5/05/2017
5/01/2017
DUELO POR PALOMO Y POR LA FERIA
La semana que expira dejo el adiós de Palomo Linares. Una figura aparejada a la fiesta de los toros de fines del pasado siglo. Mucho se ha hablado y escrito sobre su persona estos últimos días. Ha sido recordada, tal vez en exceso, su gesta de ser el último torero que cortó un rabo en la monumental de Las Ventas de Madrid. Palomo fue mucho más que eso. El rabo de Madrid en la campaña de 1972 -también cortó otro esa misma temporada en la monumental de México- no fue más que otra página en su dilatada y meritoria hoja de servicios. La dimensión que alcanzó su figura, tanto en el panorama taurino como en el social, fue tan importante que, sin lugar a dudas, debe de ser recordado por algo más que aquel despojo con el que muchos pretenden justificar su vitola de figura del toreo.
La figura de Sebastián Palomo fue una prolongación de lo vivido años antes con Manuel Benítez El Cordobés. Al igual que éste, surgió de una familia humilde en un núcleo rural. El toro era su válvula de escape para la consecución de un sueño que le llevaría a prosperar para sacar a su familia de la penuria. El crío que abandona su hogar y sin recursos viaja al corazón del país buscando fama y fortuna. La oportunidad en Vistalegre le pone en camino y, poco a poco, aquel chiquillo fue cumpliendo sus objetivos. Una vez más, un torero encarnó el sueño de una generación que ansiaba salir, como España en aquel momento, de la penuria y la pobreza. Eran los llamados años del desarrollo.
En las plazas Sebastián Palomo Linares fue un torero honrado. Pundonoroso y valiente, que no se dejó ganar la pelea por nada ni por nadie. Su amor propio le llevó a combatir contra compañeros, con menuda generación se codeó, con empresarios, con cierto sector de la prensa y, sobre todo, consigo mismo en un admirable afán de superación. Aún queda grabado en la retina de muchos los que lo vieron, aquella figura, vestida siempre de plata, pisando terrenos más que comprometidos, ante toros de cualquier ganadería, y acartelado por lo más granado del escalafón dejando muestras de su innegable personalidad. Recuerdo una tarde en Córdoba, picado en su amor propio por un triunfo de un Capea pleno, dar un inverosímil farol de rodillas junto a la puerta de arrastre a un toro de Peralta, en tarde de sombras de Paula. Un titán, un león. Un torero a carta cabal que cubrió una época y que merece de ser recordado por mucho más que por haber cortado un 'jopo', solo un despojo, en Madrid.
Hablando de Córdoba poco se sabe de la próxima feria. No se conocen combinaciones algunas, y lo que es peor, ni fecha de presentación de carteles. Triste que en el año conmemorativo del nacimiento de Manolete, la gestora del coso no esté a la altura. A las fechas que estamos sólo es de esperar, una vez mal, un ciclo improvisado, carente de interés y pensado para cubrir lo firmado con una propiedad que calla. El filón que fue Los Califas está agotado. Lo malo de eso es que no se está trabajando para su recuperación. Córdoba no es nada en el panorama taurino nacional y solo conserva su categoría de forma administrativa y testimonial por su historia, esa que nadie respeta y que tristemente es obviada y olvidada por las nuevas generaciones, a la que el toreo no supone, por falta de conocimiento, más que una actividad sangrienta y bárbara.
La plaza de temporada que fuese Córdoba sólo es un recuerdo, como también lo son aquellos ciclos en que se celebraban de forma ininterrumpida toros durante toda la semana feriada. Hoy todo es un recuerdo. El presente son dos festejos mayores y pare usted de contar. Ni novilladas picadas para que el nuevo Lagartijo, la única esperanza torera que queda, pueda avivar un rescoldo que cada vez será más dificil, si no imposible, recuperar.
3/12/2017
CORDOBA Y SU REPRESENTACION EN SAN ISIDRO
Esta
semana fueron presentados los carteles de la primera feria de San Isidro de la
era Casas. Con la plaza de Las Ventas como marco, y en un acto con formato de
gran gala, en que no faltó el glamour, se fueron desgranando y desvelando, una
a una, las combinaciones del ciclo isidril. Una feria de San Isidro con pocas
sorpresas. El toreo vive un momento en el que priman muchos factores externos y
de despachos, que hacen que lo atractivo y novedoso escasee más de los que
debiera. El locuaz y lenguaraz empresario francés no ha sabido, no ha podido, o
no le han dejado, conformar una feria en la primera plaza del mundo acorde a lo
que prometía los días siguientes a que la plaza de Las Ventas le fuese
adjudicada a la empresa de la que es cabeza visible.
Analizar el cartel de San Isidro sería caer, una vez más, en lo de
siempre. Ya resulta repetitivo y cansino hablar del monopolio, o trust
empresariales y sistema que manejan a su antojo, y para mayor beneficio propio,
los bastidores de un mundo como es el toreo, cada vez más complejo y más
viciado. Poca entrada de aire fresco ha supuesto, por el momento, la estelar
llegada de Simón Casas como empresario del coso venteño. No obstante y a pesar
de todo, el galo es alguien que tiene imaginación y si fuese capaz de
organizar, al menos, algo de lo que propone podría suponer un punto de
inflexión en el futuro de la fiesta.
Estos carteles isidriles vienen a ratificar el pobre momento que
vive la Córdoba taurina. La ciudad de los Califas, a pesar de su historia en el
toreo, atraviesa un momento triste. La representación cordobesa en San Isidro
es nula. Sin toreros de primera línea, aún reconociendo la categoría de un
Finito de Córdoba que sí hubiera tenido cabida, posiblemente si se hubiese
plegado a los intereses de los de siempre, y con el recuerdo del juego de los
pupilos de Saltillo el pasado año, hay que tirar de imaginación para encontrar
alguna relación de Córdoba en la primera plaza del mundo este San Isidro.
Eso sí, teniendo en cuenta que parte de la vacada de La Quinta
pasta en la provincia, concretamente en la finca Fuen la Higuera, término de
Palma del Río, así como que el propietario de Fuente Ymbro es cordobés, o bien
que el rejoneador Leonardo Hernández tiene raíces cordobeses se puede pensar,
con optimismo, eso sí, que Córdoba está representada el próximo mes de mayo en
la capital del país; es esas fechas, capital del toreo.
