularizó el seudónimo de K-Hito, está presente en la corrida. Manolete está sublime durante toda la tarde. Su toreo emociona y conmueve a todos los congregados en los tendidos. Tanto que premian sus faenas con cuatro orejas, dos rabos y dos patas. K-hito escribe emocionado por lo que ha visto: “El Monstruo ha surgido con todo su esplendor, con maravillosa potencia, en esta plaza recoleta e íntima de Alicante. Ha sido hoy, 28 de junio de 1943. Vaya la fecha con versales de oro al libro de las grandes efemérides. ¡El Monstruo, el Monstruo!”.
Sin saberlo, el sagaz Ricardo García K-hito bautizó a Manolete con un sobrenombre que todavía se recuerda: el Monstruo. Los aficionados de solera y de más edad conocerán la historia, pero las nuevas generaciones, que sí saben que Manolete es el Monstruo por antonomasia, seguramente desconocerán que este apodo resulta de la genialidad de un personaje como Ricardo García K-Hito, que además de escribir de toros fue uno de los pioneros del cine de animación en España.

7/07/2019

MANOLETE VERDADERO



Pocos pueden comprender la verdadera aportación del diestro al toreo. Es preferible, como en viejos romances de ciego, cantar la tragedia o sus amores con Lupe Sino

La sombra alargada de Manolete planea sobre Córdoba siempre. Nunca pierde vigencia. La figura mayestática, solemne y hierática del cuarto califa del toreo está presente en la ciudad. En esta donde vio la luz primera. Los años parecen no pasar sobre su imagen.
Manolete es de esos personajes, no hay que obviar que es un mito, que nunca pierde actualidad. Pasear por las angostas calles de la urbe, sobre todo por San Miguel, Santa Marina o la Lagunilla, retrotraen a la memoria aquellos años, donde Manolete desde lo alto de su pedestal, ayudó a restañar heridas, que algunos hoy se empeñan en reabrir, y a olvidar las miserias de un país roto tras la contienda, nunca deseada, que lo había desmembrado en múltiples pedazos. Su trágica muerte acrecentó su leyenda, pero a su vez lo convirtió en un mito inmortal que aún parece pasearse por la Córdoba de nuestros días.
Julio, al menos para el que esto escribe, es el mes manoletista por excelencia. Es ahora, cuando los rigores del verano recién despuntado se hacen presentes, justo cuando la estampa de Manuel Rodríguez vuelve a resurgir de nuevo. Este séptimo mes está unido a su imagen, a su carrera, a su propia vida. Manolete nació en julio, ahora ha hecho 102 años.
También se presentó vestido de luces en su tierra natal en este mismo mes. Corría el año de 1935 y, junto al mallorquín Jaime Pericás y el azteca Edmundo Zepeda, Manolete partió plaza en Los Tejares debutando ante sus paisanos, estoqueando un novillo de sangre Saltillo, con el hierro de Enrique de la Cova y otro de Leopoldo Abente, donde también predominaba la sangre saltilla.
MANOLETE PARTIÓ PLAZA EN LOS TEJARES DEBUTANDO ANTE SUS PAISANOS

José Luis de Córdoba, quien con el paso de los años se convirtió en uno de sus más acérrimos partidarios, escribió bajo el seudónimo de Don P.P. en la prensa local: “A lo largo de su actuación observamos en él un notable y muy natural desentrenamiento con capote y muleta. Esto suplido por una dosis nada despreciable de valor. Y por un estilo de matador cumbre. Nada más podemos decir hoy por hoy de Manolete”.
Al igual que en Tetuán de las Victorias dos meses antes, el toreo que traía el torero cordobés no fue captado por la crítica de la época, tal vez seducida por el dramático toreo de los figurones de la llamada Edad de Plata, que veló notablemente lo que Manolete traía en sus trebejos de torear y en su solemne figura.
Con poco menos de cincuenta novilladas picadas, también en un mes de julio, la Real Maestranza de Caballería de Sevilla fue marco para su doctorado como matador de toros. Chicuelo le cedió muleta y estoque y también el relevo del llamado toreo moderno, pues no hay que olvidar que el espada sevillano, fue precursor de las faenas en redondo y ligadas que trajo Manolete al toreo.
La única diferencia es que Chicuelo solo las consiguió en contadas ocasiones, y Manuel Rodríguez las impuso como algo común en la tauromaquia. Manolete demostró que vino no a marcar una etapa en una época del toreo, sino que sus formas venían a ser las definitivas en su liturgia ancestral, tanto que aún continúan vigentes a pesar del tiempo transcurrido desde su advenimiento. Tal vez la tarde clave para demostrarlo fuese también en julio.
SUS FORMAS VENÍAN A SER LAS DEFINITIVAS EN SU LITURGIA ANCESTRAL