La vacada de La Quinta comparecerá en el ruedo venteño el día once
de mayo, precisamente en la primera corrida del ciclo. Los cárdenos
santacolomas cordobeses que cría Martínez Conradi supondrán el debut en corrida
de toros de la vacada en la capital y serán lidiados y estoqueados por Alberto
Aguilar, Javier Jiménez y el gaditano David Galván. Cartel interesante. El día
17 de mayo se jugarán seis toros de Fuente Ymbro, propiedad de Ricardo
Gallardo, por una terna formada por el incombustible Fandi, Miguel Ángel Perera
y un esperado José Garrido. Y uno de los que cruzaron el umbral de la ansiada
puerta grande de Las Ventas la pasada temporada, Leonardo Hernández, tiene
cerradas dos actuaciones. Una el 20 de mayo alternando con Andy Cartagena y
Diego Ventura, quienes se enfrentarán a un encierro de Los Espartales. Su
segunda, y última comparecencia, tendrá lugar el 28 de mayo en un interesante
mano a mano con el luso-sevillano Diego Ventura.
3/05/2017
ENTREVISTA AL NOVILLERO "LAGARTIJO"
Javier Moreno tiene
pinta de estudiante universitario. Una vez que se viste de luces, o de corto,
deja de lado esa apariencia de juventud y desenfado, y se transforma en un
torero. No podía ser otra cosa. Directamente entroncado con Juan Molina,
hermano del primer Califa del toreo, de ahí su apodo. Además por sus venas
corre además la sangre de otras dinastías señeras como la de los Zurito, e
incluso la de doña Angustias Sánchez, madre de Manolete. Javier, Lagartijo en
los carteles, con esos antecedentes no podía querer ser otra cosa que torero.
En estos días ultima su preparación para la temporada, en la que apoderado por
José Luis Segura, hijo, puede ser la de confirmación de que Córdoba puede tener
un nuevo torero que ilusione a su afición. Tras una lúcida actuación, a puerta
cerrada, en la que estoqueó dos toros de Gavira en los Jardines Taurinos El
Pilar, tuvimos ocasión de cambiar impresiones con esta nueva promesa del toreo
cordobés.
P.- Dos temporadas
ilusionantes tras el debut con picadores. La primera, con varias actuaciones
que sirvieron para presentar credenciales, y la segunda, en la que costo
arrancar para acabar sumando actuaciones importantes ¿cómo se llevo tan injusto
parón?
R.- Cosas que pasan en
el toreo y que uno las tiene que asimilar para que le nutran positivamente. En
el toreo hay tantas injusticias, por las que han pasado figuras, que yo, no me
voy a quejar. Estoy dispuesto para que cuando me llamen para torear, si mi
apoderado lo vea oportuno, hacerlo. Y sobre todo entrenar para cuando me
llamen.
P.- Este año se cumple
el centenario del nacimiento de Manolete, con el que guarda vinculo familiar
¿puede ser esto un aliciente y motivación más para la temporada y para su
carrera?
R.- Si digo que no, es
mentira. Desde que inicie mi carrera profesionalmente, este año era importante.
Era una meta para tomar la alternativa en mi tierra, pero las circunstancias
han ido rodando por un camino que este año voy a tener que continuar como
novillero. Es más siendo de Córdoba, la figura de Manolete siempre te hace
tener gran responsabilidad, pero tener vinculo familiar también te motiva aún
más.
P.- Pero hay que tener
en cuenta, que esa relación familiar, también puede ser para que la afición
exija aún más. ¿Puede ser esto un arma de doble filo?
R.- El cordobés sabemos
todos como es. Exige mucho. Pero yo creo que mi forma de torear puede encajar
perfectamente con la afición y las gentes de Córdoba, para convertirme en el
torero que Córdoba quiere.
P.- Para esta temporada
se estrena también apoderado. José Luis Segura, hijo, será la persona encargada
de gestionar todo lo relacionado con los despachos ¿Qué espera Lagartijo de
este apoderamiento?
R.- Yo soy una persona
que necesito que estén pendiente de mi y que luche de verdad por tus intereses.
El apellido Segura ha significado mucho en el toro, pero yo no estoy con José
Luis por eso. A mi (José Luis) me ha prometido tres fechas. Tengo una hecha y
dos muy avanzadas. Ahora me toca a mí con hechos devolver .
P.- Sevilla, cerrada el
28 de mayo con novillos de Villamarta -curioso que Manolete se consagrara en la
Maestranza como figura con la misma ganadería-, Madrid, prácticamente hecho y
Córdoba, muy avanzado. Tres plazas muy importantes que baremaran las
posibilidades de Lagartijo en la temporada. La primera es Sevilla ¿qué
ilusiones se van guardando?
R.- Tengo todavía en
mente el debut sin picadores. El ambiente entonces me impresionó. Me enamoro.
Ante esta actuación estoy muy ilusionado. Sé que voy a arrastrar a mucha gente
de Córdoba, eso me motiva muchísimo. Mi pretensión es solo cortar las orejas,
Ya veremos a ver el día 28 por la noche lo que hago. Señal de como hayan salido
las cosas. Pero sobre todo muy ilusionado.
1/09/2017
10/23/2016
REFLEXIONES OTOÑALES DE FINAL DE TEMPORADA
Córdoba
no ha remontado el vuelo en el mapa taurino; es más, no ha hecho más que
continuar con su caída.
Es
complicada una vuelta de los festejos a la Monumental de Barcelona.
El agua cae, y hacía mucha falta, con
fuerza sobre los canales. El suelo está brillante y el otoño muestra su cara
habitual ya olvidada. La temporada taurina llegó por San Lucas, en Jaén, a su
fin un año más. Los percales y las franelas se pliegan en los esportones, una
vez limpios, esperando el viaje a América, o el descanso hasta el próximo año.
Los campos, gracias a las lluvias, cambiarán el pasto dorado por el verde
rutilante de la otoñá. Es
hora de reflexionar, de meditar, de pensar sobre el futuro de esta fiesta tan
nuestra. La sentencia del Tribunal Constitucional declarando nula la
prohibición de la celebración de festejos taurinos en Cataluña no es más que un
espaldarazo que fortalece a la tauromaquia, ante esta persecución absurda de
nuestros días, movida por motivos políticos y un pseudo-animalismo vacío e
intolerante que no se mueve nada más que por una más que dudosa financiación
exterior.
No obstante, y a pesar del fallo
favorable del Tribunal Constitucional a la fiesta, es complicada una vuelta de
los festejos a la Monumental de Barcelona a corto plazo. Es obvio que si otras
sentencias, por poner un ejemplo las dictadas en materia lingüística, han sido
obviadas por el gobierno regional, éste, que tiene transferidas las
competencias para la gestión en la organización de los festejos, va a poner mil
y una trabas administrativas para la concesión de permisos de cara a la
celebración de corridas, u otro tipo de festejos, en la plaza de toros
barcelonesa.
Por Córdoba, taurinamente hablando, ha
estado la cosa extraña. Parecía que la empresa mexicana, cuya cabeza visible es
el magnate Alberto Bailleres, y que regenta el Coso de los Califas, estaba
llamada a la recuperación de la plaza cordobesa. Tras una unión con otras
empresas, y que dio lugar a la pomposamente denominada Fusión Internación para
la Tauromaquia (FIT), Córdoba no ha remontado el vuelo, es más, no ha hecho más
que continuar con su caída en barrena. Por eso su categoría, la que por
historia y tradición le pertenece, está ya demasiado deteriorada y hundida en
una sima que parece no tener fin.
Tanto es así que algunas plazas de la
provincia, caso de Cabra o Priego de Córdoba, han servido como escenario a más
festejos mayores que la de la capital. Los Califas solo ha acogido una corrida
de toros durante la temporada 2016. Suspendida por la lluvia la prevista para
conmemorar el 25º aniversario de la alternativa de Finito de Córdoba, quien
actuaba en solitario, solo abrió sus puertas el día 27 de mayo, durante la
feria de la Salud. En ella El Juli, Alejandro Talavante y Ginés Marín, que
sustituía a un enfermo Morante de la Puebla, se enfrentaron a una corrida de
Núñez del Cuvillo. El tradicional festival a beneficio de la Asociación
Española Contra el Cáncer, una novillada sin picadores y un espectáculo de
rejones fueron lo ofrecido por una empresa llamada a recuperar una plaza de la
que se dijo que era un reto, y que finalmente continúa hundida sin conocer la
más mínima recuperación y con el prestigio totalmente perdido.
Atrás quedaron los años de bonanza,
cuando Los Califas acogía un abono de más de diez festejos, e incluso con
corridas fuera de la feria de mayo. Eran otros tiempos, en los que se
sobredimensionó en exceso una feria para reducir lo que siempre fue una plaza
de temporada. Hoy el problema parece no tener arreglo, y la Córdoba taurina no
es más que un recuerdo en la memoria de los de más edad y la plaza cada vez
está más alejada del fin para el que fue construida, convirtiéndose en marco
para otros espectáculos lúdicos, como pueden ser el cine y los conciertos
musicales.
Tanto es así que días atrás, algunos
aficionados locales, así como otros foráneos, han mostrado su deseo de rebajar
la categoría administrativa de la plaza al objeto, argumentan, de reducir
costas y abrir la puerta a la celebración de más festejos taurinos. ¿Sería esta
la solución? Posiblemente no. Córdoba no debe perder su categoría, como quedó
claro hace algunos años cuando se propuso la misma opción cuando la redacción
del reglamento andaluz. Una rebaja de la categoría no vendría a solucionar
nada. Si ahora, como primera, es ninguneada por el taurinismo, la hipotética
rebaja a segunda categoría no sería más que la firma de un certificado de defunción
que nadie que quiera a su tierra desea que sea firmado.
10/16/2016
LA GRANDEZA DEL TOREO
La temporada ha mostrado la crudeza real de la fiesta
con la muerte de Víctor Barrio y su solidaridad con un festejo a beneficio de
la Fundación de Oncohematología Infantil.
EL
otoño trae un año más el fin de la temporada taurina. Las ferias del Pilar en
Zaragoza, y San Lucas en Jaén, ponen el punto final a la campaña y son preludio
de época de descanso. La América taurina tomará el relevo durante algunos
meses. Algunos viajarán al otro lado del Atlántico, donde el mundo del toro
late con igual pasión que en la Vieja Europa, aunque con semejantes pecados y
males. La temporada taurina dormitará un año más durante el invierno, tomando
energía para afrontar renovada, le pese a quien le pese, una nueva campaña que
tendrá Valdemorillo por San Blas el punto de partida.
La temporada que se va nos ha mostrado la crudeza real de la fiesta de toros. El rito ancestral mostró su cara más amarga, cuando un pitón certero sesgó la vida de Víctor Barrio en Teruel. La muerte de Barrio ha hecho ver que el toreo no es un espectáculo más. En la tauromaquia la muerte está presente y el hombre la pone en liza cada vez que pisa la arena para enfrentarse al tótem ibérico por excelencia. Un tótem que muchos dicen defender sin conocerlo, anteponiendo su vida, la del toro, ante la del ser humano en una herejía ayuna de ética y razón, carente de humanidad alguna.
Los comentarios vertidos contra el torero caído, su viuda y el toreo en sí, han servido para comprobar donde llega la irracionalidad de algunos que se dicen defensores de los animales. Un movimiento orquestado ferozmente contra la fiesta, que no hace más que mostrar las miserias que puede alcanzar el ser humano en su lado más oscuro y siniestro. El alegrarse de la muerte y desgracia de un semejante, poco favor hace a quien se hace llamar defensores de los animales.
La
gota que ha colmado, por ahora, el vaso ha sido la reacción de esta gente, si
se les puede llamar así, ante la ilusión de un crío que lucha contra un
terrible mal como es el cáncer. Un chiquillo que sueña con ser torero y con el
que el toreo se ha solidarizado de forma unánime. Días pasados se celebró un
festival a beneficio de la Fundación de Oncohematología Infantil, y no para sufragar
el tratamiento del crío como maliciosamente se ha afirmado, y que tuvo como
marco la plaza de toros de Valencia. El toreo se mostró solidario una vez más.
Muchos fueron los que acudieron a la plaza para sentarse en sus tendidos, y
otros muchos colaboraron aportando su donativo en lo que se ha dado en llamar
en estos tiempos tendido 0. El niño hizo el paseo junto a los actuantes y
finalmente abandonó el coso a hombros como reconocimiento a su entereza y lucha
ante una enfermedad tan cruel.
Ante la solidaridad de unos pronto surgió la crudeza y maldad de los otros. Si ya han demostrado que anteponen la vida animal a la de las personas, algunos ahora han llegado a desear la muerte a un niño que no hace más que soñar con sanar y cumplir su sueño de ser torero. Las redes sociales se han mostrado llenas de bilis de quien se dice ser humano. Se ha mostrado una crueldad que roza la ignominia más cruda. Ahora sólo hace falta que la Ley haga su trabajo, y si se ha vulnerado caiga su peso sobre aquellos que la han quebrado.
¿Hay
algo más bello que la felicidad de un niño? Para algunos parece que no. Lo malo
es que sus ojos no ven a un niño enfermo que, a través de una ilusión lucha por
curarse de un mal terrible. Un chiquillo que para ellos no es más que un monstruo
porque sueña con faenas radiantes a toros imaginarios mientras soporta duras
sesiones de quimioterapia. ¿Dónde puede llegar la crueldad humana?