Madrid. 6 de julio de 1944. Corrida de la Prensa. Toros de Alipio Pérez-Tabernero. En el cartel Luis Gómez El Estudiante, Juanito Belmonte y Manolete. Salto el sexto, un toro terciado y feo. El público montó en cólera. El presidente lo devuelve y, en su lugar sale un toro con el hierro portugués de Pinto Barreiro. Ratón es su nombre, aunque en la dehesa lusa fuese bautizado como Centella, aunque se le cambió de nombre en Las Ventas por su listeza a la hora del pienso. Ante él Manolete culmina su obra. Esto es lo que hay que hacer a partir de ahora. Es el toreo moderno. Faena cumbre en la historia y en la que se asientan todas las formas del toreo de actual.
Pocos pueden comprender la verdadera aportación de Manolete al toreo. Es preferible, como en viejos romances de ciego, cantar la tragedia, sus amores con Lupe Sino, o sus presuntos ideales políticos. Es lo fácil. Lo superficial siempre predominó sobre lo auténtico. Si la figura de Manolete no pierde su halo mágico, es por lo que hizo como torero continuador de la evolución final de la lucha entre la razón y la fuerza bruta. Córdoba a pesar de todo, hoy por hoy, también lo está olvidando.
El Manolete actual no es más que una caricatura superficial y mundana que nos están vendiendo hasta la saciedad. El verdadero Manolete es mucho más profundo y mucho más importante, tanto, que es vital en la historia del toreo, su Córdoba lo desconoce hoy por completo.



7/01/2019

CÓRDOBA, AHORA O NUNCA



Los ataques del movimiento antitaurino a la becerrada homenaje a la mujer cordobesa han sido el detonante para que el taurinismo cordobés haya dicho basta y haya pedido respeto



La concentración promovida por el Círculo Taurino de Córdoba el pasado jueves puede suponer un punto de partida para buscar soluciones a los problemas que rodean a la tauromaquia en la ciudad de los califas.
Los feroces ataques, bien orquestados y mejor difundidos, del movimiento antitaurino contra la becerrada homenaje a la mujer cordobesa, festejo secular, han sido el detonante para que el taurinismo cordobés (parte de la afición, no toda) haya dicho basta y haya pedido respeto para una tradición ancestral y que, además, está considerada patrimonio cultural de España por ley.
El Círculo Taurino de Córdoba promovió el acto en defensa a su labor, a sus fines, a su escuela taurina y al toreo en general, pero tal vez sin saberlo, su acto pueda servir de arranque a un movimiento que defienda, promueva y vele por la tauromaquia en nuestra ciudad.
Al acto del pasado jueves acudió un buen número de cordobeses, entre los que se encontraban profesionales, tanto en activo como retirados, peñistas, miembros de otras asociaciones y público en general.
LA TAUROMAQUIA ES UN CEREMONIAL ATÁVICO DE LA CULTURA MEDITERRÁNEA QUE AÚN PERVIVE

También se notó la ausencia de otras; solo haría falta saber si fueron convocados directamente o no, y así conocer su implicación en la dura y difícil tarea de intentar devolver a la Córdoba taurina al lugar que por historia y tradición le corresponde.
Cierto es que los taurinos tienen que sacudirse muchos complejos. Ha llegado la hora de mostrar sin tapujos su afición, revelar que no es algo arcaico y cruel, sino un ceremonial atávico de la cultura mediterránea y que aún pervive, a pesar de todas las trabas impuestas en el transcurso de la historia.
La fiesta taurina es grande por ello, por haberse sobrepuesto siempre a la adversidad. Son los que forman parte de ella los que en ocasiones no están a su altura. Existe demasiada hipocresía y falsedad entre los que forman el planeta de los toros.
Muchas envidias, rencillas, bipolaridad y mala leche que hacen que quien te da un abrazo o una palmada en la espalda te pueda traicionar cuando menos te lo esperas. Este es el gran pecado capital con el que pena el toreo en nuestras fechas. Son los intereses obscuros de los propios taurinos, y Córdoba no podía ser menos.
Se dice que la unión hace la fuerza, y ahora, si de verdad pretendemos una revitalización de la fiesta de toros en Córdoba, el mundo del toreo tiene que estar más unido que nunca.
El Círculo Taurino ha puesto la primera piedra; ahora solo hace falta seguir el camino y trazar las bases de cara a un futuro. Todos los estamentos del toreo de la ciudad tienen que unirse para el objetivo propuesto. Hay que dejar de mirarse el ombligo y levantar la cabeza. Ahora o nunca. Está en nuestras manos. Es el momento de que el toreo cordobés se olvide de lo que fue y piense en lo que quiere ser.
El Círculo Taurino de Córdoba ha sido pionero. Ahora solo hace falta que las demás instituciones taurinas le sigan. Empezando por la sociedad propietaria de la plaza de toros, posiblemente la más interesada en que la fiesta no muera en Córdoba; las peñas taurinas a través de la Federación Provincial Taurina; la Casa del Toreo de Córdoba; la Fundación Manolete, que a través de sus patronos tanto hizo por los aspirantes; las tres asociaciones de aficionados prácticos; ganaderos; prensa y todos los seguidores de la fiesta en general. También las instituciones y clase política.
Entre todos hay que poner puntos en común y trabajar de cara al futuro junto a profesionales y, sobre todo, con los empresarios que regenten en cada momento el coso califal, porque la recuperación no pasa por reunirse y convocar actos.
La clave es que las puertas de la plaza se abran de forma asidua para la celebración de espectáculos taurinos. Córdoba no se puede permitir que su plaza de toros solo albergue festejos cuatro jornadas al año.
La recuperación de festivales o festejos enfocados a la promoción de noveles sería el primer paso. Las noches de verano en los Califas se añoran y además podrían ser un aliciente para el ocio de nuestra juventud taurina.
Como muestra, un botón. El lugar que deberían ocupar carteles con nombres de jóvenes que sueñan con la gloria es ocupado por los éxitos más recientes del celuloide. No hay nada más que pasarse por las taquillas del Coso de los Califas para comprobarlo.