La
fiesta sigue adelante. Con sus males internos, más preocupantes que los que la
atacan desde fuera, pues son los que verdaderamente le hacen daño. Los otros no
son más que modas, posiblemente con dudosa financiación desde el extranjero, y
que algún día languidecerán como lo hicieron más de una vez cuando la fiesta
muestre su cara más integra. Una cara que la realce y engrandezca mostrando que
no es un espectáculo más al uso, pues la tauromaquia no es más que un rito
milenario en que el hombre pone en juego su propia vida ante la fuerza bruta
del toro.
10/09/2016
LÍO E INTEGRIDAD
La adaptación a nuestros tiempos sólo pasa por la
implantación de una legislación coherente y fuerte y cuyo motivo fundamental
sea una garantía para la integridad del toro de lidia.
La
sentencia del Tribunal Constitucional sobre la prohibición del toreo en
Cataluña está próxima a hacerse pública. De hecho se ha adelantado por algún
medio, tal vez de forma interesada y para calibrar a la opinión del respetable,
que la misma es favorable para la tauromaquia, pues se constata que la
comunidad autónoma catalana, a quien en su día se transfirió la competencia de
gestión de la misma en la región, no tiene entidad para prohibir algo que no le
compete.
Estando
próxima a ser conocida la tan esperada sentencia del Constitucional, que por
cierto ha tardado más de lo esperado y deseado, si ésta, como parece que puede
ser, desmonta todo el circo político montado por los inquilinos de la
Generalitat, movido por intereses políticos amparados a su vez por un
subvencionado animalismo hueco y vacío, la fiesta de los toros jamás debió de
ser abolida de aquella región de España que tanta gloria dio a la fiesta del
toreo.
A la
espera pues de la publicación de la sentencia definitiva, muchas preguntas son
las que se hacen los aficionados. Quizá la mayoritaria es si volverán los toros
a la Monumental, pues una vez mostrado que la prohibición vulnera los derechos
de los españoles preceptuados en la Carta Magna, nada impediría la celebración
de festejos taurinos en Barcelona, así como en otras plaza de la región. En la
práctica sería viable, pero teniendo en cuenta otros fallos del tantas veces
nombrado Tribunal Constitucional, en otras demostradas irregularidades, hace
vislumbrar que todo no será tan fácil como parece. No hay que olvidar que la
gestión para la organización de espectáculos taurinos depende de la
Generalitat, que obviamente hará todo lo posible para no acatar, una vez más,
poniendo todas las trabas posibles a lo dictado por el Constitucional.
Se habla, y mucho, que la fiesta necesita una adaptación al siglo XXI. Puede ser, pero con el organigrama instaurado hoy, todo se hace más difícil y complicado. La variedad de legislación sobre el toreo, prácticamente una por comunidad autónoma, hace más difícil esa adaptación que propugnan algunos. La falta de unidad es notoria y la tauromaquia corre serio peligro en aquellas comunidades de menor tradición taurina y que son regidas por políticos de corte nacionalista, que hacen del toreo algo maldito y que es aparejado, de forma interesada y sesgada, al pasado más reciente en la historia de éste país. Esto unido al movimiento en defensa de derechos de los animales, financiado y potenciado por estamentos extranjeros, hace que el toreo, a día de hoy, tenga el estigma de algo cruel, salvaje y políticamente incorrecto.
Se habla, y mucho, que la fiesta necesita una adaptación al siglo XXI. Puede ser, pero con el organigrama instaurado hoy, todo se hace más difícil y complicado. La variedad de legislación sobre el toreo, prácticamente una por comunidad autónoma, hace más difícil esa adaptación que propugnan algunos. La falta de unidad es notoria y la tauromaquia corre serio peligro en aquellas comunidades de menor tradición taurina y que son regidas por políticos de corte nacionalista, que hacen del toreo algo maldito y que es aparejado, de forma interesada y sesgada, al pasado más reciente en la historia de éste país. Esto unido al movimiento en defensa de derechos de los animales, financiado y potenciado por estamentos extranjeros, hace que el toreo, a día de hoy, tenga el estigma de algo cruel, salvaje y políticamente incorrecto.
Ante
todo esto hace falta unión y mostrar una fiesta repleta de integridad, así como
poner en valor todos sus valores ancestrales que no hacen más que enriquecer
nuestra cultura. Pero esa unión no es tangible. Existen muchos intereses que no
benefician para nada una puesta en común. Sería interesante unificar criterios
y crear una legislación común. El reglamento de 1962, posiblemente el más
completo de los escritos, fue adaptado a los tiempos actuales en 1992. Una
reglamentación ésta que se adapta a nuestro siglo, tomada como referente para
la elaboración de todas sus hijas autonómicas, que no han venido nada más que
para enredar y complicar algo que siempre fue unitario y único, cuya misión era
legislar el segundo espectáculo de masas de este país llamado España.
¿Se imaginan que en cada comunidad autónoma de España, se jugara al fútbol con un reglamento diferente? ¿Qué ocurriría si el Polideportivo Ejido tuviera que jugar un partido de competición con la Unió Sportiva Lleida? Es obvio que el lío estaría servido. Las razones caen por su propio peso. El ejemplo muestra que hay que consensuar y poner puntos en común. La reglamentación del toreo debe de ser una, única y unitaria en todo el territorio español.
¿Se imaginan que en cada comunidad autónoma de España, se jugara al fútbol con un reglamento diferente? ¿Qué ocurriría si el Polideportivo Ejido tuviera que jugar un partido de competición con la Unió Sportiva Lleida? Es obvio que el lío estaría servido. Las razones caen por su propio peso. El ejemplo muestra que hay que consensuar y poner puntos en común. La reglamentación del toreo debe de ser una, única y unitaria en todo el territorio español.
Los de las transferencias de las competencias legislativas y administrativas a las distintas comunidades autónomas no ha servido nada más que para debilitar la fiesta de forma alarmante. La adaptación a nuestros tiempos, que piden algunos veladamente de forma interesada, solo pasa por la implantación de una legislación fuerte y cuyo motivo fundamental sea una garantía para la integridad del toro, seguridad para los actuantes y defensa de los derechos del consumidor del espectáculo, que no es otro que el público, sancionando de forma contundente a todo aquel que vulnere el reglamento. Lo demás sobra y no son más que cantos de sirena, que sólo pretenden continuar estrujando algo que a la larga se les escurre por entre los dedos.
10/03/2016
CAPAS, PELOS Y SUPERCHERÍAS
Ocurre en el toreo que, cuando se alcanza la elite, o
cuando pensamos que la hemos alcanzado, se comienza a cuestionar aquello que no
es de su agrado.
Cuando se alcanza la elite, o
cuando pensamos que la hemos alcanzado, el ser humano comienza a cuestionar
aquello que no es de su agrado. En algunas ocasiones sus razones pueden ser
justas, pero en otras, las más, la soberbia de su ego comienza a rechazar todo
aquello que piensa, o puede pensar, que no le beneficia para mantener su
posición elitista. Es entonces cuando surgen los vetos y las censuras sin
tapujo alguno a todo aquel, o aquello, que se intuye que molesta e incómoda. La
creencia de estar en posesión de la verdad más absoluta, lleva al ser humano a
un punto en el que desprecia cosas, que en ocasiones, les fueron favorables
para alcanzar ese lugar por el que se lucha de forma denodada.
En el mundo de los toros ocurre lo mismo. No hay que olvidar que este estamento del toreo, propio de nuestro país, es un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos. El torero se puede incluso ampliar a otras piezas del tablero como apoderados, ganaderos o empresarios, cuando alcanza la cima suele adoptar posturas de imposición de todo aquello que cree que le favorece. Obviamente también inicia un desecho de todo aquello que le molesta. Es cuando se veta a compañeros, ganaderías, plazas, informadores o medios, por ser incómodos para sus intereses particulares, la mayoría contrapuestos con los del público que les ha llevado a ocupar su ventajosa posición.
En el mundo de los toros ocurre lo mismo. No hay que olvidar que este estamento del toreo, propio de nuestro país, es un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos. El torero se puede incluso ampliar a otras piezas del tablero como apoderados, ganaderos o empresarios, cuando alcanza la cima suele adoptar posturas de imposición de todo aquello que cree que le favorece. Obviamente también inicia un desecho de todo aquello que le molesta. Es cuando se veta a compañeros, ganaderías, plazas, informadores o medios, por ser incómodos para sus intereses particulares, la mayoría contrapuestos con los del público que les ha llevado a ocupar su ventajosa posición.
A veces estas actitudes, la
mayoría infundadas y caprichosas, rozan el absurdo más absoluto. Una de ellas
fue siempre -la historia así lo demuestra- el erradicar algo superficial e
insustancial como puede ser el pelo o capa del animal al que hay que
enfrentarse. Al imponerse en la cabaña brava la sangre procedente de
Vistahermosa, cuyo pelo negro es mayoritario, otros pelos más variados
comenzaron a sufrir el acoso de los toreros, por considerarlos de sangres,
castas y ganaderías menos proclives para el lucimiento. Por eso capas como la
jabonera, hoy gracias al discutido Juan Pedro Domecq otra vez en boga, la
cárdena, o la berrenda comenzaron a desaparecer de los ruedos por las manías de
aquellos que alegaban que tenían algún goterón de sangre bastarda y que no era
propicia para el toreo.
En la pasada feria de
Salamanca Miguel Ángel Perera obtuvo un triunfo que tuvo repercusión nacional.
El extremeño tuvo una actuación redonda ante un bravo toro con el hierro de
Montalvo. Faena para el recuerdo y que se seguro será una de las referentes de
la temporada. Perera bordó el toreo. Ese andar metido en terrenos del toro que,
a poco que haya un toro exigente, hace vibrar a los espectadores. Frente a él
un animal con el hierro de Montalvo, de nombre Brivón, bravo y que fue premiado con la vuelta al ruedo. Teniendo
en cuenta que la ganadería charra de Montalvo hoy es mayoritariamente de sangre
Parladé-Domecq, todo normal. Pero si decimos que Brivón lucía una capa poco común y que nos retrotraía al pasado
podemos desvelar que un pelo pinturero no marca jamás las condiciones de un
animal para una lidia lucida, completa y estética.
Brivón, el toro de Salamanca, tenía un pelo berrendo en negro aparejado, propio de la ganadería a la que pertenecía, así como a los orígenes más primigenios de la misma. Un toro que lucían los de Vicente Martínez, quien aconsejado por Salvador Sánchez Frascuelo, cruzó su piara de reses colmenareñas con un toro andaluz, de igual capa, de la casta vazqueña y procedente de la de Concha y Sierra. Un pelo que a pesar de la absorción de la sangre primitiva con sucesivos cruces con elementos de la vacada de Ibarra, fue característico en la casa y que eran vistos con buenos ojos incluso por aquel privilegiado del toreo que fue Joselito El Gallo. Un pelo que poco a poco fue marginado por la torería andante y reinante, desapareciendo prácticamente de las grandes plazas y conservado de forma testimonial por el ganadero como vestigio de la vieja y recordada ganadería de Martínez. Tanto es así que en la otra ganadería procedente de ella, como es la de nuestro paisano Ramón Sánchez, hace años que desapareció por completo.
Brivón, el toro de Salamanca, tenía un pelo berrendo en negro aparejado, propio de la ganadería a la que pertenecía, así como a los orígenes más primigenios de la misma. Un toro que lucían los de Vicente Martínez, quien aconsejado por Salvador Sánchez Frascuelo, cruzó su piara de reses colmenareñas con un toro andaluz, de igual capa, de la casta vazqueña y procedente de la de Concha y Sierra. Un pelo que a pesar de la absorción de la sangre primitiva con sucesivos cruces con elementos de la vacada de Ibarra, fue característico en la casa y que eran vistos con buenos ojos incluso por aquel privilegiado del toreo que fue Joselito El Gallo. Un pelo que poco a poco fue marginado por la torería andante y reinante, desapareciendo prácticamente de las grandes plazas y conservado de forma testimonial por el ganadero como vestigio de la vieja y recordada ganadería de Martínez. Tanto es así que en la otra ganadería procedente de ella, como es la de nuestro paisano Ramón Sánchez, hace años que desapareció por completo.
Brivón con su juego demostró que en ocasiones,
cuando se llega a la elite, el veto puede ser algo caprichoso y arbitrario.
Algo que puede rozar la superchería y la superstición que bien casan con la
falta de formación y preparación del ser humano. La bravura es algo aparejado
al comportamiento en la lucha y no en el fenotipo o características externas.
La variedad de capas, o pelos, es algo que enriquece la cabaña brava, y este
argumento es suficiente para erradicar vetos caprichosos que solo cercenan lo
que antes era lógico y normal.
FOTO: Gentileza de MENACHO
9/19/2016
LUIS FRANCISCO ESPLA EN CORDOBA
Como complemento a la entrada anterior de esta bitácora, dedicada al maestro Luis Francisco Esplá, hay que decir que se prodigo poco por Los Califas. El espada de Alicante solo partió plaza en el coso cordobés en cuatro ocasiones, donde siempre dio muestras de su personalidad y su tauromaquia con sabor a otra época del toreo.
También es de reseñar que su
presentación como matador de toros, estaba prevista para el día 25 de
septiembre de 1976, donde actuaría alternando con Agustín Parra
"Parrita" y Alfonso Galan, quienes lidiarían seis toros de la
desaparecida ganadería de "Los Campillones", encaste
"contreras". Finalmente tal debut no se llevó a cabo, pues Esplá
resultó herido días antes, lo que hizo imposible su comparecencia en el coso
situado en la vieja Huerta de la Marquesa. A la postre aquella corrida donde se
anunció, ante la ausencia del maestro Esplá, la alternativa de Antonio Benete
"El Mesias", fue suspendida finalmente por la imposibilidad de reunir
toros suficientes a la hora del sorteo (nihil sub sole novum).
Luis Francisco Esplá se presentó
en Córdoba el día 25 de mayo de 1980, segundo festejo del abono de la Feria de
Nuestra Señora de la Salud, acompañado de Francisco Rivera "Paquirri"
y José María Manzanares, ante toros de la vacada de "Torrestrella". Durante
toda la tarde mostró Esplá lo que sería años después. Un torero dotado de una
técnica envidiable, así como una tauromaquia con sabor al pasado, lo que unido
a una barroca puesta en escena y un constante contacto con los tendidos, le
llevaría a alcanzar altas cotas en el escalafón de matadores convirtiéndose en
un torero de culto. Vestido de azul añil y azabache cuajó una notable faena a
su extraordinario primero, de nombre "Rompevientos" y premiado con la
vuelta al ruedo. Le montó un lío en el segundo tercio, siendo obligado incluso
a dar una vuelta al anillo a su conclusión, y al que el mal uso de la espada,
su punto flaco, le impidió cortar trofeos quedando en otra aclamada vuelta al
ruedo. Sin fortuna en su segundo, solo pudo demostrar que existe lidia para los
mansos siendo despedido con aplausos.
Ausente durante las campañas de
1981 y 1982, volvió a Los Califas en 1983, posiblemente a consecuencia del
éxito obtenido un año antes en Madrid, con toros de Victorino Martín, en la llamada
Corrida del Siglo. En esta ocasión alternó con el mexicano Manolo Arruza y
Vicente Ruiz "El Soro", lidiando toros de Diego Puerta que
sustituyeron a los anunciados de "Torrestrella". Esa tarde, de
matadores-banderilleros, Esplá, de grana y oro, cuajo dos trasteos en su línea
de variedad y sabor añejo. Una oreja de cada toro y salida a hombros junto al
"Soro" por la Puerta de Los Califas, posiblemente en su actuación más
redonda en Córdoba.
El torero de Alicante tarda ocho
temporadas en volver a Los Califas. No es hasta 1991, en la corrida-concurso de
ganaderías que trató de poner en valor la empresa Martín Gálvez, cuando Esplá
vuelve a Córdoba. El festejo se celebra en la desaparecida feria de septiembre,
en concreto el día 28 de septiembre. Alterna con Fermín Vioque y Enrique Ponce,
jugándose toros de Ramón Sánchez, Guardiola Fantoni, Fermín Bohórquez, Sayalero
y Bandrés, Marqués de Ruchena y Sancho Dávila. En una tarde marcada por el
viento Luis Francisco Esplá, de azúl y oro, sólo puede mostrar su disposición,
su sentido de la lidia y su oficio, donde cumplió con creces, además de en la
labor ante sus dos toros, de Ramón Sánchez y Sayalero y Bandrés, en la
dirección de la lidia como espada de más antigüedad.
Su última comparecencia en el
coso califal, tuvo lugar en la temporada de 2000. Es durante la feria de mayo.
Cierra el ciclo, el domingo 28 de mayo. Se anuncian toros de Victorino Martín.
En el cartel, Esplá, Raul Gracia "El Tato" y José Luis Moreno. Esplá,
de marino y oro, es un torero ya plenamente definido tras más de veinte años de
alternativa. Conocedor de todos los entresijos del oficio, y también del
comportamiento de variados encastes, se mostró en Córdoba como un maestro
totalmente consolidado y que debió de servir como referente a nuevas generaciones.
Lidiador y hábil con su peligroso primero, cuajó una torera e interesante faena
al segundo de su lote, destacando en el toreo fundamental, así como en los
adornos desempolvados de antiguas tauromaquias. Tras dejar media estocada y
buscar el animal las tablas en junto a la puerta de cuadrillas, ordenó a su
cuadrilla retirarse. Al llegar a los medios, el torero se volvió hacía donde
estaba su oponente viéndolo doblar. Gesto de sapiencia de quien sabía que con
aquella media estocada, había despenado a su oponente. Una oreja cortó de este
toro y fue despedido de la plaza con una cerrada ovación que a la postre, será
la última que reciba de luces en la plaza de toros de Córdoba.
9/18/2016
ESPLÁ, ALGO MÁS QUE EL TOREO VINTAGE
Cuando dicen que se torea mejor
que nunca, volvió a aparecer de forma fugaz, una tauromaquia con reminiscencia
del pasado. Unas formas ante el toro con aroma clásico, de sabor añejo y con
regusto a otros tiempos de la historia del toreo. Lo clásico nunca pasa de
moda, siempre está vigente. Es una concepción distinta de la tauromaquia, que
se nutre de modelos tomados de un glorioso pasado. Después de siete años de
ausencia, tras la triunfal despedida en Las Ventas ante el toro
"Beato" de Victoriano del Río, el alicantino Luis Francisco Esplá
volvía a los ruedos, ésta vez de forma puntual en la corrida goyesca de Arles.
Vestido impecablemente, con un
traje goyesco color tabaco con pasamanería celeste y toques naranjas, tocado
con un tricornio y redecilla, con medias color perlino y zapatillas a juego con
el vestido, el torero de Alicante partió plaza de forma extraordinaria, para
mostrar que su tauromaquia, preñada de ortodoxia y concebida para dotar de
dinamismo al espectáculo, no ha perdido vigencia.
Desplegó su capote, de vueltas
azules, como lo hubiera hecho en los primeros años ochenta el siglo pasado.
Lances personalísimos a la verónica, rematados con dos medias a la cadera,
trajeron la luminosidad del Mediterráneo de su Alicante natal y un añejo quite
a la Navarra mostró la variedad capotera sin necesidad de importar nada del
otro lado del Atlántico. Esplá no banderilleó en esta fugaz reaparición. Una
lesión en un píe impidió poder vibrar con sus pares de poder a poder, sus
vistosos jugueteos con los toros y sobre todo, admirar el compendio pleno del
arte de banderillear en temerarios pares por los adentros. Con la muleta Esplá
ofreció dos versiones. Una, en su primero, donde se mostró poderoso, con oficio
y capaz de estructurar un trasteo con lucimiento ante un toro que poco se
prestó al mismo. Otra, donde puso en escena la variedad, el clasicismo y
el dinamismo que siempre fue aval en su toreo. Incluso se llevó una paliza
brutal, con su peculiar sentido del humor declaró que también las cogidas
entran en el contrato, de la que se levantó maltrecho y sin mirarse dispuesto a
concluir con brillantez lo que había iniciado minutos antes. Al final salió del
coliseo romano de Arles a hombros, parece que por última vez, dejando antes
patente que su toreo continua vivo.
Muchos solo toman de Esplá la
cascara. Sus decimonónicos ternos, el muletear su segundo toro tocado con la
montera si no lo ha brindado, o sus trastos toreros de vueltas y forros azules.
Pero Luis Francisco Esplá es mucho más que eso. El toreo de Alicante ha sido, y
es, un torero importante. Un torero que concibe el toreo como un espectáculo
total en los tres tercios. Un espada que se ha preocupado de rescatar detalles
que permanecían vetustos y olvidados. Quites y galleos perdidos, pares
inverosímiles de banderillas, y faenas de muleta donde siempre intentó dominar
a sus oponentes con un toreo donde predominaba la curva y el cargar la suerte,
ante las líneas rectas y el alivio. Desplantes deslumbrantes, como el de
aquella mítica tarde de junio de 1982 al toro de Victorino, y sobre todo sacar
el ostracismo la gallarda suerte de recibir.
Un torero al que la historia aún
debe de colocar en mejor sitio, porque ha cubierto un hueco más que necesario
en la fiesta. Lástima que, de su figura y persona, no hayan bebido las nuevas
generaciones que pretenden abrirse paso en la fiesta. El torero alicantino, que
siempre gustó de buscar en los que le precedieron, no ha sido, por desgracia,
modelo a seguir. Puede que Esplá solo haya uno, ni antes su hermano, ni ahora
su hijo, se han aproximado a él, pero hay que reconocer que su aportación desde
fines de los setenta del pasado siglo, hasta el pasado fin de semana en Arles,
ha servido para cubrir un hueco necesario en la fiesta de los toros. Con él
estaba asegurado el toreo total, el lucir a los toros en el tercio de varas, el
gusto por lo añejo, que no viejo, y el mostrar con orgullo el legado de todos
aquellos que le precedieron en el arte del toreo. Luis Francisco Esplá mostró
en Arles lo que siempre fue, un modus vivendi que formó parte de su vida y que
nos trasladó para demostrar que el toreo clásico siempre está vivo.
Desgraciadamente muchos no lo comprendieron y no descubrieron la profundidad de
una tauromaquia, que a simple vista parecía superficial y liviana. Pocos o
ninguno han bebido de quien bebió en numerosas fuentes. La tauromaquia
desarrollada por Esplá es necesaria en la fiesta del mañana, porque Esplá y sus
formas, son algo más que un torero y una puesta en escena vintage.
9/11/2016
DE FRAUDES Y PUBLICOS
La
manipulación fraudulenta de los pitones en los festejos taurinos siempre, en
mayor o menor medida, fue práctica común Lo de hoy comienza a ser flagrante y
escandaloso.
La
tauromaquia es sustentada por su principal protagonista. Éste no es otro que el
toro. Sin él sería inviable la corrida. El toro es el eje sobre el que gira
todo el ritual desde tiempo ancestral. Por eso sin el tótem ibérico nada es
posible. Es el auténtico pilar sobre el que se cimenta el espectáculo y en el
momento que falla, todo se viene abajo como un castillo de naipes. El toreo se
puede aderezar con mil una cosas. Se está viendo como las faenas son
amenizadas, en ocasiones, por composiciones que nada tienen que ver con el
clásico pasodoble. También por un rebuscado y artificioso flamenco, e incluso
por música de cámara. Se buscan para exorno de la plaza estéticas de influencia
picassiana o de vanguardia. Combinaciones, todas ellas, rebuscadas, que aunque
vienen a traer un aire heterodoxo y fresco, quedan como mamarrachos si el toro
lidiado está hueco de todas las virtudes que debe de tener un animal destinado
a la lidia.
El toro, en estos tiempos, suele fallar más de lo deseado. Las imposiciones de los toreros y empresas, principalmente los primeros, ha venido a traer a los ganaderos una selección en la crianza alejada de la búsqueda de la bravura. Hoy se persigue un animal ad hoc para el tercio de muerte. Se busca un toro que colabore con su antagonista solo en uno de los tres tercios en que se divide la lidia. Los dos primeros tercios poco importan. El toreo hoy solo se valora en lo que se pueda desarrollar en la faena de muleta. Lo demás comienza a ser algo testimonial. Una selección equivocada que no deja de ser un fraude a la tradición, a la integridad de la lidia y sobre todo un engaño al público, que a fin de cuentas es quien sustenta, pagando su entrada, el espectáculo y al que se le está privando, por ejemplo, de un tercio como el de varas, autentico baremo de bravura. Si a esto unimos además la falta de integridad física del toro, apaga y vámonos. La manipulación fraudulenta de los pitones siempre, en mayor o menor medida, fue práctica común. Lo de hoy comienza a ser flagrante y escandaloso. Salvando contadas plazas de primera, los pitones de los toros que se lidian hoy aparecen presuntamente manipulados por la mano del hombre, encima de forma burda y chapucera, que no hace nada más que ver las miserias de todos aquellos que se lucran de la tauromaquia.
El toro descastado e impuesto, así como el serrucho y la escofina, ganan enteros. Si ante la falta de fuerza y casta, solo cabe una selección dura y mandar muchas vacas al matadero, ante la manipulación de los pitones poco se puede hacer. Solo exigir el cumplimiento del reglamento respecto a los reconocimiento post-morten y aplicar las sanciones correspondientes. A día de hoy son pocos los pitones que se analizan durante la temporada. La legislación actual, variada, difusa y distinta según la comunidad autónoma donde se desarrolle el espectáculo, lo prevé, pero la autoridad competente, bien por desidia, o bien porque hace la vista gorda, no actúa con la contundencia que sería de desear. Ante esto los mercachifles que manejan entre bastidores la fiesta campan a su antojo. Los pocos pitones que se analizan, si dan positivo, solo sirven para largos procesos judiciales, que no acaban más que en sanciones e inhabilitaciones, que poco o nada trascienden al público.
El público de hoy también es muy condescendiente. Pocas veces se ven protestas por la presentación de un animal. Sólo si la falta de fuerza es manifiesta protesta exigiendo su derecho. Ahora de los pitones nadie dice nada. Será la fuerza de la costumbre de ver lo mismo tarde tras tarde, que no se da por engañado. Pero, ojo, el público será condescendiente pero no tonto.
Joselito, el Gallo, fue un autentico adelantado a su época. Su aportación al toreo fue máxima. Tanto en el fondo como en la forma. Gallito puso los cimientos del toreo moderno. Impuso el encaste de Vistahermosa sobre todos los demás, cambió conceptos y sobre todo pensó en el público, que a fin de cuentas es que sostiene económicamente la fiesta. Por eso concibió plazas monumentales de gran aforo con el solo objeto de que más público, y a precios más baratos, acudiera a las plazas. Era la forma de asegurar ingresos y fidelizar la clientela a largo plazo. Hoy todo se ha vuelto de al revés. Las entradas cada vez tienen precios más altos y asistir a un festejo, salvo contadas plazas, es muy gravoso para una economía modesta. Por todo esto es muy difícil mantener la llama de la afición, quien ante tanto desmán y ante la variedad de otros espectáculos para cubrir su ocio, puede que se canse de acudir a las plazas.
9/08/2016
LA TERNA TRIUNFA EN UN FESTEJO QUE MERECIÓ MÁS PÚBLICO
GANADERIA:
Seis toros, el 6º lidiado como sobrero al devolverse el titular, de Núñez de Tarifa. Correctamente
presentados y buenos para el torero. El mejor el 3º, de nombre Clavituerto, fue premiado con la vuelta
al ruedo. Entre los seis tomaron siete varas, aunque en ocasiones el tercio de
varas fue meramente testimonial.
TOREROS: FINITO DE CORDOBA (azul noche y oro).
Estocada (oreja con petición) y estocada (oreja). EL FANDI (amapola y oro). Estocada (dos orejas) y estocada (oreja).
ALEJANDRO TALAVANTE (lila y oro).
Estocada (dos orejas) y estocada y dos descabellos (oreja).
INCIDENCIAS:
Plaza de toros de Cabra. Corrida de toros con motivo de la Feria en honor de
Nuestra Señora de la Sierra. Menos de media entrada en tarde calurosa. Al
finalizar el festejo la terna abandonó la plaza en hombros.
Atraviesa la fiesta un
momento extraño. El público, por motivos difíciles de comprender, acude a las
plaza de una forma ambigua y arbitraria. Tras magnificas entradas en festejos
anteriores, los tendidos del centenario coso egabrense, presentaban una entrada
de público poco acorde con la calidad del cartel. Una combinación muy
atractiva, frustrada en principio por la ausencia de Roca Rey, aunque
sustituido por un torero, como El Fandi, que cuenta con el beneplácito de
público en general, y muy especialmente en la Subbética cordobesa, no hizo que
el público acudiese a la plaza como era esperado. ¿Los motivos? En principio
inexplicables, pero resulta muy extraño que con semejante cartel el público
prefiriera quedarse en la feria, o al fresco de la consola de aire
acondicionado en el sofá de casa.
Lo cierto es que
a la postre, y como era lo esperado, la corrida resulto muy entretenida.
Durante la tarde pasaron muchas cosas que hicieron, que los que si fueron pasaran una buena tarde de toros. La corrida de Núñez de Tarifa, como ahora se
denomina la vacada que luce el hierro de Benjumea, tuvo muchas virtudes para el
toreo moderno. Toros colaboradores en el tercio de muleta, que a la postre es
en el que se centra la lidia en la actualidad y el que depara los momentos de
mayor brillantez en la fiesta de nuestros días. Ante los toros hubo tres
toreros, de distinto concepto, que satisficieron de pleno a los concurrentes.
Abrió plaza Finito de
Córdoba, en su primera actuación en la provincia en el año que cumple su
veinticinco aniversario como matador de toros. Cumplió con creces en su
compromiso. A su primero, al que recibió con plásticos lances de capote, le
realizó una faena rebosante de belleza. Un trasteo pulcro, justo; tal vez
pecara de falta de ajuste, pero que por su estética y buen hacer hizo las
delicias de los asistentes. Destacaron las tandas al natural, sentidas y
preñadas de torería, así como el toreo accesorio, donde hubo algún muletazo por
bajo digno de ilustrar una pintura de Roberto Domingo. Mató con facilidad y
paseo la primera oreja de la tarde. Muy dispuesto y centrado estuvo con su
segundo, una animal que tuvo más complicaciones, pero que con porfía logró
cuajar un trasteo, que aunque con muchos dientes de sierra, tuvo momentos donde
el caro toreo del Fino de Córdoba se esparció por el albero. Volvió a estar hábil con el acero lo que le permitió cortar otro trofeo y asegurar la salida a
hombros.
Alejandro Talavante
atraviesa un momento dulce. Su toreo resulta luminoso, variado, improvisado y
de un corte muy personal. A su primero, al que recibió de forma variada con el
percal, le cuajó una labor donde fue primordial la variedad y la improvisación.
Resaltar el toreo al natural, muy por encima de las arrucinas, martinetes y
espaldinas, que no son más que adornos churriguerescos al toreo fundamental.
Finalizo su barroco trasteo, con unas manoletinas donde la quietud fue su
principal virtud. Recetó una magnífica estocada, que aunque produjo un feo
vómito, fue lujosa en ejecución. En el último de la suelta volvió a mostrarse
variado en una faena donde vio rápidamente las condiciones de su oponente. Sorprendió
el que se pusiera a torear al natural sin probar las aptitudes del toro. Dos
golpes de verduguillo pusieron rubrica a otra estocada, que de haber doblado el
animal, le hubiera supuesto mayor premio.
El Fandi estuvo en su
línea en los dos toros que mato. Bullidor y variado con el capote, espectacular
y atlético en banderillas, con entrega total con la muleta. Nada que reprochar
al torero de Granada, que tarde tras tarde hace lo que sabe y lo que gusta a su
público. Su honradez sumada a la facilidad que tiene con el estoque hace que
sea un espada que satisface a un público menos ilustrado, pero que es hora que
tenga mayor reconocimiento por el sector más purista de la afición.
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